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Falsa vida — capítulo 4

Capítulo 4: Treblinkka.

-¡Vivien, vuelve aquí!

La niña corrió por el bosque, mirando por el rabillo del ojo la gran verja, que estaba a su lado, con los ojos llenos de lágrimas. De repente cayó al suelo, con un grito de dolor, sabiendo que no podría correr más y que iban a cogerla, se sentó en el suelo, tocándose el tobillo con un gesto de dolor.

Oyó como los soldados se acercaban, unas lágrimas cayeron por sus mejillas. No podía creerlo aún, todo había cambiado en su vida, en sólo un mes, había pasado de vivir en su casa con sus padres y sus hermanos, a vivir en esa especie de cárcel.

Entonces oyó un ruido y se giró en redondo a su derecha, donde estaba la verja, y entonces la vio. Era una niña de unos 5 años, con un vestido sucio y rasgado, cubierto de tierra y hollín, iba sin zapatos, y estaba tan sucia que hasta se veía la mugre, tenía el pelo negro, muy cortito, por encima de sus orejas, y estaba sucio y graso.

En ese momento llegaron los soldados, con Alaric, a la cabeza, que fue hacia ella con gesto furioso. Vivien se encogió esperando un golpe, que efectivamente llegó con una bofetada que la hizo rodar por el suelo, luego él la cogió por el brazo y la levantó de un tirón, haciendo gritar a la niña.

-No vuelvas a escaparte, nunca.-la amenazó Alaric, antes de cogerla en brazos como un niña pequeña.-Y ya sabes, no vas a decirle a nadie lo que ha pasado.

-¿No quieres que le diga a Darren que me has pegado?-preguntó ella, mirándola muy seria.

-Te lo vuelvo a repetir, si le dices algo, te mataré.-dijo, cogiéndola del pelo para que ella le mirara. Ella empezó a llorar, y Alaric la soltó.

-¿Por qué eres malo conmigo?-preguntó Vivien secándose las lágrimas en la chaqueta de Alaric, que no se movió. El soldado no contestó, sólo acarició el cabello de la niña, se había pasado, no debería haberla pegado, si se lo contaba a su tío Darren…probablemente le destruiría de su puesto, y ese sería el castigo más leve.

-Mientras seas una chica buena y no me des problemas, no pasará nada.-respondió él en su oído. Vivien se relajó y se apoyó en su hombro. Abrió los ojos y volvió a mirar a la verja, donde seguía la niña, que se había encogido en el suelo, como si quisiera parecer invisible, con los ojos llenos de terror al mirar a Alaric. Vivien miró más allá y vio a más personas, había chicos y chicas, pero todos estaban muy sucios y muy delgados.

-¿Esas personas que hay ahí también son malos? Es que están muy sucios y muy delgados, ¿les han castigado?-preguntó Vivien señalando a la niña. Cuando Alaric se giró para mirar a la niña, ella dio un grito de terror y salió corriendo.

-Si Vivien, son malos, volvamos a casa.-dijo Alaric suspirando, mientras empezaban a caminar hacia la casa, lentamente.

Vivien no dijo nada durante todo el trayecto, no entendía porque ella estaba allí, habían pasado una semana desde que la habían sacado de ese orfanato en Polonia, e iban hacia Alemania, donde Darren tenía una casa en la que vivía con su mujer, luego ella enfermó, y debido a la gravedad, tuvieron que parar a la frontera de Polonia dos días hasta que se recuperó, entonces vino la mala noticia.

Un soldado rubio y de ojos negros, había venido a visitar a Darren, y los dos se encerraron en el despacho para hablar, dos horas después salimos, pero esta vez no iban a Alemania, si no que volvían sobre sus pasos.

Se acordó de él día en el que Marek, que la había cuidado cuando enfermó, pregunto dónde iban. Darren le había mirado fijamente unos segundos hasta responderle, pero finalmente dijo: Treblinkka.

Cuando Marek lo oyó, abrió los ojos de la impresión y se puso muy pálido, pero no dijo nada.

La voz de Darren la sacó de sus pensamientos, casi la arrancó de los brazos de Alaric y la puso en el suelo, mirándola con enfado.

-No quiero que vuelvas a hacer eso, este sitio está rodeado de bosque, podrías perderte.-dijo él con los dientes apretados, como si estuviese regañando a su propia hija.

-Quiero ir a buscar a Myriam, me lo prometiste.-chilló ella con los ojos llenos de lágrimas.- ¡Eres un mentiroso!

