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Historia 52873 — capítulo 1

Saga de Conocimiento

Capítulo 1. ¡Conocéme!

La vida fluye como lo hace el agua. No la puedes contener ni evitar que se desborde. La gente cambia, así como las corrientes, toma nuevos rumbos y se enfrenta a nuevos problemas. Se enfrenta a cambios nuevos, a situaciones extremas…

Así como el agua que es liquida, la vida humana se transforma en solida o gaseosa para volver a ser liquida al final. Y es por eso, que el agua es fuente de vida, pero también un lugar donde la gente puede morir. Las cosas no son siempre lo que parecen y las apariencias engañan, así mismo ocurre en el agua que luce calmada, pero por dentro puede ser turbulenta y asfixiante.

Pero yo no vengo a hablarles acerca del agua e ilustrarlos con metáforas respecto a esta. Yo quiero mostrarles, una vida, un hilo en el tapete. Un hilo de tantas tonalidades que asombra a los que la rodean. Una vida que cambió muchas otras gracias a su forma de ver las cosas; una vida nunca antes vista y que sólo aparece una vez cada cierto tiempo. Y para ello les contare su historia.

Nuestra historia comienza en un partido de Voleibol femenil, librado en las canchas de Ciudad Universitaria. Este partido sería el decisivo para saber si el Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Sur, lograba pasar a las semifinales contra el Colegio Vallejo.

Las gradas se encontraban llenas de alumnos, padres, hermanos, tíos y demás familias. Inclusive los universitarios que habían aprovechado alguna clase libre para observar el disputado partido. En toda la zona se escuchaban los gritos de ánimo por parte de las porras y los padres entusiasmados por ver a sus hijas compitiendo. Aunque claro, nunca faltaba el grosero que se atrevía a propuestas indecorosas y a las madres que sujetaban y clamaban a sus maridos e hijos. Entre estas personas, se encontraban dos chicos. Ambos eran altos y delgados y bastante parecidos entre sí. Excepto por el color de cabello y la forma de sus rostros. El más pequeño soltaba gritos de admiración cada que una chica castaña remataba a las oponentes, mientras que el más grande observaba aburrido el partido, sin ningún interés en particular.

—Marco, ¿verdad que Val es genial? —un chico de cabellos castaño claro, observaba la cancha de Voleibol, siguiendo los pasos de la chica de cabello castaño oscuro.

— ¿Genial? ¡Bah! Val a duras penas logro llegar hasta acá —soltó el mayor, recargado con pereza en las gradas.

—Marco eres cruel con Val —el pequeño le recriminó y suspiró—. Sabes lo difícil que fue el torneo para ella, además de que ahora no tiene cambios y ella se ha jugado los treinta minutos de corrido —Marco suspiro y miró a su hermano menor, revolviéndole el pelo.

—A que sí, a que sí —le sonrió y miró con mayor atención el duelo—. Aunque me sorprende, cuando entrenaba conmigo no aguantaba ni veinte minutos y ya pedía esquina —el pequeño asintió recordando las largas sesiones de entrenamiento que solían tener sus hermanos mayores. A veces eran tan agotadoras que su hermana solía pasar horas y horas descansando.

Ambos siguieron observando el reñido partido, hasta que el árbitro toco el silbato, dando por finalizado el encuentro. El niño de cabello castaño claro saltó completamente feliz y bajo corriendo las gradas, para alcanzar a la castaña que sonreía de puro placer y tomaba agua. Marco se levantó y con pasó cansino lo siguió, a pesar de su expresión perezosa estaba realmente contento de la victoria de su hermana.

— ¡Val, Val! —el chico corrió en dirección a su hermana y la tacleo, provocando que la chica se golpeara en el suelo.

— ¡Camillo! ¡Che bastardo! —La castaña le dio un golpe en la cabeza, para quitárselo de encima— ¡No llegues así de pronto! Te pasas, Camillo.

