← El cristal de luna · de
El cristal de luna — capítulo 2
No escuché el golpetear de las olas contra las rocas ni el crujido de las hojas secas que alguien pisó. Estaba recostada sobre una toalla, con los audífonos en las orejas y mis ojos azules mirando el cielo. Los dedos de mis pequeñas manos golpeteaban rítmicamente la arena sin producir ruido alguno.
Me sobresalté al sentir que el celular que tenía sobre mi vientre vibró, la pantalla decía "Kim" y parpadeaba sin detenerse. Me arranqué de las orejas los audífonos del Ipod y me enderecé para contestar la llamada.
-¿Raquel?-murmuró el interlocutor. Al instante reconocí la voz de Kimberly Johnson, mi mejor amiga.
-Afirmativo águila blanca-contesté como si fuéramos miembros de algún escuadrón de espionaje.
-¿águila blanca?-Kim dejó escapar un sonido burlón.
-Tú eres la que susurra como si fuera parte del servicio secreto…
-Es que no quiero que mi mamá escuche-Hubo silencio y el rechinido de una puerta al cerrarse,supuseque Kim se había encerrado en el baño para evitar oídos curiosos.- Necesito pedirte un favor.
-¿Qué pasa?- comencé a juguetearme mi cabello castaño con los dedos.
-¿Puedes venir esta noche a la feria conmigo y Giovanna?- preguntó Kim, suplicante.
-Emmm… ¿quién es Giovanna?- dije luego de cinco segundos intentando estrujarme del cerebro el rostro de alguien con ese nombre.
-Es mi prima.-¡Giovanna! ¿Cómo había podido olvidarme de ella luego de que Kim pasó semanas enteras quejándose de sus últimas vacaciones familiares?
-Creo que ya recordé… ¿La qué es tan divertida como el documental sobre el apareamiento de las lagartijas que vimos en clase de biología?-Kim rió forzosamente.
-Aja…
- Kim rió entre dientes recordando que meses atrás ella había hecho esa comparación- mi madre me está obligando a llevarla hoy a la feria
-¿Por qué no simplemente le dijiste que no querías ir con ella?
-Lo hice y me grito que era mi responsabilidad con la familia mientras agitaba una espátula amenazadoramente…-Kim siguió hablando pero yo había desviado mi atención hacia unas palmeras. Sin los audífonos, ahora si había podido escuchar con claridad como unos pies trituraban algunas ramas.
-¿Raquel sigues ahí?
-Si-contesté aún sin despegar los ojos de las palmeras- Kim tengo que colgar pero te prometo que iré a la feria.
-¡Gracias!, me has salvado- me imaginé a Kim dando saltitos ridículos en el baño y una sonrisa burlona se dibujó un mi rostro.
-Ok, nos vemos en la noche- colgué y sutilmente agarré una piedra diminuta de la arena. Me levanté de la toalla, caminé en dirección a las palmeras y lancé la piedra con todas mis fuerzas, justo donde había escuchado aquel crujido.
Una voz soltó un quejido y un par de maldiciones. Detrás de las palmas salió un chico muy guapo de piel tostada, se tallaba el brazo justo donde había recibido el golpe.
A pesar de haber sido descubiertono se veía avergonzado, en realidad parecía encontrar la situación bastante cómica. Se pasó la mano por el cabello dorado desordenándolo aún más y me dedicó una sonrisa de falsa inocencia
-¿No te han dicho que es de mala educación espiar a la gente?-crucé los brazos y le lancé una mirada desaprobatoria.
-Tampoco es muy educado tirar piedras a los transeúntes -el niño caminó hasta quedar frente a frente conmigo. Lo miré a los ojos, eran como oro líquido, podía ver reflejados en ellos mis pestañas largas, mi nariz respingada con algunas pecas, mis ojos azules…
Me ruboricé al recordar que sólo vestía una bikini
-Deja de mirarme así- repliqué
-¿cómo así?-preguntó confundido
-¡Olvídalo!- agarré una blusa morada con rayas horizontales que estaba hecha un bollo y me la puse encima mientras murmuraba algo sobre los pervertidos. Eso pareció causarle gracia al chico.
-Me llamo Fernando-volvió a sonreírme -¿y cuál es tu nombre señorita Malhumorada?- lo miré con una expresión retadora.
-No estaría malhumorada si tú no me hubieras espiado.
-Tal vez, pero tú me lanzaste una roca y no me he quejado- Fernando se acercó a mí oído y dijo quedamente- pero si tanto te molestó discúlpame.
Le di un suave empujón para apartarlo unos metros de mí. ¿Quién se creía para aproximarse tan descaradamente?
-No eres de por aquí, ¿verdad?-pregunté intentando ser un poco cortes. Fernando no respondió. Se quedó observándome fijamente con una sonrisa divertida. Farfullé para mis adentros, no entendía que era lo que le causaba tanta gracia.
-¿qué pasa?- pregunté luego de un minuto de silencio en que ninguno despegaba los ojos del otro.
-No me has dicho tu nombre- contestó Fernando.
-Soy Raquel.-Me senté en la toalla y Fernando se acomodó a mi lado.
-¿Ahora Raquel podrías decirme qué haces por estos rumbos?
-Lo mismo que tú… espiar a niñas inocentes-dije mordazmente aunque sonriendo
-Ya… pensé que habíamos superado esa etapa-Fernando hizo un gesto dramático, fingiendo estar ofendido. Yo reí.-Y francamente no creo que estés haciendo lo mismo que yo.
