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El cristal de luna — capítulo 16

El duelo

Rafael Martinez, el maestro de teatro, se frotó las manos con emoción. Me recordó a un ratoncito a punto de saborear un suculento festín, probablemente por sus pequeños ojos de un azul acuoso, sus dientes prominentes y sus orejas puntiagudas.

-Bueno chicos creo que este año tendremos a un grupo inusual pero bastante prometedor- su mirada recorrió los rostros de los diversos estudiantes. Paso por la cara hermosa pero inexpresiva de Helena Fortuny, analizó la expresión entusiasta de Alex Barrero y escrutó en semblante nervioso de Carolina Denis, una chica gordita con cara redonda y pómulos salientes que parecía estar preocupada la mayor parte del tiempo. La puerta se abrió abruptamente y el maestro desvió sus ojos acuosos hacia Lucy Starkey quien se asomaba en el umbral.

-Perdón por interrumpir. No sabía donde era la clase.- se justificó Lucy apenada.

-No te preocupes- contestó el maestro en tono relajado- pasa, pasa. Únete a nosotros. Apenas y estamos comenzando. Lucy entró vacilante y se colocó a lado de mí y Kimberly. Le sonreí intentando transmitirle seguridad.- Les decía que por lo que veo son un grupo bastante prometedor. Seguramente estarán ansiosos de saber cuál será la primera obra que montaremos. Como sabrán en un mes celebramos "Día de muertos" y Kolhberg realiza un festival y una fiesta por la ocasión. Nosotros participaremos realizando una obra de una escritora bastante nueva: Xeila Aliza Garra. Es sobre la historia de unas brujas que realizarán en sucasa"la convención anual de hechiceros oscuros" y tienen que impedir que el sheriff del pueblo las descubra porque ha jurado capturar a todo brujo de la zona. Es una comedia buenísima…

La mayoría se veían bastante animados con la obra que definitivamente parecía ser bastante prometedora. Hasta vi un brillo de interés en los ojos de Daniel que le murmuraba algo a Fernando.

-Para conocerlos mejor quiero que se junten en equipos de tres personas y armen un sketch sobre lo que quieran ¡sean creativos!- Lucy, Kim y yo nos juntamos sin chistar.

-¡Raquel pensé que no llegaría!- Lucy me dio una palmada en el hombro- mi entrevista con la tutora se alargo y…

-Espera- interrumpió Kim- ¿Ustedes dos ya se conocían?

-Si es que nuestras abuelas son viejas amigas- mintió rápidamente Lucy.

-¿Creí que tu abuela vivía en otra ciudad?- A Kim no se le escapaba nada. Mi abuela materna había muerto hace varios años y la paterna vivía bastante lejos de aquí y sólo venía a visitarnos en fechas importantes.

-Es que yo no soy de aquí- interrumpió Lucy- acabo de mudarme con mi tía. Raquel y yo nos conocemos por las veces en las que ha ido su familia a visitar a su abuela.- Kim se había vuelto bastante perspicaz pero aparentemente se trago el rebuscado invento de Lucy. Sonreí al ver que mi más antigua y querida amiga parecía entenderse a la perfección con mi nueva y mágica amiga.

-Perdón por no habértela presentado- me excusé- Ella es Lucy Starkey.

-Obvio sé quién es. La tutora Méndez vino a presentarla enfrente de todo el salón- explicó Kim- Te hubieras ahorrado todo el espectáculo si hubieras entrado a Kohlberg un mes antes.

-Lo sé pero mi mudanza fue inesperada… - Lucy continuó hablando yo miré al equipo de enfrente y enseguida supe que algo andaba mal. Fernando tenía el seño fruncido mientras discutía silenciosamente con Daniel. Felipe tenía su mano sobre el hombro de Fernando intentando tranquilizarlo y vi que movió sus labios lentamente como si quisiera razonar con los dos.

Fernando se volteó bruscamente hacia donde estaba parada. Entornó los ojos que atravesaron con desprecio a la chica que estaba a mi lado: Lucy Starkey. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, puse mi mano sobre mi pecho, donde llevaba escondido el Cristal de Luna, y rogué que todo lo que había visto hubiera sido parte de mi imaginación.

Mamá llegaría en cualquier momento y Sofía no había hecho acto de aparición. Me había cansado de esperar en la entrada de kolhberg y comencé a buscarla, pero no la encontré ni en la biblioteca, ni en la cafetería y la sala de cómputo.

Recorrí las desiertas canchas de futbol y me acerqué al pasillo que discurría a las canchas de basquetbol. Sentí un cosquilleo en el ombligo y escuché un golpe seco, como el de un cuerpo aporreándose con fuerza encima de pared.