-Marek, llévatela dentro y dale algo para que se calme y duerma un poco.-ordenó Darren mirando al médico. Este asintió y cogió a Vivien en brazos, que se revolvió llorando, pero Marek se la llevó dentro de la casa.

-Ya vale Vivien, deja de patalear como una niña pequeña, vamos a tu habitación para que duermas un poco, mañana cuando despiertes lo verás todo más claro.-dijo Marek con una sonrisa cariñosa intentando reconfortar a la niña.

-Pero él me dijo que buscaríamos a mi hermana.-sollozó ella.

-Vivien cielo, cuando Darren te sacó del orfanato sabías que no cumpliría su promesa.-dijo Marek con cariño.-Venga vamos a dormir.

Vivien asintió con los ojos llenos de lágrimas y se dejó llevar a su habitación. Marek la quitó la ropa, dejándola en ropa interior, y la acostó en l acama, tapándola hasta la barbilla.

-Marek, ¿dónde estamos? ¿Por qué te asustaste tanto cuando Darren te dijo adónde íbamos?-preguntó Vivien somnolienta.

Marek suspiró antes de contestar, si saber muy bien cómo explicárselo.

-¿Alguna vez te habló tu padre acerca de los nazis?-preguntó Marek, mirándola fijamente.

-No sé quien son.-respondió ella.-Mi papa nunca estaba en casa, y luego se fue a la guerra y no le volví a ver.

-¿Te dijeron que tu padre estaba muerto?-volvió a preguntar el chico, mirando con lástima a la chica.

-No, pero ha pasado mucho tiempo desde la guerra, y él no ha vuelto a buscarnos, así que supongo que estará muerto.-respondió ella con lágrimas en los ojos.-Le echo de menos pero tenía que pensar en mis hermanos, estábamos solos, sin dinero y sin comida, pensé que si no nos hubiéramos ido con los soldados, nos matarían, pero seguro que mi hermano me odia por haberme ido con ellos cuando nos vinieron a buscar, yo…no pude cuidar de ellos.

-Vivien cielo, no es culpa tuya, sólo eres una niña, no puedes cuidar a tres hermanos tú sola, pero hiciste lo que pudiste, y ahora duérmete, tus hermanos están a salvo y no les pasará nada.-dijo Marek, dándola un beso en la frente.

-Pero no les volveré a ver.-sollozó ella.

-Un día, cuando seas mayor y puedas escapar de los soldados, te ayudaré a encontrarlos, te lo juro por mi vida.-prometió el chico con una sonrisa cariñosa.

En ese momento Darren entró en la habitación, dirigió una mirada de frialdad a Marek, que salió rápidamente con la cabeza gacha, dejando a Darren y a Vivien solos en la habitación.

Darren cerró la puerta con llave y se volvió hacia la niña, que se había recostado para quedar mirando a la pared, dando la espalda a Darren.

-Vivien, ahora eres mi hija, debes obedecerme, viviremos aquí durante unos meses, tal vez unos años, luego volveremos a Alemania, pero no te preocupes, dentro de unas semanas, mi esposa vendrá y podrá cuidar de ti.-dijo Darren, sentándose al lado de la cama donde dormía Vivien.

-¡Yo no soy su hija! Tengo a mis padres, y aunque estén muertos, usted jamás podría sustituirlos.-chilló Vivien levantándose de la cama con rapidez. Antes de que ella pudiese hacer nada, Darren la abofeteó.

-Deja de comportarte como una niña malcriada, me obedecerás y me llamarás "padre"-ordenó él muy furioso, antes de salir de la habitación.

En cuanto él cerró la puerta y se oyó el cerrojo, con el que la había encerrado dentro, Vivien se echó a la cama llorando, con la mejilla todavía roja y adolorida por el golpe. Odiaba a Alaric, él la hacía daño y la pegaba, y luego la amenazaba para que no se lo contase a Darren, ella siempre tenía miedo de contárselo por si Alaric la hacía daño de verdad, pero creía que Darren le castigaría si la hacía daño, pero ahora que había descubierto que Darren también era capaz de pegarla y hacerla daño, ya no se sentía protegida.

Estaba atrapada en una cárcel, sola, sin sus padres, ni sus hermanos, con unos soldados que habían invadido su país y matado a mucha gente sin parpadear.

Estaba aterrada.

