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Historia 54310 — capítulo 6

¿Qué se había creído ese maldito ángel? ¡No!, ni si quiera llegaba a eso; solo era un maldito patético medio ángel con aires de grandeza.

Si no estuviese atado a los rebeldes, le daría una lección que jamás olvidaría.

¿Cómo se había atrevido tan si quiera a insinuar que podía lograr que el no? ¡Ese maldito arrogante! Despotrico para sí mismo terminando de destrozar el alfeizar de la ventana mientras sus ojos ardían de ira y odio adoptando una profunda tonalidad violácea que convirtió en polvo una silla cercana.

Ese estúpido medio ángel, como si pudiera si quiera pensar en hacer algo mejor que él.

Pero ya vería ese estúpido; no podía esperar a ver como se cruzaba con la mirada fría e indiferente de Elis.

Sería auténticamente divertido ver como aquel maldito quedaba destrozado por la fría indiferencia de ella. Estaba deseando ver como se hundía hasta rendirse.

Sin embargo la sola idea de que Elis pudiera sentir curiosidad por el medio ángel como la había sentido por él le corroía por dentro haciendo que su furia destructiva creciese y se convirtiera en una furia asesina que gritaba por la sangre del medio ángel que dormía en el salón.

Pero no podía hacerle daño; no mientras estuviera atado a los rebeldes y por tanto fuese su compañero pensó consumido por la rabia y la furia.

Deseando que apareciese alguno de los asesinos que enviaban por Elis para poder soltar toda aquella furia contenida contra el desgraciado de turno.

Pero lo único que había en la casa de enfrente eran las típicas energías que seguían a Elis allá donde fuera y que quedaban impregnadas en los lugares y personas con las que más tiempo pasaba.

El mismo debía estar impregnado de aquella energías pensó distraídamente antes de quedar rígido mirándose las manos.

Corrientes de energía pura que deberían haberlo hecho retorcerse de agonía hasta la exterminarlo pero…

No lo habían hecho; por alguna razón aquellas energías que deberían haberlo hecho desaparecer de la faz de la tierra estaban impregnadas en el sin hacerle daño alguno.

El la había tocado y solo ahora comprendía que aquel contacto debería haber sido imposible.

¿Qué podía significar todo aquello? ¿Por qué las energías no le hacían daño? ¿Era quizá por el hecho de ser ella la luz de Sheanar? Se pregunto cerrando los ojos confundido ante tantas preguntas a las que no podía hallarle respuesta.

No podía ser porque ella fuese la luz de Sheanar; a fin de cuentas solo el nombre dejaba claro que ella debía ser pura y que seres como él no debería poder tocarla sin sufrir las consecuencias.

¿Pero entonces como….

Maldita sea pensó llevándose ambas manos a la cabeza en maldito lio se había metido que ya ni si quiera era capaz de entender nada.

¿Y porque estaba tan enfadado de que Lein ocupase su lugar?

No era solo por que fuese un golpe contra su orgullo; no estaba seguro de ellos había algo más que lo había hecho enfurecerse tanto.

-debí quedarme al margen de esta maldita guerra- gruño para sí.

Menuda estupidez era aquella situación. ¿Cuándo se había visto a un demonios desconcertado? se pregunto con sorna clavando nuevamente su mirada en el casa de enfrente.

-¿Qué es eso?- se pregunto en voz alta entrecerrando los ojos para observar con más atención las energías que rodeaban la casa más precisamente las que salía de la habitación de ella.

Contemplando con el ceño fruncido como estas se revolvían inquietas expandiéndose de golpe y contrayéndose después.

Qué remedio pensó apareciéndose en la habitación de ella usando sus poderes al máximo para ocultas en aquel pesado ambiente que se respiraba en toda la habitación.

Frunció aun más el ceño ante aquello y entrecerró de nuevo los ojos observando las energías revolotear con furia en aquel ir y venir constante.

Como si fuesen una especie de corazón acelerado o la respiración de alguien.

Miro a su alrededor no había nada extraño a parte del comportamiento de las energías a excepción de los leves y regulares estremecimiento que se producían bajo las sabanas donde ella dormía tapada hasta cabeza y dejando ver solo unos cuantos mechones de su cabello sobre la almohada.

-Genial ahora las energías cambian cuando tiene pesadillas- gruño en un murmullo apenas perceptible.

Aquello era perfecto para ayudar a aligerar su trabajo pensó con ironía observándola durante unos instantes más antes de suspirar silenciosamente y darse la vuelta dispuesto a irse de allí y volver a aquella habitación a despotricar a sus anchas contra el medio ángel, los rebeldes y cualquier ser en la faz de los tres mundo que a su entender se le mereciera.

