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El cristal de luna — capítulo 8

Me quedé apoyada sobre la puerta de hierro que daba a la azotea, todavía con la respiración entrecortada y las manos temblorosas. No sabía si eso era miedo o furia. Cerré los ojos intentando tranquilizar los latidos de mi corazón que parecían una locomotora desbocada. Me sentía estúpida y traicionada. Fernando sólo pensaba en usarme para conseguir el Cristal de Luna. Si él hubiera sabido que estuvo a unos centímetros de lo que buscaba…

Revisé la hora en mi celular. Faltaban 10 minutos para mi junta con la tutora. El problema era que estaba totalmente desorientada; no tenía la menor idea de donde estaba la sala de tutorías. Recorrí el pasillo desierto hasta que vi sentado en el alfeizar de una ventana a un chico. Tenía el cabello castaño disparado hacia todos lados cubriéndole el rostro y la piel blanquecina. Al principio dudé en acercarme. Aunque el chico no estuviera haciendo absolutamente nada no parecía que quisiera ser interrumpido de su momento de vagancia, pero llegar a la junta de mis tutores era una situación apremiante que no podía permitir pasar por alto.

-Disculpa…- el chico volteó a verme y me escaneó con sus ojos castaños. Tenía facciones muy atractivas.

-¿Nos conocemos de algún lado?-preguntó

-No que yo recuerde. ¿No sabes dónde está el salón de tutorías?- él se enderezó perezosamente bajando sus pies del alfeizar.

-Si lo sé- contestó- ¿quieres qué te lleve?- No estaba segura de si quería, ya que todo en ese chicome parecía completamente intimidante: desde sus pantalones de cuero hasta su revoltoso cabello. Pero ahora sólo faltaban 5 minutos…

-Si- respondí. Se levantó, era mucho más alto que yo.

-Es por aquí- indicó, conduciéndome por el pasillo.

-Por cierto soy Raquel- dije esforzándome por ser amable.

-Yo soy Alan- doblamos hacia la derecha.

-¿Y piensas entrar a un taller o deporte?

-Al taller de música

-¿tocas algún instrumento?- pensé que se le haría irritante ser bombardeado por tantas preguntas pero en realidad se veía bastante complacido.

-La flauta- contestó- en realidad soy muy bueno.

No me imaginaba a alguien como Alan tocando un instrumento tan delicado pero preferí omitir ese comentario.

-Llegamos- anunció cuando topamos con una puerta de madera con un letrerito que decía "tutorías"

-Gracias- dije cuando Alan ya se estaba dando la media vuelta. Él me miró con incredulidad, creo que no frecuentaba a gente agradecida.

-De nada- balbuceó y se alejó por el pasillo.

Me asomé por el resquicio de la puerta y vi una pequeña sala de espera con varios alumnos sentados, aguardando su turno. Las paredes eran de color beige y estaban tapizadas de cuadros en un intento fallido de suprimir el ambiente de consultorio médico. Entré a la habitación y me senté a lado de una niña muy pálida y pecosa que leía un artículo de Luna Morena en una revista.

Pasé la mirada por la estancia, todos tenían aire de aburridos. Enseguida me fijé en una chica que estaba enfrente de mí. Parecía la modelo de una revista Vogue. Alta obviamente, con el cabello castaño claro, unaspequeñas pecas adornando su tez perfecta y ojos pardos casi verdosos.

Me di cuenta que no era la única persona que observaba a la chica, en realidad todos teníamos los ojos fijos en ella, inclusive la niña que leía su artículo de Luna mantenía los ojos fijos en las letras y veía de reojo a la hermosa chica.

Era inevitable pensar que era injusto ver tanta belleza concentrada en una sola persona y más cuando no parecía nada agradable con su seño fruncido y una sonrisa sarcástica. Ella parecía inmune a los diez pares de ojos que la desmenuzaban, pero cuando yo levanté la vista y clavó sus ojos en mí sentí un escalofrío. Mi sexto sentido me advirtió que era la clase de persona que era mejor evitar.

La puerta del despacho de la tutora se abrió y un chico narizón salió.

-La siguiente es Raquel Cardona- suspiré aliviada, por fin podría librarme de aquella mirada penetrante. Me paré y entré a la oficina.

