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Historia 53050 — capítulo 3
Parecía un partido de ping pong. Las miradas pasaban de Angeline a Seth, y de Seth a Angeline.
-Bueno… - dije tratando de detenerlo - Creo que… ¿Nos vamos? - pregunte, casi supliqué. Silva sonrió.
-Creo que no - dijo, mirando a Angeline, que seguía mirando a Seth como si fuera… ¿Orlando Bloom? - Angeline no se quiere ir ¿No es así? -
-¿Eh? - preguntó como saliendo de un transe - ¿Me he perdido de algo? -
-Bueno - dije pateando una piedrita, distraídamente - Si consideras "algo" a enamorarte de un lobo…no es nada - me encogí de hombros. Un olor dulzón me llegó a mi nariz, me tensé instantáneamente. Todos me miraron.
-Victoria - dije con rencor. Angeline y Silva se tensaron igual - Tenemos que irnos, esto no se quedará así - les dije a los chicos
-Quédate segura de que no… - dijo el Alfa. Le hice un gesto de despedida con la cabeza, y salimos corriendo.
-Bien chicos - dijo Victoria delante de nosotros - Mañana es el día - se escucharon varios vítores de emoción, y Victoria sonrió - Así me gusta, que tengan ganas de pelear…somos invencibles, nada puede pararnos - dijo demasiado confiada - Los Vulturis y los Cullen se arrepentirán de haber matado a mi compañero, y ustedes tendrán la gran batalla que están esperando - Bree temblaba. Sentí lástima por ella, y la entendía. Yo me sentí igual en mi primera batalla, pero por suerte pude salir ilesa, gracias a Dios…de los vampiros.
-Por esta noche estará libres, no quiero que llamen la atención o todo se arruinara, no pasen por los bosques ni por los lugares más vacíos, y si sienten olor a vampiro o de licántropo, aguanten hasta mañana - termino con una terrorífica sonrisa. Segundos después, ya no había nadie allí. Antes de que Victoria nos diga algo, salimos corriendo hacia nuestro claro.
-Tenemos que hacer algo - dije desesperada - No podemos luchar… -
-Lo se, lo se… ¡Ya se! - Gritó Silva - Vamos con los Cullen, son los más próximos, y son los que se verán más afectados -
-No se… - negué - Yo voto en que vallamos con los Vulturis, son los más poderosos -
-Dividámonos - opinó Angeline - Yo y Bree nos quedamos con los Cullen, y vosotras tres vayan con los Vulturis - nos miramos. No habíamos estado separadas por mucho tiempo.
-Si no hay más opción… - dije no muy convencida
-¡De seguro que lo haces para quedarte con tu chico-lobo! - rió Silva
-¡No!...Bueno, en parte si… - todas reímos. El chico-lobo resultó llamarse Seth, y se había imprimado de Angeline. Lo más gracioso, era que los dos eran de gran altura. Las risas fueron desapareciendo.
-Las voy a extrañar - dije abrazando a cada una. Luego mire a mis compañeras - Vamos - dije, y eché a correr. Fue una despedida brusca, pero no quería quedarme un minuto más, o si no, no me iría. Sentí el efluvio de vampiro aun antes de llegar siquiera a los mil kilómetros, y me asombré. Eran demasiados. Cuando sentimos que estábamos cerca, paré.
-¿Qué sucede? -pregunto Paris sacándose una ramita del sobretodo blanco, que ocultaba sus grandes y hermosas alas
-Es mejor que vallamos caminando, pueden tomarse nuestra llegada en modo de ataque- expliqué
-Es ridículo, son demasiados, no tienen porque siquiera preocuparse - replicó Silva. Me encogí de hombros.
-Solo decía - dije empezando a caminar hacia el lugar donde el olor era más intenso. Un refilón negro me pasó por delante. Me detuve enseguida.
-Venimos a hablar con su líder - dije con voz clara. Un chico rubio de ojos borgoñas, junto con un grandulon de cabello ondulado hasta el principio de la oreja, y una niña rubia. Me quedé helada. Ese grandote era hermoso. No se que paso, pero cuando sus ojos borgoñas se fijaron en mi fue…algo mágico. Casi me río de su confusión al ver mis ojos verdes, y me alegré al ver ternura en sus ojos.