—Perdono sorella, pero es que has ganado —el chico seguía sonriendo. Se quitó de encima de su hermana y la ayudo a levantarse. A Valentina le molestaba tener que mirar a su hermano más pequeño, ya que este le ganaba por unos diez centímetros. Suspiró y le regresó la sonrisa.

—Aja, hemos ganado, pero el próximo partido estará reñido —se rasco la nuca y pronto tuvo que alzar aún más la vista por la llegada de su hermano mayor—. Milagro que vienes a ver mis partidos, Marco.

—Qué va, Camillo me obligo a venir además de que mamá y papá no tenían tiempo para venir —Valentina asintió, agradeciendo el gesto de su hermano. Vladimiro Romano trabajaba como médico forense. Su padre era el Jefe del departamento de Forenses; mientras que su madre era ama de casa, Aroa Romano era su nombre. Eran raras las veces en que su padre tenía mucho trabajo, o que su madre no podía asistir a algún evento de sus hijos, pero sucedía que había mucho trabajo o deberes en casa.

Su madre era alemana, y su padre era italiano. Ambos se habían conocido por motivos extraños que sus hijos jamás habían comprendido, pero aquello no les era muy importante. Se habían casado después de tres años de noviazgo (y uno que otro lío), y al poco tiempo había nacido su primer hijo: Marco. Dejaron pasar cuatro años para que naciera Valentina y dos años para que naciera el último: Camillo. A pesar de su trabajo siempre podían disfrutar de estar juntos durante casi toda la semana, lo cual les daba mucha libertad a sus tres hijos.

—Por cierto, Marco —Valentina se rascó la nuca una vez más—, me voy a ir con mi equipo al colegio, ¿te llevas a Camillo? Los veo en la casa temprano. Total, sólo me quedo hasta las tres y llego a casa.

—Oh, vale vale —el chico agarro de la parte de atrás del cuello de la camisa de su hermano y se lo llevó, casi a rastras, ante la mirada atónita de Valentina y los gritos de Camillo, despidiéndose de ella con su común sonrisa. La chica suspiró, mientras decía mentalmente: "Estos chicos, nunca cambiaran che fastidio". Se dio la media vuelta y justo en ese instante, sintió un par de brazos asfixiantes rodearle el cuello. Estuvo a punto de gritarle pero se contuvo al oír el común grito de:

— ¡Val! ¡Qué mona te ves enojada! —la castaña hizo a un lado a su compañera de cabello negro con un gesto algo incomodo.

—No hagas eso Alyén, es molesto —Valentina observo a su compañera que le sonreía con tranquilidad. Alyén era alta, y relativamente delgada. No pertenecía al equipo de Voleibol, por lo tanto su aspecto no era deportivo. El rostro de la chica asemejaba al de un huevo. Siempre llevaba su cabello suelto y usaba fleco para cubrir su larga frente.

—Es que te ves tan guapa cuando te enojas con tus hermanos —Alyén se acerco de nueva cuenta a Valentina, mientras se hacía a un lado el fleco para poder ver bien a su amiga—. ¿Y qué te dijo Marco? Déjame adivinar, muy probablemente puso su cara de amargado y te felicito, ¿no?

—Joder —Val miro el techo que les cubría y dijo: — Ya sabes lo inexpresivo que es Marco, el único que me felicitó fue Camillo, como siempre — Alyén hizo un gesto extraño con la boca y Valentina volvió a hablar— Por cierto, ¿dónde están las demás? Me sorprende que no me hubieran atacado hasta ahora.

—Ay Val, siempre tan graciosa —Alyén se empezó areír y dijo con tranquilidad: —Todas se están cambiando en los vestidores, tú deberías hacer lo mismo, además de que Ernesto, Víctor y Jorge nos esperan para ir a comer.

— ¡Ah! ¡Es cierto! —asintió y se apresuró a ir por su mochila, seguida por la mirada de su compañera, que parecía muy acostumbrada a la mala memoria de la castaña. Valentina se dirigió a los vestidores de mujeres, sin voltear a ver atrás, donde entre los palcos, un joven de cabellos rubios platinados la observaba.

