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El cristal de luna — capítulo 15

La historia de Lucy Starkey

Madame Lulú se había esforzado por hacer la habitación de Lucy bastante agradable. Era espaciosa y luminosa. Con un enorme ventanal y techo de cristal. El cielo se veía nebuloso y unas cuantas estrellas habían empezado a salpicar el cielo.

Había una puerta de madera que conectaba a un pequeño invernadero. Madame Lulú le había dejado una nota que decía:

"Porque todos podemos sembrar nuestros sueños" M.L

Lucy asentó las valijas sobre su cama como si fueran una pesada carga. Yo me quede de pie en el umbral de la puerta.La chica se volteó para quedar frente a mí y me examinó con detenimiento con sus ojos azul-grisáceos.

-Así que eres tú - dijo por fin. Yo la miré sin comprender a que venían sus palabras.

-¿Soy quién?- pregunté

-La guardiana del Cristal de Luna- sentenció y dio un paso hacia mí.

-Si, igual soy la chica de la biblioteca- comenté intentando aligerar el ambiente. Ella sonrió

-Me alegra que por fin hayas aparecido- parecía sincera- todo se ha ido complicando con el tiempo. Tal vez ahora que apareciste la situación se aligere.

-Eso espero.- murmuré aunque recordaba que Sebastián le había dicho que los nigromantes se habían vuelto más implacables y hambrientos de poder. No parecía que el nacimiento de un nuevo guardián pudiera pararlos.- Siento que hayas tenido que dejar tu hogar.

-No te preocupes. Sabía que sólo era cuestión de tiempo. Desde queClaire desapareció la vida en casa de la abuela había adquirido algo de tensión.- Lucy tomó asiento en la cama y me hizo señas para que la acompañara. Claire era un nombre que repetitivo por esas últimas horas.

-¿Quién es Claire?- me ruboricé al darme cuenta que mi tono había sido demasiado osco.

-Es mi hermana gemela- explicó Lucy- somos muy diferentes. Tanto en lo físico como en forma de pensar. Ella era buenísima en todo lo que hacía, aunque a la abuela siempre la sacaba de quicio porque acostumbraba meterse en problemas. Guardaba muchos secretos.

-¿Cómo es que desapareció?- pregunté. Sentía que Claire debía ser una persona bastante compleja.

-En una fiesta en casa de ElizabethAuais, es una miembro antigua del Consejo. Habían asistido diversos invitados, todos miembros del consejo o familiares de ellos. A Claire le gustaba jugar a las escondidas, desaparecer del mundo y encontrarse con ella misma, así que a nadie extrañó no verla por un buen rato. - Lucy entornó los ojos como si hubiera regresado a casa de Elizabeth Auais y estuviera reviviendo esa vieja historia enterrada- Llego la hora de la cena y Claire no apareció. Me acuerdo que la abuela se había molestado mucho pensando que Claire se traía uno de sus juegos. Todos en la casa comenzaron a buscarla primero un poco fastidiado, luego realmente preocupados. Nunca había visto a papá tan desolado.

-¿qué paso con tu padre?- interrumpí- ¿por qué estabas viviendo con tu abuela y no con él?

-Papá es un hechicero Borhi

-¿un qué?- pregunté desconcertada

-¿No sabes lo qué es un hechicero Borhi?-Lucy le miró con incredulidad. Yo negué con la cabeza- Dentro del Consejo de los 12 dragones hay diferentes cargos. Cada una de las principales cabezas del consejo se encarga de dirigir uno. Los hechiceros Borhi son dirigidos por Nicolás Mondragón y se encargan de luchar contra los nigromantes.

-¿Nícolas Mondragón?- pregunté interesada- Acaso es el abuelo de Fernando Mondragón. Lucy frunció sus labios y una expresión perspicaz se dibujo en su rostro.

-¿Lo conoces? Tenía entendido que se había escapado y buscaba desesperadamente al nuevo guardián para quitarle el Cristal de Luna.- mordí mi labio inferior y desvié mis ojos de su inquisidora mirada.

-Nos conocemos pero por razones obvias el no sabe que somos amigos- le confesé- Debido a un pequeño accidente supo que el guardián estudiaba en mi escuela y se inscribió al Instituto Kohlberg.

-Déjame adivinar, ¿está ahí con su amigo inseparable Daniel Soberanis?- habló en un tono burlón.

-Sí y con Felipe Basteris- comenté con cautela. Lucy mostró una expresión de sorpresa y temor.

-¿Felipe Basteris dices? Vaya…- susurró

-¿Lo conoces?- sentí un extraño nudo en la garganta al penar en Felipe y en su pasado tan nebuloso y en su oscuro secreto.

-Sé que lo he visto, aunque no lo recuerdo porque estábamos muy chicos cuando fue atacado- murmuró y sus ojos se perdieron como si estuviera intentando escavar el pasado de su mente- ¿Si sabes de que hablo?

