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El dulce sabor de la miel — capítulo 36
POV Jacob
-Jake tienes que comer - comento mi padre.
-No tengo hambre - susurre, no me pasaba nada.
-Llevas días apenas comiendo - replico Rachel - y se nota que no has dormido bien.
-¿Qué pasa? - mi padre me observaba seriamente.
-¿Tendría que pasar algo? - sin más, me encerré en mi recamara.
No quería escuchar reproches, sobre mi forma de comer o lo poco que había dormido, aunque estaba seguro que mis calificaciones iban a subir, ya que para mantener mi mente distraída de Amy, me había dedicado a estudiar, para pensar lo menos posible en ella.
Pero a la hora de dormir, volvía a tener su imagen en sueños, y por eso prefería no dormir, para no tener que pensar en ella, porque cada vez que lo hacía dolía más que la anterior, aunque no podía culparla que no hubiera regresado, pues quien había cometido el error había sido yo.
En mi buro estaba una fotografía donde solo estaba ella, se la había tomado un día que habíamos ido a la reserva, su cabello negro lo traía atado en una coleta alta, y esa sonrisa que me encantaba estaba presente, no había más que decir, solamente que se veía hermosa.
-Sé que cometí una estupidez, - le asegure a su fotografía - pero sé que tú lo vas a perdonar, porque a pesar de que no te merezco tú me amas.
Estaba seguro de que ella me amaba, y por esa razón iba a perdonar mi enorme error, porque solo Amy podía tener tan buen corazón, que daba segundas oportunidades, aunque a Evanson no se la hubiera dado, sabía que lo que sentía por mí, era mucho más fuerte e iba regresar.
Solo esperaba que fuera pronto, porque me estaba volviendo loco, sin poder besarla, sin poder sentir su piel, y sobre todo sin hacerle el amor, sentía que en cualquier momento iría a buscarla y sin importarme nada, la besaría, porque mis labios ya suplicaban por los suyos.
-Jackie
- esa voz fue de mi hermana, pero ni siquiera la mire - es bueno hablar, recuerda que mamá decía, que era el desahogo del corazón, solo las palabras logran sanar las heridas del alma.
-En ocasiones, pienso que es lo que vio Amy en mí - susurre - después de todo, no tengo dinero, no soy elegante, suelo mentirle, en ocasiones llego a ser un poco agresivo y celoso, bueno esto último lo soy aun más, pero ella lo soporta con una sonrisa, varias veces he descargado contra ella mi enojo, y solo guarda silencio, esperando a que acabe.
<< En ocasiones, pienso que la violo - mi hermana quiso decir algo, pero no la deje - cuando los celos me ganan, la beso sin contemplaciones, y terminamos en la cama, en esos momentos no me interesa si ella lo quiere o no, solo quiero saber que ella es mía, pero en cuanto pasa la nube de celos y placer, Amy me abraza y me sonríe con tanto amor, que me hace sentir miserable, pero siempre sabe cómo hacerme sentir bien.
-Y la engañaste, - fue su sencilla respuesta, no dije nada - no voy a venirte a dar un discurso, de lo idiota que fuiste; pero entiendo a Amy, después de todo, he vivido lo mismo con Paul - ante aquello arrugue la nariz - no hagas esa cara. Es cierto que es un idiota celoso, que al igual que a ti lo ciega, es verdad que no se disfruta mucho, pero que cuando vemos en su mirada el arrepentimiento, el mal momento que nos hicieron pasar se olvida.
<< Porque Amy y yo tenemos el mismo problema, los amamos más que a nosotras mismas, y eso suele doler y más cuando ustedes par de idiotas no lo ven, - soltó un suspiro - somos capaces de todo por la persona que amamos, y si quieres que ella vuelva, tienes que demostrarle que tú también eres capaz de todo por ella.
Después de decir eso salió de mi habitación, en verdad las palabras de Rach me habían dejado pensativo, enserio que no merecía a Amy, era un maldito que no se merecía a alguien tan maravillosacomo era mi ojiazul.
Me recosté en la cama, sin soltar el marco en donde estaba su fotografía, creo que debía darle su libertad, ella merecía a alguien mejor que yo, mucho mejor. Enseguida me quede dormido, después de todo llevaba días sin dormir bien.
No sé cuánto tiempo llevaba durmiendo, pero escuche el sonido de mi móvil, me estiré para tomarlo del buro, quien se hubiera atrevido a interrumpir mi sueño.
-¿Diga?
- mi voz sonó ronca.
-Jake, - ante aquella voz, olvide mi enojo - ya no puedo.
-Preciosa
- me levante de un brinco de la cama.
-Extrañaba que me llamarás así,
- me imagine que había sonreído - te amo, lobito y por más que intente separarme de ti, no puedo, porque siento que el corazón se me desgarra.
-¿Dónde estás? - pregunte en voz baja.
-En tu casa - algo me decía que estaba llorando.
-¿Enserio?
- no podía creer que estuviera aquí, y menos a las tres de la mañana.
-Quiero estar contigo - fue su sencilla respuesta.
-¿Estuviste bebiendo? - pero en ese momento cortó la llamada.
Cruce en dos zancadas el pasillo para llegar a la puerta, y frente a mí estaba Amy, llevaba un vestido café que llegaba unos cinco dedos arriba de la rodilla, su cabello corto eso en verdad me sorprendió, pero lo traía ligeramente rizado, y a pesar de los zapatos de tacón le sacaba unos diez centímetros.
-Bonita
- levante su barbilla, para verla a los ojos, y como supuse los tenía rojos - no llores, odio que lo hagas y más si yo soy el culpable.
