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Historia 52710 — capítulo 1
Hola, me llamo Marta, tengo 18 años y soy bulímica.
Me preocupo demasiado por mi físico, como en grandes cantidades, y, cómo me siento culpable, vomito para compensar.
Cuando tenía 15 años medía 1'63 metros y pesaba 75 kilos, pero mi obsesión por la comida era cada vez mayor: pienso en la comida a cada momento, es la salida a mi aburrimiento, tristeza o ansiedad.
Entonces decidí perder peso, era una dieta estricta, me parecía imposible llegar a cumplirla, así que opté por desafiarla. Fui a la tienda y compré todo tipo de bollería industrial que encontré, subí a mi habitación y me la comí lo más rápido que pude. Cuando terminé me sentía culpable y decidí vomitar, estuve vomitando hasta que vi salir de mi boca un hilo de sangre, estaba satisfecha, así que decidí hacer esto casi a diario.
Conseguí lo que me propuse, perdí peso, este ejercicio ayudaba hasta que escuchabas hablar a las demás mujeres de lo gorda que había vuelto de las vacaciones su compañera de trabajo, cuando hablaban de lo mal que se sentían por lo que se acababan de comer…
Las mujeres nos sentimos mejor cuándo la de al lado se está comiendo una hamburguesa y nosotras una ensalada. Pocas mujeres se dan cuenta de ello, yo lo hago porque compararme con las demás es un ejercicio diario.
Pero esto no acaba aquí, luego lees una revista y lo único que ves es perfección corporal. Me intenté meter en la cabeza que no son mujeres reales, que todas están operadas pero no lo conseguí, así que quería perder de nuevo peso, aunque la gente que me rodeaba me decía que ya no lo necesitaba. Ya no sólo estaba a dieta, tomaba pastillas, iba al gimnasio y demás.
Bajar de peso era un motivo de reconocimiento. Maltratar mi cuerpo me hacía sentir vacía, ya que nunca es suficiente el peso que se pierde ni los halagos que se reciben.
Odio pensar en las calorías de la comida, en la imperfección de mi cuerpo, y en el vómito como una salida dolorosa tras un atracón de comida. En este punto me es difícil diferenciar cuando comí mucho de cuando comí poco.
La bulimia me hacía pensar que estaba gorda y que la gente me juzgaba, llegué al punto de recluirme del mundo, e, incluso casi matarme.
Hace unos meses me sentí desesperada porque vomitaba unas tres veces al día. Además un día llegué a desmayarme mientras vomitaba.
Ahora tengo 18 años, mide 1'63 y peso 52 kilos, pero aún no puedo dejar de vomitar, aunque ya no lo hago todos los días, he reducido el ejercicio físico pues, a consecuencia de los vómitos, podría morir de un paro cardíaco.
Lo único que espero de todo esto es seguir con vida.
Esta historia se la dedico a mi amiga Rosa, que luchó contra la bulimia, gran parte de lo contado en esta historia son cosas que ella sufrió.