Aléjate de mí, Granger — capítulo 10
Lo siento
La enorme lechuza gris surcó el cielo, y atravesando rápidamente el bosque prohibido, voló hasta posarse en la ventana de una de las torres de Hogwarts.
El ave no tuvo que chocar su pico con el vidrio, porque al instante de haberse posado, la ventana se abrió, dejándole paso para entrar.
Pero la lechuza simplemente soltó el sobre en el alféizar de la ventana y retomó su vuelo.
Hermione bufó. Ya había dejado algo de comida para el pájaro.
Cogió el sobre azul oscuro y lo rasgó. Se sentó en la cama y leyó la carta con avidez…
Una semana.
Viktor arribaba a Hogwarts en una semana.
¿Y es que se podía hacer eso? ¿Entrar a Hogwarts cuando se le pegara la gana?
Sonrió. Seguramente pondría de excusa el Quidditch.
¡Merlín, se había olvidado, esa noche tenía que colgar las fechas de entrenamiento de Quidditch!
Se terminó de acomodar la túnica y se colgó el bolso al hombro. Malfoy ya se lo había devuelto, aunque devolver era demasiado. El chico lo había dejado en el mueble de la chimenea, a la vista. Ridículo slytherin.
Bajó las escaleras lo más rápido que le daban las piernas y se encontró con mencionado rubio sentado en uno de los sillones.
-Buenos días - saludó ella, conteniéndose de no mandarle a volar, a pesar de haber terminado el trabajo.
Malfoy no le contestó, simplemente movió la cabeza en su dirección. Hermione aceptó eso como saludo y salió de la torre, con la nariz en alto.
Una vez hubo salido la chica, Draco recostó su cabeza en el respaldo del sillón.
La noche anterior había soñado nuevamente con ella, pero ahora ella ya no lloraba.
Era él el que lloraba, el que sufría. Lo había sentido muy dentro del pecho, había sentido un hueco, se había sentido vacío, más frío que nunca. Sus lágrimas le quemaban en el rostro…
Entonces… entonces ella se le había acercado, y se había sentado a su lado. Él no había podido hacer nada. Le había tomado de la mano y había entrelazado sus dedos con los de él y con la otra mano, con ésa mano, le había acariciado el rostro. Porque era eso, una caricia. Tibia. Ella, toda ella era tibia.
Y le gustaba. Le gustaba esa combinación. La parte fría de él, con esa calidez de ella.
Lo extraño e incómodo de ese sueño fue que no hubo más contacto físico que sus manos juntas. No hubo besos, ni abrazos, simplemente un roce, leve roce.
Y eso era lo que más le preocupaba. Que un simple roce le tenía así, con ansias de más.
De sentirlo realmente.
Ahora.
Así que su cuerpo no le hizo caso y se movió por sí solo. Y salió a buscarla.
Exactamente. A buscarla.
Y como lo había supuesto (y eso ya era extraño) la chica se hallaba en la biblioteca. Vio el borde de su túnica perderse entre sus puertas.
Iba a entrar también, pero su razón le hizo recordar que, desgraciadamente, no había traido ningún deber que hacer, así que no tendría excusa para hablarle…
¿Y para qué carajos necesitas motivo?
Cierto. Maldita razón.
Así que entró, saludó a Madame Pince (ella también se sorprendió), y buscó entre las mesas a la cabeza castaña.
¿Dónde diablos se había metido?
Entonces la vio tratando de alcanzar un libro. Estirándose en las puntas de sus zapatos para alcanzar un maldito libro. Y contuvo una carcajada.
Granger, pequeña Granger…
-Oh, ¿no alcanzas, Granger? - musitó burlonamente, detrás de ella. Hermione cerró los ojos y balanceó su peso en uno de sus pies, apoyando su frente en la repisa de libros.
De entre todas las personas, ¿tenía que ser Malfoy el que le viera estirándose por ser una enana?
Para rematar, el rubio terminó de acercarse y bajó con una facilidad humillanteel libro que ella no había podido alcanzar. Sí, esa era la palabra. Humillante.
Hermione le miró frunciendo el ceño y cogió el libro que el rubio le tendía, y que al parecer, no tenía ninguna intención de soltar a juzgar por la fuerza con la que lo sostenía.
-Malfoy…
-Dime Granger, ¿los muggles no crecen más allá del 1.65m?