-¿Quiénes son? - preguntó la rubia
-Yo soy Rachel, ella es Silva, y ella es Paris - nos presenté. Como siempre, a todos les llamó la atención que sus manos estén unidas.
-Vengan con nosotros, si intentan algo, morirán - dijo la rubia dándose la vuelta.
-¿No estamos muertas ya? - preguntó Silva con una sonrisa. Yo reí bajito, no tenía ganas de pelear. Llegamos a un lugar determinado del bosque, en el cual estaban, por lo menos, más de doscientos vampiros, y vampiras. Tres de ellos despedían como un aura de poder, se notaba que eran los líderes.
-¡Bienvenidas! - dijo uno moreno, de piel color cebolla, juntando las manos con una sonrisa amable, a kilómetros falsa - ¡No esperábamos visitas tan encantadoras! - Dijo caminando hacia nosotras - Déjenme… - dijo extendiendo las manos hacia Silva, ella lo miró fijamentelos ojos, y luego le extendió la mano. El hombre la tomo entre las suyas y cerró los ojos. Mientras pasaba el tiempo, la expresión de incredulidad llenó su rostro. Cuando por fin abrió los ojos, los fijó en Paris, que lo miraba impasible.
-Es totalmente…increíble -
-Que cosa, Aro - pregunto otro de los líderes, que tenía cara de aburrido.
-En respuesta a su pregunta, claro que pueden quedarse, al igual que sus amigas. Y en respuesta a la tuya - dijo volteándose al otro vampiro - Sus dones son increíbles -
-¿Y cuales son? - preguntó desconfiado el tercer vampiro, de cabellos rubios casi albinos. Lo miré fijamente a los ojos, y empecé a cambiar. Primero se me acorto el cabello, y luego pasó de rojo fuego a rubio casi blanco. En pocos segundos era ese vampiro.
-Este es mi don - dije con su voz profunda - Puedo transformarme en cualquier cosa que tenga ADN, una persona, un animal…cualquier cosa, y en cuestión de segundos - todos me miraron asombrados. En el próximo segundo, era yo de nuevo.
-El mío, es saber todo sobre una persona, aun siendo humana, y saber sus más profundos secretos - dijo Silva con voz profunda, que se tornó aterrorizante. Creo que ningún vampiro va a querer meterse con ella. Todos miraron a Paris, que seguía con su dulce expresión en el rostro. Con toda paciencia, se quitó el sobre todo, y extendió las alas, en el mismo movimiento. La reacción fue terrible, todos se quedaron con la boca abierta, y los ojos abiertos como platos, sus alas eran hermosas, de color blanco niveo, y medían un metro de largo, cada una.
-Es… - dijo el rubio - Increíble - Paris sonrió, y a varios vampiros machos se les fue el aire. Parecía un ángel. Silva se acercó a ella, y le puso un brazo protector alrededor de sus hombros, con una mirada de "Ella es mía, ni siquiera lo pienses"
-Verdaderamente, no solo sus dones son excepcionales - admitió el moreno - Mi nombre es Aro, ellos son Marco y Cayo. Ellos son Demetri, Jane, Heidi y Félix - dijo señalando a los que nos habían traído, y a una chica de ojos violetas. Así que el grandote se llamaba Félix.
-Para todos los que quieran conquistar a Paris…piénsenlo primero… - añadió Silva, en un siseo terrible. Sonreí. Era la vampira más directa que había conocido.
-Lástima - dijo el que debía ser Demetri, con una sonrisa - Es muy bonita - Silva lo miró fijamente, antes de sonreír.
-Si, pero igual, no te gustan las rubias - dijo con voz chispeante. Demetri sonrió aun más.
-Valla, no se le escapa nada - le comentó a Felix, que me miraba, al igual que yo a el - Bueno…tenemos candidata para Felix - rió Demetri. Lo mire fijamente, y me transformé en una mujer rubia, de ojos verdes, muy hermosa.
-Cállate Demetri - dije con voz severa. El me miró con los ojos abiertos, y la boca en una perfecta O.
-Mama… - susurró. Decidí no darle más motivos para llorar, y volví a mi forma. Le sonreí con cariño.
-Nop, solo Rachel, además, soy muy joven para tener hijos - bromee con una sonrisa