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¿Qué es una mami, papá? — capítulo 4
Hola a todos, aquí vengo con un nuevo capi, espero que les guste**, muchísimas gracias por sus reviews, estoy por responder cada uno de ellos, pero, sinceramente, no tengo tiempo.**
Les explico a los que aún no entienden de qué se trata la historia. Draco tiene un bebé con Hermione, un varón al que de recién nacido, Narcisa, intercambia por otra bebé, que si bien no se sabe quién es su madre creo que es muy fácil de suponer. El bebé es cambiado para hacerlo pasar como hijo de la otra mujer y Draco, por razones que poco a poco irán descubriendo y que desde ya se pueden intuir.
La bebé que cae en manos de Hermione, inexplicablemente se parece a ella y no es su hija.
Draco tuvo una "aventura" con la madre de la niña.
Le dan el hijo de Draco a los elfos para que lo cuiden y luego le envían un mensaje a Draco diciendo que ya nació el pequeño.
Bueno aquí les va el capítulo.
"Podemos tener nada y a la vez sentir que lo tenemos todo, podemos soñar con cosas que jamás conseguiremos y dejar a un lado las que tenemos, podemos llevar a cabo mil y un intentos para conseguir lo que jamás necesitaremos y perder todo lo que tenemos a costa de ello.
La vida te presenta un millón de oportunidades para triunfar, para vencer los problemas, para salir victorioso en una u otra cosa, para vivir más allá de los límites y sentirte realmente importante, sentir tu gran valía. Muchas veces rechazamos esas oportunidades por considerarlas una insignificancia, muchas veces huimos de la felicidad en lugar de correr hacia ella, y todo por mera ambición. Queremos tener más… más y más… y no nos damos cuenta de todo lo que dejamos atrás… o nos damos cuenta demasiado tarde."
...
Ahí se encontraba, sola, en una habitación sumamente lujosa pero demasiado fría. Quien viera directamente a sus ojos conseguiría una vorágine de sensaciones que luchaban por dominar la razón de aquella mujer: dolor, frustración, soledad, nostalgia, ira… demasiada ira y un brillo de oscuridad que helaba la sangre hasta la hipotermia.
El frío de la habitación era lo que menos le importaba, encajaba perfectamente con su estado anímico. Su cuerpo dolía, pero ella no sentía ese dolor, no todo. Extrañaba sentirla, que se moviera dentro de ella, tenerla cerca… y… desgraciadamente, todo le recordaba que ella jamás estaría. Sus hinchados y adoloridos senos dejaban escapar pequeñas gotas de una sustancia blanquecina que eran para ella, solo para ella y por nada de este mundo podían pertenecer a nadie más.
Lo odió. Inmediatamente lo odió, porque cuando lo vio sintió que quería remplazar el lugar de ella. No podía tener un buen sentimiento hacia aquel pequeño individuo que lo único que había hecho era alejarla más de ella. No lo había matado con sus propias manos, no le había arrancado esos ojos grises porque lo necesitaba, porque necesitaba sus pequeños ojos, todos los necesitaban.
"¡Engendro endemoniado!" le había gritado en un impulso.
Frustración. Lágrimas de frustración carcomían sus ojos, pulverizaban su alma que ya no podía estar más fragmentada.
Jamás…
Ella ya no la vería…
Jamás le hablaría…
Jamás la oiría…
Jamás.
Y él no estaría ahí para brindarle consuelo ¡Nunca más! ¿Valía la pena todo lo que había hecho por lo que en ese momento consideraba una insignificancia? ¿De verdad todo valía la pena? ¿Acaso era tan importante el intercambio y la desaparición de él?
Además, el sacrificio aún no daba los resultados esperados; quizá todo lo que hizo iba a valer una mierda.
-¡NO! -Gritó con todas sus fuerzas-. Tiene que funcionar ¡Maldita sea! Tiene que funcionar. -Ya las lágrimas no encontraban ojos por donde salir. Tenía que funcionar, por algo el pequeño parecía su clon, por algo sus pequeños ojos grises le miraban con reclamo y súplica. Porque sabía que ella no era esa de la dulce voz y ansiada melodía que sus pequeños oídos querían volver a percibir.
¿Y por qué tomarlo a él para suplantar el lugar de ella? Porque él sí era de él… solo por esa razón.
Porque Draco Malfoy… sí era su padre.
...
Unos enormes ojos color azul lo miraban, no podía quitar la vista de ellos. Eran extremadamente raros y extrañamente atrayentes. Extrañamente. Scorpius estaba seguro que gran parte de su vida se la debería a ese raro ser de enormes ojos.
La habitación en la que estaban Scorpius y el elfo poseía toda clase de lujos, muchísimos juguetes, más de los que cualquier niño podría desear y que incentivaban la imaginación del pequeño, pero Scorpius no veía sus juguetes, veía a su elfo y de vez en cuando miraba las dos serpientes que se paseaban de un lado a otro por su cuna: la recorrían parsimoniosamente y con gran astucia y sigilo, y su color dorado le parecía simplemente hermoso. No eran las serpientes el único adorno que tenía su cuna pues, al frente se podían ver claramente las iniciales S.M.G.
Horas atrás el pequeño elfo, con ayuda de una vieja elfina, lo había alimentado, lavado y dormido con total delicadeza. Aún en el cuerpo del bebé había rastros de su reciente nacimiento: su piel aún mostraba rastros del Vérnix Caseoso, esa capa gris blanquecina que había protegido su piel cuando estaba expuesta al líquido amniótico, también en su ombligo tenía la huella de su otrora cordón umbilical, ese que un Draco demasiado nervioso había cortado con suma sutileza.
Los elfos habían hecho muy bien su trabajo, pero no podrían arrullarlo nunca como lo haría su madre. Siempre le faltaría algo y el pequeño aún no se adaptaba a su frío y nuevo entorno.
