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El cristal de luna — capítulo 9

De todas las mesitas disponibles en "café-chocolate", Kimberly había escogido una en la terraza. El lugar se encontraba prácticamente vacío sin contar a una parejita que estaba acurrucada en un sofá en el rincón.

El mesero nos trajo los menús. Kim pidió unfrappé moka y yo opté por un frappé cookies and cream.

Había tomado la decisión de revelarle a Kim parte de la verdad: Cómo había conocido a Fernando pero los detalles escabrosos que involucraban el Cristal de Luna y mi nueva vida iban a permanecer ocultos. Me sentía culpable. Kim, mi mejor amiga y confidente, jamás había tenido que esconderle un secreto pero era lo mejor. No quería que se involucrara, más ahora que Fernando, Daniel y Felipe me habían encontrado.

-¿y bien? Me contarás… - arrancó Kim con el interrogatorio.

-Si, sólo que espero que no te ilusiones. No es una historia muy relevante. - le advertí- Todo comenzó en las vacaciones de verano del año pasado…- Empecé a hablarle sobre el chico que conocíen la playa al darle una pedrada pensando que era un pervertido. Kim me escuchaba con tanta atención que casi no tocó su frappé.

-… El día que fuimos a la feria con Giovanna- Kim rodó los ojos al escuchar el nombre de su prima- ,y la llevamos al baño a que vomitara, encontré a Fernando en la pizzería- a partir de este punto comencé a distorsionar la verdad diciendo que al descubrir que se me había caído el celular Fernando me había acompañado a buscarlo por "El remolino"

-Si recuerdo que desapareciste por algo así pero nunca mencionaste a Fernando…- murmuró Kim.

-Si bueno… es que luego me distraje con él, hasta fuimos a comer helados y no quería que te molestaras- me excusé.

-¿y qué pasó luego de eso?

-Nada, quedamos en que nos veríamos al día siguiente pero nunca apareció…hasta ahora.- nos quedamos unos segundos en silencio. Mis recuerdos eran tan nítidos que no sentía que hubieran pasado dos años.

-Emmm… ¿Fue algo así como un amor de verano?- preguntó cautelosamente Kim. No lo había pensado de ese modo.

-No- me reí- sólo nos vimos dos veces en nuestra vida. Por lo mismo no quiero que le digas nada de esto a Julia, ¡imagínate cómo se pondría! y seguramente comenzarían a correr un chorro de chismes.

-Sí, te entiendo amiga. No diré nada- me removí en mi asiento sintiéndome culpable por mentirle a Kim, nunca le había ocultado algo desde que nos conocíamos.

Pagamos los frappés y caminamos unas 3 cuadras hasta la casa de Gina Estrada. Ella no era conocida por ser una persona muy sociable. Yo suponía que había donado su casa para darse una oportunidad de abrirse con las personas

Distinguir la casa fue muy fácil gracias a la masa de personas aglomeradas en el jardín. En la entrada estaba Gina, llenita y con mejillas sonrosadas ( en lo personal me recordaba a una cabbage patch) junto a la chica pálida y pecosa que estaba leyendo un artículo de Luna Morena en la sala de tutorías.

-Hola Gina- saludé al igual que Kim

-Hola- sonrió inflando sus cachetes- Ella es Mercy - presentó a la niña pálida- Es nueva en Kohlberg, ellas son Kim y Raquel.

-¿Tú estabas conmigo en tutorías verdad?- preguntó Mercy- Si, me acuerdo perfectamente de ti.

Sonreí y le di un codazo sutil a Kim para irnos de ahí

-Igual esa chica de ahí estaba en tutorías- Helena Fortuny estaba sentada en un sofá sin hablar con nadie en particular. Sus ojos pardos examinaban a la gente de la casa hasta que se detuvieron en mí. Sentí ese extraño nudo en la garganta.

Le sonreí intentando convencerme de que esa sensación era otra de mis paranoias. Helena Fortuny levantó la ceja y rodó los ojos sin corresponderme la sonrisa.

-¿quieres ir por algo de tomar Raquel?- preguntó Kim. Estaba segura que había notado mi incomodidad.

-Hay bastantes bebidas afuera. Sólo abran la ventana corrediza de la sala- asentí y las dos salimos.

-Ya me estaba mareando de estar ahí dentro- inhalé una bocanada de aire cuando salimos al jardín. Era enorme. Había un estanque atravesado por un puente y un chorro de árboles al fondo.

-Sí, había mucha gente- Kim rió- esa Mercy era un poco rarita

-Es fan de Luna Morena- comenté- nadie cuerdo vería esa serie.

-¿cómo sabes qué la ve?- preguntó Kim- seguramente tú igual eres parte del club de fans y en el fondo las dos son grandes amigas- bromeó Kim

-Estás loca- reí- La vi leyendo, en una revista, un artículo de Luna Morena cuando fuimos a la sala de tutorías- aclaré

-¡Pues que suerte tienes! Te tocó con una fan de Luna Morena y con esa chica del sofá con cara de pocos amigos.