-¿Estuviste investigando mis medidas mientras descargabas tu enojo con tu almohada? ¡Vaya, Malfoy! No me lo esperaba de ti - soltó ella, recuperando así el libro de las manos de su compañero. Malfoy se mordió las mejillas interiores para no contestarle una barbaridad. Ganas no le faltaban.
-Me porte como un patán ayer y ahora quieres vengarte ¿no?
-¿Es que tienes un problema con tu personalidad? ¿Eres bipolar, acaso? - le preguntó ella, volteándole a mirar. Malfoy frunció el ceño. Ella rodó los ojos y avanzó entre los pasillos, sorteando estantes y libros, girando hacia la sección prohibida.
-Hey, escucha Granger…
-No, escucha tú, Malfoy - le interrumpió ella, girándose hacia él de nuevo. El chico tuvo que retroceder un par de pasos porque sino… sino se hubiese ido de bruces ante el giro inesperado de la chica.
Pero Hermione no lo tomó así, no, Hermione se sintió dolida pensando que quizá retrocedía por ser solo ella. Y pese a ello, siguió hablándole, aunque con la mirada gacha.
-Este es el último trabajo que hago contigo. Te lo prometo, no te obligaré a ver mi horrenda letra nunca más, ni mi pergamino comprado en Flour…
-Esto no tiene nada que ver con tu redonda letra, Granger. Es solo que… - resopló. *No tenía nada que decirle, nada con que argumentar su estupidez.Hermione tragó dificultuosamente, ignorando el adjetivo "redonda" y se dio la vuelta, para seguir con su camino pero Malfoy le sostuvo de la manga-*Escucha, lo siento, ¿de acuerdo?
La chica se detuvo en seco. Lo siento.
¿Malfoy se estaba disculpando con ella?
¡Que le pasaba al mundo hoy!
Primero, una manada de chiquillos de primero le había atropellado para que les explicara una clase de MC Gonagall y otros de Slughorn… y ahora… ¡Malfoy disculpándose!
-Cierra la boca, demonios - le regañó él, cogiendo un libro gordo del estante y hojeándolo con indiferencia. La castaña bufó, preguntándose si de verdad tenía problemas de bipolaridad y siguió caminando entre los pasillos, con los nuevos libros bajo el brazo - Oye, que te estoy hablando… ¿Por qué te vas tan al fondo? ¿Es que me quieres acorralar en la biblioteca o qué?
-Por favor, Malfoy. ¿Para que querría acorralarte yo aquí? - le espetó sin mirarle, mientras revisaba una repisa ante la atenta mirada del rubio. Draco le fulminó con la mirada, *intentando que ella no se diera cuenta que le había dolido,*y le siguió hasta que ella llegó a una mesa escondida entre algunos estantes…
Y prefirió no avanzar más… En la mesa había cerca de una docena de enanos que, en cuanto oyeron a la castaña, hundieron la nariz en los libros.
-¿Quienes… - comenzó el chico, pero Hermione le calló con un gesto. Aun así, varios niños (incluido uno pálido y de slytherin) levantaron la cabeza y les observaron con curiosidad.
-Alumnos de primero…
- musitó ella, haciéndole retroceder. Draco torció la boca - Me pidieron que les diera un par de clases…
-¡Y ahora eres su nodriza! ¡bravo, Granger! ¡Te has conseguido los tontos de Hogwarts para rescatarlos? Ah ya, lo mismo que hacías con Longbottom y los elfos, si, ya entiendo…
-¡Baja la voz, que te van a escuchar! - le censuró ella, mirándole molesta. Malfoy gruñó, pero al verle fruncir el ceño sintió unas ganas inmensas de seguir molestándola. Que bien, ya se estaba cansando de verla solamente sonreir con sarcasmo. Aunque ahora, que la veía acercarse a los enanos y sonreírles mientras les corregía un pergamino, se daba cuenta de que también le gustaba su sonrisa genuina.
Maldición. Él no era así.
Negó con la cabeza para apartar ese pensamiento ridículo y estúpido de su cabeza y se dio media vuelta para irse.
Todo por querer ir a verla. Por su capricho, sí, porque era solo un capricho. Por supuesto.
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Se estaba terminando de poner su otra zapatilla cuando una lechuza le dejó un pedazo de pergamino en su regazo. Lo desenrrolló con cuidado y al leer el contenido arrugó el ceño extrañada.
