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Historia 54310 — capítulo 2
(Casi seis años después)
Apenas si había amanecido cuando desperté inquieta por algún motivo que no alcanzaba a entender me levante de la cama posando mis descalzos píes sobre el suelo de madera y me puse en píe arreglando la cama mientras mis ojos divagaban por la pequeña habitación pensativamente.
Antes de dirigirme hacía el piso de abajo sin si quiera molestarme en arreglarme aun inquieta hasta que llegue a la cocina y me eche a reír mientras sacudía cabeza.
La razón por la que estaba inquieta y me había levantado tan sumamente temprano era simplemente que mi tía no estaba en casa aun y por lo tanto no había habido un solo ruido en la casa ni nadie pululando por ella durante toda la noche.
Suspire; reprochándome a mi misma lo tonta que había sido y el hecho de haberme acostumbrado tanto a los ruidos y la presencia de mi tía como para que su ausencia me afectase de tal forma.
Una verdadera estupidezpensé pasándome la mano por mi corta melena color canela mientras volvía a subir al segundo piso y me dirigía a mi habitación.
Empotrada en una esquina de la casa no era apta para claustrofóbicos pero a mi simplemente me encantaba; se sentía acogedora aunque quizá debería empezar a pensar en usar la habitación libre de la casa como una biblioteca pues mi habitación estaba ya un tanto sobrecargada pensé apartando los libros que misteriosamente habían aparecido en mi armario para poder tomar unos vaqueroy una sudadera.
Me giré con la ropa limpia entre mis manos hacía la pequeña cajonera que había junto a mi cama para tomar algo de ropa interior esquivando como de costumbre unos cuantos libros más que estaban en mi camino.
Muy bien quizá sí que debía poner en práctica mi idea pensé esquivando más libros mientras salía de la habitación y le echaba desde la puerta un vistazo general.
Mirase donde mirase había algún libro; incluso podía ver sobresalir alguno de debajo de mi almohada.
Suspire y me dirigí al cuarto de baño deshaciéndome de la ropa que llevaba puesta la cual cayó en un desordenado grupo sobre el suelo mientras yo entraba en la ducha y abría el grifo ignorando por completo los escalofriantes ruidos y el chorro de agua helada que salió para luego ser sustituido por uno que de tan caliente humeaba.
Aquello se repitió un par de veces hasta que finalmente se normalizo.
La caldera y sus achaques de vejez pensé soltando un suave suspiro mientras sonreía de medio lado; no por nada vivía en la casa encantada del barrió.
O eso decían los niños porque a pesar de que la casa llevaba allí desde antes de que se levantaran las demás de encantada solo tenía a mi tía Marian que bien podía pasar por bruja.
Sobre todo si la atrapabas recién levantada pensé curvando mis labios en una leve sonrisa que se amplió al pensar lo que mi tía me haría de llegar a enterarse algún día de mis pensamientos.
Salí de la bañera secándome lentamente con la toalla mientras mis ojos se fijaban en el reloj de pulsera que había dejado en el estante del baño.
Aun faltaba una hora y media para que comenzasen las clases por lo que tenía tiempo de sobra aunque tampoco es como si fuese a perder algo si simplemente no iba.
Por muy lastimoso que pudiera parecer los profesores se dedicaban día si día también también a repetir una y otra vez las mismas lecciones porque solo tres personas de toda aquella clase se molestaban en prestar atención y en últimas ni eso.
Fije mis ojos en mi propio rostro ladeando levemente la cabeza y observando mis ojos.
De un intenso color verde me devolvían la mirada; fríos e indiferentes.
Mis ojos, los que deberían ser el portal del alma eran dos puertas cerradas en mi rostro y ni si quiera yo estaba muy segura de la razón.
Finalmente los ignore y peine mi corta melena con los dedos antes de tomar la ropa sucia del suelo y bajar las chirriantes escaleras de madera silenciosamente pisando con suavidad allí donde sabía que hacían ruido y saltando los tres últimos escalones que siempre hacían un escalofriante crujido como de huesos rotos de lo más desagradable.
Abrí la puerta del sótano y sin encender la luz lance la ropa sabiendo que caería directa en el cesto me gire cerrando de nuevo la puerta y dirigiéndome a la cocina.
Bostece y me estire perezosamente mientras mis pensamientos giraban nuevamente por mi mirada.