-¿ah, no? - cuestioné
-Vine con mi abuelo y mi primo a buscar a una persona.
-¿a quién?
-No lo sé- Puse una expresión confusa en mi rostro y Fernando rió.
-No entiendo, ¿cómo pretendes encontrar a alguien que no conoces?
-E ahí el dilema-Fernando se incorporó y se sacudió la arena del cuerpo. Yo me cubrí los ojos para evitar que se colara algún grano.
-¿ya te vas?
-Sí, tengo que continuar con la búsqueda. Además-agregó sonriendo burlonamente-no es bueno que una señorita como tú esté con pervertidos como yo.
Le sonreí. A pesar de ser un confianzudo me había caído bien.
-Nos veremos esta noche-susurró Fernando y se alejó corriendo dejándome completamente desconcertada.
-…
Kim y Giovanna estaban sentadas en una banca en medio del gentío de la feria, ambas con cara de pocos amigos y sin muchos ánimos de hablarse.Cualquiera se quedaría perplejo al descubrir que ambas niñas eran primas. La primera parecía una muñeca de porcelana, era pequeña y menudita, su cabello castaño claro le llegaba arriba de los hombros. El vestido sencillo que traía la hacía lucir aún más encantadora.
Giovanna, en cambio, tenía un cabello pajizo, parecía que había intentado aprisionarlo en una trenza pero seguía escapando, rebelde, hacia todas direcciones, se veía seco y sin gracia. Unos lentes de botella le tapaban la mitad del rostro larguirucho. Frunció los labios y dijo en tono desdeñoso.
-¿tú amiga no debería llegar ya?
-¡ahí está!-Kim se levantó de golpe y corrió para abrazarme -iba a dejar que me aplastaran los carritos chocones si tardabas otros cinco minutos- me murmuró al oído
Reí y me aproximé hacia donde estaba sentada Giovanna quien me dedicó una mueca despectiva.
-Giovanna ella es Raquel-Kim se acercó para hacer las presentaciones.
-Pensamos que no llegarías -habló en un tono mordaz- ¿Podemos ir a comer? Me muero de hambre.
-Quedamos en que iríamos a la pizzería al rato-dijo Kim molesta. Yo, intentando conciliar la situación, sugerí.
-Vi un puesto de churros, si tienes hambre podemos ir a que compres unos.
A lado de la rueda de la fortuna encontramos un puestecito destartalado que atendía un señor bigotón que no parecía hablar mucho.
Pagamos los churros y Giovanna los devoró sin piedad ni miramientos triturándolos bestialmente con sus dientes.
Mientras Giovanna comía Yo centré mi atención en un juego. Se llamaba"el remolino" según decía una placa oxidada. El juego consistía en sentarse en una especie de taza con techo que estaba diseñada para rotar sobre su propio eje al mismo tiempo que giraba en una plataforma circular junto con las otras tazas.
-Subámonos-propuse, Kim estaba de acuerdo pero Giovanna miró "el remolino" con pavor como si se tratara de una nave alienígena. Yo insistí y Kim, con una sonrisa maliciosa, llevo a rastras a su prima hacia la caja de tickets.
-Giovanna no exageres, será divertido-Dije luego de que las tres nos sentáramos en una de las tazas giratorias. Giovanna gruñó.
El juego empezó lento pero Giovanna se aferró a su silla como si quisiera incrustar en ésta su trasero. Empezó a aumentar la velocidad hasta que todo adquirió el matiz de manchas difusas embarradas en el pavimento. Kim y yo reíamos y gritábamos "¡Más rápido!" Giovanna chillaba ¡Paren! Mientras pataleaba. El juego continuó…
Giovanna bajó los escalones, tambaleante, y se aferró a un poste, tenía el rostro pálido y sudoroso. Kim sintiéndose responsable del aspecto mal doliente de su primase acercó para preguntarle:
-¿estás bien?-Giovanna, con una expresión nauseabunda, le dedicó una mirada acusatoria a Kim.
Giovanna abrió la boca, quizás para decirle a Kim que un listado de insultos que ni ella se imaginaria o tal vez para informarle que estaría castigada un mes luego de que la acusara con su madre. No lo sabremos en realidad porque, antes de que Giovanna pudiera emitir un sonido, un chorro de vomito salió de su boca. Observé con asco los restos de churros que salpicabanla acera.
-Hay que llevarla a un baño-declaré. Kim sujetó a su prima del brazo y la arrastró hasta el baño más cercano, el de la pizzería.
Algunos miembros de la clientela hicieron un gesto de repulsión al ver la ropa pegajosa de Giovanna. Entramos corriendo al baño antes de que algún mesero nos vierao de que le diera otra arcada a Giovanna
Yo me quedé afuera del baño vigilando. Me jugueteaba el cabello con nerviosismo. La verdad me sentía culpable ya que yo había insistido en subirme a "El Remolino" y había propuesto comprar esos churros grasientos en aquel puesto de mala calaña. Mi mente siguió carcomiéndome la concienciahasta que alguien me sujetó la mano. Mis ojos azules se cruzaron con otros de color miel… como oro líquido.
No sé si el rumbo que lleva esta historia se definió en el momento en que conocí a Fernando o en el que nuestras miradas se encontraron en aquel establecimiento pero lo que sí sé es que el rumbo de esta historia no sería el mismo si no hubiera aceptado la mano de Fernando en esa noche de verano.
Abrí la boca pero de ella sólo salió aire. Fernando me sonrió de esa forma tan particular y sin previo aviso me jaló del brazo para salir de la pizzería y atravesar la calle.