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Historia 53277 — capítulo 8

Capitulo 8: ¿Y qué has soñado?

Las largas y claras piernas de la chica temblaban mientras él introducía un muslo entre ellas, ayudándose de las manos atrajo más cerca a la castaña, pegándola a la parte de su cuerpo que la reclamaba.

Los ojos azules de Matt se abrieron levemente para observar el rubor de la cara de la joven, los ojos fuertemente cerrados por esas largas pestañas oscuras, era tan hermosa, la mordió el grueso labio inferior, y capturo su grito de sorpresa introduciendo de nuevo la lengua dentro de ella, devorándola, quitando de su mente y de su cuerpo los años que había perdido sin ella, que le debía, subió una mano lentamente por el costado del cuerpo de Mimi, subiendo consigo la camiseta rosa manchada de harina, se despego de sus labios un leve instante para que ella pudiera ser consciente de hasta donde había llegado su mano, de cómo el pulgar acariciaba el ahora erecto pezón, mientras él bebía de sus oscuros ojos lo que los sonrojados labios temblorosos callaban.

-Matt.

El corazón le martilleaba en el pecho, no era el momento de hablar, le había hecho tanta falta, la necesitaba tanto, volvió a reclamar sus labios, su lengua, la dulzura de su boca, dios, tenía que poseerla en ese mismo instante, tenía que demostrarse que era suya, que siempre lo había sido, llevo la mano al cierre de los vaqueos de la chica y los abrió fácilmente, no

se molesto en desnudarla poco a poco, en ese momento solo podía pensar en fundirse junto a ella, con ella, dentro de ella, bajo sus pantalones y la ropa interior al suelo de la cocina y la levanto sin esfuerzo apoyando sus manos en el trasero de la chica, ella le rodeo con sus piernas la cintura y siguió besándole con la misma pasión que él la besaba a ella.

Avanzo dos pasos hasta llegar a la mesa de la cocina y soltó una mano para hacer hueco sin cuidado encima de la superficie de madera, Mimi soltó una exclamación cuando su trasero se apoyo en la fría mesa, sin dejar de besarla guio sus manos a la apertura del cuerpo de la chica y sonrió complacido al notar la humedad que lo esperaba. Se llevo sus temblorosas manos a sus propios pantalones, trago saliva al ver que le costaba más de lo normal, coño, de un tirón rompió el cierre de los caros pantalones y se separo de Mimi, observando sus ojos a medida que entraba en ella centímetro a centímetro.

-¡SHENSI NO!

Los ojos de Yamato se abrieron rápidamente, pestañeo para acostumbrarse a la luz diurna que bañaba la estancia, ¿Pero qué demonios…? La realidad comenzaba a envolverlo y con ella la noción de su dolorido cuerpo, genial, ahora además de la espalda, gracias al estúpido sofá en el que le había tocado dormir, le dolía otra parte de su cuerpo, y le dolía mucho…

-¡Hola!- Yamato le dirigió una sonrisa cansada al niño que lo miraba con renovado interés desde el otro lado de la mesa, una ceja rubia se alzo en la frente de Matt, ¿Estaba desnudo?-¿Ves Mamá? Papá está despierto.

Matt abrió mucho los ojos, ¿Papá? Lo había llamado papá, algo dentro de él se sintió florecer, como si el pecho se le quedara pequeño, volvió a mirar a su hijo, y trago saliva para poder hablar ya que el nudo de su garganta no se lo permitía.

-Maldita sea, te he dicho que tienes que vestirte.- Mimi se volvió a Matt con la ropa del niño en una mano- Siento que te haya despertado.

El rubio volvió su mirada a la castaña que acababa de entrar, puede que hubiera sido su hijo el que le despertara, pero era la madre la que no lo

había dejado dormir, se mordió el labio inferior, estaba preciosa con aquel vestido veraniego blanco y rosa, la falda era amplia y llegaba a medio muslo, lo que permitía apreciar sus bonitas piernas, pese a no llevar tacones. Y aunque la tela cubría sus generosos senos, la cinturilla alta debajo de esos los realzaba, obligándole a pensar lo poco que tardaría en bajar esa estúpida tela, mientras mordía y lamia los preciosos hombros descubiertos y la clavícula que sobresalía cobijada por su precioso pelo castaño ensortijado, ese pelo que solo unos minutos antes el agarraba en sueños…. Frunció el ceño enfadado consigo mismo y se obligo a volver a respirar y recuperar junto con el oxigeno la cordura, estaba durmiendo en el salón de la casa de Mimi, y su hijo estaba allí, no era el momento, pero si su maldita entrepierna pudiera entenderlo…!

