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Historia 52654 — capítulo 6
Tres figuras encapuchadas corrían velozmente, atravesando un bosque en medio de la noche dirigiéndose hacia una pequeña luz que se divisaba a lo lejos.Iban cubiertos y protegidospor una especie de niebla dejando a su paso una estela oscura como una huella que presagiaba muerte y destrucción. Cada uno de ellos sentía la excitación del peligro y la adrenalina corría por sus venas mientras veían aquella luz acercarse más y mas. Muy pronto se enfrentarían cara a cara con sus más profundos temores y pondrían a prueba sus habilidades como devoradores de la muerte.
Finalmente llegaron al origen de aquella única luz en medio de la oscuridad y divisaron desde la distancia una pequeña casita de campo que se alzaba frente a ellos. Uno de los encapuchados se detuvo bruscamente cincuenta metros antes de llegar a la casa y les hizo señas a los otros para que se detengan también. Luego dio un pequeño y lento paso hacia adelante rompiendo aquel perímetro de cincuenta metros. Nada sucedió.
-'Esta hecho'. -Pensó y haciendo señas a los otros dos para que lo siguieran se deslizó silenciosamente hacia la ventana de la que provenía la luz.
En el interior vio una pareja de magos que conversaba alegremente con un joven, volteo la mirada hacia sus compañeros, y a uno le señalo la puerta y al otro la ventana. Luego dio un ágil salto y se elevo por encima del techo de la casa situandose sobre el tejado sin hacer el menor ruido. El mortifago sabia que la única oportunidad que tendrían de ganar, era si lograban tomar por sorpresa a esos peligrosos aurores, y aunque contaban con la ventaja numérica de ser cuatro contra dos, no estaba completamente seguro de tener éxito. Sin embargo ya era tarde para dudar, no había marcha atrás, así que saco su varita que había tenido guardada hasta ese momento y apunto con ella hacia el techo que tenía debajo de sus pies.
-¡Everte statum!
Se escuchó una gran explosión mientras el mortifago caía en el interior de la sala junto con una gran parte del techo y al mismo tiempo, la puerta y la ventana volaban en pedazos provocando una lluvia de escombros en el interior de la casa.
A través de los boquetes que dejaron aquellas explosiones entraron en la pequeña sala varios chorros de luz roja, que no eran otra cosa que hechizos aturdidores lanzados hacia los ocupantes de la vivienda.
La nube de polvo producto de las explosiones no permitía tener una visión clara de lo que sucedía en el interior. Pero después del caos inicial provocado por aquel brutal ataque, reinó el silencio, y poco apoco la nube de polvo se fue disipando.
El mortifago que había entrado por el techo esperaba ver en cualquier momento entre los escombros, los cuerpos de los ocupantes de la vivienda. Pero después de unos segundos una terrible sensación de algo que pocas veces había experimentado lo invadió por completo. Sin embargo al parecer, el no era el único.
-¿Dónde diablos están? -Pregunto con voz nerviosa uno de los mortifagos mientras buscaba entre los escombros.
-¡Depulso! -Dijo una voz de mujer que retumbo en todas direcciones en el interior de la sala y el mortifago que había hablado salió despedido por el mismo agujero en la ventana que había abierto-
-¡Homenum Revelio! -Gritó otra voz femenina por debajo de su capucha y al instante aparecieron dos magos agazapados en una esquina de la sala y en el lado opuesto una bruja junto a la chimenea-.
Sin perder tiempo la mujer que había lanzado el hechizo para detectar la presencia humana se enfrento cara a cara con Alice Longbottom que se encontraba junto a la chimenea y el otro mortifago restante hacia lo mismo con los dos magos que estaban en una esquina.
Varios destellos de luces de colores atravesaron el aire en distintas direcciones tratando de derribar a la persona que tenían enfrente.
