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El cristal de luna — capítulo 7
Era un edificio muy elegante construido con ladrillos de arcilla. Una placa de color dorado pegada en la pared rezaba: "Instituto Kohlberg" con letras finas.
En la entrada había un camino adoquinado, con ficus bordeándolo, hasta topar con unos escalones que llevaban a la puerta principal.
El jardín estaba lleno de estudiantes de primer curso que cargaban el ambiente de emociones. Nervios y excitación fluían por mis venas.
Sabía que mi deseo por regresar a la escuela era un sentimiento que pocos entenderían. No es que fuera la estudiante más brillante o la mejor deportista pero yo le tenía un cariño muy especial al Instituto Kohlberg. Tal vez era porque ahí hice mis primeros amigos. Había crecido bajo esos muros y no me concebía estudiando en otro colegio.
Repentinamente un par de brazos me rodearon el cuello.
-¡Raquel, estaba muy preocupada!- exclamó Julia teatralmente mientras me abrazaba- no he sabido nada de ti desde que me mandaste el mensaje contándome lo del accidente. No sabía si vendrías hoy a la escuela.
-Me asfixias- balbuce con el poco aire que quedaba en mis pulmones.
-Perdón- Julia se rió. Era alta, de cabello castaño muy largo, nariz aguileña y ojos muy oscuros - mira quienes vienen hacia aquí- a lo lejos distinguí la pequeña silueta de Kim y a una niña de piel lechosa, cara redonda y el cabello pintado de rojo a la que reconocí como Andrea . Nos saludamos y nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto en un año cuando en realidad había salido con ellas un día antes del accidente.
-Niñas es momento de que pasen al auditorio- No sé en qué momento apareció la maestra Paty, con sus ojos delineados de azul eléctrico y su cabello corto intentando lucir moderno pero que en realidad parecía haber sido acuchillado por un carnicero.
Julia le sonrió a la Maestra Paty, era de esas típicas alumnas que los profesores adoran. En mi opinión sonreírle a un maestro que por naturaleza propia es desagradable (como Paty Cuevas) era una lambisconeada, pero después de tantos años me había acostumbradoa la extraña patología que tenía Julia de ser agradable con los profesores.
Entramos al edificio principal y caminamos por los pasillos abarrotados de estudiantes hasta llegar a la puerta del auditorio que todavía se encontraba cerrada.
-No entiendo porqué nos llaman si todavía no podemos entrar- refunfuñó Andrea. Ella casi siempre se quejaba cada vez que tenía la oportunidad: del calentamiento global, de los automovilistas que no respetan a los peatones, de los parásitos humanos que no hacen nada de ejercicio, de los vigoréxicos, etc.
-¿A quién están mirando esas niñas?- preguntó Kim. Volteamos a ver a un grupito de chicas que soltaban risitas tontas mientras miraban a dos muchachos.Ambos muy guapos pero más el de cabello negro y ojos azul celeste, era alto y atlético. El otro era un poco más bajo y delgado tenía ojos marrones, el cabello rubio, rizado y se veía mucho más simpático que el primero.
No es que el otro fuera desagradable, sólo que se veía que era un poco descarado. Soltaba carcajadas estridentes porque se le había hecho comiquísimo ver a un chico gordito tropezar con sus agujetas y botar todos sus útiles. El rubio miraba a su amigo reprobatoriamente.
-Pobre niño- murmuró Kim, refiriéndose al chico gordito que más bien parecía un enorme rábano, colorado por la vergüenza.
Asentí compadeciéndome de él. Las niñas tontas igual se habían comenzado a burlar del chico en un intento desesperado de encontrar una sonrisa aprobatoria del "guapo-descarado"
-Que patéticas- murmuré y me acerque para ayudar al gordito que ya se había agachado en el suelo para escorar todos sus papeles desperdigados, hechos un revoltijo.
Al parecer no fui la única que se conmovió de aquel chico ya que el rubio se acercó igual a levantar hojas, probablemente para darle a su amigo una lección de educación y buenos morales.