Al abrir la puerta pudo oír las risas de sus compañeras de equipo y el caer del agua de las regaderas. Muy probablemente algunas de sus compañeras se estarían dando una ducha, para quitar el sudor y el cansancio del reñido partido. Soltó un largo suspiró y se apresuró a llegar al área de regaderas, para desvestirse y darse una ducha rápida. Mientras lo hacía procuraba mirar a todas partes. Conocía a su amiga Alyén la cual era un poco… extraña. Gustaba de acosarla bastante y cada que podía le decía lo mona que se veía y siempre le soltaba piropos y… al final Alyén terminaba con varios golpes en la cabeza por parte de la castaña. Mientras terminaba de quitarse la blusa, el cordón que sujetaba un cuarzo violeta que colgaba de su cuello se rompió, provocando que este cayera al suelo. Valentina terminó de quitarse la blusa y tomo el collar entre sus manos.

—Maldición, se ha vuelto a romper —murmuró mientras le hacía un nudo y lo volvía a colocar en su cuello—. Le diré a la nonna que me dé una cadena o algo que dure más que simples cordones —. Termino de hacer el nudo y se deshizo del resto de su ropa, para al fin entrar a la regadera.

Valentina siempre tenía que cargar con uno o dos cuarzos de repuesto en su mochila, pero jamás con un repuesto para la cinta que empleaba para sujetarlos. El motivo era que desde muy pequeña, su abuela les había dicho a sus padres que ella tenía algo extraño y relacionado con los espíritus y que para evitar cualquier accidente, sería conveniente que Valentina usara cuarzos. A partir de ese día ella siempre había usado uno y cuando ocurría que estos se quebraban, tenía que ponerse el repuesto rápidamente. Jamás se había detenido a pensar en qué pasaría si no usara los cuarzos durante un largo rato, pero podía asegurar que no era nada bueno y que por eso su abuela insistía tanto en que los usara.

Una vez terminó de ducharse salió y se encontró con dos de sus mejores amigas. Parecían discutir sobre algo sin sentido, como siempre. La más alta argumentaba haber tenido la razón respecto a una apuesta o quizá un chico, mientras que la más bajita soltaba oraciones incoherentes relacionadas a la apuesta o chico. Mientras ambas discutían, Valentina comenzaba a vestirse y cuando fin terminó, se acerco a ellas y les dio un golpe en la cabeza.

— ¡Val! ¿Por qué hiciste eso? —le gritaron las chicas, mientras se sobaban el golpe que les acababan de propinar. Valentina tan sólo rodó los ojos y colocó sus manos en su cintura, dándose aires elegantes.

—Son muy ruidosas, siempre discuten —levantó una ceja y sonrió—. Además aún no me han felicitado por haberles ayudado a ganar —las dos amigas se miraron y se empezaron a reír abrazando a su compañera de equipo, la cual murmuraba cosas como: "¡Contacto humano!" ó "Aléjense de mí, molto amore per me", a lo cual las chicas hacían oídos sordos y seguían llenándola de abrazos, de esos que tanto incomodaban a la castaña. Al final, las tres chicas tomaron sus mochilas y entre cotilleos sobre el partido, se dirigieron a la salida, donde el resto de sus amigos las esperaban.

Alyén parecía muy entretenida jugando con unos palillos chinos, mientras dos chicos discutían de varias cosas, y cesaron al ver a Carolina, Débora y Valentina salir. Uno de los chicos era regordete y de piel bastante morena, usaba una gorra roja y parecía muy entretenido con su conversación con el otro, que era más delgado y tenía cierto aspecto de galán.

