← El cristal de luna · de
El cristal de luna — capítulo 12
Mi despertador comenzó a sonar a las 5.00 am. Abrí mis ojos, agité mi mano derecha y el despertador se apagó en un brinco silencioso.
Sonreí para mis adentros. En una semana ya realizaba ese hechizo como un acto de reflejo. Me puse de rodillas sobre el colchón y me acerqué a la ventana que estaba pegada a mi cama. Deslicé el cristal y salté al balcón. El viento suave revolvió mi cabello e infló el short de mi pijama. Escruté detenidamente el vecindario.
La calle se encontraba en un silencio imperturbable. Era extraño asomarse y no ver al Señor González paseando a Ygor, un yorkshire con un carácter atroz; o no encontrar a la Señora Ballote que solía dar vueltas alrededor del parque en un trotar constante. Ni siquiera se escuchaba en la lejanía el traqueteo irritante del camión de la basura, siempre puntual. Concluí en que debía ser la única persona despierta en toda la cuadra pero por cualquier cosa… me precipité sobre mi cama, cerré velozmente la ventana y la cubrí con cortinas.
Prendí la lámpara que estaba sobre mi escritorio y rebusqué en sus cajones sacando velas, gis, una hoja de papel en la que había dibujado unos garabatos, y el libro de "Magia Básica" por el Doctor Lastra. Loabrí en el capítulo de hechizos de ocultamiento y busqué la página de "habitaciones secretas".
Actualmente muchos magos han optado por vivir en el mundo humano ya que ahora existen infinidad de entradas que lo conectan con el nuestro. Debido a esto hay ocasiones en que tenemos dificultades en ocultarles a los humanos nuestra capacidad de hacer magia.
Un método efectivo de ocultamiento son las "habitaciones secretas" ya que nos permiten esconder diferentes artilugios encantados, libros, instrumentos para pociones entre otras cosas.
Si usted quiere hacer una habitación secreta en su lugar de residencia siga los siguientes pasos:
1.Dibuje un croquis de la casa y agregue la habitación secreta en el sitio donde la quiere.
Extendí la hoja garabateada y se pudo apreciar un dibujo bastante preciso de mi casa.
2.Tome un gis y dibuje en una pared la puerta para entrar a la habitación secreta. La puerta tiene que coincidir con el sitió donde usted dibujó la habitación secreta.
Gatee hasta la esquina de mi cuarto que estaba entre mi cama y el tocador y dibuje con el gis un rectángulo de un metro de ancho y un metro y medio de altura.
3.Encienda un par de velas a lado de cada esquina del rectángulo que dibujó y otras cuatro rodeando el dibujo de la casa.
Soplé sobre las velas y una diminuta llama se encendió en las mechas. Las coloqué en los sitios que indicaba el libro.
4.Dibuje un círculo con la tiza alrededor del dibujo. Las velas deben estar adentro del círculo al igual que usted
5.Convierta su amuleto en un báculo. Tómelo con ambas manos. Mencione el nombre de su amuleto y luego repita lo siguiente…
-Cristal de Luna… he elegido estos muros para guardar mis secretos, te invoco a ti compañero para que me ayudes a crear un escondite seguro para nosotros.- un resplandor escapó de la punta del báculo. La habitación comenzó a temblar, los muebles se volcaron, la lámpara del escritorio se quebró. Yo permanecía de pié. Adentro del círculo todo permanecía estático y todas las velas que había encendido estaban inmutables ante el terremoto.
Finalmente el movimiento paró. Salí del círculo y corrí hacia la puerta temiendo lo peor.
-¿Por qué rayos en el libro no te advierten sobre el sismo?- murmuré para mis adentros. Abrí y me asomé en el resquicio de la puerta. La copia de "la noche estrellada" de VanGogh continuaba colgada en la pared de enfrente. Me asomé con más confianza para comprobar que todo estaba en orden. Salí del cuarto sigilosamente, todavía con el báculo en la mano, y aseché por las escaleras. Todos los muebles estaban donde recordaba. Al parecer el temblor sólo había sucedido dentro de mi cuarto.
Regresé a mi recamara agité el báculo y todas mis pertenencias volaron y se acomodaron en su sitió. Luego el Cristal de Luna se convirtió en un collar que colgué en mi cuello.
Me acerqué a la esquina donde había dibujado el rectángulo. El gis se había fundido con la roca. Coloqué mi mano sobre la pared y percibí una extraña sensación. El Cristal de Luna brilló, yo lo tomé y lo acerqué a la pared. Una puerta se materializó. Sujeté el picaporte y lo giré hacia la derecha.
La habitación en la que entré era blanca y lisa, como una tierra virgen que espera ser sembrada. Olía a magia.
-Ya casi debe ser hora de ir a la escuela- murmuré. En unos minutos mamá se levantaría para tomar un bañoy papá entraría a mi cuarto para asegurarse de que ya estuviera despierta. Agité mi mano, mi closet se abrió y una caja de cartón, llena de libros y artículos mágicos, se deslizó por los aires para llegar a la nueva habitación- es lo único que puedo hacer por el momento.