-Creo que se llama Helena- comenté intentando adoptar un tono indiferente- y definitivamente no se ve muy agradable.

-Oye de verdad tengo sed- comentó Kim- ¿dónde están los refrescos?

-En la mesa de ahí- señalé hacía una masa de refrescos desparramados.

-Si Julia viera esto se escandalizaría- Kim miró con aire despectivo el desorden de la mesa.

-¡Qué raro! Todavía no ha llegado- observé

-¿Buscan a alguien?- Daniel estaba parado enfrente de nosotras con una sonrisa descarada y apoyado elegantemente sobre la pared.

-A ti no- contestó Kimberly molesta de verlo. Daniel rió y paso por alto el tono altivo de mi mejor amiga.

-¿tal vez buscas a Fernando?- yo no respondí y lo fulminé con la mirada.- es una broma- rió- buscaban algo de tomar ¿no?- nos sirvió dos vasos. Me lo entregó y yo observé el vaso con suspicacia, sin entender esa extraña muestra de amabilidad.

-No está envenenado - rió sarcásticamente - Veo que no están de humor. Creo que iré a dar una vuelta- se alejó manteniendo ese porte atractivo.

-¡Qué extraño fue eso!- exclamé cuando Daniel se había perdido entre la gente. Le di un sorbo al refresco. A lo lejos vi a Alán hablando con una niña que no reconocí porque estaba de espaldas.

-Sí, ese tipo es rarito, no me agrada para nada…

-¡Niñas!- se escuchó un gritito de emoción y unos brazos me comenzaron a asfixiar

-Julia… no… pue..do res..pirar- logré tartamudear

-Hay lo siento - me soltó y dejo escapar una risita tonta- acabo de ver pasar a ese tal Daniel ¡esta guapísimo!- Kim rodó lo ojos

-Estuvo aquí hace unos segundos- comenzaba a sentirme un poco mareada. Supuse que era por el calor o porque casi terminaba estrangulada. Le di otro trago a mi refresco.

-¿y no han llegado sus dos amigos?-preguntó Julia. Sentí una punzada en el estomago

-No los hemos visto- contestó rápidamente Kim

-Niñas voy a la baño- anuncié. Vi de reojo a Kim, tenía el seño fruncido, parecía preocupada.

-¿no quieres que te acompañemos?- preguntó Julia

-No, no, no… iré súper rápido- la cabeza medaba vueltas como una rueda de la fortuna.

Entré al bañó y abrí el grifo del lavabo para permitir que el agua corriera y me empapé la cara. Me miré al espejo, tenía la mirada desenfocada y las gotas de agua escurriendo por mis mejillas. El agua no había aliviado mi malestar

Salí del baño e instintivamente di un brinco hacia atrás al ver a Helena Fortuny parada enfrente de mí.

Nos evaluándonos con la mirada por unos segundos. Observé que la chica tenía las manos embadurnadas con una sustancia negra.

-Tienes las manos manchadas- comenté

-Así es- Contestó. Mi vista comenzó a volverse un poco borrosa.

-Deberías tener cuidado con lo que tomas- sonrió sarcásticamente. Me sentí ofendida.

-No estoy borracha si es lo que insinúas- exclamé. Ella sólo rió y entró al baño.

Las figuras de mí alrededor se estiraban y las luces eran demasiado brillantes y hermosas. Caminé hacia la bola disco que había en la sala y quedé hipnotizada viéndola.

Sólo habían luces de colores… lu-ces de co-lo-res… se extinguieron y me dejaron en la nada.

Las hojas crujieron por el peso de mi cuerpo. Abrí los ojos, giré mi cabeza a la izquierda. Estaba rodeada de árboles a lo lejos vi un puente atravesando un estanque y la casa de Gina.

-Qué bueno que estás despierta- dijo una vozcerca de mí. La reconocí enseguida por su tono burlón. Daniel estaba apoyado sobre el tronco de un árbol, dio dos pasos hacia mí y me extendió su mano. La acepté, me levanté del piso y me sacudí las hojas que habían quedado adheridas a mi ropa.

-Debes tener cuidado con lo que tomas- murmuró Daniel y sacó un frasquito con una sustancia incolora. Repentinamente todo se volvió tan evidente que le di un puñetazo en el pecho.

-¡¿cómo se te ocurre ponerle algo a mi bebida?!- exclamé furiosa

-Necesitaba hablar contigo en privado- contestó como si eso justificara su acción. Respiré profundamente intentando controlar la ira que borbotaba en mi interior.