Respiré aliviada, libre de la tensión de la otra sala, y me senté en una silla con un cojín almidonado.

La tutora era una mujer joven, de facciones agradables, lentes gruesos y cabello negro. Revisaba una carpeta detenidamente.

-Soy Jimena Méndez y seré tu tutora en este año escolar- se presentó la mujer- veo que en general tienes un buen promedio

-Si- contesté. Mis calificaciones eran muy buenas excepto en matemáticas.

-Bueno aparentemente todo está en orden.- Me entregó unos papeles- Estos son tus horarios y tu salón es el 1°A.

Asentí

-Igual es importante que elijas una actividad extraescolar. Junto a tu horario está una lista con los talleres y deportes a los que puedes inscribirte.- yo asentí con la cabeza- ¿y cómo te sientes por entrar a este nuevo curso escolar?

-En realidad estoy muy emocionada- la tutora sonrió enternecida y eso me provocó unas serias ganas de vomitar. Me imaginé que el 90% de los alumnos que entrevistaba contestaban esa pregunta con un simple "bien"

-Ya puedes irte.

Sentí que fue un desperdicio de tiempo la visita con la tutora pero preferí tragarme mis opiniones. Nos levantamos al compás y Jimena Méndez muy amablemente me abrió la puerta. Latutora asomó la cabezaa la sala de espera.

-La siguiente es Helena Fortuny- la hermosa niña de mirada parda se levantó del sofá y caminó hacia la puerta. De nuevo me vio a los ojos y sentí como se me heló la sangre.

-Raquel dale paso a Helena- me susurró la tutora. Me aparté de la puerta y Helena pasó rápidamente a mi lado como un escalofrío.

…

Caminaba en la acera de una calle solitaria. El viento agitó un poco mi vestido y levanto mi cabello pero mi maquillaje permanecía intacto. En la noche iría a una fiesta por el inicio de año pero antes iba a pasar a "Ojo de Gato". Me urgía hablar con Madame Lulú.

Miré discretamente a mí alrededor, asegurándome de no ser seguida.

-Me estoy convirtiendo en una paranoica- susurré justo cuando atravesaba la enorme verja de metal y los ojos que estaban dibujados en el letrero de "Ojo de Gato" pestañeaban amistosamente.

Mi celular vibró. Era Kim.

-¿qué onda?- contesté amistosamente

-Tu y yo tenemos que hablar - Kim se escuchaba seria. Supuse que estaría encerrada en su baño. Él único lugar donde se podía tener algo de privacidad dentro de su casa.

-¿De qué?- pregunté confundida. Ya había entrado al vestíbulo de "Ojo de Gato".

-¿Me dirás quién era ese chico de la escuela?- comenzó con el interrogatorio Kim.

-No era nadie importante- ¿Cómo le podría contar la verdad acerca de Fernando? Pensaría que estaba loca y eso significaría hablarle del Cristal de Luna.

-Pues los dos pusieron cara de haber visto un fantasma cuando se reconocieron- a Kim no se le escapaba nada. Me metí al elevador con miles de botoncitos que por suerte estaba abierto ya que no recordaba que puerta debía usar para entrar en él.

-Te contaré quien es pero prefiero hacerlo en persona - pulsé el botón que decía "sala de estar de Madame Lulú"

-Te parece si lo hablamos en la fiesta- sugirió Kim. Pensé que era mala idea, abrían demasiados oídos hambrientos de buenos chismes.

-Mejor nos vemos en Café-chocolate antes y te lo cuento, ¿te parece?

-Sí, me parece - contestó satisfecha

-Entonces nos vemos al rato- colgué y el elevador se detuvo.

…

-Así que Fernando está en tu escuela- Madame Lulú ledio un sorbo a su café y asentó la taza en la mesita de su salón privado- ¿y cómo dices que se llaman los otros dos magos?

-Daniel y Felipe- contesté jugueteando nerviosamente con la pulsera de mariposas de mi muñeca.

-Debe tratarse de Daniel Soberanis , pertenece a una familia muy reconocida aunque con fama de andar metidos en asuntos oscuros- Ese comentario no logró calmar mis nervios- se que no se llevaba bien con sus padres, el chico es demasiado rebelde, así que un día dejo su casa y se fue a vivir con su tío Alberto

-¿y qué me puedes decir de Felipe? -pregunté

-No tengo ni la más remota idea de quién es- contestó Madame Lulú- creo que lo mejor es intentar comunicarnos con Sebastián. Él ya debe estar enterado de este asunto.