De igual forma, se levantó, recogió sus cosas y salió de su sala común.
Fue a la hora acordada en el pergamino y se detuvo frente a la estatua de Boris el Desconcertado. Al cabo de un rato, una sombra se reflejó en la pared de al frente, gracias a las llamas de las antorchas.
Luna ladeó la cabeza confundida, pero cuando vio a Lavander salir por el recodo entendió todo a la perfección. Se sintió una tonta por dentro, ¿Cómo pudo haber pensado que Ronald le pediría hablar con ella a solas?
-Que puntual, Lovegood.
-Hola Lavander - le contestó ella, resignándose. *Seguramente que volvería a perder una de sus zapatillas.*La novia de Ronald Weasley le miró burlona y avanzó hasta quedar a su altura - Pensé que Ronald…
-Ah, Won-won. Pues verás, él me pidióque te citara… Esque como que ya se cansó de tus locuras… ya no quiere verte. Le resulta vergonzoso que lo vean contigo… Y bueno, tú entiendes - le guiñó un ojo la chica, apartando su melena al hombro. Luna tragó en seco, clavándose las uñas en la mano cerrada - Así que ya sabes, haznos un favor a todos y no te aparezcas por la mesa de Gryffindor más.
-¿Y porque no vino Ronald? Podrían haber venido los dos…
-Pues que está en entrenamiento, lunática. ¿Crees que perdería su tiempo hablando contigo?
-Bueno, él pierde mucho su tiempo contigo - canturreó la rubia, tomando su mochila del suelo y dándose media vuelta para andar. Pero Lavander ya había movido su varita y la mochila de Luna ahora se encontraba colgando en el aire, lejos, cerca al techo. Lavander movió su varita una vez más, haciendo que los libros salieran de su lugar y cayeran a los pies de la otra chica. Luna suspiró resignada.
-Ojalá y puedas entender que no te quiero cerca de él, ¿entendiste? Sino la próxima vez, serás tú la que cuelgue de las vigas del colegio.
Y de la misma forma en la que vino se fue meneando su cabello.
Luna se encogió de hombros y se sentó en el murito donde antes había estado, mirando hacia el techo, intentando idear una forma de bajar su mochila.
La varita estaba dentro de ella. No la había llevado a la oreja precisamente para caerle bien a Ronald, que como decía Lavander, corría espantado ante alguna de sus costumbres…
Lo mejor sería seguir el consejo de Lavander y no asomarse más por Gryffindor y mucho menos por Ronald.
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El domingo llegó y con él, el terror de Draco Malfoy. Era el día de la entrevista con su tía Bellatrix.
Ella vería si el chico tenía madera de mortífago, si sus ideales eran los mismos que los de ella y si pasaba "la prueba" podría ir luego donde el Sr. Tenebroso, quien le diría cuando y donde se celebraría su conversión a mortífago. Pero claro, antes de ello tendría que cumplir una misión para él.
*Mortífago.*De solo pensar en la palabra le hacía sentir un miedo único. ¿Y si su tía veía algo de inseguridad y el miedo en sus pensamientos? Ahora más que nunca necesitaba controlar su mente y guardar todo lo referente a ella y esto le ponía muy nervioso.
Pero al pensar en la tranquilidad de su madre, todo su miedo se transformaba en valor. Y él sabía que no se necesitaba ser un Gryffindor para sentir correrlo en las venas.
Así que se tuvo que levantar temprano para que su salida no pudiera causar sospechas y junto con Snape salió del límite de Hogwarts, para luego aparecerse en su casa, donde actualmente residía El-que-no-debía-ser-nombrado.
Snape le guió hasta el salón de… su mansión. ¿Pero a quien trataba de engañar? Ahora ya nada de esa casa le pertenecía. Todo estaba en manos del Sr. Tenebroso.
Bellatrix llegó al salón y le saludó con dos besos, uno en cada mejilla. Draco tuvo el impulso de mandarla a volar, pero supo, sintió la sensación de estar siendo escaneado con sus oscuros ojos.
Seguro trataba de leerle la mente ante el contacto.
Pero por esa forma ella no podría. Draco se había dado cuenta, y en parte agradecía a la naturaleza por ella, de que su piel no reaccionaba tan rápido ante el contacto corporal. Así que por ese lado, Bellatrix no obtendría nada de él.
-Es realmente muy gratificante tenerte aquí de nuevo, sobrino. ¿Extrañabas ya Malfoy Manior?