-No te preocupes estaré bien, en cuanto tome una ducha.

Mimi sonrió mientras perseguía al niño por todo el salón.

-Oh, claro hay un baño al final del pasillo.

Matt los miraba totalmente sorprendido, y horrorizado, ¿siempre armaban ese escándalo por las mañanas? Se levanto del sofá ahogando un juramento y en dos zancadas alcanzo al pequeño rubio que corría desnudo lo levanto en brazos y lo miro muy seriamente.

-Tienes que vestirte, ¿estamos?-El pequeño abrió sus azules ojos y resoplo asintiendo con la cabeza. Se volvió a Mimi que los miraba, como quien observa un milagro, y sonrió.- ¿Podría tomar un café después de la ducha?

Mimi asintió mientras cogía al pequeño para colocarle la ropa.

-Claro, hare café, aunque yo prefiero cacao, - se encogió de hombros y bajo la mirada hasta el niño , si no supiera que era imposible, diría que Mimi estaba nerviosa…- si quieres también hay cereales y algunos bollos, yo… bueno yo no sé lo que te gusta, asique coge lo que quieras- Matt sonrió perversamente, si no estuviera su hijo entre ellos en ese momento la iba a enseñar que era lo que realmente deseaba desayunar.- Senshi y yo tenemos que salir a hacer unas compras, pero volveremos al medio día, luego hay una fiesta en la escuela y…

-Dame cinco minutos, os acompañare.

Mimi abrió mucho los ojos.

-No tienes por qué…

-Quiero pasar tiempo con Senshi.

-Bueno...pero este es un pueblo pequeño, si alguien te reconoce se armara un gran alboroto.

Matt sabía que era cierto, la fama no era algo que le agradara, odiaba que la gente lo parara, que la prensa se metiera constantemente en su vida, pero era su trabajo, y le encantaba la música… se encogió de hombros.

-Me arriesgare.

-¿Qué tal si comemos por aquí?

Mimi sonrió a Matt que se encontraba con Sen en brazos, la mañana no había sido del todo mala, trago saliva con dificultad, al menos no todo lo mala que ella esperaba, las compras resultaron realmente sencillas con Matt vigilando a Sen, por dios hacía años que no compraba nada sin tener que pedir perdón por alguna travesura de su hijo. Y ni se acordaba la última vez que había salido a comer tranquilamente llevándolo… no estaría mal probar que tal seria…

-Claro, aunque aquí no hay mucha variedad.

Yamato se encogió de hombros.

-Me es igual, estoy acostumbrado a comer rápido y mal, en las giras no tenemos mucho tiempo.

Mimi le sonrió, a veces se le olvidaba que Matt era una estrella de la música.

-Muy bien ¿qué tal el restaurante de Mary?

Una ceja rubia se alzo, mientras sujetaba más fuerte al niño que se escurría como una serpiente entre los brazos de su padre.

-¿Mary?

Mimi sonrió más y afirmo con la cabeza.

-Es una gran cocinera, y el restaurante es muy bonito, esta al pie de la playa.

-Senshi quieto.- Cogió al niño y lo coloco sobre sus hombros cogiéndolo de las manos, los pequeños ojos se abrieron de sorpresa y luego una gran sonrisa se dibujo en su rostro, parecía encantado de verlo todo tan alto- Bien, vamos a ver a Mary.

El restaurante no estaba muy lejos de la zona comercial, era un establecimiento pequeño, familiar, con una gran terraza con sillas y mesas blancas resguardadas por sombrillas azules y blancas. Al pasar por la puerta Matt bajo al niño de sus hombros y le agarro fuertemente la pequeña mano para impedir que saliera corriendo. El camarero saludo a Mimi y a Sen con familiaridad y luego les entrego una mesa y la carta a los tres.

-Solo hay pescado.

Mimi rio ante la queja del rubio.

-Es un pueblo costero, además a mí me gusta el pescado.

Matt ladeo la cabeza.

-¿Y no pueden hacerme un filete?

Mimi lo miro divertida.

-Menudo ejemplo estás dando… - Matt miro al niño que jugaba a golpear la mesa con el tenedor y la cuchara- el pescado tiene muchas vitaminas y es muy nutritivo.

El rubio se rindió con un bufido y se dejo caer en el respaldo de la silla.

