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Historia 54310 — capítulo 3

Suspire aburrida observando al profesor un solo instante mas antes de pasar olímpicamente de él y sacar el libro que llevaba guardado en la mochila para casos de emergencia como lo era este.

Lo abrí por la primera pagina y me sumergí en el ignorando por completo al profesor y a mis compañeros de clase.

O al menos eso intente pues cuando iba por la mitad del libro no que me quedo otra que apartar la vista de este y fijarla en el chico que estaba sentado a mi lado.

Justo en el pupitre que debería estar vacio estaba sentado él; con unos profundos ojos grises chocando directamente contra los míos.

Y algo en mi interior vibro con fuerza como si reconociese aquella mirada o más bien la sensación que evocaba.

``interesante´´

Esa fue ni más ni menos la primera palabra que se me paso por la cabeza mientras en mi interior una fría corriente eléctrica se abría paso por mi columna vertebral.

Miedo primigenio; instinto animal en estado puro advirtiéndome con todas sus fuerzas.

``Aléjate de ese chico cada átomo de su ser es un peligro´´

Y sin embargo no aparte la mirada de sus ojos. Silenciando las alarmas de peligro por una estúpida pero valida razón para mí.

Aquellos ojos me agradaban, me hacían sentir bien. Devolviendo a mi interior parte de la vida que había perdido un día de hacía ya casi seis.

Una media sonrisa se pinto en los labios de él y comprendí que en realidad el solo me la estaba devolviendo por que había sido yo la primera en revelar una leve sonrisa dedicaba exclusivamente para él.

Un peligro, un grave peligro que estaba dispuesta a asumir.

Desvié mi mirada de sus ojos y volví a mi libro sintiendo aun su mirada fija en mí; quemando mi piel allí donde hacía contacto.

¿Qué tenía ese chico nuevo? ¿Qué era ese letal brillo en su mirada? ¿Por qué conseguía que mis instintos de autoprotección saltasen enloquecidos?

Si era solo eso, un chico como cualquier otro que se incorporaba a nuestra clase; debería ser así de simple pero por algún motivo no lo era.

Resople molesta y cerré el libro justo en el preciso instante en que el timbre de salida indicaba que éramos libres de una buena vez.

Me levante dejando caer el libro dentro de la mochila con suavidad; cerrándola antes de echarla sobre mi hombro y salir de allí sin mirar atrás en ningún momento a pesar de saber a ciencia cierta que alguien me estaba siguiendo.

En un principio sopese la posibilidad de que fuese Lucy pero enseguida la descarte.

Lucy me hubiese llamado; además quien me seguía andaba tan silenciosamente como yo misma y aun no había resbalado en un solo charco lo que terminaba de descartar que fuese ella.

Eso sin contar con la sensación de peligro que hacía que mis sentidos se desarrollasen hasta insospechados niveles.

Sin embargo seguí sin volverme y entre en la biblioteca pública respondiendo al mudo saludo de la bibliotecaria con una inclinación de cabeza mientras me internaba entre las altas estanterías aspirando lentamente el olor dulce del suelo recién encerado antes sentarme en mi escritorio de trabajo favorito.

Escondido lejos de la vista del resto de usuarios de la biblioteca y poco utilizado era perfecto para mí; aunque en ciertas ocasiones lo había compartido con el anciano sacerdote de la parroquia que había a unas manzanas del lugar hoy el hombre no estaba dejando así el segundo asiento libre.

Alce la vista al alto techo por unos minutos y luego saque un gastado cuaderno de mi mochila abriéndolo por casi el final comencé a escribir y garabatear ignorando su presencia hasta que esta se hizo obviamente invasiva y despertó otro instinto en mi.

Yo no consentía en ningún momento que nadie me dominase ni mucho menos que se adentrase demasiado en mi espacio vital sin permiso como lo estaba haciendo él.

-¿sabes lo quehago yo con los acosadores?- cuestione cortando el tenso aire con la frialdad de mi voz.

-No lo sé pero tengo la ligera impresión de que si alguien te acosa lo pasara por decirlo suavemente, mal- contesto con una suave voz que me hizo recordar a la serpiente de un cuento infantil llamado ``el libro de la selva´´ mientras esta hipnotizaba a su víctima.

Solo que en este caso no había nada cómico y lo único que le impedía alcanzar su objetivo era yo misma.

-Estas a punto de descubrirlo- sisee usando el mismo tono de voz que el pero con un cariz peligroso que lo hizo sonreír de medio lado mientras se sentaba despreocupadamente frente a mí y yo alzaba mi vista clavando mis ojos verdes en el con mi mejor mirada de advertencia.