-Siempre es bueno volver a casa cuando se presenta la primera oportunidad - soltó el chico y los ojos de Bellatrix brillaron ante su inteligente respuesta. Al parecer, pasar tiempo con Granger le había contagiado de su agilidad en el campo de los duelos verbales.
Snape contuvo su sonrisa y se perdió por la puerta que daba al estudio de su padre. Draco miró a su tía de nuevo y se sorprendió al ver que ella le miraba con una sonrisa burlesca en la cara.
-¿Y para cuando pretendes comenzar contu interesante plan, Draco?
- le preguntó ella, con voz aterciopelada. Draco ladeó la cabeza, confundido. ¿De que plan hablaba? - Oh, vamos, sobrino. Debo admitir que no se me había cruzado por la cabeza… ¡Sin duda alguna tienes madera de…!
El chico frunció el ceño sin entender aún. Bellatrix seguía hablando pero él ya se había desconectado de la conversación. Ella dio un par de vueltas más alrededor de él, supuestamentesolo observándole, pero Draco sabía que estaba tratando de sacarle información a través del legerems.
Iba a comunicarle que no iba a obtener nada por ese camino cuando de repente, su madre apareció por las escaleras y corrió hacia él, abrazándole momentáneamente.
-¿Como has estado, cariño?
-Bien, madre. Hogwarts está tranquilo en esta época del año, y solo hemos visto a Dumblendore en un par de ocasiones. Hasta el imbécil de Potter y sus amigos se han mantenido al margen.
-¿Y tus notas? ¿Cómo vas con Pansy?
-Mis notas siguen altas, lo sabes. En cuanto a Pansy… ella sabe que no siento nada por ella y que nuestro matrimonio es simplemente un compromiso, un acuerdo entre nuestras familias. Seguimos frecuentándonos como es tu deseo, no te preocupes.
-Es por un bien mayor, Draco - habló su tía, mirándole seria repentinamente.
-No me importaría casarme con Pansy, tía. Al fin y al cabo nos han criado para unir nuestra sangre.
La forma en que lo dijo, dejó entrever que él veía el casamiento como un común paso en la vida de un Malfoy. Su respuesta hizo sonreir a Bellatrix pero Draco no se preocupo demasiado en ella porque ni bien Snape salió del estudio soltó algo así como "Bellatrix te reclaman" y ésta, después de mirarle de arriba abajo brevemente, salió del salón casi saltando.
-Draco… no es necesario que pienses en matrimonio ahora. Lo más importante en este momento son tus estudios.
-No, madre. Lo importante es ganar esta guerra - espetó él, tal vez muy duramente. Narcissa parpadeó, estupefacta, pero el abrazo que le dio su hijo le hizo cerrar los ojos con tristeza, antes de acurrucarse en su pecho - En el bando que sea, con tal de ganar… - le susurró su hijo al oído.
-Lo siento, Cissy, pero debo llevármelo - intervino Snape, incómodo. Narcissa se deshizo del abrazo y acomodó el cuello de la camisa negra de su heredero, mientras asentía fríamente - Me acaban de asignar una orden que debo cumplir lo antes posible en Hogwarts.
-Sí, si. Entiendo - murmuró ella, con los ojos acuosos, arrugando la nariz levemente. Draco le dio un beso en la frente y luego salió del salón, rumbo a la entrada principal. Narcissa se tapó la boca con una mano y se apoyó en Snape con la otra, soportando su dolor - ¿Es m-muy necesario que…?
-Lo es. Y él sabe que es la única manera de salvarse. A él y a ti. Lo cuidaré y no dejaré que cometa alguna estupidez. Te lo he prometido ya.
-Gracias, Severus. Yo también estoy cumpliendo con mi parte. Te haré llegar cuanto antes mi resolución - susurró mientras se acomodaba la túnica alrededor del cuerpo. Snape frunció los labios con sospecha.
-Cuídate, Cissy. Cuidate mucho y tú tampoco te lances al vacío - le advirtió. La rubia hermosa que había conocido algunos años atrás había desaparecido. En su lugar, Narcissa Malfoy le concedía la última lágrima en su rostro.
-Dile que cumpla con su parte, que yo estoy cumpliendo con la mía. Recuérdale que lo que estoy haciendo es solo por salvar a mi hijo - le susurró, en un tono lúgubre que hizo que Snape se estremeciera.
