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Historia 54310 — capítulo 5
Llevaba ya un mes en aquel aburrido y a su entender patético mundo pero apenas había logrado dar un paso hacía su objetivo principal; el de ganarse la confianza de Elis.
Era como si estuviera echa a prueba de sus habilidades y no era precisamente que él no estuviera poniendo de su parte.
Se había tomado aquello como algo personal y había usado todas y cada una de sus habilidades forzándose al máximo para atraer su atención pero a pesar de ello solo había logrado sacarle leves muestras de reconocimiento.
Le permitía estar con ella, le contestaba cuando le hablaba al menos en la mayoría de las ocasiones e incluso consentía leves roces como que pusiera la mano sobre su hombro.
Pero aunque eso comparado con la relación que tenía con los humanos era un gran logro; simplemente no era suficiente.
El había sido enviado allí con órdenes claras y precisas más que nada porque era un demonio y si no le daban las ordenes claras y precisas bien podía malinterpretarlas de mil formas distintas.
Sonrió maliciosamente ante ese pensamiento; la lástima es que ellos habían sido muy claros y concisos barajando cada una de las miles de posibilidades y diciéndoles que podía y que no podía hacer.
`` Tu misión en definitiva en protegerla y ganarte su confianza, hasta el día en que cumpla dieciséis, momento en que el sello que retiene su poder se romperá definitivamente entonces trataras de traerla usando la confianza que os une pero si a pesar de esa confianza ella se niega a ir contigo; tráela a la fuerza. Solo recuerda un solo rasguño y lo pagaras caro, demonio´´
Aquellas palabras aun resonaban con claridad en su cabeza y hacían que su sangre hirviera y su furia se desatase silenciosamente pintando de violeta sus ojos.
El nunca había tenido un bando; no había estado nunca con ese patético y maldito tirano con quien por desgracia compartía sangre pero tampoco había estado nunca con los aun más patéticos rebeldes compuestos en gran mayoría por ángeles y mágicos humanos.
Solía hacer trabajos bien para unos o para otros si le pagaban bien pero nada más.
Pero tras aquel incidente con el tirano….; no le quedaba otra que admitir que si seguía vivo era gracias a los rebeldes.
Si no el tirano lo habría literalmente devorado y por ello ahora estaba atado a los rebeldes hasta que estos cumplieran su objetivo y la deuda quedase saldada.
Apretó los dientes, solo de pensar que él; un demonio estaba bajo el control de aquellos malditos ángeles.
Hacía que sintiera una sed incontrolable de destrucción y habría destrozado la casa entera en la que se encontraba pero en esos momento sus instintos de supervivencia eran mucho más fuertes que su furia por que se limito a apretar con fuerza el alfeizar de la ventana a la que estaba asomado hasta que este quedo completamente deforme.
Sin embargo su furia no duro mucho.
Solo hizo falta que ella saliera de su casa como hacía cada noche sobre esas horas caminase un poco de la calle majestuosamente; haciendo gala de aquella extraordinaria gracia sobrenatural que eclipsaba a todos los humanos a su alrededor y que él estaba seguro de que podía llegar a fascinar a un ángel.
Otra razón para mandarle a él; un demonio que no se dejaba influenciar por la belleza de los ángeles.
Pues a fin de cuentas eso era ella; una hermosa ángel con un poder que ni el mismo era capaz de imaginarse pero a fin de cuentas un ángel.
Uno que había sido capaz de que el sintiera tristeza.
Apenas había tardado unas horas en darse cuenta de cuan fuera de contexto estaba ella en aquel lugar, en aquel mundo.
Ella simplemente no pertenecía allí; se podía ver en su mirada, como esta se perdía en la lejanía mirando sin ver realmente con aquellos ojos tan fríos que nada tenían que envidiarle a los suyos propios.
No le extrañaba en absoluto que no hubiese entablado relación alguna con los humanos que la rodeaban pues estos no tenían nada que darle; ellos no podían llegar a entenderla y ella en cambio los entendía demasiado.
