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Historia 54310 — capítulo 4

Era extraño; sabía que alguien me venía siguiendo desde que había salido del instituto sin esperara a nadie.

Pero ese alguien no era Estefan, ni mucho menos Lucy.

Estefan despertaba mis alarmas de peligro con más fuerza y Lucy lo único que despertaba era mi instinto protector. Fuese quien fuese mi perseguidor despertaba los mismos instintos que Estefan pero a un nivel mucho más bajo.

Y aun así aquel extraño perseguidor me turbo como nunca lo podría hacer le benigna presencia de Estefan.

¿En qué radicaba la diferencia? Me pregunte a mi misma mientras caminaba con normalidad sin querer alertar a mi perseguidor de que yo sabía que estaba ahí.

Yo había aceptado la presencia de Estefan y sabía que él era más peligroso que mi perseguidor actual pero le había aceptado; me gustaba tenerlo cerca por que desde que él estaba cerca yo estaba más viva además la presencia de Estefan era distinta.

En un principio sin duda había sido tan terrible como la que me seguía pero tras nuestra conversación en la biblioteca.

Día tras día. Su presencia se había ido volviendo cada más amable, más confiada y sobre todo más protectora.

Cuando él estaba cerca yo sabía que no había peligro que se atreviese a acercarse.

Resople suavemente. Acababa de encontrar la diferencia; Estefan había sido desde un principio una presencia más bien benigna y ligeramente protectora.

Pero esta era amenazante y solo imaginarme cuales podían ser sus intenciones me hacía estremecer por dentro.

Dos acosadores en menos de dos semanas. Resople de nuevo; ciertamente había rebasado con mucho el record del instituto.

Bien Elis; ¿Qué piensas hacer con este? Me pregunte torciendo en dirección contraria a mi casa.

Lo que seguramente podía parecer la estupidez más grande del mundo cuando tienes tras de ti a un tipo con malas intenciones pero al igual que algo dentro de mi me avisaba del peligro también me avisaba de que en casa ya debía estar tía Marian y no pensaba ponerla a ella peligro.

Ni mucho menos tener que informarla de que tenía dos acosadores en menos de dos semanas pensé pasándome la mano por el pelo mientras detenía mi avance en aquel desierto parque que normalmente a esas horas estaba lleno de alumnos recién salidos de clase pero al parecer y como por arte de magia ahora lo estaban evitando.

Demasiadas cosas raras para un día pensé dejando caer la mochila sobre una banca y girándome hacía mi perseguidor procurando echarle la más terrible de mis miradas mientras le observaba.

Era enorme; si no llegaba a los dos metros poquito le faltaba. También era fornido y sus inexistentes cabellos dejaban ver que la piel de su cabeza era verde.

Eso no por no hablar de sus manos.

¿Se puede saber quien tiene las manos completamente azules? ¿Y uñas rojas más largas que los propios dedos?

Demasiadas cosas raras en un día me repetí un tanto irritada.

-Debes morir- dijo con una profunda y gutural voz que milagrosamente conseguí entender pues sonaba como los gruñidos de un perro molesto más que como la voz de una persona.

-¿no me digas?- pregunte sarcástica mientras entrecerraba mis ojos y observaba lo que sin duda era un estremecimiento.

Uno muy pequeño y apenas imperceptible pero sin duda él se había estremecido bajo mi mirada.

-Debes morir- repitió tozudamente posicionando sus manos en una extraña posición y que hizo para mi desgracia que sus uñas se tornasen tan afiladas como cualquier buen cuchillo.

-Eso sin duda tiene que ser trampa- gruñí para mí misma mientras usando una velocidad que ni yo misma sabía que tenía, saltaba hacía atrás evitando sus afiladas uñas por apenas unos centímetros.

Y observando mientras derrapaba sobre la gravilla del suelo como estas destrozaban sin esfuerzo alguno la banca de madera, la verja de metal que separaba el césped de los caminos del parque y por último la farola que había detrás.

-No te muevas- gruño el hombre haciendo que yo enarcase las cejas y sintiese unas enormes ganas de echarme a reír.

-¿para qué me partas por la mitad más fácilmente? De eso nada, si quieres cortar por la mitad a alguien búscate a otra- conteste secamente observando sus lentos movimientos por unos instantes de verme de nuevo en pleno salto esquivando de nuevo su golpe; que en aquella ocasión dejo un buen socavón en el suelo.

-Joder… - murmure entre dientes atrapando mi mochila de donde la había dejado y adentrándome más el parque.

-No huyas- lo escuche decir.

-¿quieres dejar de decir estupideces?- comente saltando la verja de metal que separaba el pequeño bosque del centro del parque.

Poniéndole así de por medio unos cuantos enormes troncos de árbol que no tendría más opción que cortar si es que quería seguirme.

-¿Hacia dónde vas?- susurro una suave voz justo cuando los árboles empezaban a caer entre un inmenso estruendo y unos desagradables crujidos.

Llenando el aire de serrín, astillas y polvo; logrando que por un instante mis sentidos se perdiesen y recibiese aquel golpe de lleno dándome tiempo solo a calibrar levemente hacía salía disparada.

Cayendo fuera del bosque y derrapando violetamente contra la gravilla con el lado derecho de mi cuerpo.

Mis labios se fruncieron pero la adrenalina no me dejo sentir dolor alguno mientras me levantaba de un saltó un tanto aturdida pero furiosa y dispuesta a devolver el golpe con sus correspondientes intereses.

-Debiste hacerle caso a mi hermano, es mejor que no huyas y que te estés quieta así te dolerá menos- comento la misma suave voz mientras él.

Un hombre más bien delgado que rozaba lo esquelético con las mismas afiladas uñas que su hermano salía de entre los árboles con este siguiéndole entre árboles caídos.

Mis ojos se entrecerraron con furia contenida y pude ver con total claridad como ellos retrocedían y perdían el poco color que tenían sus cenicientos rostros.

Podía sentirlo; una fuerza inmensa dentro de mí. Gritando por ser liberada en aquel preciso momento.

El problema es que no tenía ni idea de cómo hacerlo hasta que…

``Úsalo´´ me increpo una firme y serena voz procedente de algún lugar dentro de mí.

Y no me hice de rogar obedecí a la voz y mi mano salió dispara hacía delante sin llegar a tocar a mis atacantes; sin embargo pude ver aquella corriente que como si fuera fuego gris impacto contra ambos haciendo escapar de sus labios un grito de dolor y sorpresa que tan rápido como había surgido se había extinguido dejando ante mi solo dos nubes de humo maloliente y dos socavones en el suelo donde antes habían estado los dos atacantes.