-Sí, me han dicho que puede ser peligroso que se encuentre en el mundo de los humanos.- recordé la conversación que había tenido con Sebastián- pero en mi opinión es bastante agradable.- Lucy asintió con tristeza contenida.

-Sí, recuerdo que todos decían que era encantador- Lucy suspiró como si con ese poco de aire que entraba a sus pulmones pudiera limpiar su gastada memoria.- Papá y la abuela no creyeron conveniente que Claire y yo lo siguiéramos viendo. Igual los papás de Felipe decidieron ocultarlo. Creo que por eso casi nadie sabe a ciencia cierta el resultado de aquella maldición.

Mis ojos se clavaron en el techo de cristal. Ya estaban desperezándose las primeras estrellas del firmamento y el cielo tenía los últimos rastros anaranjados del ocaso.

-Creo que ya es hora de que vaya a casa- anuncié y me puse de pie.

-¿A casa?¿no vives en Ojo de Gato?- Lucy se puso de cuclillas sobre la cama, ladeo su cabeza y entornó sus ojos. Era un gesto que hacía cuando algo le intrigaba.

-No, vivo con mis papás y mi hermana- expliqué.

-¿Cuál es tu apellido?- Lucy continuaba con su cabeza ladeada hacia la izquierda.

-Cardona, me llamo Raquel Cardona. Creo que todavía no nos habíamos presentado correctamente- Lucy se levantó de la cama y se paró enfrente mí.

-Yo soy Lucy Starkey, aunque creo que ya lo suponías- sonrió- Dime Raquel Cardona, ¿Por qué no había conocido antes a un mago con ese apellido?

-Mis papás no son magos. Madame Lulú cree que debe tener algún pariente lejano mágico, pero no puedo estar segura- Lucy asintió sin ningún gesto de sorpresa sólo pura curiosidad.

…

-¡Vaya hora de regresar a casa! ¡Estuviste todo el día fuera!- los gritos de mamá eran tan fuertes que probablemente debían llegar a oídos de los vecinos. Me imaginaba a la desagradable señora Domínguez escuchando a escondidas desde su patio trasero.

-Lo siento Mamá. No me di cuenta de lo tarde que era hasta que anocheció- intenté justificarme.- Estaba haciendo el inventario de la tienda y…

-Te hablé como 10 veces, sin contar los mensajes y pines- me interrumpió mi mamá- Además mañana tienes clases y no creo que hayas hecho tu tarea en el trabajo. Estoy dudando si de vedad ya estas lista para tener un empleo.

-Estoy lista mamá. Fue un accidente, no volverá a pasar.- mamá frunció el seño y se mordió el labio.

-Lo hablaré con papá. Mejor sube a darte un baño- yo obedecí confiada en que papá la persuadiría.

Toméun baño rápido para refrescar el cuerpo y las ideas. Todos los sucesos del día, que involucraban a Lucy Starkey, Lady Evanna y a los otros miembros del consejo eran una maraña que necesitaba ser ordenada.

Me acosté en mi cama y me cubrí completa con el cobertor. Saquéel Cristal de Luna de debajo de mi pijama y me puse a reflexionar en las palabras de Madame Lulú: "*Los amuletos mágicos son más que objetos… deberías pensar en ellos como en seres".*Me acomodé en posición fetal y cerré los ojos que ya se adormecían.

-Hola, mi nombre es Raquel- susurré a mi puño que guardaba al Cristal de Luna. Mi mente se empezó a apagar vencida por el cansancio, pero antes de ser arropada por el sueño escuché una voz en un rincón de mi cabeza.

-Hola, mi nombre es Isis. Me alegra que por fin nos presentáramos.

El sueño me acogió.

Siempre me ha irritado el sonido que hace el gis cuando roza el pizarrón. El Maestro Zetina había llenado la pizarra con un listado de ecuaciones que no tenían sentido para mi cabeza y habían puesto mis nervios de punta.

Julia tenía la mirada al frente y el seño fruncido, se esforzaba por comprender lo que el maestro nos había puesto al frente. Mis ojos se clavaron en el libro de álgebra de Baldor como si el árabe de la portada (quien yo suponía era Baldor) me pudiera explicar lo que el Maestro Zetina no había logrado enseñarme. La boca de Baldor se abrió y yo lo miré con una mezcla de sorpresa y expectación.

-Ven rápido a la dirección. Madame Lulú te necesita- al parecer ningún estudiante escuchó lo que me había ordenado Baldor aparte de mí. Mire preocupada a los tres magos que estabansomnolientos sobre sus pupitres, como si no hubieran dormido toda la noche, y al no ver ninguna muestra de sospecha dibujada en su rostro me puse de pie y caminé hacía el escritorio que ocupaba el Maestro Zetina.

-¿Puedo ir a la enfermería? Me está empezando a doler la cabeza- El Maestro Zetina me escrutó por debajo de sus gafas. Puse una expresión de dolor en el rostro que pareció convencer al profesor porque asintió con la cabeza y volvió a concentrarse en las ecuaciones que faltaba por escribir.

