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El cristal de luna — capítulo 14
Lady Evanna
Madame Lulú era una mujer bastante peculiar. Es verdad que todos tenemos algo de raro y diferente pero Madame Lulúrebasaba mis expectativas. No lo decía por los estrambóticos atuendos que siempre usaba, aunque había que aclarar que ese día Madame Lulú se había superado a sí misma. Llevaba en la cabeza un sombrero de copa negro y sobre éste otro sombrero de copa del mismo color aunque más pequeño. Para coronar el tocado había un último sombrero de copa sólo que con un estampado amarillos con flores negras.
-¿y qué tal se ve?- Madame Lulú le dio la espalda al espejo. Por un momento me pareció que lo que llevaba la mujer en la cabeza era un enorme pastel de boda de tres pisos. Le dediqué una sonrisa ya que no estaba muy segura de que debía responder.- Es hora de que te compre ropa de bruja, esos atuendos humanos no te servirán de mucho en el futuro.
Madame Lulú no se refería a que la ropa humana estuviera fuera de moda sino que podría encontrar más útillas prendas mágicas. Estas son hechas con encantamientos protectores o de ocultación para mantener a salvo a quien los use.
-Si creo que me vendría bien- concluí acomodándome enpuff que había dentro del inmenso closet. Madame Lulú dio un brinco de entusiasmo como el de una porrista y me abrazó.
-Estoy muy orgullosa de ti- exclamó- has avanzado muchísimo dominando tus poderes. Todavía no puedo creer que hayas construido tu propia habitación secreta- me estrujó aún más dejándome sin aire y luego me soltó.
-Pero todavía no puedo volar- susurré decepcionada.
-Ya te lo explique, tienes que abrirle tu corazón al Cristal de Luna.- Madame Lulú tomo asiento en el piso alfombrado a mi lado.
-Y yo ya te expliqué que no entiendo a que te refieres- repliqué. Madame Lulú levantó su dedo índice y se dio golpecitos con él en la frente.
-Los amuletos mágicos son más que objetos… deberías pensar en ellos como en seres.- Madame Lulú se puso de pie de un salto- ¿Bueno, estás lista? Yo se que te agradará Lady Evanna
-Si- yo igual me puse pie.
-Perfecto, entonces creo que me cambiaré por última vez- Madame Lulú rió como una niña que está planeando hacer una travesura.
-Yo te espero en la sala- deje a Madame Lulú entretenida con sus múltiples vestuarios y me senté en el mullido sofá donde hacía una semana y media había tenido una conversación con Sebastián Mondragón. - así que cumplió su promesa…- susurré. Hurgue en el fondo de la bolsita que traía y saque un sobre bastante arrugado. Lo había encontrado en la puerta de mi habitación. El sobre no tenía escrito el nombre del remitente, sólo el mío.
Saque la carta que había en su interior y la leí una vez más.
Raquel:
Hace una semana recibí una visita muy peculiar de un antiguo amigo, Sebastián Mondragónque me hizo el favor de hablarme de ti. Me dio mucho gusto saber que por fin te habíamos encontrado y me encantaría poder conocerte personalmente. Te mando esta carta con el motivo de invitarte el próximo jueves a mi casa. Madame Lulú sabe dónde queda mi residenciae igual ha recibido una invitación. También me gustaría presentarte a mi nieta, quien pasará una temporada en Ojo de Gato con el propósito de que conozca un poco sobre el Mundo de los Humanos.
Con todas mis buenas intenciones.
Lady Evanna S.
Madame Lulú me explicó después que Lady Evanna era uno de los miembros más antiguos del Consejo de los 12 dragones. Si había alguien que podría convocar una reunión para que todos me conocieran era ella. Igual me emocionaba que me presentara a su nieta. Hasta ahora los únicos chicos de mi edad con los que podía hablar sobre mis poderes eran los gemelos y Jerry con el que había no cruzado más de dos palabras. Sería divertido tener una amigaque fuera bruja.
-Creo que ya podemos irnos- Madame Lulú se había puesto un saco negro pero se había dejado su estrambótico sombrero. -Ten- extendió el brazo y apareció una fedora oscura en sus manos y me la entregó- a los magos nos encantan los sombreros comentó en tono entusiasta
-Si ya lo noté- Madame Lulú volvió a sacudir su mano y en su palma apreció una llave igual a la de Sebastián. Una llave maestra.
-Supongo que ya sabes cómo funciona-Apareció una puerta y se escuchó un "clic" cuando la llave abrió el cerrojo. Ambas dimos unos pasos y nos introdujimos en esa espesa y familiar negrura.
Aparecimos en medio de una pradera. El sol estaba más resplandeciente que nunca y el alto césped danzaba al compás del viento. A la distancia se veía una casa de campo bastante grande con un estilo victoriano.
Madame Lulú giro la llave maestra y la puerta se desmaterializó.
-¿por qué nos aparecimos tan lejos?- pregunté. - Tendremos que caminar bastante.
