← Historia 54310 · de
Historia 54310 — capítulo 1
Esta historia viene de mi anterior cuenta conocida como Pem la cual tras algunos problemas simplemente se desapareció por completo; para los que ya hayáis leído esta historia os advierto que la estoy reescribiendo y aunque sigue más o menos la misma trama argumental que la primera habrá añadidos, algún personaje nuevo y pueden desaparecer o variar muchas de las escenas por lo que recomiendo que os la volvías a leer.
Espero que la disfrutéis, cuidaos mucho.
Kurenea.
Mi mirada estaba fija en aquellos hombres; simplemente no podía apartar mis ojos de aquellos tres ataúdes.
Por que se estaban llevando mi vida entera con ellos a cada paso.
Me sentía tan extraña y malditamente vacía cómo si en realidad yo también hubiese muerto en ese accidente y ahora solo fuese un etéreo fantasma que contemplaba desde lejos los acontecimientos.
Pero no; yo no había muerto en aquel accidente, yo seguía viva.
Mi palpitante corazón, el aire contra mi piel. Todo ello me estaba diciendo que yo estaba completamente viva.
Seguí el paso de aquellos hombres hasta que se detuvieron y lentamente bajaron las tres oprímentes cajas de madera pulida hasta el suelo justo junto a tres hoyos cavados paralelamente entre sí.
Cerré mis ojos por un momento tratando de que mis piernas de repente sin fuerzas no cedieran ante la nefasta tristeza que empezaba a abrirse paso dentro de mí; tratando simplemente de parecer la misma niña demasiado madura para mi edad de siempre.
Por qué no quería su compasión, yo no quería nada de aquellas personas que en su mayoría solo estaban allí por quedar bien.
Personas a las que seguramente no iba a volver a ver nunca más en mi vida.
Apreté los puños sin importarme el destino de las flores que llevaba agarradas entre mis manos.
Nunca había sabido a que se debía todo aquel odio familiar por mis padres pero siempre había estado presente desde que tenía memoria y sin embargo de repente ya no me importaba que el resto de mi numerosa familia me odiara por que los únicos que de verdad me importaban estaban en aquellos ataúdes que poco a poco iban siendo bajados a su definitivo lugar de reposo.
Parpadee cuando una mano se poso sobre mi hombro sacándome de mis turbios pensamientos y haciendo que alzase mi vista hacía el hombre que había dirigido la ceremonia el cual me sonreía tristemente mientras con su otra mano hacía un gesto hacía los ataúdes ya posados en sus lugares y listos para ser enterrados.
Los mire inexpresiva pero me deshice suavemente del agarre de aquel hombre hasta quedar frente a ellos dejando caer una flor sobre cada uno antes de girarme y volver a donde había estado de píe durante toda la ceremonia tratando esta vez de no meterme dentro de mi misma mientras mis ojos miraban fijamente la tierra que caía sobre los ataúdes pero aquello me hizo sentir unas fuertes nauseas.
Ahí iba toda mi vida, todo mi mundo.
¿Cómo se suponía que volvería a ser la misma niña de diez años tras aquello? Me pregunte obligándome a pesar de las nauseas a no apartar la vista de la tierra sepultando los ataúdes.
Simplemente no volvería a ser la misma comprendí, observando las placas de mármol y las lapidas con pesar.
Ignorando por completo a los presentes que trataban de acercárseme y darme el pésame que tan falsos sonaba en sus labios.
-Elis, lamento mucho molestarte- dijo suavemente mi tío Alfred haciendo que girase levemente mi cabeza para mirarlo directo a los ojos aun consciente de que aquello le incomodaba.
-Quería ofrecerte que vinieras a vivir con nosotros- explico al comprender que no iba ser yo la que le preguntase que era lo quería.
Le miré de arriba abajo como si quisiera grabar su figura de pálida piel y oscuros cabellos en mi memoria.