El chico gordito nos miró agradecido cuando le dimos el mazo de hojas y se fue tambaleado por el pasillo. El rubio me miró sonriente.
-Eres muy amable.
-Desde mi punto de vista tu eres el amable- vi de reojo como el "guapo-descarado" se apoyaba elegantemente sobre la pared y comenzaba a analizarme con detenimiento. Pensé en decirle que en cambio a leguas se veía que su amigo era un cínico pero hubiera sido demasiado grosero para una primera conversación.
-Sí, bueno… pensé que era el único que se había preocupado ayudar al chico que tropezó- sabía que mis amigas igual me estaban observando. Era incomodo tener tantas miradas encima.- Soy Felipe- se presentó- y ese de ahí- señaló a su amigo- es Daniel.
Pero Daniel ya no nos miraba. Se había aproximado a un chico de cabello dorado y ojos como oro líquido para saludarlo efusivamente. Fernando le sonrió de ese modo tan particular que yo recordaba. Mis piernas se volvieron de plomo.
¿Raquel?- susurró desconcertado. Yo no sonreí, no grité y no corrí. Me quedé petrificada, sintiendo el frío Cristal de Luna debajo de mi blusa, aferrado a mi pecho.
-¿La conoces? - él que habló fue Daniel quien caminó con aire distinguido hasta quedar frente a mí.- ¿se conocen?- repitió
Abrí la boca pero sólo salió aire. Kimberly, quien era un as para detectar problemas, se aproximó con cautela y me sujetó de la muñeca.
-Raquel ya hay que entrar al auditorio…- Daniel clavo los ojos en Kim y sonrió como si hubiera visto algo comiquísimo.
-Las niñas de secundaria están en el otro edificio- dijo haciendo énfasis en la estatura de mi mejor amiga.
-Y yo no sabía que admitían en Kohlberg a niños de maternal- le contestó la pequeña Kim ofendida.
-Déjalas irse- le espetó Felipe. Fernando asintió todavía pasmado por verme y Kimberly me arrastró hasta la entrada del auditorio.
-Por favor no menciones nada de esto a Julia y Andrea. Luego te explico- Kim me miró sin comprender pero asintió.
-¿Los conocías de algún lado?- supuse que Kim había escuchado a Daniel interrogándome.
-Sólo al de cabello dorado.
El auditorio era enorme. Había dos caminos que dividían las filas de butacas y enfrente un escenario enorme con las cortinas rojas ya descorridas.
Andrea y Julia nos hicieron señasy nos sentamos en dos sitios que nos habían apartado. Julia se veía bastante agitada.
-Raquel cuéntanos cómo son esos chicos- pregunto Julia con aire casual aunque con serio interes- ¿qué tal es el de pelo negro?
-Es un idiota- la que contestó fue Kim, todavía resentida por el comentario de Daniel.
-¿Por qué lo dices?- preguntó Andrea que siempre mostraba mayor predilección a las conversaciones que implicaban peleas, quejas o discusiones.
-Le dijo a Kim que el edificio de secundaria era otro…- Andrea le dio unas palmaditas solidarias en el hombro, lo cual fue algo sorprendente ya que yo hubiera esperado que dijera: "sí, a leguas se ve que es un estúpido" o un comentario parecido.
-Lo habrá dicho en broma- comentó Julia intentando aplacar a Kim quien frunció el seño y desvió la mirada.- ¿y el otro como era? Él se veía más agradable
-Lo era- contesté. A lo lejos había divisado a Fernando, Daniel y Felipe sentándose en unas butacas a unos metros de nosotras, cuchicheando entre susurros. Se veían serios. ¿Les abría dicho Fernando por quéme conocía?
-¿y el qué llegó al final? También se veía bastante guapo- Kim me miró discretamente.
-Casi no habló, así que no te podría decir como es- le contesté intentando usar un tono indiferente. A lo lejos Fernando me miraba.