Ellos eran demasiados simples para ella era así de sencillo.
Aunque él la había de vez en cuando intercambiar algunas palabras con aquella pequeña humana llamada Lucy que la seguía a todas partes cosa que ella por el momento toleraba sin embargo tenía la certeza de también acabaría por alejarse de aquella niña a la que parecía tener que sostener cada pocos minutos para que no cayese de bruces al suelo.
Lo único que parecía haber despertado un leve pero verdadero interés en ella era él mismo.
Aunque claro después de vivir rodeada durante toda su vida por simples humanos libres de magia tener a un demonio delante era sin duda una enorme diferencia; por lo que podía decir sin temor alguno equivocarse que era lo más interesante con lo que ella se había topado en mucho tiempo pensó mientras observaba como ella alzaba la vista al cielo.
Lo hacía todas las noches a esa misma hora; salía de su casa andaba un poco por la calle y tras unos instantes alzaba la vista al cielo como si estuviera esperando algo pero como siempre nada pasaba y ella volvía a entrar en su casa.
Sonrió divertido como un niño al que se le acaba de ocurrir una magnifica travesura y desapareció del lugar para reaparecer oculto entre las sombras de la habitación de ella a la escucho detenerse en seco en mitad de las escaleras instantes antes de entrar en la habitación con el ceño levemente fruncido y los ojos entornados escrutando profundamente entre las sombras de la habitación para finalmente pasarse una mano por el pelo y sacudir la cabeza; como tratando de alejar algo que la molestase profundamente.
Él observo divertido como ella se acercaba a la ventana de su habitación y miraba al frente fijando su escrutadora mirada en la ventana donde él había estado asomado apenas unos instantes antes.
Ciertamente a esas alturas ella ya sabía que era su nuevo vecino y al parecer lo conocía lo suficiente como para saber que él estaba asomado a la ventana sobre esa hora.
Muy observadora pero no lo suficiente pensó el sonriendo de medio lado; a fin de cuentas no se había percatado de que estaba en la misma habitación que ella.
Ahora le era muy obvio que su primera impresión de que ella sentía la magia era cierta.
En verdad la sentía y eso era lo que la hacía buscar en torno a si misma y fruncir el ceño verdaderamente desconcertada cada vez que el hacía uso de ella; ya fuera para transportase como para ocultarse a su vista o acabar con uno de los muchos asesinos que iban a por ella.
Cosa que a él le divertía profundamente pues era realmente difícil por no decir casi imposible verla desconcertada.
Y el disfrutaba causando ese desconcierto cada vez que podía quizá resultase un comportamiento algo infantil pero a fin de cuentas él se pasaba día y noche salvándola de la muerte sin que ella si quiera lo imaginase.
Y un fuerte estrepito metálico lo saco violentamente de sus pensamientos haciendo que se tensara y fijara su mirada en ella algo extrañado de que no reaccionase ante semejante ruido.
Simplemente soltó un suave suspiro y cerró los ojos un instante.
-Esta mujer, cualquiera diría que soy yo la tiene su custodia y no ella la mía- murmuro entre dientes con un claro deje de diversión escondido en su suave voz mientras se asomaba al pasillo a través de la puerta de la habitación y el la seguía curioso procurando quedar siempre lo suficientemente apartado de ella como para que esta no se estrellase con él.
-¡no pienso recoger lo que sea que hayas tirado! ¡¿entendido?!- dijo ella alzando la voz antes de darse la vuelta y cerrar la puerta de su habitación con él observándola aun más curioso.
-¡tampoco era mi intención!- grito una clara voz de mujer a todo pulmón haciendo que él hiciese una mueca y se llevase una mano a los oídos.
Aquel grito debía de haberse oído en medio vecindario eso era seguro pensó divertido a pesar del zumbido en sus finos oídos.
