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El cristal de luna — capítulo 10

La figura era una sombra envuelta en la oscuridad, parada sobre el edificio más alto del Instituto Kohlberg. Yo la miraba desde el suelo, en un ángulo bastante inclinado. A esa distancia no podía distinguir si la persona que me observaba era hombre o mujer. La desesperación me invadió al recordar porqué estaba allí. Tenía que recuperarla… todo había sido mi culpa.

Mis manos se aferraron al Cristal de Luna y de mi espalda brotaron un par de alas como pétalos blancos. Luego la vi, flotando sobre un árbol, con una sonrisa sádica enmarcando sus afilados dientes.Su melena rizada y oscura se agitaba salvajemente con el aire que azotaba como un látigo. Sabía que no intervendría, no esta noche. Por algo había elegido a su títere para que me cazara.

Mis alas batieronelevándome unos metros, a la altura de la misteriosa figura que seguía usando la oscuridad como un antifaz. No había nadie quien me ayudara, sólo éramos ese nebuloso ser y yo. Ya no había marcha atrás.

La mujer rió, era una risa cruel, inhumana; y me apuñaló con sus ojos, tan oscuros que era imposible distinguir las pupilas. Sus labios se curvearon y murmuró.

-Mátala…

Era un golpecillo incesante y molesto. Abrí los ojos todavía con el sabor del miedo y el rasguño del viento que se agitaba.

-Sólo había sido un sueño- volví a asentar la cabeza en la almohada pero antes de cerrar los ojos escuché de nuevo el repique que me despertó.

Miré a la ventana, había una mariposa púrpura del tamaño de un balón de futbol golpeteando contra el cristal. Me acerqué cautelosamente y corrí la ventana. La mariposa aleteó hasta posarse en mi escritorio y de ella salió una voz familiar.

-Te veo en Ojo de Gato a las 12 del día- resonó la voz de Madame Lulú. Luego la mariposa se desvaneció en un humo púrpura.

Recordé mi aventura de la noche anterior y me pregunté si Madame Lulú estaría al tanto de mi encuentro con aquella bestia. Fernando apareció en mi cabeza y me puse furiosa.

-Es un idiota- murmuré y azoté con fuerza la almohada y luego me aventé sobré la cama como si pudiera hundirme en el colchón. ¿por qué no era capaz de entender que el Cristal de Luna no debía ser suyo? ¿Qué pasaría cuando descubriera que yo era la guardiana?

En mi mente apareció la persona misteriosa de mi sueño… ¿y si fuera Fernando?

Ojo de Gato estaba demasiado solitario. Había decidido ir más temprano de lo acordado.

Al entrar a la torre de las mil puertas me topé con un inconveniente: no recordaba cuál era la puerta que llevaba al elevador. Si me ponía a revisar una por una jamás terminaría.

Repentinamente la puerta número 12 se abrió y de ella salió un niño gordito como de unos diez años. Usaba lentes y tenía un extraño corte de pelo en forma de casco. Me miró con sorpresa y temor como si lo acabara de encontrar en medio de una travesura.

-¡Regresa aquí enano!- sentí un temblor. Mi mano se levantó instintivamente y vi como un hechizo rebotó sobre el escudo invisible que había invocado.

-¿Raquel?- desde la escalera se asomó uno de los gemelos. Todavía no era capaz de distinguirlos.- ¿estás ahí abajo?

-Sí, soy yo- respondí- por cierto, deberías tener más cuidado cuando lanzas tus encantamientos podrías lastimar a alguien.

-Ese era mi objetivo- gruño el gemelo- ¿dónde quedó el escurridizo de Jerry?- miré a mi espalda y vi que el niño se había esfumado.- Bajaré en un momento.

El gemelo se lanzó de la escalera. Lancé un gritó ahogado. Se encontraba como a 5 pisos del suelo pero su cuerpo cayó con lentitud, como si pesara lo mismo que una pluma.

-Tienes que enseñarme a hacer eso- dije impresionada.

-¿a caer? Es un truco para niños- movió la mano con falsa modestia- sólo debes dejar que tu magia controle la velocidad con que cae tu cuerpo.- no había entendido del todo bien pero fingí que la explicación había sido completamente clara. Todavía tenía muchas cosas que aprender.

-Rodrigo estás ahí abajo- la cabeza del otro gemelo se asomó desde las escaleras. Si el que estaba conmigo era Rodrigo significaba que el otro era Mauricio.

