← El cristal de luna · de
El cristal de luna — capítulo 13
-¿A dónde se supone que vamos?- arrastraba al Kim del brazo en medio del gentío de la cafeteríaen dirección a una mesa donde habían tres chicos.Tenían las cabezas pegadas entre ellos, como si así pudieran evitar que algún transeúnte pudiera captar alguna palabra de lo que cuchicheaban.
-¿A dónde más? A hablar con ellos-señalé indiscretamente la mesa donde los tres amigos tenían una tertulia.
-¡Ah, no!- Kimberly se soltó y levantó las manos al aire como un prófugo al que acaban de descubrir con las manos en la masa.- La verdad no tengo el más mínimo interés en pasar mi tiempo libre con ellos -señaló la mesa como si fuera zona de guerra.
-Pues como quieras- repliqué y me crucé de hombros.- si quieres ve con Andrea y Julia. Yo tengo que arreglar un asunto con ellos.
Caminé al fondo de la cafetería. Fernando, Daniel y Felipe habían desparramado bolsas y bolsas de comida chatarrasobre la mesa. Tenían un enorme trozo de papel desplegado y bañando de algunas migas de frituras.
-Jamás había probado algo tan delicioso como esto- anunció Daniel como si lo que estaba comiendo hubiera sido preparado por manos divinas- Me equivoco, eso que comimos ayer, pizza, si que sabía a gloria. ¿por qué los magos no preparan estos platillos?
-Supongo que porque en exceso provocan obesidad, diabetes y otros daños a la salud- las tres miradas me examinaron con incredulidad cuando tomé asiento a su lado.
-Ya decía que nada puede ser tan perfecto como parece- comentó Felipe intentando cortar la extraña tensión que se había formado en el ambiente. Me di cuenta que el trozo de papel era una mapa de la ciudad.
-¿A qué se debe el honor de tu visita?- pregunto Daniel- pensé que no éramos de tu agrado.
-Eso me suena a manada- tomé un fritura del montón- que tú no seas de mi agrado es una cosa completamente diferente. - Fernando rió y Daniel me dedicó una sonrisa aceptado su derrota.
-He revisado las listas del corcho de la cafetería- comencé con mi nuevo ataque.
-Entonces habrás notado que igual nos apuntamos a teatro- comentó Fernando trazando unas líneas en el mapa sin prestarme mucha atención.
-¿Entonces se metieron por qué yo estoy en la clase?- pregunté levantando ambas cejas.
-No seas tan engreída- dijo Daniel mordazmente.- Fernando se apuntó por qué tú estás ahí…
-¡Cállate!- escupió Fernando amenazándolo con la pluma que usaba.
-Pero Felipe y yo entramos para acompañar a nuestro amigo- Daniel levantó la mano con la que sostenía un tenedor como si hubiera realizado algún acto heroico- eso es lo que hacen los verdaderos amigos, estar unidos siempre en las buenas y en las malas…
-Eso es lo que hacen las garrapatas y cualquier otro tipo de parásitos- le interrumpí.
-Me parece que no quieres que estemos- opinó Felipe con cautela- Si tanto te molesta podemos…
-¡No nos iremos!- saltó Daniel. De verdad que era odioso- Es un país libre y podemos estar en el taller que se nos antoje.- Abrí la boca para replicar pero fui interrumpida
-Yo no le veo el problema de que estemos ahí- disertó Fernando- No vi que te molestaras cuando Alex Barrero dijo que igual se inscribiría.
-Hemos estado juntos en ese taller desde secundaria.
-Nosotros no estábamos en Kohlberg cuando tú estabas en secundaria- argumentó Fernando.- yo creo que el problema sólo es con nosotros.
-Te equivocas - me puse de pie- sólo que ya he tenido suficientes cambios en mi vida durante estos meses como para agregarle uno más a la lista.
Me alejé de la mesa hecha una furia. No quería hablar con nadie así que en vez de regresar con mis amigas salí al patio de la escuela. Caminé hasta llegar cerca de las canchas de futbol y boté mi cuerpo sobre el césped que cubría el lugar.Tenían razón, había sonado como una engreída. ¿Quién era yo para decidir si podían quedarse o no en teatro?
