← Historia 53939 · de
Historia 53939 — capítulo 4
Capitulo 3:
Harry de repente se encontró solo. Estudio la elaborada túnica que lo cubría y las gruesas cadenas de oro que descansaban sobre su pecho y sintió que la preocupación lo invadía. No le gustaba ser objeto de tantas atenciones. Odiaba la corte y todo lo que implicaba. Pero como leal siervo del rey, no tenía otra opción, hasta que pudiera regresar a sus tierras y volver al anonimato que el norte de Inglaterra le ofrecía.
Y llevarse a su mujer con el.
Se conocerían en menos de una hora, antes de la boda, a petición de ella. Lady Ginevra no sabia nada de el, pero en la corte nadie dudaba en hablar de ella. Harry no había dejado de oír hablar de ella desde su llegada.
Era hermosa. Su largo cabello rojizo llegaba casi hasta el suelo, cubriendo su cuerpo esbelto. Todos hablaban de sus gloriosos ojos jade y sus maravillosos labios rojos.
Había recibido una esmerada educación con los mejores tutores y podía hablar la mayoría de las lenguas del continente, así como leer y escribir al menos en cinco, incluyendo el latín y el griego. Por sus venas corría sangre real ya que tenia lasos de sangre con casi todas las familias reales del mundo cristiano en el continente europeo.
Y era la amante del rey.
Deseaba poder hablar con alguien, pero no había nadie a quien poder confiarle sus dudas sobre aquel matrimonio. En aquello había más que un simple acuerdo y una orden del rey. ¿Acaso lo estaban humillando por ser solo un noble ingles y no uno de los personajes preferidos del rey?
¿Habrían pecado su padre o su madre contra los Malfoy y el tenía que sufrir el castigo?
No pensaba hacer nada más que aceptar a Ginevra como esposa y llevarla a sus tierras. Cualquier problema que hubiera entre ellos lo solucionarían allí, donde nadie mas podía cuestionar su autoridad ni su poder. Excepto la mujer que en aquel momento entraba en la estancia.
-¿La has conocido ya? ¿Te la han presentado?- su madre lo había seguido a Woodstock, pero su presencia no lo estaba ayudando. Sus preguntas y comentarios velados lo preocupaban aun más.
-La conoceré en menos de una hora. Madre. A solas- añadió. Para dispersar cualquier posible duda.
Vio que su madre parecía debatirse momentáneamente con las palabras que quería decir, pero finalmente se suavizaron sus ojos verdes.
-¿A solas? Pero tu familia y la suya deberían estar presentes en ese momento tan importante. Yo debo…
-No debéis hacer nada, madre. Primero me encontrare con Ginevra a solas y después asistirás a al ceremonia con los demás.
Durante unos instantes su madre pareció a punto de discutir, pero entonces una expresión diferente se reflejo en sus ojos y en ellos brillaron las lagrimas.
-Ojala tu padre estuviera aquí para ver esto. A el le habría gustado verte casado hace años, pero…
-Yo lo aplacé y ahora el ya no esta aquí para verlo. Yo también lo siento- se acerco a ella.
-Ahora las cosas serán diferentes- dijo su madre.
Harry noto el miedo en su vos. Su madre perdería su preeminencia en la casa con la llegada de Ginevra. Dejaría de tener poder y control.
-Madre, después de la boda…
-Si me das una escolta, me mudare a mi propiedad de Ravenglass. Será más fácil si voy directamente allí y después me envías mis cosas cuando llegues a Hogsmeade.
Aunque pronuncio las palabras con calma, Harry casi pudo oír los frenéticos latidos de su corazón. Sabia que su madre estaba conteniendo la respiración mientras esperaban las palabras que determinarían su futuro.
-La casa de Ravenglass no esta habitable ahora. Mientras se le hacen las reformas oportunas, creo que deberías quedarte en Hogsmeade y ayudar a mi esposa. Todo le resultara extraño y si la ayudáis se podrá habituar mejor a nuestra gente y a nuestras costumbres.
Tras un momento de incomodo silencio, su madre dejo escapar un suspiro y sus ojos se relajaron, y Harry supo que había dicho lo correcto.
-Solo me quedare mientras tu mujer necesite mi ayuda, Harry. No permaneceré en un sitio en el que no se me quiere.
Harry la abrazó.
-Claro que te quiero madre, solo te pido que no interfiráis.
Pero incluso a el le parecieron huecas sus palabras. Su madre, lady Lily, le adoraba pero sabía que podía hacerle la vida imposible a su mujer. Vivía por cuidar de el. Pero aquel día, el día de su boda, Harry aceptaría su palabra, con la esperanza de que todo saliera bien cuando volvieran a Hogsmeade.
Se separo de ella, pero dejo las manos sobre sus hombros.
-Ahora debo terminar de prepararme y conocer a mi prometida- se inclino y la besó-.Todo ira bien, madre. De verdad.
Su madre le dedico una leve reverencia y, sin decir nada mas, salió de la habitación. Harry al quedarse solo, sintió cierta intranquilidad. Lady Ginevra había pedido que se encontraran a la hora tercia y, al ver que se aproximaba el momento, Harry abandono su habitación y atravesó el pasillo hasta la pequeña estancia designada para su encuentro. Conociendo la costumbre de las mujeres de llegar tarde, no pensaba que fuera a estar esperándolo.
Cuando cerro la puerta tras el, se dio cuenta de que todas las habladurías sobre su belleza y elegancia no eran exageraciones. Cuando ella se inclino ante el en una profunda reverencia, quedo sin querer a la vista su escote, Harry sintió que su cuerpo respondía ante tal visión.
Aquello podría funcionar después de todo.