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La oficina de Dumblendore no le había parecido más sombría nunca.
Ahora mismo, mientras observaba como el director curaba la maldición de su mano con su propia varita en un idioma desconocido, supo que se estaba enfrentando a Voldemort, en cuerpo y alma.
Y sobretodo que se estaba trayendo a su director, a Hermioney a Ron junto con él.
Tal vez Ron ya no quisiera ayudarle. Pero Hermione seguiría con él pasara lo que pasara. Y Dumblendore nunca le dejaría solo. *Nunca.*Él se lo habría prometido.
Pero ahora que le veía vulnerable, a duras pensas soportando el dolor de su brazo, un leve miedo a lo desconocido comenzaba a apoderarse de él.
¿Qué podría hacer para encontrar los otros tres Horcruxes?
En esas pocas semanas, Dumblendore le había instruído acerca de los posibles otros tres. El director le había asegurado haber destruido el anillo de Marvolo y le explicó que él mismo había destruido el diario en segundo. Y en esa misma mañana habían salido juntos esperando terminar con otros dos: La copa y la tiara.
Había sido tan fácil encontrarlos que se había sentido esperanzado, con el corazón cálido.
Pero luego de atravesar la primera prueba donde Dumblendore se había enfrentrado a una cuota de sangre con un cuchillo que le había infectado parte de la mano debido a una maldición negra… su emoción se había ido al garete. Ahora temía estar luchando contra sí mismo, contra su miedo al miedo, contra algo invisible.
Tenía que buscar alguna solución y también a los otros Horcruxes. Porque uno de ellos se encontraba con Voldemort. Necesitaba acabar con Nagini. Necesitaba acabar con Voldemort y los peligros eran muchos.
Y no pensaba jalar en el trayecto a Hermione ni a Ron.
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Esa misma noche, Draco Malfoy decidió asomarse por su sala común, que ya la tenía bien olvidada. Al ver los colores verde y plata y a toda esa gente de sangre limpia conversando como si no existieran los deberes en Hogwarts se sintió una escoria.
Y bueno, que lo era.
O eso era lo que le decían los amigos de Granger.
Mierda, Granger, Granger… ¿Es que es en lo único que pensaba?
Se sentía pésimo. Como un traidor. Él era el príncipe de slytherin y precisamente él, él, Draco Malfoy, tenía que… obsesionarse con una sangre-sucia.
¿Obsesión? Sí, claro, Malfoy.
Has autodenominado a eso una obsesión. Por eso es que justamente ahora estas tan ansioso porque no has encontrado a Granger en la torre.
Pues ya era muy tarde y ella que no llegaba. Era su compañero, tenía derecho a preocuparse.
Después de todo, no la había visto desde el sábado en la biblioteca. Luego él se había ido con Snape a Malfoy manior… y hasta ahora.
Y en ésas estaba, pensando en unas excusas totalmente arrebatadas y nada creíbles incluso para él, cuando derrepente escuchó su nombre en un tono bajo.
Se giró.
Bufó con molestia.
Ah, no. No, no, no. Todo menos eso. ¡Que Merlín le asistiera!
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Ginny se secó los labios con la servilleta y miró aún sorprendida a su amiga. Hermione asintió lentamente y se mordió el labio, culpable.
-¿Me estás diciendo que Draco Malfoy… que crees que Draco Malfoy es otro?
-No pongas esa cara, Gin - le pidió ella, apartándose el cabello para poder comer libremente. La pelirroja negó con la cabeza y tomó un sorbo de su jugo - Ponte a pensar en ello; primero, deja de insultarme cada vez que me ve; segundo, me ha salvado de su asqueroso amigo serpiente y ahora… ¡hasta se ha disculpado, Ginny!
-¿Quién se ha disculpado?- apareció Ron, detrás de la castaña. Harry a su costado le sonrió ampliamente a Ginny. Hermione rodó los ojos, musitó algo de su torre y se levantó, despidiéndose fríamente de los chicos. Ron se encogió de hombros, ultimamente estaba tomando las resoluciones de las mujeres con mucha dejadez, como si hubiese entendido que solo tenía que aceptar sus arranques y no reclamarles nada. Harry rodeó la mesa y se sentó cerca a Ginny, y Ron enarcó una ceja, frunciendo el ceño repentinamente.