Frank Longbottom que actuaba como escudo humano para el joven mago que tenía a sus espaldas, esquivaba y desviaba hechizos aturdidores que eran lanzados por el mortifago con el que se enfrentaba.
-¡¿Porque atacas con hechizos tan infantiles?! -Pregunto Frank sonriendo mientras se interponía entre el mortifago y el muchacho- ¿Es que acaso los mortifagos ya no tiran a matar? -Pero la respuesta a su pregunta se le vino inmediatamente a la mente y la sonrisa se borro de su rostro mientras decía para si mismo- Nos quieren vivos….
-¡Flagrante! -Dijo el mortifago y de su varita salio una llamarada de fuego que como un chorro de lava caliente se dirigió sobre Frank y el joven.-
El fuego envolvió a los dos magos como si quisiera apresarlos pero no hacerles daño. Y la temperatura alrededor de ellos aumento cada vez más haciendo casi imposible poder moverse. El aire empezaba a consumirse y Frank con grandes gotas de sudor en su rostro sentía como se le hacia cada vez mas difícil respirar.
-¿Demasiado infantil para ti? -Pregunto en tono de burla el mortifago mientras veía como Frank y el muchacho parecían a punto de desmayarse-
-¡Glacius! -Dijo el auror con el último aliento que le quedaba al tiempo que dirigía su varita hacia las llamas. Una capa de hielo se formó alrededor de ellos apagando el fuego y haciendo saltar algunas chispas hacia las paredes y los muebles que empezaron a quemarse.
Al otro lado del salón la bruja encapuchada reía y avanzaba amenazadoramente hacia su rival lanzando hechizo tras hechizo con tanta rapidez que parecía que Alice no podía responder y solo se dedicaba a esquivar. Sin embargo cuando la mortifago estuvo lo suficientemente cerca, Alice dio un giro e hizo un veloz movimiento con su varita mientras la apuntaba por debajo del brazo extendido de su oponente.
-¡Alarte Ascendere!
La bruja sorprendida se despego del piso, chocó con fuerza contra el techo y cayo nuevamente.
-Ya te tengo-Dijo Alice y rápidamente hizo aparecer unas cuerdas con su varita que apresaron a la bruja que había caído al piso-
El mortifago que luchaba con Frank hizo un ademán de ir en ayuda de su compañera pero se contuvo -No necesita mi ayuda. -Pensó, sin embargo ese momento de duda fue suficiente para que Frank le lanzara un hechizo que impacto en su brazo provocándole una herida y haciéndole perder la varita.
-¡Maldición!. -Dijo el mortifago enfadado mientras sentía una quemazón en su brazo y veía su varita caer en medio de los escombros en llamas-
Estaba perdido, sin su varita no tenía posibilidad de ganar, podía desaparecer pero eso significaba dejar atrás a sus compañeros y eso no era una opción.
Dio una rápida mirada al joven mago que se encontraba detrás de Frank, este tenía una mirada despreocupada y hasta parecía aburrido, entonces comprendió que aquel muchacho no actuaría a menos que estuviera seguro de que podían ganar. Y en esa situación con el sin varita, uno de sus compañeros probablemente inconciente en alguna parte de afuera y otro fuertemente atado en el piso, estaban lo mas alejado de poder derrotar a los aurores.
Frank lanzo varios chorros de luz plateada sobre el mortifago desarmado y este girando sobre si mismo desaparecía y volvía a aparecer unos centímetros mas allá, cambiando de posición lo suficiente como para esquivar los hechizos. Sin embargo uno de los chorros le rozo la pierna derecha haciéndolo caer de rodillas ante Frank
Cuando el mortifago se preparaba para recibir un chorro de luz roja que se dirigía directo a su cara, vio una sombra oscura que se puso delante de el.
-¡Baubillius¡ -Escucho decir a su compañero que anteriormente había sido despedido hacia fuera , pero que ahora apuntaba con su varita hacia Frank y lanzaba al mismo tiempo una ráfaga de aire tan poderosa que hizo volar hacia atrás el hechizo aturdidor, varios pedazos de la pared y a los dos magos frente a el.