-¿Te puedo acompañar?- mi mirada se conectó con la de Felipe. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí parado. Asentí y él tomo asiento a mi lado.
-De verdad no quería causarte ninguna molestia cuando entramos a teatro- le lancé a Felipe una mirada de incredulidad. No porque pensará que estaba mintiendo sino porque me sorprendía que estuviera aquí diciéndome eso- pensé que lo considerarías divertido…
-¿Siempre piensas en los demás antes que en ti mismo?- le interrumpí.
-¿Qué?- preguntó
-¿Qué si siempre piensas en los demás antes que en ti mismo?- repetí- Te conocí ayudando a un niño que había tropezado tirando una masa de papeles. Miras con desaprobación a Daniel y Fernando cada vez que se burlan de alguien como ese chico Alan Olvera. Creíste que me gustaría a míque estuvieran en teatro conmigo.
-Haces que suene como si fuera santo- contestó riéndose.
-Sólo digo que eres la persona más generosa y desinteresada que conozco- me expliqué.
-Yo pensé lo mismo de ti cuando te vi ayudar a ese niño- contestó Felipe.
-¡Ja! Yo no me catalogo ni en las 10 personas más generosas y desinteresadas.
-Todos tenemos virtudes y defectos pero muchas veces elegimos ver sólo una de las dos cosas en una persona- Tenía razón. Tal vez eso me pasaba con Helena Fortuny o con Daniel Soberanis. Seguro tenían muchas cualidades que yo me había negado a mirar.
-Concuerdo en eso contigo pero tienes que aceptar que tú si eres sumamente amable- Felipe rió y luego su mirada se entristeció.
-En mi mundo la gente no es muy amable conmigo- habló serio- soy una especie de paria por algo que yo no decidí ser.
-¿A qué te refieres?- pregunté cautelosa. Recordé lo que me había dicho Sebastián: "Es demasiado riesgoso que esté aquí, no sólo para nosotros sino para cualquier persona... si se saliera de control, no sé que debía estar pensando Fernando con traerlo.
-Las virtudes y defectos son algo así como luz y oscuridad. Hay personas que viven en la luz y cada día intentan hacer algo para cambiar lo que está mal en el mundo. Hay otras personas que siguen a la oscuridad y disfrutan el sufrimiento ajeno. - Felipe guardo unos segundos de silencio- Yo fui atacado por alguien que vivía de la oscuridad. Me causó un daño irreparable. Si supieras el problema de mi condición probablemente no querrías acercarte a mí igual que muchos magos.
-Te equivocas- el volteó a verme y sonrió exceptivo- yo elegí ver tus virtudes antes que tus defectos y yo creo que tu brillo opaca cualquier sombra que tengas.
-Si que sonó poético- Felipe rió- Eso es lo que crees ahora…
-Lo creeré siempre- repliqué
-Ves por qué digo que eres sumamente amable.- sonrió burlón
-¡Calla!- le di un suave empujón. Una pregunta un poco complicada vino de súbito a mi cabeza. Abrí la boca dubitativa pero finalmente decidí soltarla.
-¿Por eso ayudas a Fernando a buscar el Cristal de Luna?- Mi voz salió casi inaudible de mis labios- crees que el cristal podrá ayudarte con tu problema.- Felipe no habló pero asintió con la cabeza.
-¿Por qué Fernando no usa el Cristal de Sol?- inquirí- No sería más fácil.
-La leyenda dice que el Cristal de Luna cura heridas del alma- recordé que Madame Lulú y me había dicho esa frase aunque no la había entendido del todo.
-¿y eso qué significa?- pregunté confusa.
-No estoy seguro.Pero tal vez sea mi única esperanza…
…
-Raquel si pudieras concentrarte todo esto sería más fácil- refunfuñó Rodrigo- Querías que te diéramos lecciones de vuelo y ya que conseguimos que Madame Lulú nos permita ir a algún sitio apartado decides irte tú a Babilonia.
Estábamos es un campo apartado cubierto por una vasta extensión de césped. Algunos árboles nos apartaban de las miradas curiosas aunque no creía ver a ningún extraño vagando por esa zona. Rodrigo soltó un bufido resaltando su mal humor. Mau estaba echado sobre el pasto leyendo un libro que había sacado de "James Barrie".
