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Muggles y Calderos — capítulo 5

Y seguimos por que Cami quiere más capítulos acá. Espero que les guste. Saludos y besos.

MariSeverus.

Carmille pasó más de lo que creyó, dentro de la enfermería. Ya no se podía entrar en ella, de tantas chicas que querían verla. Dumbledore sonreía al notar lo amigable que era. Severus solo quería lanzarse de un balcón. Con una sonrisa suave, Carmille volvía a sus asuntos. Con un enorme lápiz en su cabello y con zapatos estridentes. Con una falda corta y una camisa a cuadros.

  • ¡Buenos días, Severus!- le dijo y él apenas la miró.

  • Buenos días, profesora.

  • Qué amargado eres. Me da mucha pena que reacciones de esa forma. Pero bueno, así son las personas. No podemos cambiarlas, eso no está bien.

Qué filósofa. Qué charlatana. Comenzaba a cansarle.

Carmille pasó la mayor parte del tiempo, en su despacho. Ninguno de sus estudiantes quería que ella terminara enferma otra vez, incluso Poppy. Aunque se había molestado cuando había escuchado, que Carmille había estado practicando yoga con sus estudiantes, en el estadio de Quiddicth. Con el frío que estaba haciendo.

Con una sonrisa, ella había terminado sus deberes. Estaba en su despacho, terminando de clasificar las tareas por carpetas de colores. Con un suspiro, preparaba su clase para el día siguiente.

Ansiaba poder compartir con sus estudiantes. Les explicaría, qué era la revolución industrial. Algo de eso y de lo que era la televisión por cable. Mientras corregía algunos trabajos, ladeó la cabeza para notar que algo se movía en su escritorio.

Lo único que escucharon fue un grito. Severus ya estaba allí, con varita en mano. Miró a Carmille, que se había apegado a una pared y señalaba su escritorio, con mucho miedo. Él entró en aquel desastroso lugar y miró hacia donde ella señalaba.

Una pequeña araña estaba posada sobre sus trabajos.

  • ¿Qué rayos?- dijo, mirándola.

  • ¡Tienes que matarla!- dijo y Severus sonrió suavemente. Colocó su mano sobre el escritorio y la araña había terminado sobre su mano. La miró con atención y volvió a sonreír.

  • Es solo un insecto. ¿Qué podría hacerle?

  • ¡Sácale de aquí!

No dijo nada y la liberó en una ventana. Ladeó la cabeza hacia Carmille, que respiraba agitadamente y parecía buscar otra araña de la cual deshacerse. Severus no podía creerlo y parpadeó sorprendido.

  • Le teme a una araña pequeñita.

  • ¡Son horrendas! Siempre sueño que caigo en un nido de arañas tejedoras. Son espantosas.

Antes de hablar, Carmille había abierto sus ojos como platos en dirección a Snape. Severus inspiró y se preguntó qué le pasaba. Antes de hablar, su carpeta había terminado sobre su hombro.

  • Pero ¿qué cree que hace?

  • ¡La araña! ¡La araña!

Severus detuvo sus briosos movimientos, sosteniéndole las muñecas. Ella inspiró y lo miró fijamente. Severus exhaló con fuerza, mientras ella se mantenía quieta al fin.

  • No sé si lo sabe, pero Hogwarts es un inmenso castillo rodeado de bosque. Es normal que consiga arañas por todas partes y no sé si se ha dado cuenta tampoco; pero no puede ir golpeando a la gente por ver arañas.

  • Estaba en tu hombro, la vi allí. ¡Pudo picarte!

  • La solté hace mucho. Y deje de tutearme.

  • Cuando mueras envenenado, no quiero que me pidas ayuda- se defendió ella y Severus la soltó, negando con la cabeza. Ella, se inclinó para recoger sus trabajos y antes de levantarse, se llevó una mano a la cabeza.

Severus no dijo nada y ella, se acomodó el peinado y suspiró. ¿Por qué discutía con una mujer, sobre arañas? Ella se levantó cuidadosamente y lo miró.

  • Me voy- dijo y él no contestó.

  • Qué bueno.