Aunque ciertamente solo lo hacía porque sabía cuan incomodo lo hacía sentir; a fin de cuentas no era yo la que se había acercado a él para hacer una proposición que sonaba no solo terriblemente falsa sino además completamente surrealista.
¿No era acaso él aquel que no soportaba que posase mi mirada sobre el sin estremecerse?
¿No era acaso suesposa la misma que me había llamado maldita odiosa niña repelente en repetidas ocasiones sin que yo hiciera o dijese nada?
¿Y no era acaso su hijo el mismo que me odiaba y me tenía pánico desde que aquel día en que le devolví uno de sus propios violentos golpes?
Si para mí que ellos eran exactamente los mismos pensé mientras les observaba solo levemente divertida por sus distintas reacciones bajo mi mirada.
Además el sentimiento de desprecio era mutuo. Yo tampoco podía ni verlos y vivir con ellos hasta la mayoría de edad era como decirme que tenía que vivir dentro de una casa habitada por completo de arañas mutantes come hombres.
Está bien, ciertamente no quería insultar a las arañas mutantes come hombres ellas no tenía nada que ver.
-No Alfred, ella vendrá a vivir conmigo tal y como lo dispusieron sus padres y ahora sal de mi vista- espeto fríamente una mujer a la que no había visto en toda mi vida interponiéndose entre la visión de mi tío y yo; cosa que en realidad no me importo demasiado.
-Marian, es un placer volver a verte- comento mi tío con forzada educación y un tono de voz que decía claramente que no era un ``placer´´ volvera verla.
-Lo siento por ti pero para mí no es un placer verte en realidad fue una desagradable sorpresa Alfred- contesto la mujer en tono cortante haciendo que yo fijase mi vista en su espalda y en sus cabellos negro azabache cubriéndole hasta el cuello.
Ok, dos puntos a favor de la mujer; con aquella frase se había ganado mi eterno respeto.
Bueno eso y una furiosa mirada por parte de mi tío que tras farfullar una indescifrable frase por lo bajo se fue a paso rápido de allí arrastrando consigo a su mujer y su hijo.
-Maldito engreído debimos dejar que se despeñase por el precipicio en aquel entonces- murmuro furiosamente la mujer mientras yo la rodeaba y observaba su rostro.
Se parecía a mi madre pensé observando su piel suavemente bronceada y sus ojos de un suave tono azul tirando hacía violeta.
Era una mujer verdaderamente hermosa pensé observándola fijamente hasta que ella finalmente sintió mi mirada y me miro sonriendo avergonzada por haberme literalmente olvidado.
-¿tal y como lo dispusieron mis padres? - cuestione mirándola a los ojos intensamente.
Arrancándole una divertida pero a la vez cargada de tristeza sonrisa mientras ella posaba una mano sobre mi hombro con suavidad.
-Soy Marian, la hermana mayor de tu madre- explico haciendo que yo enarcase una ceja; ciertamente tenía muchas tías así que no me extrañaba no conocerla a ella.
Lo que me extrañaba es que jamás había oído antes su nombre salir de los labios de mis padres; es más ni si quiera había visto alguna foto suya en los antiguos álbumes familiares.
Sin embargo aquel abogado me había dicho su nombre y si no recordaba mal debía tener una foto suya que ni me había molestado en mirar metida en el bolsillo.
-Está bien, vámonos- conteste haciendo que ella parpadease un tanto sorprendida y mirase hacía las tumbas justo tras de mí.
-¿estás segura? Es posible que no tengas otra oportunidad de venir aquí- murmuro para que la gente que pasaba a nuestro lado no la escuchara.
-Si- le conteste haciéndola fruncir el ceño.
-Entonces tomaremos el avión esta noche- comento ofreciéndome su mano como a una niña pequeña.
Pero yo la ignore por completo y eche a andar por delante suya mientras sacaba la foto que me había dado el abogado observando su rostro sonriente en la foto junto al de mis padres.
Lejos de todo lo que me recordara que les había perdido; quería empezar de nuevo con aquella extraña tía mía de la que nada sabía.