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El cristal de luna — capítulo 11
Por un segundo estuve tentada a estrellarle la puerta en su cara pero respiré hondo y me contuve.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabes dónde vivo?- comencé con el interrogatorio
-La primera pregunta te la contestaré cuando me dejes pasar y la segunda pues…- sonrió momentáneamente- le pedí a Daniel que le preguntara a tu amiga Julia. ¿si puedo entrar?
Medité la pregunta por un segundo y finalmente me retiré de la puerta.
-gracias-murmuró. Caminamos hacia la cocina.
-¿quién vino?- gritó papá desde la sala de televisión.
-un amigo de la escuela- contesté. Entramos a la cocina y saqué del refrigerador rojo dos cocas. Le di una a Fernando y la aceptó sin decir una palabra.
-Perdón- dijo quedamente.
-¿perdón por qué?- pregunté- ¿Por irrumpir en mi casa? No te preocupes, no eres el único que lo hace.
-No, me refería a perdón por lo de ayer…
-¿Raquel sabes dónde está mi vestido blanco?-Sofía se congeló en la puerta de la cocina. Miró con curiosidad a Fernando quien estaba demasiado distraído para percatarse de la mirada inquisidora de mi hermanita.
-Lo dejaste en mi cama-Sofía comenzó a hacer señas nada discretas apuntando a Fernando. El volteo y sonrió al verla.
-Fernando ella es mi hermanita Sofí- Hice las presentaciones.
-Hola- saludo Fernando. Ella sonrió nerviosa
-Estaré en el jardín si me necesitas- le dije a mi hermana. Era una sutil indirecta de que no se le ocurriera siquiera asomarse.
-Entendido.
Nos sentamos en la orilla de la piscina. Todavía había un calor de finales de verano. Remojé mis pies en el agua y Fernando me imitó.
-¿Crees qué alguna vez volveremos a ser amigos? me sentí estúpida e infantil cuando esa pregunta salió de mi boca. Fernando sonrió lo que me hizo sentir aún más rídicula
-¿no somos amigos? - Me interrogó
-No hemos actuado como amigos- contesté
-A veces los amigos tienen peleas pero luego se reconcilian y todo vuelve a ser como antes.
-Con nosotros no existe un "antes", sólo una noche de verano.
-Si confié en ti esa noche era porque te consideraba más que una niña que conocí vagando en la playa …
-Espiándome ¿recuerdas?- rió y entornó sus ojos como si su memoria viajara a ese día.
-Bueno espiándote- se sonrojó un poco- A lo que me refiero es que te revelé un secreto muy importante sobre mí y eso cambia todo entre nosotros. Si vine a verte es porque no creo que seamos dos conocidos que se reencontraron luego de un año. Quiero solucionar las cosas y ser de nuevo amigos.
-¿Cómo sé que puedo confiar en ti?- pregunté- Es decir, tu amigo Daniel me drogó y me amenazó.
-Yo no soy como él- murmuró- yo te prometo que nunca te haré daño.
-No hagas promesas que no puedes cumplir.Hasta los mejores amigos se lastiman, no intencionalmente pero lo hacen.
-¿Entonces ya somos amigos?-Fernando sonrió. Yo medité sus palabras por unos segundos
-Sí…eso creo - yo tampoco pude evitar sonreir.
El viento nocturno golpeteaba las ventanas de la casa. Aseché en el cuarto de Sofía, la luz estaba a apagada y la tele encendida. Se veía a dos hombres lobos hablando sobre la traición de alguien.
-Odio ese programa - murmuré. Me acerqué a la cama para cerciorarmede que Sofía ya estuviera perdida en el mundo de los sueños.
-Lo bueno es que duerme como una roca- pensé luego de verla acurrucada entre sus sábanas.
Salí de su habitación, caminé por el pasillo procurando hacer el mínimo ruido. Escuché un crujido… debía ser la rama de un árbol sacudida por el aire.Seguí avanzando hasta llegar a mi cuarto, puse mi mano sobre la perilla de la puerta pero me detuve. Esta vez sí percibícon claridad el sonido del vidrio rompiéndose.