-Es de buena educación no aparecerse muy cerca de lacasa del anfitrión por si todavía no está listo para recibirnos.- explicó Madame Lulú. Comenzamos a caminar en silencio. Intentaba idear alguna forma de llegar fresca a la casa y no empapada de una capa de pegajoso sudor.
Repentinamente sentí un jalón debajo del ombligo y vi como el paisaje se movía con rapidez ante mis ojos. Las figuras se volvieron borrosas y los colores más brillantes.
Todo se detuvo. Estábamos a unos pasos de la casa que habíamos visto a la distancia.
Miré a Madame Lulú con una mezcla de confusión e incredulidad.
Tampoco es de buena educación dejar caminando a tus invitados por mucho tiempo- aclaró Madame Lulú mientras me hacía una seña para atravesar el jardín de la entrada.
-¡¿Es mi imaginación o las flores nos están saludando? - rosas, claveles, orquídeas… todas agitaban sus pétalos amistosamente cuando pasábamos cerca de ellas. Luego miré sorprendida un ficus con forma de unicornio que movía su crin cada vez que la rosaba alguna brisa.
-A Lucy, la nieta de Lady Evanna le gustan mucho las plantas. Tiende a enfocar sus conocimientos mágicos en ellas.
-increíble- murmuré cuando escuché como los tulipanes soltaban risitas nerviosas y unas flores blancas que parecían mariposas revoloteaban cerca de mi rostro.
-Podrás hacer cosas mejores con un poco de práctica- subimos las escaleras del pórtico y aporreamos la aldaba de la puerta. Se abrió acompañada de un molesto rechinido.
No había nadie esperándonos en el vestíbulo. Madame Lulú entró con pasos seguros y yo con pisadas vacilantes. Había una enorme lámpara de vidrio sobre nuestras cabezas y en frente una escalera en espiral conectada a una enorme puerta oscura.A nuestros lados igual había dos puertas de ese mismo color y proporción.
-¿Dónde están todos?- pregunté en un susurro. La puerta de la izquierda se abrió como una invitación. Pasamos.
Era una sala muy luminosa color crema. Los muebles eran color café y victorianos, igual que todo lo de la casa, pero lo que más llamó mi atención eran los personajes que estaban sentados en estos.El primero era un anciano con una barba larga y rala al igual que su cabello aunque ya tenía unas avanzadas entradas. Tenía la cara larga y demacrada por los años. Llevaba una túnica turquesa y una capa plateada. Me pregunté cómo le hacía para llevar tanta ropa encima y aguantar el calor. El segundo personaje era un gato. Llevaba pantalones oscuros, camisa blanca y chaqueta negra. Sostenía un bastón con su garra y llevaba un sombrero de copa pero no tan exagerado como el de Madame Lulú. El último miembro de la sala era una mujer quien supuse que era Lady Evanna. Su apariencia me decía que la señora debía tener unos 60 años pero como los magos no envejecen a la misma velocidad que los humanos seguramente debía tener un par de siglos. Era una mujer elegante con un vestido color melón de lino acompañado de un saco del mismo color, usaba un collar de perlas y tacones blancos. Tenía su cabello rubio y corto peinado de lado.
-Madame Lulú- El gato se levantó del sofá y se acercó a nosotras caminando en dos patas. La última vez que había visto un animal mágico había colapsado entre la sorpresay el miedo, esta vez me mantuve tranquila. El gato realizó una reverencia.- y tú debes ser Raquel Cardona.
-Soy yo- asentí un poco turbada.
-A mí me llaman el Conde Milk- el gato sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-¿Por qué no toman asiento?- esta vez habló Lady Evanna. Obedecimos y nos acomodamos en un sofá que estaba en frente de ellos. Lady Evanna estaba sentada en un sillón y con una mano sostenía una taza de café.- Me llamo Evanna Starkey pero todos me dicen Lady Evanna.
-Mucho gusto- dije. El apellido se me hacía remotamente familiar aunque no sabía de dónde.
-Y yo soy Sir Miguel Loubet, se presentó el anciano- yo sonreí con la intención de mostrarle que igual estaba encantada de conocerlo.
-¿No nos hemos visto antes?- preguntó Lady Evanna.
-Nolo creo, soy hija de humanos.- expliqué. La anfitriona y sus acompañantes abrieron sus ojos con sorpresa.
-¿cómo es posible qué puedas hacer magia?- inquirió el anciano.
-Me parece obvio imaginar que tendrá algún pariente mago-ronroneó el Conde Milk.
-Si esa fue la explicación a la que concluimos Sebastián y yo- intervino Madame Lulú.- pero debo decir que Raquel es una excelente bruja en todos los esquemas. Su magia ha evolucionado rápidamente desde que comenzaron sus entrenamientos.
-Igual hay que aceptar tiene una excelente maestra- argumentó de nuevo el Conde Milk.
-¿Llevas contigo el Cristal de Luna?- asentí y saqué la cadena de debajo de mi blusa. Hubo un tenue resplandor como su el mismo Cristal estuviera saludando a los presentes.
