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Historia 52831 — capítulo 21
III.
La tercera vez no se encontraron, él la buscó. La esperó a la salida de su clase, la classe D, con una sonrisa que le ocupaba media cara.
—Claire. — La llamó. Ella se giró, levantando una ceja, sorprendida de volver a verlo.
— ¿Siguiéndome, Gunn?— Gunn, parecido a pistola, a disparar. (Pum, la primera bala.)
—Casi— Respondió, con una sonrisa. —Me han dicho que eras buena en biologia. Y verás, yo soy un petardo.
—Vale. ¿Y?
—Podrías ayudarme… ¿Por favor?— Dijo, poniendo carita de perro apaleado.
Claire puso los ojos en blanco y luego sonrió. — Por un módico precio.
—Vamos…
—De acuerdo, pero solamente una clase. Ya está. Mañana, en mi habitación.
—Perfecto.
(No sé si te arrepentirás de esto, Claire. Quizás sí. Quizás lo cambie todo. No lo sé, quizás sea lo mejor.)
IV.
No sé muy bien cuando se acostumbraron. A estar juntos, digo. Cuando se acostumbraron el uno al otro. Cuando se convirtió en una rutina verle por los pasillos o que apareciera en su habitación con el libro de la Biología en la mano, una sonrisa enorme en la cara y el "Joder, no entiendo una puta mierda" en la boca.
Se pregunta cuándo los bufidos de Jake se convirtieron en algo normal y desde cuándo los "¿Qué coño es el reticlo endoplasmático?" le hacían reír. No sabe cuándo se acostumbró a repetir "Tenías razón, eres un petardo" (Y a los "Eh" de queja de Jake).
Y sobretodo le gustaría saber cuándo las risas y las carcajadas de Jake se empezaron a oír de forma regular en su habitación.
Pero lo que más le preocupa es saber exactamente cómo y cuándo se acostumbró a su risa. Eso lo cambió todo.
¡Eh, Claire! Esto no te había pasado nunca ¿Verdad? Acostumbrarse a la risa de alguien… Es raro para ti ¿Verdad? Pero no te preocupes demasiado, quizás sea normal (O quizás no.) Pero, por ahora, sólo sonríe ¿Vale? (Y haz enfadar un poco a Jake, vamos, sólo para divertirnos. Porqué, para qué negarlo, Jake es muy gracioso cuando se enfada)
(Lo sabes ¿Verdad?)
—Espero que sea verdad eso que eres bueno en química porqué, si no, lo tienes jodido.
— ¡Eh! Vamos, cómo te pasas, pajarito.
Apocalipsis y Revólver.
Supongo que a cualquier otro chico no le hubiera gustado que ella, una chica, lo salvara. Por muy a punto de morir que estuviera. (Aunque tuviera una pistola en la sien y supiera que la mano que la agarraba no dudaría en apretar el gatillo.)
Bah. Supongo que exagero. Nadie se quejaría si los salvaran cuando alguien los estuviera apuntando con una pistola ¿No?
Pero me imagino que a algún tío no le gustaría nada que una chica lo salvara cuando sólo estaba esposado en una tubería. Ya sabes, quizás se sentirían, no sé, menos masculinos.
Pero tenemos suerte. Nuestro protagonista no era así.
Cuando ella, Apocalipsis, abrió la puerta, Revólver sólo la miró y sonrió con esa sonrisa de chico malo, con el cigarrillo encendido todavía en la boca.
— Ya era hora, preciosa. — Dijo, levantando el brazo derecho, para enseñarle las esposas que lo mantenían sujeto a una vieja tubería.
—Joder, Revólver, patéate tú media ciudad para venir a salvarte el culo. —Se agachó a su lado, mientras miraba las esposas. Al cabo de un momento ya las había abierto.— Vaya mierda de esposas, Revólver, esas las podías abrir tú solo.
— Quizás. — Contestó él, levantándose del suelo, frotándose la muñeca, dónde las esposas le habían dejado algunos rasguños. —Pero ya sabes que me encanta que vengas a rescatarme, Apocalipsis.
Sí, Claire y Jake, otra vez. Y os prometo más, todavía. Y también Apocalipsis y Revólver. Como quiero a estos dos, de verdad. Están locos. Como cabras. Son de esos de vivir al máximo, robar un coche y hacer lo que les de la gana.
(Y, claro, así acaban. Rescatándose uno a otro de sótanos abandonados.)
(Me sorprende que aún no les hayan volado la cabeza de un disparo. Supongo que siempre se salvan el culo el uno al otro. Y tienen demasiada suerte.)