-Disculpa es que tuve un día bastante curioso en la escuela- comenté intentando justificarme.
-En cambio el mío fue completamente normal. Sólo vino un hombre con garras de oso a pedirme un remedio para la tos. Algo qué ves todos los días ¿no?
-Lo siento- susurré- oye… ¿qué opinan los magos sobre la luz y la oscuridad?- Rodrigo alzó la ceja sin comprender en lo más mínimo a que me refería.- olvídalo…
-¿Has estado leyendo sobre la filosofía de la liberación? - Mauricio cerró de golpe su libro, se puso de pie y se aproximo hacia donde estábamos.
-Jamás había escuchado sobre ese tema en mi vida-lo miré confusa.
-Me lo imaginé- sentenció- por eso se me hizo extraño que preguntaras.
-¿Qué es eso de la filosofía de la liberación?- pregunté.
-¿Si qué es eso?- inquirió Rodrigo.
-Lo sabrías si leyeras algo de lo que traigo de James Barrie.- replicó Mauricio y tomó asiento en el césped. Rodrigo y yo lo imitamos.
-La filosofía de la liberación dice que todos tenemos algo bueno y algo malo, virtudes y defectos, luz y oscuridad- comenzó a hablar quedamente- hay personas que eligen vivir en la oscuridad y con sus acciones dañan al mundo, no sólo se refiere a matar y a destruir personas. Por ejemplo imagínate que yo venda en la tienda algún producto más arriba de su precio justo, estaría abusando del comprador lo cual es una injusticia y genero una cadena de corrupción en el mundo.
--Si entiendo- asentí.
-Muchas veces nos quejamos porque existe tanta injusticia en el mundo cuando en realidad el problema está en nosotros, desde que no actuemos para solucionar todo esto nos estamos convirtiendo en parte del problema.
-¿Qué? ¿por qué?- preguntó Rodrigo confuso.
-Porque al quejarte y no hacer nada para cambiar la situación contribuyes a generar el problema. Lo estás cultivando y más si ya te has dado cuenta y estás sentado de manos cruzadas- explicó Mauricio- por eso existe el lado de la luz. Las personas que viven según el lado de la luz son las que tienen fe en el mundo y cada día luchan para poder ser un agente de cambio. Ya sea con el simple reflejo de sus acciones. Viven la justicia y creen en un mundo mejor. El consejo de los 12 dragones se basa en esta filosofía.
-¿El consejo?- me incliné más en dirección a Mauricio.
-¡Claro!- exclamó con un tono de obviedad- los cristales mágicos fueron hechos con el propósito de generar luz dentro de la oscuridad, crear justicia, cambiar el mundo…
-¿y tú crees que de verdad sea posible?- pregunté- ¿Cambiar el mundo?
-Tú eres la que tiene que empezar a creerlo Raquel.
-La verdad estoy muy confundido- sentenció Rodrigo- ¿luzy oscuridad? Demasiado enredado. Mejor regresemos a tu entrenamiento. -Yo asentí con la cabeza hecha un embrollo y me puse de pie.
-Volar es sumamente fácil y complicado a la vez- yo fruncí el seño sin comprender- cuando lo dominas es pan comido pero necesitas tener un contacto profundo con tu amuleto mágico ya que cada persona tiene una técnica diferente para poder volar. Algunos generan algún artefacto mágico con su amuleto que les permite volar, ya sea una escoba, un báculo, etc. Otros como yo podemos usar capas - hubo un destello que salió del arete que tenía Rodrigo en la oreja izquierda y una capa negra con grabados plateados apareció sobre sus hombros. Enseguida se elevó en el aire y comenzó a trazar círculos en el cielo.
-¡Wow!-exclamé maravillada- Ahora dime ¿cómo le hago?
-Ya te lo dije- aterrizó, generando un contacto profundo entre tú y el Cristal de Luna.
-A mi háblame claro que no te entiendo- repliqué.
-Ábrele tu corazón, tus pensamientos, tus deseos más profundos. Deja que el Cristal te comprenda.
-Hablas de los amuletos mágicos como si tuvieran sentimientos… como si estuvieran vivos- murmuré todavía sin comprender.
-Exacto- me contestó Rodrigo- a eso me refiero.