-Ya había leído en las estrellas que esta vez el Cristal de Luna tendría un portador inusual- susurró Sir. Loubet- Mantenlo siempre contigo.
-Creo que tenemos que programar una reunión del Consejo lo más pronto posible- anunció Lady Evanna. -Obviamente con el propósito de que todos te conozcan Raquel- yo asentí.
-¿Lady Evanna, me preguntaba dónde se encuentra su nieta?- estaba muy complacida de poder conocer por fin a miembros del consejo aunque realmente a la que queríaver era a su nueva compañera bruja. Pero antes de que Lady Evanna contestara la puerta se abrió de par en par y una furiosa chica entró en la habitación.
La reconocí al instante y me acordé de porque el apellido Starkey me sonaba familiar. "La Señorita Starkey" era la chica de la biblioteca James Barrie.
-Lucy esa no es la forma de entrar a una habitación- Lady Evanna le dio un sorbo a su café con tranquilidad, como si no viera que su nieta iba explotar de la cólera.
-¿Por qué haz empacado mis pertenencias?- preguntó oscamente Lucy Starkey.
-Ya te había dicho que por tu seguridad irías a vivir al mundo de los humanos.- Lady Evanna miró a su nieta desafiante.
-Te dije que no quería ir. Este es mi hogar- replicó Lucy Starkey. Parecía que los demás personajes de la sala se habían disuelto sobre lo muebles.- ¿Todo esto lo haces por Claire verdad?
-Lo hago por tu bien- Lucy Starkey levantó la mirada y nuestros ojos se conectaron. Ladeó su cara redonda hacia la derecha- eres la chica de James Barrie.
-Sí, que bueno que ya nos presentamos-dije lo primero que se me vino a la mente. Luego pensé que mi comentario fue sumamente inapropiado ya que no era nada encantador conocer a alguien bajo esas circunstancias.
-Entonces si has estado yendo a James Barrie- Lady Evanna se puso de pie y cruzó ambos brazos.
-Estoy intentando encontrar a Claire, parece que a ti no te importa- argumentó Lucy con un tono de voz retador. Entornó sus ojos azul-grisáceos.
-No es algo que te corresponda- Lady Evanna levantó la mano, por un segundo pensé que le iba a pegar una bofetada a su nieta. Una enorme pulsera dorada con una gema roja incrustada que Lady Evanna llevaba en la muñeca destelló. Un par de valijas entraron volando a la sala y Lady Evanna sacó de su bolsillo una llave maestra.
-Siento que se tengan que retirar temprano- anunció Lady Evanna. Madame Lulú se puso de pie y yo la imité.
-No te preocupes, entendemos la situación- contestó Madame Lulú quien se quitó su enorme sombrero para hacer una reverencia.
-Raquel la reunión del Consejo queda pendiente. Te mandaré una invitación cuando el día llegue. Que gusto sabe que por fin hay una nueva guardiana del Cristal de Luna-sonreí y asentí con la cabeza. Lucy Starkey volteó su cabeza agitando su cabello castaño y me observó con curiosidad.- creo que es obvio queirás con ellas. Madame Lulú será tututora por este tiempo.
-Mi padre sabe algo sobre esto- exclamó indignada la chica.
-Lo sabe. El sólo quiere protegerte igual que yo- Lady Evanna giró la llave y se abrió una puerta que mostraba un infinito agujero oscuro.
-Pues bien- fueron las últimas palabras de Lucy Starkey antes de atravesar la puerta.
-Un placer Señores- Madame Lulú entró por la puerta y yo la seguí no sin antes echarle un último vistazo a la sala victoriana y a los tres personajes que la decoraban.
Reconocí la sala de Madame Lulú cuando salí de la negrura. La puerta se cerró y desvaneció. Lucy Starkey estaba parada en una esquina de la habitación, arrumbando sus maletas en el piso.
Madame Lulú se acercó a ella con cautela, como si fuera una bomba que pudiera explotar en cualquier segundo.
-Imagino como debes sentirte- murmuró Madame Lulú. Lucy la fulminó con la mirada ya que debía pensar que Madame lulú no tenía la menor idea de lo que ella estaba pasando. Muchas veces creemos comprender los sentimientos de una persona aunque en realidad es imposible hasta que estás en sus zapatos.-por qué no vas a tu habitación, te acomodas y cuando te sientas mejor podemos hablar.
La puerta del elevador que llevaba a los múltiples cuartos de Ojo de Gato se abrió. Lucy tomó sus valijas sin muchos ánimos de replicar.
-Raquel puede acompañarte a acomodar tus pertenencias- Hay ocasiones en las que uno prefiere estar sólo como cuando pierdes a un ser querido o estas deprimido porque te has peleado con una amigo. Yo clasificaría esta como una de esas ocasiones pero la falta de tacto de Madame Lulú le impidió verlo.
Lucy no respondió, sólo levantó una ceja y se metió al elevador. Madame Lulú me dio un empujón y yo avancé atrás de Lucy Starkey. Había un nuevo letrero en el ascensor que decía "habitación de Lucy", lo apreté y las puertas se cerraron en nuestro rostro.