Hay alguien en la casa… alguien que no debería estar aquí. Mi respiración se aceleró, conté hasta diez intentando tranquilizarme. Decidí usar un hechizo levitatorio para bajar las escaleras, así no escucharían mis pasos.
-Si serás torpe - dijo alguien desde la cocina. Quienes estuvieran ahí no se esforzaban por ser discretos. Lo que iba a hacer a continuación tenía que ser ágil y rápido.
Me paré en el umbral de la cocina a oscuras.Se pudo oír como dos cuerpos eran expulsados contra la pared.Prendí las luces y solté una carcajada.Mauricio y Rodrigo se retorcían pegados a la pared como un par de ratones atrapados en trampas adheribles.
-¿Qué hacen aquí?- pregunté tragándome los últimos vestigios de risa.
-¿no es obvio?- dijo uno de los gemelos.
-Están asaltando mi cocina.
-Te acompañaremos hoy a tu visita a la biblioteca James Barrie. Madame Lulú necesita nuevos ejemplares y aprovechando que Sebastián te llevaría…
-Ok, ya entendí- finalicé el hechizo y los gemelos cayeron limpiamente al suelo.
-¡Auch! Si así tratas a tus invitadosno quiero saber cómo eres con los que se cuelan. -Mauricio se paró sobándose sus partes traseras.
-Técnicamente ustedes se colaron porque no sabía que vendrían. - aclaré
-Buen punto. En fin ¿tienes algo de comer?- Preguntó Rodrigo- Estamos muertos de hambre.
Alguien tocó la puerta.
-Deben haber galletas en la alacena.- señalé unas gavetas - voy a ver quien toca.
Sebastián me dedicó una sonrisa amable cuando lo vi parado en el pórtico. Afuera chispeaban gotas de agua.
-Buenas noches Raquel- era extraño recibiren mi casa a tan peculiares personajes y más a esas horas de la noche.
En la cocina los gemelos se embutían unas galletas de nutellade "kukis by Maru"
-¿ya terminaron? porque nos espera una larga noche - Sebastián agitó el báculo que traía en la mano y la caja de galletas se guardo obedientemente en la alacena.
-Sí, creo que ya hemos terminado- habló Rodrigo con desdén.
-Perfecto pues entonces síganme.
Salimos al jardín que olía a tierra húmeda por la lluvia que continuaba.No podía creer que hace unas horas Fernando y yo habíamos estado hablando civilizadamente a la orilla de la piscina que estaba enfrente de mí.
-Presten atención - la voz de Sebastián me hizo regresar a la realidad. Él había sacado de su bolsillo una llave plateada y nos la mostro- esta es una llave maestra la cual…
-Abre portales para ir a donde se te antoje- recitó Rodrigo aburrido - si no recuerdas nosotros te la vendimos.
-Y si no recuerdas Raquel todavía no está familiarizada con estos artefactos mágicos- intenté no ruborizarme- no voy a estar aguantando berrinches y pésimas actitudes si piensan venirconmigo ¿correcto?
-Si
- respondimos los tres, los gemelos más bien con un tono de resignación.
-Perfecto pues entonces…-extendió el brazo donde sostenía la llave. A la biblioteca James Barrie. Una puerta se materializó ante nuestros ojos.La llave maestra estaba dentro de una cerradura, Sebastián la giró y se escuchó un ligero clic, la puerta se abrió. Todo lo que se veía a través de esa entrada era negro como el carbón.
Nos introdujimos en esa oscuridad opaca. Di unos pasos y aparecí en un vestíbulo enorme perfectamente iluminado. En el centro había una estatua de un niño con una flauta rodeado de hadas.Tenía una placade metal que rezaba "Todos los niños crecen, excepto uno"
-¿Peter Pan? - pregunté acercándome a la figura
-Claro, por algo es la biblioteca James Barrie- aclaró Mauricio.
-¿y dónde están los libros?- enfrente de nosotros se abrió una puerta de roble y se asomaron dos figuras. La primera era una chica de cabello lacio y castaño. Tenía la piel blanquecinay era de mediana estatura pero se veía más alta a comparación de su acompañante que era un hombre pequeño casi sin pelo y con una espesa barba blanca.