Salí del aula y doble a la derecha. Las oficinas administrativas estaban en el edificio de enfrente. Salí por el gimnasio y atravesé a paso apurado elcampo de futbol.

Cuando entré al edificio varias secretarías se intercambiaron miradas suspicaces pero no me dirigieron una palabra. Pasé frente a los cubículos vacios de algunos maestros hasta quedar enfrente de la puerta con enormes letras plateadas que rezaba "Dirección"

Me asomé sutilmente por el resquicio de la puerta. La secretaria desvió por un momento sus ojos de la computadora.

-¿Se te ofrece algo?- sus dedos tecleaban a velocidad luz aunque estuviera hablando conmigo.

-La verdad yo…- balbucí, pero antes de inventar una excusa unas fuertes manos me sujetaron de mis muñecas y me introdujeron por la puerta.

-Raquel por suerte estás aquí- Madame Lulú se puso una mano en la cabeza acentuando su aire dramático. Estaba vestida completamente de negro a excepción de la flor blanca que adornaba su sombrero y su saco. Llevaba gafas oscuras y sujetaba un consumido cigarro.

-Los alumnos están en horario de clases- recalcó lasecretaria enarcando ambas cejas.

-Lo sabemos pero es urgente. No se angustie, ella viene con nosotras- Madame Lulú agito su mano despreocupamente intentando tranquilizar a la secretaria. Me di cuenta que en el sillón, usado generalmente por los alumnos mientras esperan hablar con la directora, estaba sentada Lucy Starkey. Tenía los ojos entrecerrados como si estuviera esforzándose por comprimir su furia y los brazos cruzados desdeñosamente.

-¿Lucy?- pregunté con sorpresa pero manteniendo mi distancia. Lucy no respondió pero levantóambas cejas con fingida sorpresa.

-Se niega a que la inscriba a la escuela- Madame Lulú la señaló con un dedo acusatorio. Parecía una niña incriminando a su hermana enfrente de su madre. En este caso yo era la madre.- Estoy demasiado ocupada con la tienda y otros asuntos relacionados con el Consejo para estar pendiente de ella. Además supuse que sería mejor a estar encerrada todo el día ¡Hasta pensé en inscribirla a Kohlberg para que esté contigo!- Madame Lulú se puso el cigarro en los labios intentando tranquilizarse.

-No se puede fumar aquí- anunció la secretaria pero su voz fue opacada por el grito de Lucy Starkey.

-¡¿Y por qué no puedo trabajar en la tienda igual que los gemelos y Jerry?!- Lucy se paró del sofá.

-Ellos son mis empleados. Además una de las razones por las que Lady Evanna me encomendó tu cuidado es para que te relacionaras con personas diferentesa ti.- recalcó la palabra diferentes refiriéndose a humanos.

-¿Podemos hablar a solas Lucy y yo?- Madame Lulú asintió.

-Haz lo que quieras.- le hice una seña a Lucy y ambas salimos de la dirección. Nos apoyamos sobre la pared mirando a un enorme helecho que adornaba la entrada del cubículo de enfrente.

-¿Ahora dime cuál es el problema?- Lucy esquivó mi mirada.

-Simplemente no quiero inscribirme a la escuela- gruñó- Estoy segura que estas instrucciones las envió la abuela para impedir que aquí tampoco investigue lo de Claire.

-Madame Lulú no es así. Ella cree en hacer lo que nos dice la intuición.

-Pero sigue órdenes de la abuela- refutó Lucy.

-Lo dudo sinceramente. Además si quieres encontrar a Claire yo creo que este es el sitio perfecto para comenzar- expliqué.

-¿A si? - preguntó intentando parecer indiferente- ¿por qué?

-Están Fernando, Daniel y Felipe. Tal vezellos sepan algo que nosotras no. Además estoy segura que algún nigromante sabe que estudio aquí porque ya recibí un ataque. Si permaneces cerca de mí seguro verás alguno, quizás te pueda conducir a Claire.

-Ok, ya entendí tu punto- Lucy exhaló un largo suspiro.

-Sólo digo que aquí podrías hallar más respuestas que en James Barrie y contarás con mi ayuda- Lucy sonrió divertida.

-¿Piensas ayudarme?- preguntó como si le hubiera contado un chiste.

-¿Qué tiene de raro?

-Generalmente todos unen sus esfuerzos para que "no meta mis narices en donde no debo"- las últimas palabras las dijo con un tono parecido al de Lady Evanna.

-Te ayudaré. Es un hecho- sentencié.

-Bien, y dime ¿Tendré que usar ese uniforme?- señaló mi atuendo- Porque no sé si eso del estilo colectivo es lo mío. Sonrió.

-Ya, no empieces con más pretextos que Madame Lulú te espera- Lucy rió mientras la metía a empujones a la dirección.