Harry se planteó la posibilidad de decirle a Ronald que gustaba de su hermana y ella de él, pero el repentino comentario de su mejor amigo le hizo abortar el asunto. Ron miraba a su espalda, precisamente a donde daba la mesa de Ravenclaw…
-¿De quien es la mochila que lleva Luna? - soltó el chico, sin poder disimular su ceño ni su tono de voz agrio. Ginny se giró justo en el momento en el que Rolf Scarmander ingresaba al Gran Comedor con un par de libros bajo el brazo, siguiendo a su amiga rubia.
-Deben haberle jugado una broma pesada de nuevo… - musitó Harry, recordando que él había sido testigo de más de un abuso contra la rubia. Sin embargo, cuando miró nuevamente al rostro de su amigo, se llevó una fuerte sorpresa, al verle totalmente rojo…de furia.
-¡Quién ha sido el cabrón! ¡Me oirá! ¡Hijos de la mala madre…
-¡Won-won, ¿pero que ha pasado? - Lavander no pudo escoger peor momento para llegar a atosigar a su novio con sus problemas de uñas frágiles. Ron musitó algo que tenía que ver con los abusos de los estudiantes ante los más débiles, habló de darles una severa lección y hasta de hablar con Hermione para solicitar una detención, causando que Lavander frunciera el ceño indignada.
-¡No pasa nada! ¡solo estoy harto de los abusos!
-¿Qué abusos? ¿Contra quien?
-Hacia Luna - soltó Ginny, enseñando su blanca dentadura a su casi-cuñada. Lavander frunció los labios e hizo que su novio se sentara a seguir comiendo. Pero Ron no siguió comiendo. Su mirada estaba fija en la espalda de la rubia, y de vez en cuando se desviaba hacia el chico que le acompañaba.
Ginny sonrió, dándole un codazo a Harry, que también comprendió la situación al instante.
Ronald Weasley estaba celoso.
De Lovegood.
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-¿Qué quieres? - le preguntó con tono mordaz. El chiquillo que le había hablado tragó en seco y se giró a mirar a sus compañeros, que en seguida pegaron sus narices a los libros. Draco bufó. Cobardes.
-Eh… esque… hoy con Miss Granger… yo olvidé… - balbuceó el pequeño, mirando sus zapatos como si fueran lo más importante de la habitación. Draco expulsó aire impaciente y le indicó la butaca frente a él para que se sentara. El chiquillo dudó pero ante la mirada penetrante del rubio accedió a sentarse, tratando de recordar en que palabra se había quedado.
Draco no pudo sino esperar a que el prospecto de serpiente hablara. El niño había pronunciado la palabra mágica, la única que podría captar su atención. *Granger, había dicho.*Y ahora le tenía ansioso, impaciente de saber que cojones tenía que ver Hermione Granger con el crío que había amadrinado.
¡Pero claro!
Por supuesto.
La comprensión llegó a su cerebro.
El niño era de primer año. Y había mencionado algo de olvido.
-Solo suéltalo - habló con voz impersonal, causando que el chiquillo levantara la cabeza a mirarle confuso - Quieres que te ayude en algo, ¿no? Pues, dale, hazlo rápido, tengo que regresar a mi torre. Soy premio anual.
-Me he olvidado de… de como preparar una poción para el viejo Slug - murmuró atropelladamente el chico. Malfoy habría sonreído. ¡Ironías de Merlín!
¿Por qué tenía que haberle puesto precisamente a él en la misma situación que su compañera?
¿Ser profesor?
Tutor.
Como Granger.
Ayudar a Granger.
Uhmm… interesante.
-¿Qué poción dices que es? - accedió el rubio, inclinándose hacia el niño, que ahora no sabía si temer ante el repentino cambio de humor de su mentor o si alegrarse de la situación.
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La autora de esta historia esta dispuesta a recibir todos los tomates, o crucios que los lectores le quieran suministrar.
¡Pero despacio!¡Lo siento!
Estos meses sin ustedes han sido terribles!
No tuve internet por un bueeeeen periodo de tiempo y luego resulta que mis notas bajaron tremendamente… y me lo volvieron a quitar.
Pero pude escribir más. Y por eso ya tengo el siguiente capítulo. Jeje.
Bueno, ahora espero que les guste este. Disculpen si aun no ha llegado el ansiado acercameinto. Pero muy pronto. Muy pronto.
Un beso a todos y gracias por seguir leyéndome.