-Gracias por su compra señorita Starkey, espero verla pronto- alcancé a oír que decía el hombrecito.
-Gracias a usted, le pido que no le diga nada a mi tía sobre esto- la chica sonrió y se despidió.
-¡Oh! Buenas noches, bienvenidos a la biblioteca James Barrie- nos saludó el hombrecito. Iba caracterizado como si fuera un pirata.- Todos me llaman Sr. Smith… ¿Sebastián Mondragón? - reconoció a mi acompañante.
-Si, hace mucho que no venía.-desde lejos compartí una mirada con la señorita Starkey, tenía los ojos grisáceos casi azules y calculé que debía tener mi edad. Ladeo su cabeza redonda hacia la derecha y frunció el seño como si estuviera reflexionando algo.
-Ellos son Mauricio y Rodrigo Peraza, vienen a buscar un encargo de Madame Lulú…
-¡Madame Lulú!-el señor Smith agitó las manos como si habláramos de la reina de Inglaterra- si, me avisó hace unos días.
-Claro… y ella es Raquel Cardona es aprendiz de Madame Lulú y necesita algunos libros para profundizar en sus conocimientos mágicos.
-Pasen por aquí - el señor Smith señaló la puerta por la que había entrado- ¿se le ofrece algo más señorita Starkey?- el señor Smith se percató de su presencia. La señorita Starkey negó con la cabeza y salió por la enorme puerta de roble que coronaba el vestíbulo.
Cuando entramos a la siguiente habitación exhale unsuspiro. Nunca había visto tantos libros juntos. Mucha gente habría matado por toda la información contenida en esas páginas. Conocimientos guardados y recopilados con sumo celo. Literatura escrita por brujos y hechos históricos que fueron registrados.
El señor Smith dio unas palmaditas y tres diminutas figuras volaron hacia nosotros. Eran del tamaño de la palma de mi mano con alas membranosas y bellos rostros. Las hadas revolotearon animadas sobre la cabeza del señor Smith.
-Entréguenle a los señores Peraza el encargo de Madame Lulú- las hadas y los gemelos desaparecieron por el pasillo de la derecha, igual tapizado de libros.- mientras buscaremos unos para ti- el señor Smith me sonrió.
Sebastián le pidió un poco de todo: Herbolaría, pociones, criaturas mágicas, magia básica, historia de la hechicería pero sobre todo libros que hablaran de los cristales mágicos y sus guardianes.
-Estos últimos comprenderás que son para mí- Sebastián le dio una palmadita amistosa en la espalda al señor Smith como si con eso pudiera borrar toda sospecha.
El señor Smith envolvió los libros en un papel marrón.Todos me parecían hermosos, con sus lomos gruesos y ornamentados.
Esperamos a los gemelos a lado de la estatua de Peter Pan.
-Esconde bien esos libros.
-Lo sé- contesté con mis paquetes en el brazo- mis padres no cesarían de hacer preguntas si los encontraran.
Suspiré meditando lo que diría a continuación.
-Sebastián… recuerdas que te comenté que Fernando había entrado al Instituto Kolhlberg - Sebastián frunció el seño.
-Si, ¿por qué?
-¿Qué pasaría si intentara que Fernando y yo volviéramos a ser amigo? Sé que tu lo pintas como alguien malo pero…
-Te equivocas, es mi primo y sé que no es una persona con oscuras intenciones. En realidad tiene las mejores intenciones del mundo pero está confundido respecto a cómo quiere solucionar las cosas.
-Tal vez yo logre hacerlo recapacitar…- Sebastián suspiró.
-¿tú crees que yo no lo intenté?- me sentí avergonzada. Yo esforzándome por comprender a Fernando cuando Sebastián lo debía conocer mejor que nadie- si quieres hazlo pero no dejes que el sepa que tú tienes el Cristal.
La puerta del vestíbulo se volvió a abrir y aparecieron Mauricio y Rodrigo cargados de paquetes.
-¿Ya nos podemos ir? No sé cuanto aguantaremos con esto- se quejó Rodrigo. Sebastián levantó la llave
-Casa de Raquel Cardona- anunció. El portal apareció.- vámonos.
Los cuatro nos introdujimos de nuevo en esa negrura impenetrable.