-¿yo? ¿un acosador? Me ofendes- comento riendo entre dientes sin pizca de verdadero humor.

Mis labios se fruncieron ante su tono de voz claramente sarcástico pero que no perdía en ningún momento aquel encanto que debía admitir me gustaba.

-¿Qué leías en clase?- pregunto rompiendo aquella agradable conversación sobre lo que les ocurría a los que me acosaban.

-Míralo tú mismo- conteste sacando el libro y pasándoselo.

Permitiendo que sus dedos rozasen mi mano al tomar el libro cosa que yo nunca habría permitido para empezar pero que provoco algo que no me esperaba.

Un agradable calor dentro de mí que se extendía por todo mi cuerpo a toda velocidad.

Muy bien Elis sigue así a cada segundo que pasa estas más loca; no seas estúpida y abre tus ojos este tipo que tienes delante es peligroso y lo sabes. No te dejes embaucar.

-Es interesante- comento haciendo que nuestras miradas nuevamente se cruzasen antes de que el bajase la vista de nuevo al libro permitiéndome observarle.

Era alto eso lo podía ver aun estando el sentado; me debía sacar diez o quince centímetros como poco.

Su piel era pálida pero lucía un suave bronceado típico de alguien que pasaba mucho tiempo al aire libre; como el que yo misma portaba sobre mi piel un tanto más clara que la suya.

Ladee la cabeza levemente observando sus cabellos negros como la tinta los cuales caían lacios recogidos en una baja cola en su nuca de la cual escapaban algunos mechones rebeldes.

-Parece mentira pero me caes bien señor acosador- comente dedicándole una sonrisa de medio lado.

-¿sigo siendo un acosador?- comento alzando su mirada claramente divertido.

-Y lo seguirás siendo hasta que cambie de opinión- conteste dedicándole una indiferente mirada.

-Bueno entonces como todo buen acosador debería averiguar tu nombre- comento mostrando una maliciosa sonrisa que me hizo resoplar.

-Que acosador tan patético- bufe internamente divertida.

-Solo quería ser educado, Elis- contesto divertido mientras señalaba el cuaderno cerrado ante mí.

-Lástima porque yo no voy a ser educada, Estefan- conteste tomándome la libertad de tomar entre mis dedos la placa metálica que pendía de su cuello y en la cual estaba inscrita su nombre.

-Está bien dejémoslo en empate- dijo alzando su manos ante el rostro en señal de paz mientras una media sonrisa surcaba sus labios.

-Como quieras- conteste soltando su colgante y echando mi cuaderno en la mochila despreocupadamente.

El me observo cerrarla y echármela al hombro sin decir palabra hasta que eche a caminar.

-Te dejas tu libro- comento suavemente.

-Quédatelo- conteste despidiéndome de él con un simple gesto de mano.

-Te lo devolveré mañana-

-Entonces te traeré el siguiente- conteste perdiendo por fin aquella sensación de estar siendo observada por él.


Sonrió de medio lado mientras la observaba alejarse; ciertamente ella era el ser más fascinante que había conocido hasta el momento.

Aunque era de esperar. No por nada era ella la mujer de la profecía.

La mismísima luz de Sheanar en persona aquella a la que debía proteger y posteriormente llevar consigo; presentándola ante los ancianos de Sheanar

Sonrió divertido y desapareció en el aire reapareciendo justo en la casa que quedaba frente a la de ella y que por el momento sería su casa.

Justo a tiempo para ver como ella se detenía en seco en mitad de los peldaños que la llevarían a la puerta principal de su casa y se volvía fijando su vista justo en la ventana donde estaba el que tuvo apenas el tiempo suficiente de echarse hacia atrás evitando que ella lo viese.

Cosa que ciertamente se le hacía difícil pues él podía ver con claridad el suave brillo verde de aquellos ojos entrecerrados aun desde donde se encontraba oculto.

¿Acaso ella lo había sentido utilizar la magia? Se pregunto a si mismo estupefacto mientras la observaba fruncir el ceño y pasarse la mano por el cabello desconcertada antes de entrar a su casa.

Pero no era posible que lo hubiese sentido; sus poderes debían estar aun inactivos por el sello del que muy por encima le habían hablado los ancianos.

Suspiro cuando ella cerró tras de sí la puerta de su casa para luego sonreír ampliamente.

Aquello se ponía cada vez más interesante quizá incluso pudiese ver sus poderes en acción antes de llevarla ante los ancianos pensó retirándose de la ventana aun con aquella maliciosa sonrisa en sus labios.