-No sé como actúen los magos en su mundito pero en el mío, cuando quieres hablar con alguien en privado, vas y se lo preguntas amablemente no lo intentas envenenar- dije en tono mordaz, masticando con furia cada palabra.

-No pretendía envenenarte, pero debido a lo especial de las circunstancias tuve que…

-¿Qué circunstancias?- lo interrumpí

-Fernando me dijo que habló contigo sobre el Cristal de Luna- murmuró, se escuchó un crujido cerca.

-Si, ¿y qué?- pregunté

-¿te habían hablado antes del cristal?- empecé a sentir como el pánico se arremolinaba en mí pero me esforcé por mantener mi rostro indiferente- Yo creo que sabes más de lo que aparentas.

-Pues cree lo que quieras, me importa un bledo- me di la vuelta pero Daniel me sujetó bruscamente del brazo. De nuevo hubo un crujido.

-Cuando viste a Fernando… - se escuchó un gruñido y vi cómo la figura de un animal se lanzaba hacia la espalda de Daniel.

Lo que pasó a continuación fue tan rápido que mis ojos con trabajo y lo captaron. Daniel me soltó y se dio la vuelta. Extendió el brazo y la bestia salió despedida hacia atrás quedando noqueada. Por primera vez me percaté del anillo que traía Daniel en el dedo medio, supuse que era su amuleto.

-¿qué demonios era eso?- preguntó Daniel, se acercó cautelosamente a cuerpo inconsciente.

-No seas idiota, aléjate de él- exclamé. Daniel rió

-Está noqueado Raquel, no va a pasar…- Pero Daniel no terminó su frase porque el animal lo sujeto del brazo con los dientes y lo lanzó hacia un árbol con el que se golpeó la cabeza. Quedó inconsciente.

La bestia me miró con sus ojos negros, todo en ella era oscuro cómo el fango. Me sentía impotente y temblaba de miedo. Mis manos se aferraron al Cristal de Luna.

-Por favor ayúdame- murmuré como si el Cristal pudiera entenderme. El Cristal de Luna brilló convirtiéndose en un cetro, justo cómo había visto transformarse el Cristal de Fernando.

El animal gruñó y se lanzó hacia mí. Necesitaba algo con que lastimarlo. Agité el báculo como un bate de beisbol y cientos de diminutos cristales salieron como dagas atravesando a la criatura. Salieron chorritos de una sustancia negra y espesa pero la bestia, tambaleante, seguía en pié. La criatura estaba furiosa y no parecía ceder.

-Necesito algo más grande y filoso- murmuré. El cetro brilló de nuevo y cambió de forma a la de una espada con piedras plateadas incrustadas.

-El animal volvió a brincar pero esta vez no dudé. Levanté la espada, atravesándole el pecho. Luego cayó muerta a mis pies.

Saqué la espada de su cuerpo, estaba intacta sin ninguna mancha de esa sustancia oscura que borboteaba en su interior. Se volvió a transformar en el Cristal de Luna y me lo colgué en el cuello.

Caí en el suelo, agotada. El cuerpo me pesaba, cerré lentamente los ojos…

-¡Eres estúpido! ¡cómo se te ocurre darle una poción adormecedora!- escuché un golpe y el sonido de alguien al caer al suelo- Casi la mata ese animal.

-Tranquilízate Fernando- reconocí la voz pausada de Felipe

Abrí los ojos. Daniel estaba tirado entre las hojas yFelipe sujetaba con fuerza a Fernando. Me levanté del piso.

-¡Qué me tranquilice! No te das cuenta que casi mata a Raquel

-Gracias por preocuparte por mi integridad personal- dijo sarcásticamente Daniel.

-Lo qué te pasó te lo mereces por…

-Felipe tiene razón, deberías calmarte- mi voz sonó demasiado potente en esa nada. Fernando me miró y vi como su cuerpo titubeó, dudando en si debía acercarse a mí o permanecer parado endonde estaba.

-Ahora que estás consiente podrías explicarnos como mataste a ese animal- dijo Daniel señalando a la bestia inerte.

-No fui yo- mentí- me desmayé cuando se te tiró encima.

-¿y por qué tienes esas manchas oscuras en los brazos?- preguntó Daniel

-No lo sé, talvez porque todo el suelo está embarrado de ellas- dije mordazmente- pero si no me crees puedes darme otra sustancia extraña y llevarme a otro sitio para interrogarme.

Los tres chicos permanecieron callados. Observé las manchas de mis brazos y me acordé de las que tenía Helena Fortuny.

-Las manchas son iguales a las de esa niña- murmuré para mí.

-¿iguales a las de quién?- preguntó Fernando. Lo miré a directo a sus ojos dorados, seguía molesta con él.

-A nadie que te importe- me di la vuelta dignamente y caminé hacia el puente para regresar a la fiesta pensando en cuantas excusas le podría seguir inventando a Kim para que no me descubriera.