-Muy bien mami que sea pescado…

Mimi rio para sus adentros al entregar la carta al camarero una vez hubo ordenado. Volvió su mirada al hombre que se encontraba enfrente de ella,

observándola, sonrió nerviosa y volvió a fijo la vista en Sen, la vista de Matt la seguía quemando, ¿por qué tenía que mirarla así? ¿Y por qué se ponía ella nerviosa? Tenía que encontrar un tema de conversación, a ella eso nunca lo había costado mucho esfuerzo, incluso recordaba que el propio Yamato la había dicho que no callaba ni debajo del agua…

-¿Y qué se siente cuando se cumplen tus sueños?

Algo brillo en los azules ojos del rubio, ¿qué era tan divertido?

-¿Qué te hace pensar que se han cumplido?

-Eres famoso, rico- se encogió de hombros- eres una estrella.

Matt entrecerró los ojos.

-Ese no era mi único sueño,- una picara sonrisa se dibujo en su cara- es más esta mañana he tenido un sueño muy interesante y aun no se me ha cumplido…

Sin saber porque Mimi se sonrojo hasta la raíz del cabello, frunció el ceño mirando a la mesa para intentar serenarse, luego lo miro intentando parecer tranquila.

-¿Y qué has soñado?

Matt se levanto del respaldo y se acerco a la mesa sin dejar de mirarla con aquellos profundos ojos azules.

-He soñado que…

-¡Mimi¡

Mimi se volvió sobresaltada al moreno que se acercaba a ellos. John Harrison era el sheriff de el pueblo, y un gran amigo para ella, habían salido dos veces, y aunque no podía negar que era un hombre muy atractivo sus besos no la habían hecho perder la cabeza…no como los de Matt.

-John.- lo salud con una sonrisa- ¿Qué tal todo?

El hombre llego hasta la mesa y le revolvió el pelo a Sen que le brindo una gran sonrisa.

-Perfectamente, he venido a recoger la comida para mí y para los chicos. - Los verdes ojos del sheriff se posaron en el rubio que lo miraba con odio- ¿Es un cliente?

Las rubias cejas se alzaron.

-No.- Matt contesto antes de que Mimi pudiera reaccionar-¿ Y tú eres…?

Las espesas cejas de John se juntaron un momento, ¿Por qué tenía que ser tan maleducado? Se comportaba como cuando tenía once años.

-Soy John Harrison el sheriff y amigo de Mimi.- Miro a la castaña con una dulce sonrisa- aun que espero ser algo más…

Vio los ojos azules tornarse oscuros y como una vena ascendía por la garganta de Matt, oh dios mío.

-John, este es…Matt Ishida un amigo de la infancia.

-Es mi papá.

Los ojos castaños se abrieron ante la sorpresa al igual que los verdes del sheriff que miraban al niño de manera horrorizada, el único que parecía contento era Matt que sonreía a su hijo con orgullo.

El moreno se aclaro la garganta.

-Vaya, no sabía que fueras el padre de Sen, Mimi no habla nunca de ti.- El camarero llego en ese preciso momento con una gran bolsa blanca de plástico- Gracias. -Trago saliva- Bueno creo que les llevare la comida a los chicos, y … os dejare para hablar a solas, si necesitas cualquier cosa…

-Ella estará bien.

John ignoro al rubio y siguió con sus verdes ojos clavados en la chica.

-Ya sabes dónde encontrarme.

Mimi asintió.

-Te veré esta tarde en la fiesta.

John asintió y le volvió a revolver el pelo a Sen, se volvió al rubio.

-Hasta la próxima Matt.

Matt alzo la cabeza en gesto de despedida y luego volvió su mirada acusadora a Mimi.

-¿Te acuestas con él?

Mimi se quedo sin aire, no podía haber dicho eso, sus cejas comenzaron a juntarse, y su cara empezó arder de ira e indignación, ¿Quién se creía que era? Después de CUATRO años a reclamarle o si quiera a interesarse por su vida amorosa, él que era el playboy del año, que cada semana salía en la portada de la prensa con una modelo o actriz diferente, respiro fuertemente intentando calmar su ira, no podía armar un escándalo ahí, y menos en presencia de su hijo.

-No es asunto tuyo.

Matt la miro aun más acusador.

-Creo que puedo preguntarle a mi esposa con quien se acuesta.

Mimi apretó los puños fuertemente.

-¿Puedo hacerte yo la misma pregunta?

-Claro, no lo dudes si tienes dudas pregúntame, te informare sin problema.

Mimi achico los ojos.

-Veo la tele, no dudo de que las cientos de mujeres que han estado a tu lado han compartido tu cama.

Los ojos azules del rubio centellearon.

-¿Así que prestabas atención a mi vida? Supongo que entonces tienes ventaja.

-No le prestaba atención- protesto la chica- pero es imposible vivir en este mundo y no verte en la televisión.