Unos fuertes golpes en la puerta la despertaron, Vivien se levantó y miró la puerta, que se estaba abriendo en esos momentos con los ojos enrojecidos de haber llorado toda la noche.

Darren entró en la habitación, seguido de una chica joven, de unos veinte años, con la mirada baja. Tenía el pelo negro como el carbón y los ojos grises, vestía una sencilla falda muy sucia y un delantal.

-Buenos días hija, ya que es tu primer día aquí, te explicaré qué vamos a hacer. Todos lo días te levantarás cuando te lo ordenen, y bajarás a desayunar conmigo, después empezarán tus clases, con un profesor que he contratado, las clases acabarán a la hora de comer, después Alaric te cuidará mientras estoy con los soldados y verá tus progresos. Ella es tu nueva doncella y criada, hará todo lo que ordenes.-explicó Darren rápidamente.- ¿Lo has entendido?

A Vivien se le contrajo el estómago al pensar que estaría a merced de Alaric todas las tardes, a saber lo que iba a hacer con ella.

-Si.-respondió ella, bastante insegura, sabiendo que si se negaba sólo obtendría otra bofetada o un castigo.

-¿Si, qué?-respondió Darren mirándola fijamente.

-Si…padre.-dijo ella sin mirarle, se sentía humillada al decir eso, como si estuviera renegando de su familia y su apellido.

-Así me gusta, buena chica.-dijo él, acariciando su pelo como si fuera un perrito.

Después salió de la habitación, no sin antes advertirla que el desayuno sería dentro de 10 minutos. La habitación se quedó en silencio y ninguna de ellas se movió, hasta que Vivien rompió el hielo.

-Hola, me llamo Vivien, ¿cómo te llamas?-preguntó la niña con un poco de timidez y las mejillas sonrosadas.

La chica levantó la cabeza y sonrió con ternura a Vivien.

-Soy Eva.-respondió en un murmullo como si temiera hablar en voz alta.

-¿Tu también vives aquí?-preguntó Vivien levantándose y quitándose el camisón. Cuando se lo quitó vio que Eva sostenía en la mano un vestido azul clarito bastante cortito, que probablemente le llegaría hasta las rodillas, y de una tela suave y bonita que no había visto nunca.

Con una sonrisa se lo puso y se miró en el espejo.

-No, vivo…al lado, donde está esa verja, aunque creo que a partir de ahora viviré aquí para cuidarte.-respondió la chica, acercándose a Vivien para peinarla el cabello.

-¿Vives detrás de la verja? Ayer vi a una niña, pero estaba muy sucia y le pregunté a Alaric que si estaba castigada y me dijo que si, pero hay más personas detrás de la verja, ¿tu también estabas castigada?-dijo la niña mirándola con una mirada inocente.

Eva contempló su mirada y negó con la cabeza, ella no estaba preparada para saber la verdad, tal vez nunca lo estuviera, nunca rompería su inocencia.

-No están castigados, solamente son muy pobres y no hay agua para bañarse.-respondió ella con lo primero que se le ocurrió.

-Lo entiendo, yo también pasé mucho tiempo sin bañarme porque no teníamos agua, yo pasaba mucha hambre, tal vez podríamos visitarles y darles un poco de comida.-dijo ella con una sonrisa.

-Eso deberás preguntárselo a tu padre.-respondió Eva sin saber cómo convencerla de que no lo hiciera.

-Lo haré ahora mismo.-respondió ella corriendo escaleras abajo.

Eva intentó detenerla pero no pudo, sabía lo que iba a pasar perfectamente, si Vivien le decía a su padre eso, el soldado creería que ella la había convencido, y la enviaría de nuevo a ese campo de concentración, y eso como mínimo, tal vez incluso la mataría, había visto amuchos soldados matar por menos de eso, sólo para divertirse.

Entonces recordó a Vivien, era muy raro, no sabía que pasaba entre ese soldado y ella, él había hablado de ella como si fuese su hija, pero ella había hablado de él como si fuese un desconocido y luego le había dicho que ella también había pasado mucha hambre, ¿cómo la hija de un soldado alemán podía haber pasado hambre? Todo era muy extraño.

En otros momentos habría intentado descubrirlo, pero ahora estaba demasiado preocupada sobre su futuro.

Cuando oyó pasos acercándose, empezó a temblar. Abrieron la puerta y vio entrar a Alaric, con una sonrisa perversa.

-Hola Eva, esperaba encontrarte sola.-dijo antes de abalanzarse sobre ella.