Esa que junto a mi eternamente inexpresivo rostro me había ganado la fama de chica de hielo que solo hablaba cuando era estrictamente necesario pero nuevamente me encontraba con que no podía dar razones a ese comportamiento para con los demás.
No es como si me cayesen mal en ocasiones incluso se me hacían simpáticos; no, el problema radicaba en otra cosa que no era capaz de interpretar.
Un sentimiento como de vacío, como si aquel verdaderamente no fuese mi lugar.
Sacudí la cabeza sacándome aquellos turbios pensamientos de la mente antes de inspeccionar la nevera esperando que mi tía al menos hubiese comprado leche antes de irse aunque obviamente y tal como esperaba no lo había hecho.
Suspire mientras sonreía de medio lado y cerraba la vacía nevera.
-Esta mujer, si no hiciera yo la compra creo que ella simplemente no comería- pensé en voz alta más divertida que verdaderamente molesta mientras me giraba hacía el despensero de madera y lo abría sacando un pack de zumos de tetrabrik del cual tome uno; bebiéndolo en un par de largos tragos antes de tirarlo a la basura.
Tomar los dos zumos restantes y echarlos en mi mochila la cual había dejado la noche anterior colgando de una de las sillas de la cocina.
Comprobé que todo estuviese en orden por la casa antes de tomar mis llaves y salir de esta procurando darle dos vueltasa la cerradura antes de saltar los peldaños de madera que separaban la casa de la acera y echar a caminar silenciosamente.
Sonriendo de medio lado al ver que el vecino aun tenía la persiana bajada y las luces apagadas lo que indicaba que seguía durmiendo.
Ciertamente el pobre debía estar amargado gracias a mi tía Marian que al contrarió que yo siempre salía muy estruendosamente de la casa haciendo ruido a más no poder y normalmente despertando a medio barrió en su camino.
Aunque claro el quesaliera silenciosamente no era por consideración al vecindario era más bien porque me gustaba pasar desapercibida pensé mientras me ponía los gastados auriculares de mi mp3 pasando las calles una tras otra como una silenciosa exhalación y sin al contrarió que muchos otros estudiantes que recorrían ya las calles; resbalar con los miles de charcos de hielo que se formaban en la aceras y solían provocar aparatosos accidentes que por algún motivo yo siempre sabía esquivar.
Por lo que cuando una de mis compañeras de clase salió a toda velocidad de su casa y acelero el paso para ponerse a mi altura con la clara intención de decirme algo tuve los reflejos suficientes como para atraparla de la muñeca antes de que cayese de boca al suelo.
-Gracias- mascullo ella un tanto más pálida de lo normal seguramente debido a la impresión.
Me encogí de hombros sonriendo levemente y eche a andar rápidamente antes de darle tiempo a abrir la boca de nuevo; en realidad conocía a la chica.
Se llamaba Lucy y por algún motivo siempre me encontraba a mi misma sacándola de algún lio.
Incluso había llegado a quitarle de encima a los típicos matones del instituto y tras eso al parecer ella había empezado a considerarse mi amiga.
¿O sería más adecuado catalogarla como mi sombra? Pensé cargada de ironía.
Ciertamente me seguía a todas partes e incluso había intentado un par de veces ocupar el pupitre libre que había junto a mi pero por suerte los profesores no se lo habían permitido.
No es que ella me cayese mal, en realidad ella era muy dulce e inocente razón por la que seguramente me había sentido impulsada a ayudarla en repetidas ocasiones pero eso no quería decir que fuésemos amigas.
Yo no tenía amigas era así de simple y tampoco solía relacionarme más de lo necesario con mis compañeros.
Ciertamente yo había perdido la cuenta de cuantos había tenido que espantar durante el primer trimestre que ya estaba a punto de acabar pero finalmente me habían dejado tranquila.
-Elis no corras tanto- suplico Lucy haciéndome consciente de que ella me seguía a todo correr.
-Vas a resbalar de nuevo- comente sin si quiera pensarlo antes de detenerme a esperarla ya resignada a llevarla conmigo durante todo el camino.
Aunque tampoco me importaba demasiado; Lucy siempre sabía cuando podía y cuando no hablarme por lo que me dejaría tranquila el resto del camino pensé echando a andar mucho más despacio de lo que solía en cuanto Lucy llego a mi lado y empezó a trotar a junto a mi con una enorme sonrisa en su rostro.