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Historia 54263 — capítulo 1
Ser un doble espía no era fácil. Nada fácil. Severus Snape se había metido en ello con todas sus consecuencias. Sabía que la muerte podría asaltarle en cualquier momento y, lo peor de todo, es que no estaba seguro de saber de cuál de los dos bandos provendría ésta.
Desde aquel fatídico treinta y uno de octubre del año 1981 en el que Lily, su amada Lily, murió a manos del que por ese entonces era su amo, se sumergió en algo en lo que nunca antes había pensado. Él pensó que Voldemort iba a proteger a Lily, por eso le contó todo cuanto había escuchado, lo referente a la profecía. Pero muy a su pesar, se equivocó totalmente. Lily estaba muerta y él no sabía qué hacer. Dumbledore le procuró protección y le aleccionó muy bien, después de haber estado en el bando mortífago aquello era mucho más de lo que podía agradecer.
Sabía, tal y como le dijo el director, que debía cuidar de Harry Potter todo lo que pudiera. Tiene los mismos ojos de Lily. Aquellas palabras que dijo el viejo Albus resonaban en su cabeza cada vez que el muchacho le ponía de los nervios, Severus pensaba que era igual que James. Igual que el estúpido James.
Aquellos años fueron bastante duros para Severus, se podía palpar en el ambiente que Voldemort regresaría en cualquier momento. Había demasiadas señales inequívocas, parecía que poco a poco todo iba volviéndose más oscuro. Cuando Igor Karkarov le comentó que parecía que su Marca Tenebrosa se volvía más nítida a cada día que pasaba ya no tuvo más dudas: iba a regresar muy pronto. La noche de la prueba final del Torneo de los Tres Magos, al sentir esa quemazón en su antebrazo izquierdo, aquello que llevaba sin sentir largos años, se temió lo peor. Dumbledore le había dado claras instrucciones: debía volver a su lado, haciéndose pasar por un espía en Hogwarts. Aquella era su única salida.
Pudo soportar medianamente todo eso durante el siguiente año, a veces pasaba días en el cuartel general de la Orden del Fénix, a veces pasaba días en compañía de sus antiguos compañeros mortífagos. Pero el día en que Dumbledore le dijo que, llegado el momento, debería matarle, se le vino todo encima. Estaba preparado casi para cualquier cosa menos para eso.
Por supuesto, ese día llegó. En la torre más alta de Hogwarts descubrió a un pobre viejo que le suplicaba por su muerte y, tal y como había prometido que haría, no tuvo más remedio que llevarlo a cabo. Su tiempo en el castillo, el tiempo que había vivido como miembro de la Orden había finalizado. De ahí en adelante, le esperaba un cruel calvario.