Un ruido alarmó a Krappie e instintivamente volteó hacia la puerta. Al cuarto ingresó una chica joven, de la misma edad de la madre del bebé. Tomó al niño con suavidad en sus brazos y le susurró:
-Papá acaba de llegar y necesita verte, pequeño ¡Papá va a estar contigo! -Se acercó al bebé al pecho en forma protectora y confirmó que todo estuviese bien con él. Afortunadamente, el elfo había hecho un buen trabajo, el niño se veía bien-. Retírate, Krappie. - ordenó, y el elfo desapareció de la habitación.
Mejoró la apariencia del bebé y salió del cuarto, dirigiéndose presurosa a la habitación de su hermana.
...
Minutos después de haber visto el mensaje, Draco se excusó con una Hermione que lo miraba con una rabia infinita, pues los niños habían nacido el mismo día ¿La había engañado tan vilmente? Se sentía realmente patética. Demasiado engañada, usada, manipulada ¿Eso era a lo que él llamaba amor?
Lloró. Nuevamente lloró por el engaño. Lo había hecho al principio, cuando se enteró del embarazo, y por más que Draco dijera que no recordaba nada de lo que había pasado aquel día en el que no había llegado, le dolió demasiado.
Andrómeda no sabía qué hacer. Le pidió que no llorara porque eso le hacía daño a la niña y en ese momento consiguió calmarse, ya que Draco le había pedido a una enfermera que entre todas las pociones de rutina, le diera una que la hiciera dormir un poco.
Ahora, Draco estaba sentado en una sala de la gran mansión, impaciente, inquieto y totalmente quebrantado por haber hecho llorar a Hermione nuevamente, por hacerla sufrir el día en que había nacido su hija. Por hacer sufrir a la mujer que amaba, sin imaginarse que en esa noche cerraría un trato que la perjudicaría de por vida. Sin saber que ya todo estaba planeado.
Sentado en frente de él estaba el señor Hyperion, quien le miraba serio. Muy serio. Era muy buen actor, tenía la desfachatez de parecer molesto, a pesar, de que casi todo había sido planeado por él.
-Es tu primogénito, y es un varón -dijo con una tranquilidad claramente fingida. Tenía las piernas cruzadas en una posición que develaba la más completa elegancia; su cabello cobrizo estaba al ras del cráneo, le gustaba llevarlo así. Su tono de voz era más agudo que el de un hombre promedio, pero su ceño fruncido y su fría mirada le multiplicaban la masculinidad que su voz le restaba-. Deberás hacerte cargo de él, además, el contrato lo dice claramente y repito, él sí es varón. -La sonrisa malvada de su boca llegó a sus ojos-. Tendrás que cumplir cada una de las normas, cada una…
Draco se tensó ante esto último, era verdad todo lo que había dicho el hombre. Hacía poco no le había preocupado tanto porque los mugglesle habían dicho que su hijo con Hermione sería un varón. Se arrepentía de no haber corroborado todo con un medimago, se arrepentía de no haber hecho las cosas bien desde el principio, pues así se hubiese ahorrado todos esos problemas.
Sólo tenía una oportunidad para salir bien librado de esto: que la prueba diera negativa, que el mocoso no fuera su hijo.
En cuanto se enteró que Hermione estaba embarazada, se sintió feliz; no sabía cómo expresar la inmensa alegría que tenía. Amo a su bebé con Hermione desde el principio.
Cuando se enteró que la otra estaba embarazada, sintió muchas cosas diferentes a la felicidad. Eso no estaba en sus planes y, sinceramente, no recordaba nada de lo que había pasado esa noche, esa tarde, ese día o… ¡lo que fuere!
Iba a responder lo dicho por el patriarca de la mansión cuando un ruido lo hizo desviar su mirada a las escaleras. Una mujer de cabello cobrizo venía bajando con un pequeño bulto que aferraba fuertemente a su pecho. Aún esperaba que fuera mentira todo lo del bebé, aún lo esperaba.
Ansiedad. Ansiedad por saber si ese niño de verdad era capaz de cambiar su futuro. Por saber si podía ser dichoso con su mujer y su hija sin ninguna sujeción.
-Muéstrale al niño. -Al oír eso quiso que ese pequeño no se pareciera en lo absoluto a él. O que fuera niña. No sabía que pensar y que esperar.
Lo vio y no pudo ordenar lo que sintió. Lo invadió un torrente de sensaciones de las cuales no podía decir cuál era la más fuerte. Esos pequeños ojitos lo miraban con esperanza, no podía negar que era su hijo, se le parecía demasiado.
Le entraron unas ganas de tomarlo en sus brazos y lo hizo. La sensación le pareció demasiado familiar y supo que haría todo por ese niño, su hijo. Recordó a su niña y a Hermione y se dio cuenta de que aunque sabía que era su hijo debía jugar su última carta.
-Necesito una prueba de paternidad.
La chica no podía creer lo que oía. El niño era idéntico a él y todavía tenía el descoco de pedir la bendita prueba.
-Tendrás tu prueba -dijo el hombre de la voz aguda-, pero desde ya te advierto…- El hombre no había dejado de notar los ojos de Draco al ver al pequeño- si te atreves a negar al pequeño, ésta será la última vez que lo veas. Así que grábate bien su cara en tu memoria, porque si te atreves a hacer algo para impedir las resoluciones… ya sabes.
Y Draco sabía que era verdad, solo quería ganar tiempo para intentar arreglar un poco las cosas con Hermione, para intentar ser el padre de su hija. De su amada hija…
Espero que les haya gustado el capítulo. Mil besos.
Vuelvo pronto.
Capi beteado por Soo_68... Mil gracias, Sofi.