-Ya- mascullo ella sarcásticamente antes de sentarse en el borde de la cama frotándose un poco los oídos antes de tumbarse de lado en la cama dándole la espalda a la puerta.
El la observo atentamente en espera de que se durmiera para poder echarle un buen vistazo a sus cosas en busca de algo que pudiera ayudarlo a romper esa hasta ahora infranqueable barrera de desconfianza que la envolvía.
Sin embargo ella no parecía tener intenciones de dormirse porque casi nueve horas después se encontró a si mismo sentando en el alfeizar de la ventana de ella contemplando como el sol comenzaba a salir y ella ni tan si quiera había cerrado los ojos una sola vez en toda la noche.
Que oportuno ataque de insomnio gruño para sí mientras se planteaba la idea de que ella sintiese de alguna forma su presencia y por ello hubiese sido incapaz de dormir sin embargo eso no era posible.
En esos momentos el era indetectable incluso para aquellos que tenían sus poderes en activo ella simplemente no podía sentirlo.
-Maldita sea- murmuro ella sacándolo de sus pensamientos y haciendo que clavase su vista en ella que se había sentado en el borde de la cama y tenía una mano posada sobre su hombro derecho como si este le doliese.
El la observo un instante y luego empezó a avanzar hacia ella en un intento por inspeccionar su hombros desde atrás y descubrir que le ocurría pero apenas si se había acercado unos pasos cuando ella se giro en redondo tensa como un resorte haciendo que el quedase paralizado en el sitio.
Sin embargo pronto se dio cuenta de que ella estaba viendo a través de él tal y como debía ser sonrió levemente.
Maldito idiota se reprocho a si mismo mientras la observaba buscar entre la cada vez menos densa oscuridad con la mano aun puesta sobre el hombro.
-Paranoica, eso es lo que soy- se regaño a sí misma - ¿Cómo es posible que pueda creer que alguien tras de mí? Idiota- murmuro claramente irritada levantándose de la cama sin apartar la mano de su hombro justo en el momento en que se abría la puerta sobresaltándolo incluso a el que miro irritado a la mujer de cabello azabache surcado por unas cuantas canas, verdaderamente irritado.
Esta pareció mirar en su dirección por un instante pero enseguida clavo sus ojos en ella enarcando las cejas.
-No tienes buena cara- comento con el ceño levemente fruncido. Logrando que ella resoplara y mostrase una molesta sonrisa.
-Tu tampoco tendrías buena cara si no hubieses dormido en toda la noche- le contesto mordazmente haciendo que la mujer frunciese aun más el ceño.
-¿no has dormido?- pregunto la mujer antes de posar su mano sorpresivamente sobre la frente de ella que salto hacia atrás sobresaltada.
-¡Tía!- se quejo molesta.
-Nada de tía tienes fiebre y además bastante, incluso tus mejillas están empezando a enrojecer- dijo esta con firmeza antes de apartar la mano que ella tenía sobre el hombro y retirar un poco la tela de la camisa con la que había dormido.
-¿Qué es esto?- pregunto con los ojos abiertos de par en par mientras ella se miraba el hombro inexpresivamente.
-Es mi primera caída en el hielo, Lucy me arrastro con ella- explico con sencillez.
-Tu nunca te caes y Lucy no pesa tanto como para arrastrarte debías estar verdaderamente distraída- comento con ceño muy fruncido y una severa mirada que decía con claridad que no se creía la explicación de su sobrina ni por asomo pero que iba a dejar el asunto estar si ella insistía.
-Si, estaba bastante distraída- admitió ella.
-Bien, échate algo de crema para hinchazón y véndalo, no tiene buena pinta- le indico mientras se daba la vuelta con la clara intención de marcharse sin embargo se detuvo a mitad de la acción y giro su rostro para mirarla seriamente.
-Y no vayas hoy al instituto, ponte el termómetro y toma algo para la fiebre yo debe irme ya- añadió antes de salir de la habitación cerrando tras de sí la puerta que tan repentinamente había abierto.