-¡Frank! -Grito Alice mientras veía como su esposo caía en medio de los escombros en llamas y trato de dirigirse donde este había caído pero todavía tenia sujeta la varita de la cual salían las cuerdas que sujetaban a su oponente en el suelo y esto le impedía llegar a donde Frank estaba.
Mientras tanto la bruja que se revolcaba en el piso tratando de liberarse de las cuerdas sintió como estas se aflojaron un poco debido al descuido de Alice y pudo meter una de sus manos en el bolsillo de su tunica del cual saco una daga plateada, y cortó las cuerdas que la tenían prisionera. Se levanto del suelo, se quito la mascara y escupió un poco de sangre.
-Bellatrix Lestrange…¿Como pudiste? -Dijo Alice indignada mientras escuchaba como esta lanzaba una estruendosa carcajada. Con un rápido movimiento de varita lanzo un chorro de luz plateada sobre Bellatrix que continuaba con son su risa demente.
-¿Sorprendida?…vieja amiga. -Respondió Bella esquivando el hechizo de Alice y lanzándole con fuerza la daga que tenia en su mano- ¡Geminio!.
El puñal se duplico una y otra ves hasta convertirse en una lluvia de puñales dirigiéndose hacia Alice que sin perder el tiempo rasgo el aire con su varita diciendo: ¡Evanesco!.
Los puñales desaparecieron. Sin embargo en los labios ensangrentados de Bellatrix se dibujo una macabra sonrisa.
Mientras tanto Frank logro ponerse de pie y apago rápidamente los bordes de su tunica que se estaban quemando, dirigió la mirada hacia Alice y se dio cuenta de que algo no estaba bien. Su querida Alice permanecía inmóvil parada frente a Bellatrix que reía cada vez con más fuerza.
-¡Alice¡ ¿que te sucede, te encuentras bien? -Pregunto Frank mientras arrastraba consigo al muchacho inconciente sacándolo de en medio de los escombros en llamas y al mismo tiempo trataba de hacer frente a los dos mortifagos que se disponían a continuar con el combate.
Alice lentamente se dio la vuelta hacia su esposo y trato de caminar hacia el, pero después de dar algunos pasos perdió el equilibrio y cayo. Frank la vio caer como en cámara lenta y vio uno objeto plateado incrustado en su vientre en medio de una gran mancha de sangre.
-¡Protego totalum! -Grito Frank, creando con su varita lo que parecía ser un domo protector transparente que se cerró sobre ellos y el muchacho, dejando a los mortifagos afuera. Luego trato de llegar hasta Alice pero sintió como algo se movió a sus espaldas, rápidamente se dio la vuelta y lo que vio lo dejo horrorizado y antes de perder el conocimiento escucho esa conocida voz decir: ¡Desmaius!.
Sentado en la oscuridad sin poder olvidar los acontecimientos de esa noche, se encontraba Rodolphus Lestrange. A lo lejos escuchaba algunas voces que provenían del interior de una cueva. Las voces hablaban y reían comentando la brutalidad que acababan de cometer.
-¿Vieron como suplicaban para que terminemos con sus miserables vidas? -Escucho Decir al joven Bartemius Crouch en medio de una gran carcajada- Vieron la expresión en el rostro de ese Tonto de Frank Longbottom cuando lo sorprendí por detrás.
-Lo hiciste muy bien esta noche muchacho -Era lo voz de de Rabastan la que felicitaba al traidor- Sin embargo creo que debimos matarlos para que no puedan contar nada de lo sucedido esta noche.
