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Muggles y Calderos — capítulo 2
Muggle dance:
Decidió que no se sulfuraría ante la nueva profesora de teoría muggle. Con una mirada segura, se dirigió a su clase de siempre. Esa tarde, doble tanda de pociones. Las cosas parecían estar bastante bien. Mientras no se cruzara con ella, lo demás no importaba.
Mientras estaba en su clase, y sus alumnos trabajaban, la misma música provenía de pisos más arriba. Soltó un quejido de frustración y con un gesto de asco, comenzó a subir las escaleras. ¡Era atorrante y no le permitía concentrarse! Además, los pies que zapateaban en el suelo, estaban mucho peor.
Sus estudiantes, salieron tras él. La algarabía era tal, que era imposible que se quedaran dentro del aula. Severus subió las escaleras y miró en dirección hacia el ruido. Los estudiantes de primer año de teoría muggle, parecían muy felices. Hacían una larga fila, siguiendo a Carmille. ¿Qué estaba pasando?
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¡Vamos, bailen, bailen...!- decía ella con jovialidad. Severus, sabía que algo estaba mal en la mujer. ¡Bailar!
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¿¡De qué se trata esto!- le gritó, ante el excesivo volúmen del aparato que estaba en el suelo. Sacó su varita y al apuntarlo, este enseguida soltó chispas y dejó de emitir ruido.
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¿Por qué has hecho eso?- le criticó Carmille de mala gana. ¡Estábamos oyéndola!
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¡Hogwarts no es un bazar. No está hecho para este tipo de escenitas!- dijo Snape con enojo- No está hecho, ¡Para bailar en el! ¡Está hecho, para estudiar! Y mucho menos; para usar esas cosas...
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¿Te asustan? Podría enseñarte a usarlas.
Severus negó con la cabeza y se imaginó que Dumbledore, no tenía más profesores para traer. Lo entendía así, puesto que ella era la peor mujer muggle sobre la tierra. Bueno, la peor mujer squib. Superando a Filch...
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Primero: No le he dado permiso, para que me tuteé. Y segundo: ¡No me interesa aprender nada acerca de ellas, son repulsivas!
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¡No son repulsivas!- le espetó ella de nuevo- ¡Tú, eres el necio que las cree repulsivas!- dijo y los estudiantes se taparon la boca. Se imaginaban la ira del profesor. Su ira interior- ¡Y deja de estarme mirando feo, que es de mala educación!
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Será mejor, que guarde silencio- Dijo, lo más centrado que pudo. La situación se ponía tensa. Harry, Ron y Hermione, lo sabían con mucha anticipación- Y será mejor también, que imparta sus clases como son. Bueno, todos los squibs son así. ¿Qué podríamos esperar de personas así?
Supieron, que se había pasado de la raya cuando la mirada de la mujer, cambió en un ínfimo segundo. El lápiz resbaló de su cabello perfectamente peinado y fue el único ruido que se escuchó. Severus, tenía una sonrisa de triunfo en sus labios. Ella le miró de mala gana y de pronto, le había pisado. Severus alzó el pie adolorido y ella, se dio la media vuelta con el rostro crispado en enojo. Su largo cabello negro y brillante, ondeó tras ella. Sus estudiantes se quedaron en el mismo sitio. ¿Qué hacían?
- ¡Vámonos, chicos! ¡Haremos algo de yoga en el jardín!
Los estudiantes asentían y caminaban tras ella. Severus permaneció mirándola, mientras los demás trataban de entender lo que había sucedido. El hombre, se giraba con mucha lentitud.
- Ni una sola palabra o juro, que jamás entrarán a mi clase de nuevo...
Los chicos asintieron y las clases terminaban de la misma forma que comenzaban. Mientras caminaba hacia el almuerzo, Severus, observaba como Carmille y sus estudiantes hacían yoga en el patio. No sabía que era eso, pero eran posiciones bastante extrañas. Era muy elástica, al parecer.
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¿Y Carmille?- preguntó Albus y él, no dijo nada- Filch dijo, que ella no vendría al almuerzo. Dijo, que se sentía mal.
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Ha de ser, por esas locuras muggles que estuvo haciendo.
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Filch especificó, que había estado triste. Casi no le había visto por los pasillos. ¿Sabes por qué, Severus?
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¿Tengo que enterarme de todo?
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No lo sé...
Mientras almorzaban, alguien entraba en el comedor. Tenía su cabello negro, amarrado en una larga coleta. Utilizaba una túnica de diario, muy brillante. Aretes con formas de estrellas y unos lentes oscuros sobre su cabeza. Severus veía al circo ambulante, mientras entraba.
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¡Oh, Carmille!- dijo Albus- ¡Creí que no volverías sino hasta la cena!
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Estaba ocupada- respondió ella en voz baja, sentándose junto a Snape. Severus apenas la miró de reojo y continuó con sus asuntos.
A mitad de la cena, se percató de que la joven no estaba comiendo y que solo, jugaba con el tenedor en su plato. Lo dejó en el mismo y comenzó a caminar hacia la salida. ¡Qué infantil era, si la había lastimado con su comentario!
- ¡Profesora Carmille, profesora Carmille!- chillaba una jovencita de Ravenclaw- ¡Siéntese con nosotras y háblenos más del maquillaje!
Carmille asintió con una sonrisa contrahecha y, se sentó con ellas. Severus se la imaginaba. Señorita popularidad, con miles de taradas encima de ella. Bien, no se acostumbraría a ello. Dumbledore sonreía como siempre.
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Se ha integrado muy bien a sus estudiantes.
-
Por supuesto- le desafió Snape.
Al salir del almuerzo, Carmille y él estaban en el mismo pasillo. Aquella mujer, parecía pálida, preocupada. Bien, no tenía importancia. Estaba sentada en un banquillo, muy pronto. Se echaría a llorar en cualquier momento seguramente.
Se detuvo a mirarla, mientras lloraba. ¡Eso seguro, era una cortina para que todos creyeran que ella sentía dolor por sus palabras! Él no se comería ese cuento. Ni una sola palabra. Sin embargo, Minerva caminaba por ese mismo pasillo, después de la cena. Pasó a su lado y se sentó junto a ella.
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¿Qué sucede Carmille?
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Creo que me iré, señora subdirectora...
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Minerva, por favor. ¿Irte? ¿Por qué quieres irte? Tus estudiantes te aprecian.
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¡Es que no encajaré en este lugar!
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Dime querida, ¿por qué dices eso?
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Por que, Severus Snape dijo que yo era una pobre squib...
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Severus, ¿Tú dijiste eso?- dijo la mujer, alzando la cabeza. Snape quiso hablar, pero no abrió la boca en lo más mínimo. Solo, tiempo después.
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Bueno... en realidad...
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¿Le dijiste que era una pobre squib?- se quejó la mujer con un gesto de enojo- ¡Eso no debe ser!
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Creo que será mejor que me vaya. El profesor tiene razón, yo no serviría para esto.
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Severus, no debes tratar a las personas como mejor te plazca- Le comentó Minerva con un suspiro.
Minerva, levantó lentamente a Carmille, sosteniéndole sus manos entre las suyas. Le ofreció que le acompañara a su despacho para que conversaran un rato. Severus, se sentía como un gran tonto. Antes de que se fuera, Carmille se daba la vuelta y le miraba con una sonrisa.