Corrí para averiguar que había ocasionado el ruido. Me quedé de piedra enfrente del pasillo. Lucy estaba pegada sobre el muro con esa expresión retadora con la que había mirado a su abuela y a Madame Lulú. Si prestabas atención podías notar que la chica se encontraba unos centímetros sobre el aire y su cuerpo colgaba como un trapo en una soga. En medio del corredor estaba de pie Felipe mirando con desaprobación a sus dos amigos. Fernando tenía la mano extendida en el aire y sentí la magia brotar por él.

-Ahora seguirás negando que tú lo tienes - habló Daniel altaneramente- entréganos el cristal…

-¡¿Podrían dejar de atacar a la personas con sus métodos medievales?!- interrumpí. Los tres chicos me voltearon a ver, Daniel con fastidio, Felipe aliviado y Fernando con culpabilidad.

-Este no es tu asunto Raquel- escupió Daniel.

-Bájenla en este instante- ordené. Fernando obedeció de mala gana.

-¿feliz?- preguntó Fernando en tono mordaz. Yo no respondí me acerqué a Lucy para ver si estaba bien.

-En realidad eso no podía hacerle daño. Me aseguré que no la lastimaran…

-¡y vaya que cumpliste excelentemente tu trabajo!- exclamé con ironía.

-El asunto es Raquel que la joven aquí presente es, ¿Cómo decirlo? ¡Una bruja! - siguió hablando Fernando en su tono petulante.

-¿y por eso tienen el derecho de colgarla en la pared?- respondí sarcástica.

-Creemos que ella tiene el Cristal de Luna- la señaló Daniel con un dedo acusatorio.

-Y yo les dije que no era así- declaró Lucy cruzándose de brazos.

-¡Vamos! ¡Eres unaStarkey! - habló Fernando- tu familia es miembro del Consejo igual que la mía. Han habido como dos guardianes dentro de tu árbol genealógico. Más la desaparición de tu hermana y tu aparición en el mundo de los humanos…

-Este es mi amuleto- Lucy mostró la pulsera que llevaba en la muñeca. Era de un metal brillante con incrustaciones de unas piedrecitas verdes que formaban hojas. - No tengo el cristal de Luna.

-Yo igual tuve otro amuleto hasta que me eligió el Cristal de Sol…

-Tal vez podemos solucionar esto en una forma civilizada- sugirió Felipe.

-¡Un duelo! - Daniel alzo el puño en alto como si blandiera una espada- ¡Así demostraremos quien es el mejor guardián!

-Creo que Lucy ya dejó en claro que no es guardián de nada- declaré parando las locuras que cruzaban por la cabeza de ese mago.

-O eso es lo que pretende- replicó Fernando- Yo creo que un duelo de magia no vendría nada mal.

-Acepto entonces- anunció Lucy con un brillo divertido en sus ojos. - Haber si así entiendes que no estoy mintiendo.

-¡NO!- proferí- No habrá ningún tipo de duelo- mi celular vibró y leí "Mamá en la pantalla- Ya me tengo que ir pero les advierto que no lo toleraré.

-Será este Viernes- señaló Daniel ignorándome olímpicamente- sobre el techo del centro comercial Gioconda…

-¡Qué no!

-De acuerdo.

-¡Lucy no puede ir a ningún duelo! - pegue mi puño contra la mesa para captar la atención de Madame Lulú. Ella examinaba las nuevas pociones que Jerry había creado.El chico permanecía a lado de la bruja. Los dos estaban cubiertos de un ridículo traje protector color marrón que yo me había negado a utilizar. Jerry colocó una gota de una poción rojo cereza sobre un caramelo y comenzaron a multiplicarse en 1 minuto habían como doscientos dulces sobre la mesa.

-Excelente, con un hechizo eso había tardado horas- habló Madame Lulú.

-¡Eres su tutora! No puedes permitir que ella se esté pelando apenas entrando a la escuela ¿Qué diría Lady Evanna?- seguí argumentando. Jerry se tomó de un frasco una poción pastosa color gris, la bebió y se llenó de enormes barros hinchados y rojizos. Luego sin inmutarse se tomo una infusión verde y los granos desaparecieron.

-¿Me estas escuchando? - me paré enfrente de Madame Lulú para impedirle el paso- Además ¿para que alguien querría una poción que provoca granos? ¡es asqueroso!

-Número uno: Si no tuviéramos la poción que provoca granos no podríamos vender la que los quita- dijo en tono de obviedad como si estuviera explicando que dos más dos son cuatro.- número dos: Lady Evanna no me dijo nada de evitar que Lucy se pelee con otros magos así que no estoy infringiendo ninguna orden.

-Pero…

-Lucy es lo suficiente grande para tomar sus propias decisiones y aprender de sus errores. La única forma de que las personas crezcamos, seamos mejores, es tropezando, poniéndonos de pie y continuando nuestro camino.- Madame lulú me sujetó de los hombros y me dedicó una amable sonrisa.