La maestra Paty Cuevas salió detrás de bambalinas a callarnos. Cuando un silencio sepulcral invadió el lugar apareció la directora, que se paró en un estrado, junto con el subdirector y los coordinadores de las áreas educativas (artes, humanidades, biológicas y matemáticas) y se sentaron en una mesita que igual estaba sobre el escenario.
Catalina Aguilar, nuestra directora, era una mujer bajita y delgada. Con el cabello corto, negro y rizado. Siempre se vestía elegantemente con aretes de oro y un camafeo. Debajo de sus lentes dorados había una mirada vivaz y astuta. Era considerada toda una eminencia en la psicología.
-Bienvenidos estudiantes, ya sean nuevos o viejos, a esta prestigiosa institución de la enseñanza…
Sentí un extraño cosquilleo en el ombligo. No sabía que lo había generado. Levanté la vista y mis ojos se cruzaron con los de Fernando.
El cosquilleo no cesaba. Recordé que ya había tenido esa sensación… cuando entre a Ojo de Gato.
A lo lejos vi un puntito blanco que semovía rápidamente en el pasillo. Nadie parecía haberse fijado en él aparte de mí. Cuando se acercó más distinguí que era un ratoncito de papel corriendo a toda velocidad. ¿Un ratoncito de papel? Efectivamente, y acababa de escabullirse debajo de las butacas de mi fila. Se deslizó sobre el respaldo de mi silla y cayó con suavidad sobre mis manos. El cosquilleo terminó.
Si había un ratoncito de papel en mi puño pero estaba completamente inanimado. Lo desdoblé discretamente y me encontré con unos garabatos que decían:
Necesito hablar contigo. Nos vemos en la azotea luego de que termine la plática.
Fernando
Guardé el papelito discretamente en mi bolsillo.
-Al finalizar esta presentación encontrarán pegadas en el pasillo listas en orden alfabético donde está señalado el grupo que les tocó y el horario de la entrevista con su tutor. Sean puntuales por favor- enfatizó Minerva Aguilar.
Se comenzó a reproducir un video con estudiantes sonrientes portando en uniforme de Kohlberg experimentando en el laboratorio, recorriendo los pasillos, cuchicheando en la cafetería, practicando algún deporte en las canchas… en fin toda una demostración de orgullo estudiantil.
Al terminar el video la directora nos despidió con un simple "ya pueden retirarse"
Se escucharon varios quejidos de gente levantándose de sus butacas y estirándose. Yo apresuré a mis amigas a salir del auditorio con la excusa de que pronto se iba a formar un amontonamiento en las listas y ni íbamos a poder ver nuestros horarios. Julia, que tenía que ser la primera en todo, nos arrastró hasta la salida apresuradamente.
Yo encontré rápidamente "Raquel Cardona" apuntado entre los primeros nombres señalando que mi cita con la tutora era a las 10:30. "Kimberly Johnson" estaba doce nombres debajo del mío "Julia González" estaba entre nosotras. Pero no fuimos lo suficiente ágiles para encontrar a "Andrea Reyes" (que estaba entre los últimos nombres) antes de que llegara la masa de gente a empujarnos.
Al percatarme de que esto nos iba a tomar más tiempo de lo previsto les dije que a mis amigas que tenía que ir al baño y me escabullí a la azotea.
Se escuchó un rechinido cuando cerré la puerta de la azotea. Desde esa altura tenía una perfecta vista panorámica de todo el jardín del Instituto Kohlberg y de los edificios colindantes. Esa terraza era el sitió perfecto para vernos; nadie subía, aunque ese punto a favor para mí era una gran desventaja.
Me atemorizaba pensar lo que diría Fernando ¿y si ya sabía que tenía el Cristal de Luna? No, se veía demasiado sorprendido de encontrarme como para saberlo.
Fernando estaba apoyado sobre la pared de la misma forma que lo había hecho su amigo Daniel.Los dos quedamos frente a frente con los ojos fijos en el otro sin saber muy bien que decir.