-Dejarlos vivos después de lo que les hicimos fue el mejor castigo por negarse a revelarnos el paradero de nuestro Amo -Escucho decir a la mujer que amaba- además no había necesidad de hacerlo ¿no viste la expresión vacía de sus ojos?, -La escucho reír con una risa cada vez mas demente,… completamente diferente a la dulce risita que recordaba- esos dos partieron de este mundo para siempre dejando atrás sus inútiles cuerpos con vida…
Ahora finalmente se daba cuenta que los momentos que tanto deseaba nunca llegarían, no después de esa noche. En sus manos tenia la daga que había usado Bellatrix para cortar y desgarrar los cuerpos de los aurores para obligarlos a despertar luego de los constantes desmayos que sufrían provocados por el dolor de la maldición cruciatus. Esa magnifica daga forjada por los duendes con propiedades mágicas de poder cortar cualquier cosa y de no obedecer a ningún hechizo evanescente, esa daga que había causado tanto dolor y que en las manos de Rabastan se había introducido debajo de las uñas de los dedos de Alice y había llegado a separar la piel de los huesos de las piernas de Frank. Y después de ser calentada al rojo vivo en el fuego, Crouch había quemado con ella las delicadas carnes de los brazos y piernas de esa hermosa mujer para luego continuar con los horrorizados ojos de su esposo. Y el había permitido que todo eso pasara justo debajo de sus narices.
Sostuvo fuertemente la daga y se la clavo en la herida que tenía en el brazo con la esperanza de que ese dolor sea más grande que el insoportable dolor que sentía y que crecía cada vez mas en su interior lastimándolo por dentro. Pero era inútil, nada parecía detenerlo y si ese dolor continuaba estaba seguro que no lo lograría.
Los gritos,… esos desgarradores gritos de dos buenas personas injustamente sometidas a una tortura mas allá del dolor físico: ver sufrir a la persona que más amaban en el mundo. Estaba seguro que al final Frank Longbottom lo había reconocido porque en medio de su sufrimiento le suplico que termine de una vez con el dolor y estaba seguro de que el auror jamás habría suplicado a un mortifago pero si a un amigo.
La perturbadora imagen de un hombre sangrando, con las piernas destrozadas, los ojos quemados y temblando de pies a cabeza a causa de la maldición cruciatus, negándose hasta el final a proporcionar su ayudar para encontrar a Voldemort, la tenia impresa dentro de su cabeza y acabaría por destruirlo.
¿Como había llegado hasta ese punto?, tan solo unos días atrás soñaba con poder tener al fin una vida tranquila, pero ahora su futuro parecía un gran pasado. No podía cambiar lo que habían hecho, tampoco podía hacer realidad su loco deseo de nacer de nuevo para tener una vida diferente.
Su más grande error fue haber amado y ese amor lo llevo a amarrar un nudo en el extremo de una cuerda alrededor de su cuello y a entregarle el otro extremo a Bellatrix. Estaba perdido porque donde sea que ella fuere lo llevaría con el, sus destinos estaban ligados para siempre. Y ahora Bella quería ir tras otras familias de aurores y dejar a su paso la locura que habían ocasionado aquella noche, el sabia que Bellatrix no se detendría por nada hasta cumplir con su objetivo, por eso el dolor más grande que sentía era a causa de lo que ahora debía hacer para poner fin a esa locura.
-Aaaaaarrrrrrggghhhhh!!!! -Grito con todas sus fuerzas hasta que las venas de su cuello colapsaron.
Incapaz ya de soportar esa angustia saco su varita y se dispuso a realizar un hechizo que había hecho fácilmente muchas veces en el pasado pero que no sabía si ahora lograría llevar a cabo.
-Solo una vez mas -Susurró y apuntando su varita se concentro con todas sus fuerzas en dejar salir lo único bueno que quedaba en el. De pronto una gran figura plateada salio de su varita y se paró frente a el mirándolo con unos grandes ojos tristes- Ya sabes que hacer… -Le dijo, y mientras aquella criatura se alejaba velozmente cerró los ojos y escucho una débil voz en su cabeza que le decía:- El otro yo no esta…no lo encuentro por ningún lado….ha desaparecido.