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Historia 53621 — capítulo 4
-Alice, ¿Puedo saber por qué tienes agendado el número de mi madre? ¿Y por qué hablas con ella como si la conocieras desde antes? De verdad, no entiendo nada. - pregunté
-Mmm, bueno… Conocimos a tu madre en las vacaciones, cuando fuimos a Denali. No puedo explicarte muchos detalles, tú sabes, ella opina que es mejor que no lo sepas, por tu propio bien - dijo mirando al suelo.
Yo estaba empezando a sentirme realmente enojada ¿Cómo era posible que mis amigos hubieran visto a mi madre cuando yo creía que ella estaba desaparecida y no me había dicho nada? ¿Y mi madre? ¿Por qué confiaba en ellos más que en su hija? ¿Qué había hecho yo para que no confiara en mí? ¡Se había ido de mi vida durante ocho años y sí podía ver a los Cullen - Hale pero no a mí? Unas gruesas lágrimas comenzaron a caer de mis ojos.
-Maia, no te pongas mal, lo siento, de verdad. Si fuera por mí te hubiera explicado todo pero…
-Cállate, Alice. Lo único que sé es que todos me ocultan algo.
-Maia…
-¡Basta! ¡Me voy! - exclamé enojada y bajé del auto corriendo y entré a casa.
Subí las escaleras y me dirigí a mi cuarto, en donde me tumbé en la cama a llorar de la bronca que tenía. Enseguida oí que la puerta se abría y que entraba mi madre.
-Sal de aquí, estoy enojada contigo.
-Lo sé, pero tienes que entender que no es que yo quiera ocultarte nada, hija. - dijo suavemente.
-¿Ah, no? Entonces explícame todo de una vez ¿Por qué estás actuando tan extraña? ¿Por qué decidiste abandonar la medicina, no desayunas con nosotras, conoces a mis amigos? ¿Qué hacías en Denali? ¿Qué hizo que me abandonaras durante ocho años? ¿Sabes la falta que me has hecho? ¿Sabes lo horrible que ha sido vivir sin ti tantos años? ¡Era una niña! Y no sabía si mi madre estaba viva o muerta… ¿Sabes lo que ha sido eso para mí?
Mamá miró al suelo, luego levantó la vista, sus ojos chocolates se posaron en los míos un momento y luego dijo:
-Lo siento, mi amor. Pero es realmente peligroso que sepas exactamente lo que ocurre. No es algo malo. Algunas de las cosas que me ocurrieron a mí también le ocurrieron a algunos de los Cullen. Por eso nos conocimos en Denali… De verdad quisiera contarte todo, pero no puedo. Te quiero demasiado como para condenarte de esa manera.
-Eso no cambia nada. - dije y salí. Comencé a caminar sin saber muy bien a dónde ir.
Aún no había comido nada, y estaba realmente hambrienta. Paré en un kiosco y me compré un paquete de galletitas que empecé a comer sentada en un banco de la plaza. De un momento a otro descubrí qué era lo que necesitaba. Tomé mi celular y llamé a Max.
Él apareció enseguida y se acercó a mí.
-
Creía que también te habrías enojado conmigo. Es una suerte que no lo hayas hecho. - dijo abrazándome con suavidad.
-
No estoy enojada contigo, estoy decepcionada de todo el mundo. Yo sólo quiero saber qué es lo que ocurre. - dije mientras apoyaba mi cara en su pecho.
-
Mmm, lo entiendo, pero eso no es decisión mía. - dijo - Y tal vez sea una buena decisión.
-
¿Tú tampoco confías en mí? - le pregunté mientras nuevas lágrimas intentaban salir de mis ojos.
-
Maia, por favor, no te pongas mal… - dijo en tono de súplica - no se trata de confianza, se trata de algo aún peor.
-
¡Oh, claro! ¡Todos quieren evitarme un gran riesgo mintiéndome!
-
¿Puedes olvidarlo y no enfadarte conmigo, Maia? ¡Por favor! - al verlo suplicar de esa manera, no podía negarle nada.
-
Está bien - dije - Trataré de pensar en otra cosa.
Dimos un par de vueltas a la plaza y luego fuimos a la casa de los Cullen. Siempre me había gustado ese lugar, una casa enorme, con grandes ventanales, en medio del bosque. Entramos y vimos a Emmett sentado en el sofá, mirando un partido de béisbol. Jasper estaba a su lado. En cuanto entramos nos saludó. Ya no me sentía triste ni engañada por nadie, al contrario, estaba muy contenta de estar allí.
- Vamos a escuchar algo de música - dijo Max. Fuimos hasta su dormitorio en donde puso una lista de reproducción de su computadora. Yo me recosté en su cama y él se tiró al lado mío.
Cuando desperté ya estaba anocheciendo. Max estaba al lado mío.
-
Lo siento, me quedé dormida. - dije.
-
No tienes que disculparte. - me dijo sonriendo.
-
¿Qué hora es?
-
Siete y cuarto ¿Te llevo a casa?
Max me llevó a casa. Allí encontré a mi tía Mel que estaba mirando una película con Fred.
-
Hola ¿Cómo están? - saludé.
-
¿Lisa no estaba contigo?
-
No, yo fui a pasear. Estaba en lo de Max.
-
¿Y qué tal las cosas con él?
-
Bien - contesté sonriendo - en realidad, de maravillas. Estamos saliendo, desde este mediodía.
-
¡Qué bueno! Felicidades. Hay tarta en la heladera. Puedes calentarla en el microondas.
Terminé de cenar y me quedé esperando a que volviera mi madre. Quería hablar con ella, no sabía muy bien qué decirle, pero sabía que después de haber estado separada de ella durante tanto tiempo no estaba dispuesta a pasar el tiempo enojada con ella. Sin embargo, cuando se hicieron las dos de la madrugada y ella no volvió, yo me fui a dormir enojada.
Cuando me levanté, a la mañana siguiente, mamá no había vuelto. Me fui caminando al instituto. No quería estar molesta con mi madre, pero lo estaba. Odiaba no saber qué había sido de su vida durante tanto tiempo, que no me explicara lo que le ocurría, y que ahora tampoco me lo dijera… De repente, me asaltó un miedo terrible a que no volviera, a que el motivo por el que no había estado conmigo durante tantos años era simplemente que me había abandonado, y que al ver que yo me había enojado con ella había vuelto a hacerlo.
-
Hola Maia - me saludó Nessie.
-
Hola chicas - saludé a todas. Después de todo, esa era la teoría que más sentido tenía.
-
Hola princesa - me saludó Max con un beso. Luego sus ojos se clavaron en los míos. - ¿Estás bien? - me preguntó.
-
Sí - le mentí mientras entendía. Probablemente mi madre me había abandonado, y los Cullen lo sabían… ¡Por eso no me habían dicho nada! Para no hacerme sentir mal… Era posible que mamá hubiese querido recomponer nuestra vida juntas, y que ayer a la tarde le haya parecido que era demasiado esfuerzo…
-
No, no estás bien. Parece que estuvieras a punto de llorar ¿Qué ocurre? - me preguntó. Edward estaba al lado suyo, tomó su móvil, marcó un número y se alejó a hablar por teléfono.
-
¿Podrías serme sincero sólo con una pregunta que voy a hacerte? - le dije.
-
Sí, claro ¿Qué cosa? - dijo.
-
Cuando conocieron a mi madre en Alaska supieron lo que le ocurrió ¿Verdad? ¿Es que ella me abandonó?
-
No, Maia. - respondió Alice. - La conocimos lo suficiente a Lisa como para saber que jamás te habría abandonado, y estar separada de ti ha sido difícil para ella. Créeme.