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Historia 52831 — capítulo 3
—Tienes el corazón salado— Dice, apoyado en la mesa, mirando hacia nadie sabe dónde.
—Especifica eso de salado— Contesta ella, casi sin inmutarse de esa confesión tan rara que él ha hecho, casi sin conocerse.
— Eres fría, no te sorprendes con nada, tratas bien a todo el mundo, pero no quieres a nadie (O esa es la impresión que das), vas con gente a los que consideras tus amigos pero no te veo hablar ni reír con ellos y, ahora que lo pienso, nunca te he visto reír.—Mueve un poco la cabeza, pero no cambia su posición, con los brazos apoyados en la mesa y la cabeza encima, mirando a un lado, sin mirarla a ella— Pero te preocupas por todos, aunque no muestres debilidad por nadie, ayudas siempre que puedes a los que se les dan mal las matemáticas y no soportas que se metan con nadie. Podrías ser la chica más popular pero este rollo no te va. — Le parece verle sonreír con esta afirmación— Tienes corazón, pero no es dulce, es salado. Eres bastante extraña. En el buen sentido, claro. — Sigue en la misma posición, sin moverse un milímetro.
Ella se remueve un poco en su asiento y mira hacia el techo, pero sigue con la misma expresión en su cara — ¿Y eso, a qué viene? ¿Por qué sabes tan bien como soy?
—Me fascinas— Baja un poco la cabeza, tapando una sonrisa que, todo y que él quiera ocultarla, consigue ver. El flequillo del pelo negro le tapa los ojos, y por eso no puede ver como brillan— Eres interesante.
—Gracias, supongo—
—De nada— Y, por primera vez en toda la conversación, gira la cara y la ve. Está sonriendo como nunca la había visto hacer. Y la primera sonrisa que ella regala es para él. Sonríe y, avergonzado, se rasca la nuca. Sí, es bastante —muy— interesante.