-Pensé que nunca nos volveríamos a ver - susurró. Se pasó una mano por el cabello revolviéndoselo con nerviosismo.
-Yo igual creía lo mismo- mentí.- Pero no entiendo. ¿Qué haces aquí, en el Instituto Kohlberg?
-Estoy en otra búsqueda, algo parecida a la que hacía cuando nos conocimos.
-¿Quieres encontrar aaquella misma persona?- Fernando asintió y yo sentí que me hundía en el suelo.
-Pensé que podrías ayudarme- debajo de su camisa Fernando sacó el cristal de sol. Era cómo lo recordaba dorado, brillante y cálido… igual que Fernando.- La persona que necesito tiene un collar muy parecido, la diferencia es que el otro lleva una luna.
-¿Para qué buscas a esa persona?-disparé la pregunta. Fernando me miró sorprendido y vi la culpabilidad en sus ojos.
-Yo… necesito el collar que tiene- murmuró
-¿Para qué? Por lo que recuerdo la última vez que te vini siquiera sabías usar el que traes- Fernando me miró ofendido.
-No creo que entiendas mis razones - farfulló.
-Yo creo que si las entendería pero seguramente no son lo suficiente válidas como para intentar excusarte con ellas- repliqué ya molesta- además, ¿por qué estás buscando a esa persona en el Instituto Kohlberg? Podría estar en cualquier lugar.
De su bolsillo Fernando sacó un objeto que reconocí: mi cartera. La abrió y sacó el folleto del Instituto Kohlberg y un recibo de pago de inscripción de la escuela. Por suerte no llevaba ninguna identificación.
-Este amuleto es conocido como el Cristal de Sol y fue creado al mismo tiempo que otro llamado el Cristal de Luna-explicó algo que para mí era obvio aunque debía pretender ser ignorante en el asunto- Hace unos días hubo en esta ciudad un desajuste mágico que logré percibir. Por sus características lo más probable es que haya sido causado por uno de los Cristales guardianes y ya que sólo existen dos en el mundo y yo tengo el Cristal de Sol, la persona que tiene el Cristal de Luna debió haber provocadoel choque mágico. Fui a examinar el sitió del incidente y encontré rastros muy fuertes de magia en esta cartera y al revisarla hallé un folleto y el recibo de pago de inscripción al Instituto Kohlberg. Y así concluí en que el guardián del Cristal de Luna estudiaba en este colegio.
-Pues si estás en lo correcto, no tienes derecho de arrebatarle a esa persona su Cristal, por algo es el dueño, guardián o lo que sea- Lo mire desafiante, la mandíbula me temblaba. Fernando me miró con una frialdad que no recordaba.
-¿Eso significa que no me vas a ayudar?- preguntó secamente. Yo asentí, me di la vuelta para salir de ahí.
-Encontraré esa persona tarde o temprano. Daniel y Felipe me ayudarán…
-¿ellos igual son magos?- pregunté sosteniendo la perrilla de la puerta.
-¿acaso no era obvio?- contestó. "Si lo era" pensé. Dejé a Fernando solo en la azotea.
Era una habitación circular con muchas columnas con detalles ornamentales grabados. El suelo era de un mármol liso, pulido y oscuro. En el centro del cuarto había un espejo de pie con un marco de oro. Reflejándose en él había un hombre encapuchado al que no se le podía ver el rostro.
-… no tiene que preocuparse Mi lady - susurraba el hombre- nuestros nigromantes seleccionados ya han sido infiltrados en el Instituto Kohlberg.
-Ya es una sorpresa que el guardián esté en un colegio de humanos- contestó la hermosa mujer que se reflejaba en el espejo, con su cabello oscuro y rizado que caía como enredadera.
-Pronto el Cristal de Luna estará en nuestras manos- aseguró el encapuchado. La mujer le dedicó una sonrisa inquietante mostrándole sus afilados dientes.