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Muggles y Calderos — capítulo 4
Severus se quedó mirando a Carmille. Minerva le había pedido que no se moviera de allí, hasta que abriera los ojos. Bien, iba a demorar un buen tiempo. Se preparó para esperar. Y esperar. Esperar y esperar.
- Se va a quedar jorobado, si sigue sentado así...Profesor Snape- dijo la enfermera, tomando la mano de Carmille y midiéndole el pulso- Ya ya, está normal. Ya pronto se despertará.
Pues pronto, tardó viente minutos. La mujer abrió los ojos con mucha lentitud y miró a su alrededor. Severus estaba allí, por supuesto.
-
¿Qué...?
-
Te desmayaste, querida- dijo la enfermera- ¿Sufres de tensión?
-
Yo...Suelo...Sentirme débil y cansada- mencionó y Promfey asintió, con un gesto severo.
-
Sufriendo de la tensión y no dices nada. ¡Es que todos creen que la enfermería está de adorno!
Carmille inspiró y miró a su izquierda. Severus estaba allí, mirándola con una concentración tal, que la hizo suspirar.
-
No me mire así. Se arrugará- dijo y Snape se preguntó, cuando iban a cesar sus burlas en contra de su persona.
-
No me hace gracia.
-
Es la verdad...Es malo para la piel- quiso levantarse, pero la enfermera no se lo permitió. Negó con la cabeza e inspiró con fuerza.
-
No. Primero comerás algo, querida. Te ves muy débil. Profesor Snape. ¿Podría traerle algo de comer?
Ahora era su elfo particular. Qué gracioso.
-
¿Debería? puesto que...
-
Debería- dijo ella y Snape, miró a la enfermera con cierto recelo. ¡Él no iba a atender a nadie! No iba a ser el criado de nadie. Ni siquiera de Albus Dumbledore. Que solía serlo de vez en cuando.
Caminó, refunfuñando incoherencias. Se detuvo junto al comedor y pasaban Potter y compañía. Los miró, pudo haberlos matado allí mismo. Sin duda alguna, estaba por matar a alguien o matarse a sí mismo.
¡Esa mujer estaba loca!
Al regresar con alimentos, cual elfo, ella estaba sosteniendo una charla muy alegre con sus alumnas. Arqueó las cejas en cuanto las chicas lo miraron. Carmille sonrió, con mucha dulzura.
- Él es tan amable. ¡Me ha traído comida! ¿No es cierto, chicas?
Las jovencitas no contestaron y con una inspiración fuerte, Severus hizo notar que no quería saber qué pensaban ellas.
- No quería que lo supieran. Pero el profesor Snape, es muy amable. Es tan blando como el pan. Solo que...Bueno, es un poco asocial.
¿Qué esa mujer no paraba, incluso sin sentirse en buena salud?
-
Bueno bueno...Váyanse. La profesora debe descansar- dijo la enfermera y las jovencitas asintieron. Eran de Gryffindor. Snape no hizo nada más que mirarlas de mala gana y eso, apresuró su paso.
-
Ah Severus, gracias por la comida.
-
¿No podía evitarlo, cierto?
-
¿Qué cosa? ¿Decir que eres bueno? Tú eres bueno, solo que tienes miedo de que ellos, te pierdan el respeto.
-
No debe...
-
Señor Snape. Le sugiero que si quiere discutir, vaya a otra parte. La profesora no puede alterarse, así que no quisiera tener que echarlo de este lugar.
Seguro. Todos estaban aliados en su contra. La mujer sonrió, mirando la comida frente a ella. Claro, mujeres tenían que ser.