Pero antes de que hubiese dado un paso un ronco gemido escapo de los labios de ella mientras esta se movía bruscamente quedando de lado sobre la cama y mandando al suelo las sabanas con las que hasta hacía unos instantes estaba cubierta.

-¿pero qué?- murmuro sobre saltado mientras se giraba hacía ella nuevamente y avanzaba hasta quedar a apenas unos pasos de la cama.

Observando su libido rostro y sus mejillas enrojecidas por la fiebre preocupado pero lo que más le sobre cogió fue ver el dolor que ensombrecía su rostro.

Era posible que fuese el moretón, tal vez tenía algo roto o fracturado a fin de cuentas aun no sabía qué era lo que había ocurrido en su ausencia pero dentro de sí le decía que no era esa la razón

Que aquel dolor que veía en el rostro de ella y aquella repentina enfermedad desconocida nada que ver tenían con las heridas físicas por lo que dejándose llevar por sus instintos se sentó suavemente el borde de la cama y permitió que su mano izquierda se guiase sola apartando suavemente una parte de la camisa que ella usaba para dormir.

Revelando ante su horrorizada mirada un parpadeante símbolo que lo hizo retirar rápidamente la mano.

Acababa de descubrir no solo al causante del dolor y la enfermedad si no el sello instaurado sobre ella.

El sello maldito que hacía largo tiempo habían creado los de su propia raza y no solo por lo de su propia raza si no por el primer rey de los demonios para que en caso que alguna vez un rey no fuese merecedor de tal nombre pudiese ser sellado impidiendo que hiciese daño al pueblo de los demonios.

El sello maldito cuyo verdadero nombre ni si quiera los demonios se atrevían pronunciar mucho menos después de que este hubiese sido empleado para sellar a su anterior rey….

¿Cómo habían sido capaces los ancianos de usar aquel sello? Y más aun cuando ella solo era una criatura.

El solo pensarlo hizo que se viera invadido por el asco y unas fuertes nauseas se apoderasen de él.

¡Por todos los demonios! Ni si quiera él; un demonio habría consentido semejante acto por muy necesario que fuera.

Aquel sello era el más poderoso, el más doloroso y el más oprímente que existía en los tres mundos no quería si quiera pensar por el dolor que ella había tenido que pasar en el momento en que lo instauraron y mucho menos pensar en los efectos secundarios que había podido tener.

Boqueo de asco e indignación a una misma vez mientras sus ojos inspeccionaban el parpadeante sello y el cada vez más blanco rostro de Elis.

Él debería poder calmar el sello y por consiguiente el dolor pero solo durante un corto plazo de tiempo pero era algo que necesitaba de mucho poder para realizarse y lo dejaría agotado poniendo así en riesgo su misión de protegerla.

¡Maldita sea! Pensó irritado; solo con mirarla sabía que aquello no iba a ir precisamente a mejor. No, aquello iba a ir definitivamente a peor y eso era obviamente un peligro para ella.

Idiota se reprocho así mismo por lo que iba a hacer antes de acercar su mano nuevamente al parpadeante símbolo pasando con suma suavidad un dedo sobre él.

Como si lo estuviese reescribiendo sobre la piel de ella cuyos labios se fruncieron levemente antes de que un suave destello violáceo surcara el símbolo y el apartase la mano observando como el sello dejaba de parpadear y se volvía nuevamente invisible a la vista.

Entonces se vio invadido por una brutal ola de agotamiento que lo dejo complemente desorientado haciendo que por más de diez minutos tuviera que esperar sentado en el borde de la cama de ella completamente detectable a los sentidos y tratando de que su entrecortada respiración no hiciese demasiado ruido.

Fijo su borrosa vista en el rostro de ella que había recobrado una pequeña parte de su color y estaba un tanto más relajado aunque el dolor no había desaparecido del todo él no podía hacer más.

Aspiro lentamente para relajar su respiración; hacía mucho que no había usado su poder hasta el límite de estar a punto de perder la conciencia.

Sonrió de medio lado ante el solo pensamientos de haber podido perder la conciencia; era un maldito idiota así de simple se dijo a si mismo mientras la contemplaba intensamente.

Él no tenía por qué haber hecho eso, no entraba en sus responsabilidades protegerla del dolor que sufriera por el sello que aquellos que la llamaban salvadora le habían instaurado sin embargo lo había hecho.

Y no podía engañarse a sí mismo, estaba satisfecho con sus acciones.

Acerco su mano al rostro de ella con la intención de acariciarlo pero enseguida la aparto frunciendo el ceño y alzándose de la cama se alejo tomando las sabanas caídas y echándolas suavemente sobre ella antes de trastabillando llegar hasta la ventana abierta y saltar por ella incapaz transportarse en su estado actual camino hacia la casa de enfrente pensativamente.