Ella se quedo inmóvil donde estaba hasta que se escucho con claridad el estrepito de su tía al pasar por la calle antes de llevarse nuevamente la mano al hombro mientras él se acercaba precavidamente para inspeccionar aquello que tanto había escandalizado a la mujer.
Descubriendo un negro moretón lleno de heridas y maguñaduras que debía de cubrir buena parte de su espalda.
Frunció el ceño; ¿Dónde se había hecho eso?, estaba claro que nos e había caído y no solo por el hecho de que ella no se caía nunca si no porque él había estado con ella en todo momento y sabía que no se había caído con Lucy.
Pero él no había dejado en ningún momento de vigilarla desde que llegase allí excepto cuando…. Cuando los ancianos le habían solicitado aquel informe detallado.
Entonces él había tendió que dejarla sola y por lo tanto desprotegida pensó sin poder evitar maldecir por dentro mil y una veces a los ancianos mientras la seguía sin apenas darse cuenta hasta al baño volviendo en si solo hasta que se vio en la puerta de este observando como ella se quitaba la camisa de dormir de espaldas a él.
Dejando al descubierto toda la extensión del daño logrando que él a duras penas pudiera contener sus ganas de destruir algo mientras contemplaba toda el lado derecho de su espalda y su brazo cubierto de pequeñas heridas y aquel negro moretón indicando que sin duda había tenido que salir disparada con mucha fuerza y derrapar con ese lado del cuerpo.
La observo mientras se echaba una crema blanquecina y se vendaba ocultando la mayor parte del daño antes de ponerse una camisa limpia que él ni se había percatado de que traía consigo y girarse hacía la salida del baño de donde él se aparto para que pudiera pasar y no se estrellara de lleno con él que aunque invisible a su mirada aun era solido.
Estuvo merodeando tras ella por toda la casa durante una larga hora y media hasta que para su sorpresa se hecho la mochila sobre el hombro izquierdo momento en que desapareció para volver a aparecer en el recibidor de su propia casa de donde tomo su propia mochila antes de salir y esperar con el ceño fruncido hasta que la vio salir de su casa momento en cambio su expresión por una claramente indiferente y alzo su mano vagamente a modo de saludo.
Antes de cruzar la carretera y llegar hasta ella que lo esperaba justo en el último peldaño que separaba su casa de la acera mirando sin ver realmente.
-¿es bonito el cielo?- cuestiono el socarronamente observando la leve sonrisa que ella esbozo dando a entender que había entendido su peculiar broma.
-Bonito pero aburrido- contesto ella con aire indiferente antes de echar a caminar en dirección al instituto con él a su lado.
La observo por el rabillo del ojo minuciosamente; su tía había tenido toda la razón sus mejillas estaban tenuemente sonrojadas por la fiebre y estaba algo mas pálida de lo normal.
No entendía por qué ella no había hecho caso a su tía ciertamente no tenía buen aspecto.
-¡Elis! ¡Estefan! Esperadme- llamo Lucy a todo pulmón cargada de su entusiasmo matutino mientras el giraba la cabeza seguro de que la carrera de la niña iba a terminar en una estrepitosa caída.
Sin embargo la niña llego junto a ellos patinando y se agarro del brazo derecho de Elis para no pasarse de largo y de paso llevarse un buen golpe contra el suelo.
Él fijo sus ojos en el acto sobre el rostro de Elis; ella había contenido el dolor bastante bien sin embargo no podía engañar a sus entrenados ojos de demonio.
Sus labios levemente tirantes y aquel insano brillo en su mirada le indicaron con claridad cuanto había dolido aquel acto de la pequeña e inocente Lucy que sin saberlo había dañado a su tan querida amiga.
-Lucy me vas a arrancar el brazo- comento ella con aire indiferente haciendo que Lucy se sonrojase avergonzada y soltase su brazo rápidamente.
