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¿Quién manda? ¡Pues, la hija de Voldemort! — capítulo 4

Les había tomado tiempo encontrar a Barney. El pobre dinosaurio temblaba, mientras la niña lo abrazaba. Por supuesto, Severus y Bellatrix se veían amenazantes, portando sus varitas y mirándolo con un gesto de malicia en cada centímetro de la piel de su rostro. Habían complacido los deseos de la hija de Voldemort. En cuanto al unicornio, con un "My little Pony" había bastado. Bellatrix prometió jamás volver a entrar en una tienda de juguetes. Todos esos lindos animales mirándola. La desesperaban.  Esa noche, era hora de dormir. Incluso el mal descansaba. Con un suspiro de agotamiento, Voldemort pensaba irse a dormir y quizá pedirle a Bellatrix que le asistiera con ese pequeño detalle. Pero antes de siquiera acostarse, su hija estaba allí. Mirándolo como una lechuza. Con su pony entre sus brazos y enojada. ¿Y ahora qué? — ¿Qué haces aquí, Bernadeth?— rugió enfadado y ella lo miró con un gesto muy parecido a la expresión "duh" — ¿Qué crees que hago aquí, papá? Pues intento dormir, pero no tengo sueño. Una lástima. — Ve a fastidiar a Rodolphus o dile a Snape que te prepare algo para dormir y déjame en paz. Ella se cruzó de brazos y lo miró con un gesto de reproche. Voldemort estaba cansado de ella. De verdad que aquellos días de llevar a su hija al trabajo, sí que costaban. Con una inspiración relajada, se sentó en la cama y la miró de reojo. Ella no se iría, ya la conocía. Lo mejor era preguntarle qué quería y dárselo. — Cuéntame un cuento, papá. Nada peor que eso. Aunque era mejor que buscar un animal inexistente. — ¿Qué cuento quieres, Bernadeth? — ¡Cuéntame uno donde Harry Potter, es tragado por una enorme serpiente y...! ¡Eso le gustaba...! — Sale victorioso de las fauces de aquella serpiente, portando una enorme espada llena de joyas y acaba con el mal en el mundo. Eso sí que no... — No me sé esa historia— mintió. ¿Decir que Harry Potter era el vencedor? ¡Por dios! ¿En qué cabeza cabía semejante apreciación? ¿Semejante historia? Miró a su hija que despegaba los labios. Estaba por gritar. Su grito era legendario. — ¡Muy bien, bien!— dijo, antes de que ella se echara a llorar. La miró acostarse en la cama y con una gran inspiración... Trató de dejar su odio hacia Potter, por fuera de la historia que iba a contarle. Tenía que hacerlo bien o jamás se dormiría y él, no podría hacer eso que deseaba. Bellatrix involucrada. Aunque la idea de tener más hijos. Era lo único que le daba miedo. Eso y Dumbledore.