…
-*¡ I got a pocket, got a pocket full of sunshine. I got a love that knows that it's all mine, oh, oh, oh! -*Sofía le subió a la música y nuestras voces fueron opacadas por las de Natasha Bedingfield.
-Toda la semana pasada escucharon esta canción cuando las llevé a la escuela - refunfuñó mamá - no quieren apagar el estéreo y hablar de algún tema interesante.
-El Maestro Edgar está más calvo y le subieron 50 centavos a todos los productos de la cafetería. ¿eso cuenta cómo interesante? - pregunté. Sofía soltó una carcajada estrepitosa. Mamá sonrió
-Francamente no creo que los problemas capilares de tu profesor sean un tema de conversación muy ameno- comentó Mamá mientras dejaba pasar a unos peatones- ¿no ha pasado nada interesante esta semana?
-Hoy son las inscripciones a los talleres y deportes. Creo que entraré a futbol- Sofía era buenísima para todo lo que implicara correr mucho y patear balones.
-¿y tu Raquel? ¿piensas unirte este año al equipo?- preguntó Mamá burlonamente
-Mamá, sabes que los deportes se me dan tan bien como la física cuántica- Mamá me dedico una sonrisa escéptica.
-¿hablas del balonazo que te dieron cuando jugabas volleyball en primaria? Tal vez deberías darte una segunda oportunidad.
-No lo creo- ya se podía ver el Instituto Kohlberg- de todos modos pienso entrar a teatro, ahí si necesitan de mis dotes artísticos-me extendí mi mano y la puse en la frente melodramáticamente.
Llegamos a la escuela, mamá frenó en la entrada de Kohlberg.
-Me parece bien, será entretenido ver otra de tus obras- nos despedimos de mamá y nos bajamos del coche.
Take me away, a secret place, fueron las últimas palabras que cantó Natasha Bedingfield antes de que mamá apagara el estéreo. Vimos como el coche se alejaba y doblaba en la esquina.
Sofía y yo caminamos juntas hasta la puerta. Ella se fue a la izquierda, donde estaban los salones de secundaria y yo avancé derecho hacia los de preparatoria.
-¡Hey Raquel!- reconocí la voz y aceleré el paso. ÉL era la persona con la que menos ganas tenía de hablar. - ¡Espera!
Daniel me sujetó de la muñeca. Yo me voltee y le lancé una mirada fulminante pero esto no lo hizo retroceder.
-No estoy de humor- le dije
-De eso ya me di cuenta- sonrió intentando relajar la situación pero eso no le funcionó.Me di la vueltay seguí caminando. Daniel avanzó hasta quedar ami altura. Varias personas se nos quedaban viendo. Daniel en una semana ya se había conseguido un club de fans. Supuse que recibiría alguna carta amenazante luego de que medio Kohlberg nos había visto caminando juntos en los pasillos.
-Llevo toda la semana intentando hablar contigo.- comenzó a hablar- aunque siempre que te veo terminas desapareciendo…
-A eso se le llama "evitar a gente indeseable" - Daniel rió. Parecía que el sarcasmo le resbalaba como un balde de aceite- ¿A qué se debe el honor de esta conversación?
-¿No es evidente?-Daniel y yo paramos en la entrada de nuestro salón- Ya que tendremos que convivir como un par de personas civilizadas pensé que lo mejor sería hacer las paces.
-Claro- contesté- siempre y cuando no intentes envenenarme.
-Raquel- Kim se acercó y le dedicó a Daniel su mirada de odio número 5.
-Hola Kim - saludó Daniel. Kim no respondió y me jaló del brazo hasta nuestros pupitres.
-¿Qué haces con ese?- susurró Kim molesta. Asenté mi mochila a lado de mi silla.
-Me interceptó en el pasillo- respondí. Andrea y Julia estaban entretenidas cuchicheando sobre quién sabe qué.
-¿De qué hablan?- pregunté. Julia nos señaló discretamente los pupitres que estabanpegados a las ventanas. Helena Fortuny, estaba sentada, completamente sola. Tenía el cabello castaño sujetado en una coleta y sus ojos pardos se veían aburridos.
-En la semana que lleva en Kohlberg no ha hecho ningún amigo y no parece tener el más mínimo interés de conseguir uno.- Julia le dio una mordida a la manzana que había sacado de su mochila.
-Te equivocas, yo la he visto hablar con ese niño Alan Olvera- nuestras cabezas se entrejuntaron más.
-Ilumíname, ¿quién es Alan Olvera?- preguntó Kim.
-¡Shhh! No grites su nombre- susurró Julia.
-No grité- le recriminó Kim- bueno, díganme quién es.
-Esta en nuestra clase Kim- le di un suave golpecito en la frente- el pálido que tiene el cabello muy revuelto. Este guapo de cara.