-Es que no lo entiendes- repliqué-Ellos creen que Lucy tiene el Cristal de Luna, por eso pelearan. Es mi culpa, si no lo estuviera escondiendo no intentarían pelear con ella.

-Lo entiendo a la perfección- hablo Madame Lulú con lentitud.

-No parece- me solté bruscamente y salí del salón de "pociones e inventos".

Me metí al ascensor y apreté el botón que llevaba a la habitación de Lucy.

Unas flores blancas iguales a las que había en casa de Lady Evanna me dieron la bienvenida revoloteando sobre mi rostro.

-¡Raquel! Qué bueno que llegaste. Tengo un regalo para ti. - me asentó sobre las manos una caja grande y alargada color morado con un listón plateado.- lo manda la abuela- explicó antes de que pudiera pronunciar palabra.

-Gracias- murmuré. - No me lo esperaba.

-¡anda! Ábrelo- insistió Lucy. Desate el listón y levanté la tapa morada. Habían dentro unas botas de cuero café, sin tacón que me llegaban hasta debajo de la rodilla. Un vestido blanco hueso sin mangas, cuello redondo y espalda media descubierta. Un par de guantes cafés, un cinturón grueso y un antifaz marrones. Podía sentir algún hechizo protector sobre esos objetos.

-¿Te gustan?- preguntó Lucy con una sonrisa. Yo asentí sin saber que decir- Madame Lulú le dijo a la abuela que no tenías ningún traje de bruja. Siempre está bien tener uno a mano.- Ten- me entregó una caja más chica- Este es de mi parte.

Era una cartera de cuero con flores del mismo color oscuro.

-Ahí puedes guardar el traje. Tiene una hechizo para que todo pueda entrar sin problema.- explicó con elocuencia- El antifaz tiene un encantamiento para que sólo el dueño pueda quitárselo y nadie pueda reconocerte, ni siquiera tus padres.

-¡Es un regalo espectacular! ¡gracias! - por fin había logrado articular palabra. Abracé a mi nueva amiga.- oye, le caíste muy bien a Kim- cambié rotundamente el tema.

-Si ella igual me pareció bastante simpática- comentó Lucy animadamente.

-Me pidió que te invitara a ir al cine el viernes con nosotras. Igual irán Andrea y Julia. Estoy segura que igual ellas…

-Si sabes que el viernes tengo el duelo con Fernando- me interrumpió Lucy.

-Si pero… Lucy es una estupidez. No tienes que probarles nada- solté de golpe- Tu sabes que yo soy la guardiana. No tienes que pelear mis batallas.

-Lo sé pero…

-¿Entonces?

-Está bien. Iré al cine- declaró. Yo sonreí aliviada.

-Ahora será mejor que guardes tus regalos en la cartera. Recuerda siempre llevarlos contigo, no sabes cuando los necesitarás.

Faltaban cinco minutos para iniciar la función y Lucy Starkey no hacía acto de aparición.

-Debí habérmelo imaginado- refunfuñé.

-¿Ya intentaste llamarle a su celular?- preguntó Kimberly

-No tengo su número- En realidad Lucy ni siquiera tenía un celular. Apenas y se había instalado para preocuparse por comprar uno.

-Yo creo que lo mejor será entrar. - Julia sostenía los boleto

-Si yo opino lo mismo. Además eso de ser impuntual…- Andrea agregó la impuntualidad como uno de sus nuevos tópicos de discusión.

-Hay vendrá para la próxima- Kim me dio una palmada en el hombro. - ¿oye te vez bastante enferma?- había adquirido un tono verdoso al imaginar a donde estaría yendo Lucy.

-Si es que no me siento bastante bien.

No entendía nada de la película. Me revolcaba en mi asiento cambiando constantemente de posición pensando en Lucy, Fernando y el duelo que se estaría dando en el techo del centro comercial Gioconda. No podía más, me puse de pie bruscamente.

-¿estás bien?- preguntó Kim. Las miradas de mis amigas se posaron en mí.

-Tengo ganas de vomitar, iré al baño- me sujete el estomago.- No es necesario que me acompañen. - dije antes de que alguna se parara.

Salí de la sala y corrí hasta alejarme del cine. Paré abruptamente en la esquina de una calle para tomar aire. Tenía que tomar una decisión. Saqué de mi bolsa la cartera que me había regalado Lucy y entendí lo útil que había sido el regalo. Metí mi mano debajo de mi blusa y sujete el Cristal de Luna con fuerza.Miré a mi alrededor para comprobar que la calle estaba desierta. Recordé el sueño que había tenido hacia unas noches.

-Isis, por favor- murmuré- necesito volar, ayúdame.

El cristal de Luna destelló.