Madame Lulú terminó su café y se levantó de un brinco.

-Aprovechando que estás aquí podemos comenzar la primera clase de magia.

-Si… me-me parece bien- balbucí. No esperaba practicar magia hasta dentro de bastante tiempo.

Madame Lulú levantó su mano para mostrarme el anillo con una mariposa que adornaba su dedo índice.

-Todos los magos y brujas tienen un amuleto mágico queles sirve para proyectar y controlar sus poderes- explicó - Estos son creados por los elfos. Ellos analizan la esencia mágica del mago o la bruja y en base a eso crean un amuleto acorde a las características de la persona…

Yo creía que los elfos eran seres ficticios como los que veía mi hermana en Luna Morena. Me sentí un poco culpable por las constantes veces que me había burlado de esos seres mágicos, o tal vez el sentimiento de culpa sedebía que no sabía absolutamente nada sobre el nuevo mundo que se me habría…

-A un mago se le entrena para usar su amuleto cuando tiene 15 años aunque eso no significa que no pueda hacer nada de magia hasta tener esa edad.

-¿el Cristal de Luna es mi amuleto verdad? - una pequeña duda picaba mis pensamientos.

-Sí…- contestó Madame Lulú con obviedad

-Pero no entiendo, ¿no se supone que debieron los elfos hacer un amuleto para mí? este le perteneció a otro guardián…

-El Cristal de Luna…- interrumpió Madame Lulú. Hablaba lentamente como si su explicación fuera dirigida a una niña de 5 años y no a una adolescente.-Fue creado con características diferentes a las de los amuletos comunes.El Cristal de Luna elige a su dueña ya que no cualquiera es capaz de controlarlo porque contiene poderes inusuales.

-¿cómo cuáles?- mis preguntas eran demasiadas, tenía que sacarme de una vez la masa de dudas de mi cabeza.

-Los irás descubriendo con el paso del tiempo pero si tanto quieres saber la leyenda dice que el Cristal de Luna puede curar heridas del alma.

Noentendía muy bien a qué refería con eso de "curar heridas del alma" ¿eliminar la nostalgia y el sufrimiento?

-Hemos hablado mucho y no te he enseñadonada así que pon atención- el tono de Madame Lulú se volvió más serio- cierra tus ojos y relájate

Hice lo que Madame Lulú me indicó

-Vas un sentir un extraño cosquilleo en el ombligo, como si una pequeña lucecita se estuviera encendiendo en tu interior, justo en el centro.- lo sentí, era como si una diminuta llama se encendiera en mí- ahora deja que esa luz recorra tu cuerpo, desde los dedos de los pies hasta la punta de tu cabello.- Toda la magia se expandía en mi interior, era una bomba que quería estallar.

-Ahora abre los ojos- obedecí.- Ahora quiero que hagas lo mismo que yo- La pluma que estaba sobre el escritorio levito y volvió a asentarse en su lugar- Intenta que toda esa energía que sientes en tu interior se proyecte del Cristal de Luna para afuera.

Sentía que me hablaban en chino pero me propuse hacer mi mejor esfuerzo. Intenté conducir un poco de mi magia hacia el Cristal pero era demasiada, no podía controlarla. Lo que flotó no sólo la pluma, sino el escritorio, los muebles, cuadros, papeles, libros… todo lo que estaba en la habitación inclusive Madame Lulú y su taza de café.

Madame Lulú rió. Agitó la mano y al instante todos los objetos se acomodaron en sus respectivos lugares.

-Lección uno: tú controlas tu magia, no ella a ti. Debes aprender a dominar tus poderes o ellos lo harán- a pesar de que Madame Lulú me lo comentaba con total naturalidad me sentí como niña reprendida- hagámoslo de nuevo.

Asentí. Esta vez me iba a salir bien.

La magia se expandió en mí. Esta vez no iba a escapar dejé que saliera lentamente en dirección a la pluma que se meció delicadamente en el aire.

-bien hecho- me felicitó Madame Lulú.

Sonreí encantada.