— ¡Al fin salen! —Gritó Víctor, el cual parecía sacado de telenovela, dando grande zancadas hacía sus amigas—. Se tardaron un siglo y medio, Ernesto ya estaba al borde del colapso —señaló al chico más alto del grupo, que miraba con solemnidad los árboles que crecían a los alrededores, ajeno a la discusión, a lo que el resto negó con la cabeza. Ernesto era muy alto, su semblante se mantenía serio y calmado. A pesar de su altura y aspecto, era un chico sencillo que le agradaban las cosas pequeñas y tiernas.

—Ya, ya que tampoco es para tanto Vic —Carolina, una de las chicas que estaba con Val le despeinó el cabello al muchacho—Además de que aún tenemos tiempo como para ir a comer.

— ¿Ustedes creen? —Débora consulto su reloj de mano, mientras Valentina buscaba algo en su mochila— Le prometimos a Gaby que estaríamos con ella en veinte minutos, ya saben cómo se pone de exigente si no llegamos, y más si la dejamos sola con Mía, todavía a Camila la aguanta un largo rato pero a Mía… —a los presentes les recorrió un escalofrió al recordar el mal genio que se desataba de su amiga cuando se quedaba a solas con la pelirroja mucho rato.

—Venga, hay que correr al Metro Bus y llegamos en menos de quince minutos a Peri Sur —Jorge pasó su mochila en su hombro y miro a los demás, que hicieron un gesto similar. Jorge era relativamente más pequeño que sus amigos varones, los cuales le rebasaban de sobre manera—. Por cierto, quede con Alejandro y con Choco de vernos en Peri Sur, ¿está bien?

— ¿Choco y Alejandro? —Alyén parecía disgustada por el hecho, pero tan sólo hizo un mohín—, dale que a nadie a matado que ellos vayan —los presentes emprendieron el camino hacia la parada del Metro Bus, pero Carolina se quedó atrás, esperando a Valentina.

— ¡Oye Vale, apúrate que no tenemos tiempo! —Carolina la apuró con la mirada mientras la chica se apuraba a buscar su cartera.

—Maledizione —maldijo la chica por lo bajo, hasta que encontró su cartera y saco su tarjeta—. Ya voy, si yo soy la que sabe más del mal genio de la Gaby.

Los seis se apresuraron a llegar al Metro Bus, el cual en menos de cuatro minutos los dejo en su destino. Los seis iban enfrascados en la decisión de que comerían, mientras se apresuraban a llegar al lugar donde se encontrarían con sus tres amigas. Al fin llegaron y a la primera en ver fue a Mía. ¿Razón? Su cabello pelirrojo llamaba la atención de cualquier persona, además de dos cosas particulares. La chica los reconoció al instante y comenzó a saltar, provocando que todos la vieran (en especial los hombres, excepto Ernesto, el cual no se daba por enterado).

— ¡Chicos! Que rápido llegaron —Mía se acercó al grupo y los hombres (excepto Ernesto), recobraron la compostura, mirando hacía otros lados. Las chicas estuvieron a punto de golpearlos a todos, pero se resistieron.

—Si bueno, la verdad es que nos demoramos por culpa de la Caro, la Debo y Val —las aludidas pusieron mala cara y buscaron a Gaby y Camila con la mirada. Al fin dieron con las dos que apenas venían llegando. Gabriela se arreglaba las gafas mientras Camila cargaba a su lado su siempre leal flauta. Carolina, Débora y Valentina les hicieron gestos con las manos para que se acercaran.

Camila era bajita (aún más que Val), y tenía cara de inocentona que no rompe un plato, pero tenía muy mal genio cuando la retaban. Su cabello era corto hasta por debajo de los hombros y tenía pecas en la cara. Mientras que Gaby tenía un aspecto un poco más rudo. Se veía femenina y todo, pero tenía alguna especie de aura maligna alrededor que provocaba en sus compañeros un temor inmenso. Era la mejor amiga de Valentina, ya que se habían conocido de muy pequeñas y casi siempre andaban juntas. Usaba gafas y al igual que Camila su cabello era corto, pero le llegaba hasta los hombros y era ondulado, pero se lo alaciaba cada mañana antes de ir al colegio o salir a cualquier lado. Pero aún quedaba esperar a Choco y Alejandro. Choco, o Juan Carlos, era un chico alto, de piel morena y cabello negro azabache chino peinado a lo afro. Siempre llevaba una sonrisa pintada en su rostro y solía hacer reír a todo el grupo con sus locuras y sus extrañas frases.