-Si estoy aquí con Raquel- contestó Rodrigo

-¿lograste atrapar a Jerry?- preguntó Mauricio, pero antes de quesu gemelo le contestara ya se había lanzado de las escaleras de la misma forma grácil.

-No, ha escapado- suspiró Rodrigo

-Debe estar en su madriguera.- Hablaban del niño como si fuera un topo.

-¿quién es ese tal Jerry? No lo había visto antes por aquí.

-Igual trabaja aquí en Ojo de Gato-comenzó a explicar Rodrigo- no es vendedor como nosotros, no tiene nuestro carisma como tú notarás- sonrió presuntuosamente.

-¿y cuál se supone qué es él trabajo de Jerry?- continué preguntando

-Realiza pociones, elixires, antídotos, entre otras cosas- recitó Rodrigo

-Pero le gusta experimentar así que agarra ingredientes de los anaqueles y a Madame Lulú no se le escapa nada. Después a nosotros se nos descuenta el sueldo- refunfuño Mauricio

-Por cierto ¿qué haces por aquí?- preguntó Mauricio.

-Madame Lulú me pidió que viniera

-Pues ahora está hablando con alguien en la su sala… un tal Sebastián.- señaló Mau.

-¡Sebastián!- mis ojos se abrieron de par en par

-Si, ¿lo conoces?-los gemelos me miraron sorprendidos.

-Me urge verlo- me exalté- ¿cuál es la puerta del elevador?

-La número 5. A estas alturas ya deberías saberlo…- comenzó a reprenderme uno de los gemelos pero yo salí corriendo sin escucharlo y entre al ascensor. Apreté el botón que decía "salón privado de Madame Lulú" y sentí un jalón en el ombligo cuando empecé a subir.

El elevador paró y la puerta chirrió al abrirse pero permanecí quieta.

-¡Fernando ya la encontró!- Sebastián agitaba su bastón fuera de sí- ¡Y probablemente ya hay nigromantes rondando y Raquel apenas sabe usar el Cristal! asentó su mano con fuerza en el escritorio- Lulú se suponía que la protegerías, mi primo no es un gran problema pero lo nigromantes…

-Igual se suponía que tú la protegerías ¿pero qué has hecho?- replicó Madame Lulú sin perder los estribos. A pesar de estar discutiendo continuaba calmada-¿acaso te has molestado en decirle a la princesa del Alba sobre Raquel?

-¡Claro que sí!- explotó Sebastián- Ella es miembro del Consejo y todos están enterados.

-¡Pues ya va siendo hora de que todos ellos la conozcan!- Madame Lulú se calló de golpe. Yo permanecía apoyada en la pared sin decir ni una palabra.

-Hola- saludé esforzándome en que no me temblara la voz.

-no sabíamos que estabas aquí. Perdónanos, no tenías porqué haber visto esto.- habló Madame Lulú.

-Raquel, no sé si te acordarás de mí…

-Sebastián, el primo de Fernando- contesté

-Los dejaré hablar en privado-musitó Madame Lulú que abandonó la sala dejando un olor a lavanda impregnado en el ambiente.

Sebastián tomó asiento en el mullido sofá y me indicó con señas que hiciera lo mismo. Luego de que mi cuerpo se amoldó al esponjoso asiento, Sebastián agitó su bastón y se materializaron dos tazas vacías. Sacó de su bolsillo un frasquito y deposito una gota de una sustancia café en cada taza. El líquido aumento su volumen rápidamente, llenando hasta el borde los dos recipientes. Sebastián me ofreció una de las tazas y luego le dio un sorbo a la suya.

-Supongo que ya sabes porque estoy aquí- comenzó a hablar Sebastián. Mi mente fue bañada por un chorro de recuerdos: El accidente de Kim, mi primer día de clases en el Instituto Kohlberg, la fiesta de inicio de curso…

-Me imagino- contesté

-Lulú ya me hablo sobre tu encuentro con Fernando y los ataques de magia negra que tuviste recientemente. Igual mencionó que Fernando está acompañado de dos amigos…

-Daniel y Felipe - nombré mientras formulaba un hechizo para crear un delicado remolino con el líquido de mi taza.

-¿Qué dijiste?- Sebastián levantó ligeramente la voz.- ¿Felipe?

-Si- desvié la vista de la taza pero el remolino continuó- pero él no parece ser una mala persona, sobre todo a comparación de ese tal Daniel.

