← Historia 53538 · de
Historia 53538 — capítulo 2
Uno
Beverly hills, 1990
Bella tenía cuatro años cuando aprecio el monstro. Entro pesadamente en sus pesadillas, transformando sus maravillosos sueños en jirones de gritos y persecuciones.
Nada volvió a ser igual desde que el aprecio. La hermosa casa estilo victoriana no sería jamás la misma, su fantasma se había quedado impregnado en ella.
Renne, la madre de Bella le había asegurado que los monstros no existían. Que sus pesadillas eran solo malos sueños y que la imaginación a veces nos jugaba malas pasadas. Pero la noche en que ella vio al monstro, la noche en que lo vio y lo olio su madre no pudo decirle que no existía. Y no quedo nadie que la arrullara en las noches con dulces cuentos.
Papá contaba los mejores cuentos, los cuentos más maravillosos y tiernos, con jirafas rosadas y vacas con dos cabezas. Pero su padre sufrió un terrible accidente y nunca jamás volvió a casa después de eso.
Su madre le había dicho que papá tuvo que irse, que ahora estaba en el cielo y que desde ahí el nos cuidaba.
Pero eso no era cierto, ella lo sabía, por las noches cuando nadie veía su padre volvía.
Esa noche Bella descansaba con la cabeza en la almohada y sus finos cabellos revueltos, algo rasco la ventana, ella se revolvió en su cama, alguien golpeteo el cristal y ella abrió los ojos.
-¡papi!-. Su voz soprano resonó por la habitación, la niña sonrió de oreja a oreja mientras se bajaba de su cama y caminaba hacia la ventana. Su padre estaba recargado en el marco con una sonrisa sincera mientras veía a su pequeña acercarse.
Bella movió el cristal y dejo que el viento de verano entrara a su habitación, olio a rosas y jazmines.
-mi pequeña Bell´s, mi niña, ¿Cómo has estado lindura?-. La cargo por los aires mientras la niña soltaba risitas bajas.
-bien, papito mamá lloro hoy, le pregunte por qué y me dijo que te extrañaba, ¿papi por que no le decimos a mami que tu estas bien?-. El semblante de Sam se entristeció, no podía decirle a su hija la verdad, pero aun así no podía dejarla.
-Belly, cariño, ya habíamos hablado de eso, tu mami tiene que creer que yo estoy en el cielo, es lo mejor bebe ¿está bien?-. La niña bajo la mirada claramente triste y se refugió en su cabello caoba.
-¿Qué te parece si tu y yo nos sentamos y te cuento una historia?-. Bella levanto la mirada emocionada y se encamino hacia su cama, su padre la recostó y arropo con cuidado y cariño.
-bien veamos cariño ¿de qué quieres que sea el cuento de hoy?-. Ella sonrió y se llevo una mano a la barbilla fingiendo pensar.
-¡la bella y la bestia!-. Su padre soltó una carcajada y asintió en la oscuridad de la noche.
-bien "había una vez un joven príncipe que vivía en las afueras de un pueblo, era superficial y ególatra, por eso la bruja del reino decidió darle una prueba, se disfrazó de anciana"-.
Bella escuchaba cada palabra que salía de la boca de su padre y aunque la duda de por qué su padre no podía ver a su madre nadaba en su mente lo dejo pasar, ella quería disfrutar cada segundo que pudiera tener con su padre.
Ella dormía en un pequeño mundo de fantasía y no quería dejarlo por mucho que su madre sufriera.
Su padre imitaba el sonido de las voces y las muecas de su rostro hacían mucho más real, ella lo observo cuidadosamente, Sam había cambiado mucho desde la última vez que Bella lo vio con vida, su rostro era más perfecto y la piel se le había aclarado, su temperatura ya no era cálida si no fría, helada, además estaban sus ojos, antes color azul ahora rojo sangre.
Bella se quedo dormida antes de que su padre pudiera llegar al clímax del cuento, le beso la frente y salió sigilosamente de la habitación, camino a la que antes era su habitación y se detuvo justo frente a la puerta, podía escuchar desde ahí la respiración acompasaday tranquila de Renne, el sonido hermoso de su corazón, respiro hondo y sintió su aroma quemándole la garganta, ya se había acostumbrado, abrió la puerta lentamente y entro la habitación oscura, Bella tenía razón, la habitación olía a sal y jazmín.
Se acerco al cuerpo de su amada y la aprecio de nuevo, su bello rostro humano, tan hermoso como el de su hija.
A lo lejos pudo distinguir el claro aroma de Nicholas, gruño para sí y se apresuro a salir.
Corrió por el bosque hasta que pudo verlo claramente, estaba en medio del bosque, la luna iluminaba su piel que refulgía como diamantes, "piel de anciano" pensó Sam para sí mismo.
Nicholas lo miro divertido, habían pasado dos meses desde la transformación de Sam y este no mostraba lo signos básicos de cualquier neonato.
-Sam amigo ¿Qué os estáis haciendo a estas horas lejos de casa?-. Dijo en español confuso marcado por el acento español del vampiro.
-no es de tu incumbencia-. Gruño Sam en su dirección, comenzaba a hartarse de estar a su lado todo el tiempo.
-tranquilo, solo me preguntaba, además no te eh dicho que nosotros tenemos prohibido estar cerca de los humano, claro a menos que estos sean la cena-.
-este no es tu asunto, ¡no te metas Nicholas!-.
Sam avanzo los metros que los separaban y ahora frente a frente levanto los brazos en señal de amenaza.
-shh shh tranquilo, sabes Sam desde el primer momento que te vi, supe que tu y yo seriamos compañeros de eternidad, pero en nuestra… relación hay un inconveniente, tu… ex familia-.
-no, no, ¡no te puedes meter en su vida! Ya las heriste bastante-.
-no tanto-.
De la garganta de Sam broto un gruñido brutal, pero Nicholas no se cohibió, lo miro con enfado mientras una sonrisa socarrona se instalaba en su rostro pálido.
-tienes un día para despedirte, se que la mocosa es importante para ti así que no la dañare pero eso depende de ti, despídete y dile que no volverás, si no lo haces las matare a las dos y tu sabes que puedo hacerlo-.
Sam sintió que el aire le faltaba aunque era claro que en esta condición no lo necesitaba, miro de nuevo a su creador y se alarmo de lo que vio.
Sus ojos vivos en sangre hablaban en serio, Nicholas mataría a su familia si no hacia lo que quería.
Asintió fuertemente y dio media vuelta, un día, un día para decirle adiós a su pequeña, corrió de nuevo en dirección contraria al bosque y espero que el amanecer tocara su helada piel.
Mañana sería el peor día de toda su existencia