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¿Quién manda? ¡Pues, la hija de Voldemort! — capítulo 5

Voldemort despertaba de un merecido descanso y miró a su lado. Sí. Bellatrix estaba al otro lado de la cama. Y su "hija"; al menos estaba dormida en otra habitación. Ya no zumbaría de forma molesta; mientras él disfrutaba de hacer lo que más le gustaba. Inspiró y se sentó en la cama con mucho cuidado. Que Bella se quedara  allí, no había problema. Solo no quería encontrarse con su hija. No quería más pedidos absurdos. Negó con la cabeza y caminó hasta el salón de su enorme casona. Con una inspiración profunda, llenó sus pulmones de aire. Silencio. No estaba su hija por los corredores. Imaginó estaba enloqueciendo a Snape o molestando a Rodolphus. No le permitía interactuar con Greyback puesto que...bueno, podía comérsela y después tendría que escuchar a su fantasma quejumbroso. Mientras se sentaba en su trono de huesos, escuchó pasos que se acercaban a toda prisa. No quiso imaginarse de qué se trataba; pero ya esperaba escuchar su chillona voz. — ¡Buenos días papá! Oye deberías salir un poco, estás muy blanco y mis amigos se van a reír. — ¿Dónde está Snape?— reconocía que esa varita era suya, donde la mirara. Su hija hizo un gesto dubitativo con la cabeza y luego lo miró con rostro de pocos amigos. — Está en el suelo, quejándose. Solo le hice subir las escaleras conmigo en su espalda y ya se echó a llorar como un bebé. ¡Quiero divertirme! Este lugar es muy muy aburrido y todos tus sirvientes huelen muy mal. Excepto Snape. A eso no supo qué contestar. No era su culpa que sus sirvientes no se bañaran. Aunque no estaba muy al pendiente de ello. Solo cuando Bella... Cuando ella comentaba algo así. Bañarse...sonaba muy atractivo y... — ¡Te estoy hablando, papá!— le gritó ella y él, volvió a la realidad. Que odiaba de hecho. Perdiendo con Potter y teniendo que soportar a aquella niñita. — ¿Qué es lo que quieres? — ¿Se te olvida qué día es mañana, papi? Odiaba pensar en el mañana, puesto que ella seguía allí parada. Inspiró y asintió con la cabeza. Ella suspiró en silencio y ladeó su rostro hacia los lados. — ¿Y en dónde está la decoración? ¿Los regalos? ¿Los invitados? ¡Quiero mi fiesta, papá! Mi fiesta, mi fiesta, mi ¡FIESTA! ¿Fiesta? ¿De qué fiesta hablaba? Inspiró y alzó su mano para contar los días. Esa odiosa mocosa había nacido un día... ¡Era su fiesta de cumpleaños! ¡Al día siguiente sería la fiesta de cumpleaños de su hija! ¿Por qué diantres tenía que estarle pasando a él? Bernadeth lo miró con un gesto acusatorio y él se preguntó qué podría hacer para terminar con ello de una buena vez por todas. Detestaba tener que prestarse para fiestas y cantar felices mañanitas. Pero ella no se quedaría tranquila hasta que él lo hiciera. Inspiró en silencio y se preparó para llamar a sus fieles súbditos.