-No tienes idea de lo peligroso que pude ser- me miró con fijeza- si no me equivoco debes estar hablando de Felipe Basteris- Lanzó un prolongado suspiro- Cuando era chico recibió una maldición por un nigromante.su familia ha intentado buscar la cura sin resultados sabrás que la magia oscura es muy difícil de remover. Es demasiado riesgoso que esté aquí, no sólo para nosotros sino para cualquier persona... si se saliera de control, no sé que debía estar pensando Fernando con traerlo.

Medité cuidadosamente las palabras de Sebastián. No entendía como alguien que se veía tan encantador podría considerarse un peligro para la sociedad pero en este corto tiempo había aprendido que no debía guiarme por las apariencias.

-¿qué pasará con Fernando? ¿el Consejo ya ha decidido algo sobre si vendrán por él?- Sebastián sonrió con tristeza.

-Ya no podemos hace nada. Intenté acercarme a él varias veces pero ya aprendió a repelernos con el Cristal de Sol, conoce perfectamente nuestros patrones de magia. Además Fernando encontrará la forma de regresar aunque lo atrapemos.

-¡genial!- dije sarcásticamente- ¿y qué se supone que haré? ¿Esperar hasta que descubra qué tengo el Cristal de Luna?

-Todavía no ha sido decidido pero por el momento se te dará una instrucción más intensa. Ya veo que controlas con más precisión tus poderes- señalo las formas circulares que se formaban en mi bebida.

-He estado practicando- volteé a ver a Sebastián y noté que estaba más preocupado de lo que aparentaba- ¿Cuándo podré conocer a los otros miembros del consejo?

-No lo sé, pero planeó presentarte a uno de los miembros en estos días. Es una hechicera muy poderosa: Lady Evanna.- me pareció que el nombre sonaba muy pomposo pero me tragué mis comentarios.

Asentí con la cabeza pero no dije nada.

-Sé que tienes muchas dudas sobre tus poderes, los orígenes del Cristal de Luna… por eso pienso llevarte a un lugar esta noche donde sé que podrás encontrar respuesta a muchas preguntas.

-¿a dónde?-la idea de conocer un poco más de ese mundo mágico al que me había introducido me emocionaba.

-La biblioteca James Barrie- sonrió.

-No entiendo como encontraré respuestas en una biblioteca…sin ofender- dije luego de notar el tono impertinente de mi comentario.

-En la biblioteca James Barrie lo último que encontraras son libros comunes, creo que te sorprenderás- Recordé lo sincera que era la sonrisa de Sebastián cuando me mostro sus blancos dientes. Confiaba en él.

Escuché como el gas de la coca-cola que abría mi papá escapaba sigilosamente. Sonrió al verme entrar a la sala, me hizo un lado en el sofá y volvió a fijar la vista en un partido de futbol que veía en ESPN. Yo no era fan de los deportes pero siempre me gustaba pasar un rato a lado de mi papá.

-¿Dónde estuviste en la mañana?- papá le dio un sorbo a la coca.

-Trabajando- contesté

-¡Ah sí! Mamá me comentó que te dio un arranque de madurez e independencia, ¿acaso estás enferma?- papá puso su mano en mi frente como si estuviera comprobando que yo no tuviera fiebre y luego soltó una carcajada.

-¡oye!-exclamé indignada - no tiene nada de malo que trabaje

-Yo no he dicho que este mal-aclaró papá- sólo que no es propio de ti. Mi bebé está creciendo-dijo en tono empalagoso y se limpió una lágrima falsa del rostro.

-No seas melodramático papá.- él rió.

-Esta noche saldré con mamá, podrías asegurarte de que tu hermana no se desvele viendo "Luna Morena".

-¿A dónde irán?- pregunté con curiosidad. Ellos no solían salir los Domingos en la noche

-Es el cumpleaños del Doctor Mendoza y habrá una cena.

-Entiendo- sonreí para mis adentros, la salida de mis padres facilitaría mis planes nocturnos.- veré que Sofi se duerma temprano.

-Gracias hija- el timbre de la puerta sonó- otro favor… podrías ver quien vino- refunfuñé para mis adentros pero me levanté perezosamente.

Arrastré mis pies hasta el vestíbulo y abrí la puerta. Mis cejas se fruncieron y mis labios se curvearon en un gesto desdeñoso al ver al chico con ojos dorados que me observaba en el umbral de mi casa.

-hola

  • murmuró Fernando omitiendo prudentemente su habitual sonrisa- ¿puedo pasar?