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Historia 54263 — capítulo 2

Severus no había tenido más remedio que refugiarse con los mortífagos, después de haber matado a Dumbledore no podía volver a pisar ningún lugar en el que hubiera un miembro de la Orden del Fénix, ese sitio se convertiría en observador de una batalla. Él aún tenía presentes cada una de las pautas que el director le había dejado encomendadas, pensaba cumplirlas a rajatabla, no iba a dejar que su muerte hubiera sido en vano.

Lo primero que debía hacer, era controlar que Potter llegara a salvo a dónde quiera que fuese que pensaban esconderle después de que cumpliera la mayoría de edad. Sabía que el Señor Tenebroso planeaba un ataque para ese día, era demasiado tentador como para dejarlo pasar y debía proteger al muchacho: era el único que podía terminar con todo aquello. Tenía varias cosas pensadas, a cual más descabellada, pero debía elegir minuciosamente la que pudiera llevarles a un éxito seguro. Pero lo más importante de todo, era que nadie de la Orden descubriera que él, precisamente él, era quien había ideado el plan.

Pocos días después de todas estas cavilaciones, por fin se había decidido por un plan. Pero aún necesitaba una cabeza de turco, alguien que comunicara sus deseos a los de la Orden del Fénix. Mundungus Fletcher parecía ser una buena opción, él siempre estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de ganarse unos míseros galeones; esa era una buena forma de engatusarle, prometerle oro. Lo más difícil fue acercase a él sin levantar sospechas, por suerte, la poción multijugos nunca se le había resistido y tenía una buena reserva de ella. Con tan sólo coger unos cuantos pelos de una mujer muggle que paseaba por delante de su casa, consiguió un fantástico disfraz. Convencer a Mundungus de que le siguiera hacia un lugar apartado fue aún más fácil de lo que Severus había pensado, con sólo sacar un galeón el hombre fue detrás de él como un perro hambriento detrás de un jugoso pedazo de carne. Tampoco convencerle de que transmitiese su plan a la Orden -obviando el detalle de que lo había propuesto Snape- fue nada complicado, parecía tener demasiado miedo como para contradecirle.

*     *     *

Todo parecía estar saliendo como había planeado, Mundungus transmitió su mensaje a la perfección y él ya había hecho lo propio con sus "compañeros" mortífagos. Todo estaba preparado, siete personas idénticas iban a surcar el cielo nocturno mientras bandadas de mortífagos les perseguirían.

A la hora prevista el escuadrón de la Orden se alzó en escobas, thestrals e incluso en una motocicleta voladora. Los mortífagos se separaron al igual que lo hicieron los otros y al poco tiempo, comenzaron su persecución mortífera. Severus seguía de cerca a Lupin y a uno de los Potter, ignoraba quien pudiera ser. Diversas maldiciones iban y venían a su alrededor, todos trataban de evitarlas como bien podían, pero a esa altura y en movimiento se convertía en una tarea muy complicada.

Hubo un momento en que una mano mortífaga apuntaba extraordinariamente hacia Lupin y su acompañante, justo al frente de Severus. En milésimas de segundos un millar de pensamientos cruzaron su cabeza, no podía permitir que les dañase, pero tampoco podía hacer ver que estaba en contra de los mortífagos. Algo se formó rápidamente en l cabeza, sí, podría pasar como un accidente. Alzó firmemente su varita, apuntaba de forma precisa a la mano del mortífago que había delante de él.

-¡Sectumsempra! -gritó Snape.

En ese preciso momento el mortífago pareció cambiar de opinión y se movió, para buscar un mejor ángulo de tiro. A consecuencia de ello, la maldición de Severus dio de lleno en el Potter que estaban persiguiendo. Había cortado la oreja de alguien inocente, fuera quién fuera. Se sintió mal, muy mal, no había planeado esto con Dumbledore. Decidió regresar a su guarida, ya ajustaría cuentas con Voldemort en otro momento. Ahora sólo necesitaba descansar y tratar de enterarse de quién había sido el desafortunado que había perdido una parte de su anatomía por un estúpido error.