-Soy demasiado débil - susurro - y es por eso que estoy aquí, porque lo intente, pero no puedo seguir sin ti.
-Hueles a alcohol - acaricie su mejilla
-Salí con las chicas - su voz se escuchaba chillona.
-¿Cuánto bebiste? - cuestione con una ceja elevada.
-No las suficientes, para olvidarme de ti - susurro, enrollando sus brazos alrededor de mi cuello - te necesito, quiero sentirte dentro, quiero que seamos uno.
-No así - murmure, acariciando su mejilla - no quiero tenerte, mientras estés ebria.
-¿Por qué no hiciste lo mismo con ella? - ante su voz temblorosa, sentí un nudo en la garganta - ¿Por qué a mí, si puedes rechazarme y a ella no?
-Te estoy deseando, como no tienes idea - le susurre al oído - pero no quiero, que esto solo lo disfrute yo.
-Vete al diablo, - se separo de mí furiosa - estaba dispuesta a regresar contigo, pero veo que no te excito tanto como Leah.
-No es eso - trate de acercarme, pero ella se alejo - no…
-Pero no te necesito, - me miró con irritación - porque cualquiera aceptaría estar conmigo, y otro puede complacerme.
-No digas tonterías - sentía como la sangre comenzaba a hervirme.
-¿Quieres verlo? - me reto, ante aquello solo pude gruñir.
Y en ese momento como si todo estuviera en mi contra, venía pasando un hombre, que sin previo aviso Amy lo beso, pero eso no fue lo peor, sino que ese bastardo, llevo sus manos al trasero de mi novia, no podía creer que estuviera haciendo eso.
-Quítale las manos de encima - de un jalón la separe de ese imbécil, que reconocí como el idiota de Alec.
-Ella se me ofreció - ante aquello le solté un puñetazo.
-Y mejor lárgate antes de que te mate - mi mandíbula estaba bastante apretada, que no sé como salieron las palabras.
No tuve que repetirlo, antes de que echara a correr hacia su casa, en ese momento me gire hacia ella, que ni siquiera parecía avergonzada, de hecho parecía que era normal.
-Fue un simple beso - elevo los hombros.
-¿Desde cuándo eres una puta? - ante aquello sonrió, mientras yo apretaba los puños, para no golpearla.
-¿Una puta? - repitió - es un poco agresiva esa palabra, pero pensé que así te gustaban.
-Si quieres ser una puta, te voy a tratar como tal - ante aquello la cargue.
Sin miramientos comencé, acariciar sus piernas, de manera bastante agresiva, en ese momento no estaba Jacob Black, en ese momento estaba la bestia de los celos, que se iba a cobrar la humillación, que le acaba de hacer pasar.
-Me lastimas - susurro.
-No sé porque te quejas - mordí su cuello, haciendo que gritará por el dolor - si así te gusta, ser tratada como una perra.
POV Amy
Me dolía horrible la cabeza, pero no solo eso, de hecho me dolía todo el cuerpo, era como si un tractor me hubiera pasado encima, abrí los ojos y no estaba en mi habitación, aunque conocía esa recamara y más cuando vi la fotografía del equipo de Lobos.
-No puede ser - me incorpore en la cama.
Esto debía ser un mal sueño, aunque el dolor era demasiado real, fije mi vista en mis brazos y note varios moretones y marcas de dientes, observe la habitación y mi ropa estaba esparcida por todo el lugar.
-Eres una idiota - me espete, mientras me incorporaba para tomar mi ropa.
Estaba sola en la habitación, tenía un dolor horrible en el vientre y en mi zona más intima, me costaba un poco caminar, pero como pude tome mi ropa y me vestí, esperando que no llegará.
En ese momento odiaba el alcohol, porque no recordaba nada de la noche anterior, pero por el dolor, parecía que se había enojado y mucho más de lo que recordaba, pues jamás me había dejado tan adolorida como ese día.
-Hola
- en ese momento me estaba colocando el sostén, eso quería decir que solo estaba en ropa interior, levante la mirada y llevaba una charola - pensé, que querrías desayunar - en su mirada negra había culpabilidad, como siempre, que me lastimaba.
-No puedo, - respondí terminando de vestirme - alguien me espera para eso.
-¿Vas a seguir mintiendo, con que hay alguien más? - su cuerpo ocupaba toda la puerta.
-No te estoy mintiendo, - mi voz fue suave, pues no deseaba que se enojará - lo nuestro ya termino.
-Eso no pensabas anoche - dejo la bandeja en su escritorio.
-Por como estoy, agradece que no te denuncie por violación - le espete.
-Acepto que fui bastante violento, pero en toda la noche, no dejaste de gemir mi nombre
- me acaricio la mejilla.
-Estaba ebria, - replique - ni siquiera recuerdo como llegue, no sé qué paso anoche, y por lo adolorida que estoy, agradezco no hacerlo.
-¿Dime que no me amas? - sus ojos se clavaron en los míos, y su aliento golpeaba mi nariz - y entonces si no me amas, me haré a un lado.
-¿Cómo voy a dejar de amarte en unos días? - me costaba respirar.
-Entonces, deja de hacer esta agonía más grande para ti y para mí - con el dedo medio delineo mi labio inferior, ocasionando un escalofrío - dame otra oportunidad, y prometo que haré hasta lo imposible, para hacerte ver que te amo, más que cualquier cosa.
Esto de sentir su cálido aliento no me dejaba pensar, sin más cerré los ojos y en menos de lo que pensé sus labios, ya estrujaban los míos, enserio que era su muñeca, no importaba cuanto pasará, siempre iba a terminar a sus pies.
Capitulo dedicado a:
nessicullen