-Lo siento Elis fue sin querer- dijo apresuradamente haciendo que una media sonrisa divertida apareciera en el rostro de esta que negó con la cabeza pero la empujo suavemente hasta que quedo justo entre medio de ambos.
Cosa que no paso para desapercibida a sus ojos; ella había colado a Lucy allí por el simple hecho de que si resbalaba se agarraría a su brazo izquierdo en vez de a su brazo lesionado.
-No importa- contesto ella haciendo que un extrañamente cómodo silencio se estableciese entre los tres mientras caminaban por las heladas calles hasta que media hora después entraron en el viejo edificio que tenían por instituto dirigiéndose hacia su clase y sus respectivos asientos aun en silencio cosa rara en Lucy.
El la observo sentarse sin molestar si quiera en sacar el libro que seguro llevaba en su mochila para aburrirse y fijo su vista en su mano derecha apoyada cómodamente sobre mesa y dejando al descubierto las maguñaduras que cubrían todo su dorso haciéndolo fruncir levemente el ceño.
Habían tardado media hora en llegar al instituto cuando lo normal aun cargando con Lucy era que no pasaran de los veinte minutos.
Estaba preocupado no le quedaba otra que admitirlo; preocupado por la procedencia de aquella lesión y por la enfermedad que parecía estar echándosele encima a ella.
Los ángeles y los demonios no enfermaban nunca con las enfermedades de los mortales pero había algunas de procedencia mágica que aunque no eran mortales podía llegar a afectarlos y dado que ella no tenía en activo sus poderes aquellos podía ser fatal.
Suspiro y alzo la vista hacía el deteriorado reloj que colgaba bien alto sobre la pizarra dejando ver que llevaba sumido en sus pensamientos las ocho horas de clase y que ni si quiera se había movido en los recesos.
Sonrió de medio lado al girar la cabeza y verla ya con la mochila al hombro.
Al parecer ella tampoco se había movido en todo el día de su asiento y a juzgar el bostezo seguramente se la había pasado durmiendo todo el tiempo.
-¿vienes?- cuestiono Lucy pasando por su lado y siguiendo a Elis que ya había salido de la clase.
El ladeo la cabeza como una respuesta pero tomo su mochila y las siguió a ambas sin mediar palabra alguna ni si quiera cuando Lucy quedo frente a la puerta de su casa despidiéndolos con un mudo movimiento de mano que incluso el mismo se encontró correspondiendo con un leve asentimiento de cabeza.
Clavo su vista en ella que sumida en su mundo ni si quiera se había dado cuenta de que estaba entrando en su casa sin decirle adiós sin embargo antes de traspasar la puerta principal se volvió y le hizo un gesto con la cabeza que el correspondió antes de marcharse a su propia casa dispuesto a reaparecerse camuflado en la casa de ella.
Pero nada más entrar se topo con una muy desagradable sorpresa de ojos cobrizos y cabellos rubios observándolo fijamente.
-Bienvenido a casa, chico demonio- comento logrando que su furia asesina se reavivara de golpe y a duras penas pudiera contenerla.
-¿Qué haces aquí?- pregunto secamente.
-Me han enviado para sustituirte, a partir de ahora seré yo quien trate de ganarse su confianza y tú solo te encargaras de acabar con los asesinos- contesto su interlocutor con aire divertido que aunque para sus oídos demoniaco sonaba tan falso como la arrogancia y el desprecio que había tratado de aparentar al saludarlo le molesto en demasía sin embargo soltó una carcajada.
-Ingenuo, ni si quiera te dejara acercarte- espeto fríamente antes de subir al segundo piso con los dientes y los puños fuertemente apretados debido a la indignación mientras el muchacho rubio que estaba sentado en el sofá del salón esbozaba una amplia sonrisa divertida.
-Eso ya lo veremos, Estefan- contesto en un imperceptible murmullo.