—Milagro que llegan temprano —soltó Gabriela una vez estuvo lo suficientemente cerca para ser escuchada sobre el ruido del centro comercial.

— ¡Pero qué dices Gaby! Yo siempre llegó temprano, y más si tengo que venir a verte —se quejó Val acomodando su mochila.

—No lo digo por ti, Val, lo digo por la Debo y la Caro —señaló a las dos chicas que charlaban tranquilamente con Camila, la cual presumía algo respecto a su flauta— ¿Qué tal les ha ido en el partido? —Gaby miró a Mía que se unía a la conversación de las chicas, junto con Alyén.

—Hemos ganado por una diferencia de dos tiros —Valentina también miraba a sus amigas—, hemos pasado con puntos muy bajos que tenemos que subir en las pruebas eliminatorias de esta semana.

— ¿Seguirás entrenando con Marco, verdad? —Gaby la miró directamente a los ojos, con toda la seriedad que ofrecía su mirada.

—Vaya que sí, è problematica pero no hay de otra —suspiró mirando a Gaby un tanto nerviosa— ¿A qué viene esa cara? ¿Te has peleado con Cami o qué?

—No, no —sonrió cambiando su mirada a una más tranquila—, es sólo que me alegra que hayas pasado a las finales, pero extrañó pasar tiempo contigo, Val.

—Haberlo dicho antes —se empezó a reír Val—, yo igual extrañó pasar tiempo de calidad contigo, pero es que el torneo me ha traído loca.

—A todas Val, a todas —concluyó la morena dando por terminada la conversación y adhiriéndose con tranquilidad a la charla de las chicas. A Val siempre le sorprendía ver esos extraños cambios que se daba su amiga, pero eso la volvía interesante y nada aburrida.

Pronto llegaron "Choco" y Alejandro, así que todos ya estaban juntos, así que las conversaciones se sintonizaron en la difícil decisión de dónde comer. Los hombres decían que McDonal's por económico, las chicas sugerían comida más llamativa. Llegó un momento en que se les dio la razón a las mujeres, pero cada una quería algo diferente por lo que se tuvo que recurrir a Ernesto "el mediador", que dio su voto a favor de Val y comer comida japonesa en un local cercano a la escuela.

— ¡Venga que al final les encantara! —dijo con mucho ánimo Mía, que secundaba a Val en el camino. Mía era muy sonriente y enérgica, y eso le provocaba varios dolores de cabeza a Valentina, pero aún así la quería bastante—. La vez que fui con Vale a comer ahí, la comida estaba muy barata y deliciosa ¡como un buffet! —Saltó y pego directo a la espalda de Val, provocándole un tropezón y caída majestuoso— ¿Oh? ¿Val, porqué estas ahí tirada en el suelo?

Todos se hicieron a un lado, con miedo y dejaron a Mía junto a la chica que estaba levantándose. Parecía desprender un aura maligna y cuando al fin estuvo de pie, se contuvo a soltarle insultos a la pelirroja por un motivo que desconocían los presentes.

—M-mía —murmuró tragándose la furia y limpiándosela tierra de la ropa— ¿Cuántas veces te he dicho que no saltes atrás de mi?

—Oh, esto… varias veces —la pelirroja se rascó la cabeza, nervios ay miro a su alrededor, en busca de ayuda—. Perdóname Vale, no volverle a saltar atrás de ti.

—Te perdono porque vengó de buen humor y me apura comer —todos dieron un suspiró de alivió y siguieron caminando hasta que Val se detuvo frente al local de comida japonesa—. Muy bien, ¡a comer!