-Enhorabuena- Matt sonrió sin diversión- tienes un marido famoso.

-Yo no quiero un…- Se detuvo y miro a la silla vacía de Sen- ¿Dónde está Sen?

Matt soltó un juramento y se levanto de la silla a la vez que Mimi mirando en ambas direcciones.

-No ha podido irse muy lejos.

Mimi no presto atención buscaba muerta con los ojos la pequeña cabeza rubia de su hijo.

-Tal vez deberíamos avisar a …

Un ruido de platos rotos en la cocina hizo que las cabezas de amos giraran en dirección al estruendo.

Los niños corrían como pollos descabezados de un lugar a otro, sin control, mientras los padres y madres comían galletas y tardas de una amplia mesa y bebían ponche ¿Eso era normal? ¿Eso hacían los padres? ¿Soltaban a sus hijos en un caos mientras ellos engordaban y hablaban de cosas sin sentidos? Suspiro, tal vez no tenia madera de padre, eso le parecía una estupidez. Chasqueo la lengua y bebió un sorbo del vaso de poche que le había entregado una de las madres, a fin de cuentas donde fueres haz lo que vieres, y él era el último en ser padre… ¿Cómo se las arreglaba Mimi? Busco a la castaña con los ojos por el recinto, era fácil encontrarla pese al barullo, era la madre más joven y más bonita, frunció el ceño al ver que no era el único en apreciarlo, los demás padres también la miraban descaradamente, los dedos se apretaron más al vaso, ¿es que no tenían vergüenza? Sus mujeres e hijos estaban allí, ¡y ellos la desnudaban con la mirada! Joder, y para colmo estaba ese policía o lo que fuera, gilipollas y prepotente, por lo que le había contado Mimi, era divorciado y tenía una niña pequeña a su cargo, ya que su ex mujer los había abandonado ¿Por qué deseaba matarlo? Su historia era bastante

triste, pero aun así deseaba sacarle los ojos para que no mirara así a su mujer, parpadeo mirando al infinito, su mujer, aquello era una locura, llevaba cuatro años sin saber nada de ella… en ese momento la observo, Mimi reía junto a una de las madres, dios, el corazón parecía salírsele del pecho, tenía las manos húmedas, se comportaba como un imbécil enamorado, un adolescente, en vez de el hombre frio y distante, la estrella mediática en que se había convertido. Debería estar enfadado con ella, debería reclamarle los años que lo había apartado de su hijo, sabía que podía hacerlo, pero su cuerpo y su mente se negaban a hacerla daño de nuevo… al menos por el momento, pensó tras su vaso al ver que el estúpido policía se había acercado a ella.

-¡Hola!-Matt se volvió con desgana a la mujer que se hallaba detrás de él con una sonrisa, la había visto conversar con Mimi un rato, y si no se equivocaba era la madre de un amigo de su hijo- Tu debes de ser el padre de Senshi- La mujer rio- No se habla de otra cosa, Mimi no nos dijo que vendrías.

Matt sonrió de medio lado.

-Ya me lo magino, digamos que quise darla una sorpresa.

-Oh, deberías darla más sorpresas como esta, la pobre tiene mucho trabajo con Sen, es un niño muy activo.

Una ceja se alzo, ¿activo? ¡Era hiperactivo! Aquella mañana había acabado volviéndose loco detrás de él, ¿Cómo se las arreglaría Mimi? Recordó el despertar que había tenido con ella corriendo tras él… le necesitaba eso estaba claro.

-Tengo intención de volver la sorpresa costumbre.

La mujer parecía divertida, sonrió como si fuera eso precisamente lo que quería escuchar.

-No sabes cuánto me alegro de oír eso, Sen necesita un padre, Mimi lo mima demasiado, aunque, por la cara que tenias hace un momento creo que no solo te interesa el niño,- frunció el ceño y ella soltó una carcajada-

si quieres recuperar a Mimi, deberías prepararte, no hay hombre que no desee ocupar tu lugar.

-¡Wendy!

Los ojos castaños de la muchacha buscaron al hombre que la llamaba, sonrió a Matt cortésmente.

-Debo irme mi marido me reclama.

Pero Matt no la oía, su mente se había quedado en la frase que sus labios habían pronunciado antes: ocupar tu lugar.

Maldita sea, aun era su marido, el padre de su hijo daba igual que fuera con cuatro años de retraso ¡era su lugar! Se volvió y miro con odio al hombre que sonreía a SU mujer, muy bien iba a empezar en ese mismo momento a reclamar lo que era suyo.