-Kim, el que siempre usa saco aunque estemos a 40 °C- le explicó Andrea.
-¡A ya sé quién!-Kim dio un brinco entusiasta-¿no es un poco raro? No parece ser su tipo de persona.
-Es bastante agradable cuando lo conoces bien- hablaban del chico que me había ayudado a encontrar la sala de tutorías el primer día de clase.
-¿Has hablado con él?- saltó Andrea. A lo lejos vi como Fernando y Felipe entraban al salón. Fernando me saludó agitando la mano y yo le respondí el saludo. A Julia no se le escapó ningún detalle.
-¿Cómo te fue en la visita qué hizo Fernando a tu casa?- Julia soltó la bomba. Kimberly me miró con cara de qué rayos está hablando.- No lo niegues Raquel, se que Daniel me pidió tu dirección para su amigo.
-¿te fue a ver a tu casa y no me dijiste nada?- gritó Kim atrayendo varias miradas.
-no grites Kim- murmuró Andrea
-¿Cómo no voy a gritar?¿Por qué no me contaste nada?- me sentí culpable al pensar en todo lo que le había ocultado a Kim.
-No fue nada relevante. Tuvimos una pequeña discusión en casa de Gina por culpa de su encantador amigo Daniel.
-Es encantador- recalcó Julia
-¡Es un imbécil, Julia! - recalcó Kim cruzando los brazos.
-Un imbécil muy guapo, igual que sus otros dos amigos…
Jimena Méndez, la tutora, entró de improvisto al salón de clases interrumpiendo nuestra conversación. Se escuchó el crujir de las sillas cuando todos tomaron asiento.
-Como todos saben, o deberían saber, hoy son las inscripciones a los deportes y talleres- La profesora Méndez calló de golpe y miró a la puerta. En el umbral estaba parado Alan Olvera con su característico cabello rebelde.
-Pasa - ordenó la maestra- pero procura llegar más temprano o tendrás un reporte. Alan no respondió y fue a sentarse hasta el fondo del salón. De reojo vi Daniel le susurró algo a Fernando y los dos estallaron en una risa silenciosa. Felipe frunció el seño y los miro reprobatoriamente.
Kimberly tenía razón, eran unos imbéciles. Sabía que se estaban burlando de Alan ¿Qué les había hecho? Ni siquiera lo conocían.
-Como decía pasaré una lista con los deportes y talleres. Pueden apuntarse en los que quieran siempre y cuando sepan que son capaces de asistir a las reuniones y entrenamientos.
-Kim, Raquel- nos llamó Alex Barrera, un chico moreno con pelo corto y oscuro-¿otro año en teatro? ¡La obra del año pasado fue una bomba!
-Si, ahí estaremos- contesté. Kim asintió.
-Muy bien- Alex extendió la mano y las chocamos. La profesora Méndez nos miró desaprobatoriamente pero no dijo nada.
La lista llegó a mis manos y escribí mi nombre en el recuadro de "teatro".
-Apúntate igual en el club de debate- insistió Julia.
-Sabes que no tengo tiempo- Le pasé la lista a Andrea que se apuntó a king boxing, era bueno para que descargara su frustración.
-Las listas estarán en el corcho que esta a lado de la cafetería a la hora del descanso- informó la tutora.
Todo se desarrolló con normalidad a lo largo del día. La Maestra Solís nos dio una lista de palabras en latín para memorizar y comenzamos a ver radicación en matemáticas con el Maestro Zetina.
-Tendré que estudiar un chorro para esto- suspiré mientras comíamos en una mesa de la cafetería.
-Nosotras de ayudaremos Raquel-Andrea me dio una palmada solidaria en el hombro.
-Gracias- ella siempre estaba dispuesta ayudar- iré al baño.
-Te acompaño- anunció Kim. Me imaginé que intentaría sacarme información sobre la visita de Fernando. Por sus caras, supuse que Julia y Andrea igual lo pensaron.
Salimos de la cafetería. Yo me detuve en la puerta y le pregunté a Kim.
-¿Estás molesta por qué no te dije lo de Fernando?
-No es eso Raquel- estalló Kim- ¿desde cuándo hay secretos entre nosotras? Somos mejores amigas desde preescolar pero todo cambió cuando apareció ese tipo.
-Yo lo siento…
-Es una broma, están en el club de teatro- exclamó un chica de lentes- ¿qué hago para cambiarme a ese taller?
-¡Ya lo sé!- chilló otra- los tres están ahí.
Kimberly y yo nos dedicamos una mirada de complicidad algo desconcertada. Cortamos nuestra discusión y nos acercamos al corcho
-Es una broma ¿cierto?- preguntó Kim en un tono suplicante. Ahí estaban los tres nombres apuntados: Felipe Basteris, Daniel Soberanis y Fernando Mondragón.
-Espero que si lo sea Kim- sentí un peso enorme en el estomago como si mi estomago estuviera intentando digerir un kilo de rocas. Tenía que ser una broma.