Tendría que dormir si quería estar mínimamente al amanecer pensó con fastidio mientras abría la puerta de la casa y entrar encontrándose con los ojos cobrizos de Lein mirándolo inquisitivamente.

Pero él simplemente lo ignoro cerrando tras de sí la puerta.

Si el medio ángel se atrevía abrir la boca para molestarlo acabaría con su trasero durmiendo en la acera como que él se llamaba Estefan.

-Debiste avisarme de que teníamos visita podrían haberte herido seriamente por lo veo- comento Lein haciendo que se sorprendiese y en consecuencia fijase sus ojos sobre él y frunciese el ceño irritado.

Ciertamente en ese momento no había cosa que deseara más que decirle el sello que habían instaurado sus estimados ancianos para sellar los poderes de Elis.

Sin embargo se mordió la lengua en el último segundo, el era un demonio y como no le habían dado orden alguna sobre esa información podía hacer con ella lo que le viniese en gana sin embargo y a pesar de que no había cosa que deseara más que ver al medio ángel despotricando contra los ancianos no quería que estos se enteraran de su descubrimientos de las confianzas que se tomaba con Elis o lo cortarían de raíz rápidamente.

-Solo me habrías estorbado medio ángel- contesto secamente antes de dirigirse hacia las escaleras y empezar a su subirlas pero y para su humillación su vista se oscureció y las piernas le fallaron haciendo que Lein tuviera que sostenerlo.

-Puede ser- admitió Lein con la voz desprendiendo clara y sincera preocupación cosa que a él le hizo bastante gracia sin embargo mantuvo su rostro inexpresivo y se aparto de Lein en cuanto le fue posible usando la baranda de la escalera como punto de apoyo.

Debía de tener muy mal aspecto para que el medio ángel no hubiera rebatido sus palabras pero eso en realidad no le importaba lo más mínimo aunque no pudo evitar reparar en que Lein lo miraba preocupado.

-Ambos estamos en el barco no entiendo a qué viene tanta desconfianza, por mi puedes ser un saltamontes venenoso, no voy a hacerte daño- comento Lein con aire dolido que hizo que el sonriese sinceramente divertido y le diera la espalda.

-Te estás confundiendo medio ángel, yo sigo siendo un demonio no acepto tu ayuda y tu presencia la acepto por qué no me queda otra opción, no somos amigos, apenas si somos compañeros, te convendría no olvidar que yo solo os estoy ayudando porque estoy atado a vosotros y no por que lo desee así que no te encariñes mucho conmigo en cuanto esté libre no me volverás a ver- expreso cortante antes de subir las escaleras mitad molesto por la forma de actuar del medio ángel y mitad complacido por caerle literalmente bien.

Pero la parte complacida desapareció nada mas percatarse de que lo había seguido escaleras arriba.

-No estoy de humor para esto medio ángel- le advirtió fríamente sin si quiera volverse a mirarlo.

-Eres demasiado orgulloso- afirmo Lein haciendo que él se girase a mirarlo con una amplia sonrisa forzada.

-Cierto esa es una de mis mejores cualidades sin ella en estos momentos sería la mano derecha del tirano y no estaría aquí haciendo el idiota- le contesto mordaz haciendo que una mueca de disgusto surcase el rostro de Lein.

-Vamos Estefan se supone que eres un demonios no un monstruo demoniaco, se supone que sientes- se quejo claramente molesto.

-Por supuesto que siento Lein, y hazme caso en esto momento tú no quieres saber qué es lo que siento por que si lo supieses entonces quería decir que ya te he matado- mascullo cada vez mas irritado mientras se dirigía a su habitación con Lein pisándole los talones.

-No tenemos por qué llevarnos mal- reprocho Lein cruzado de brazos.

-¿en serio? ¿y cuando cambiaste de opinión? ¿no soy el chico demonio?- comento sarcástico.

-Sabes bien porque me comportaba así- contesto Lein con la voz cargada de amargura y dolor haciendo que él lo mirase sorprendido por un instante y luego se sobrepusiera resoplando molesto.

-Lein si quieres que nos llevemos bien te sugiero que hables conmigo en un momento en que no desee exterminarte por que estas agotando la poca paciencia que tengo- gruño molesto mientras entraba en su habitación y cerraba la puerta de un portazo en las mismas narices de Lein.

-Está bien maldito demonio, eres más terco que un gnomo- gruño antes de dirigirse a su habitación con la decepción claramente escrita en su rostro.

………………………………..

Toque mi pecho mientras miraba por la ventana; sabía que aquella figura que se alejaba andando pesadamente era Estefan.

Simplemente lo sabía y sabía que fuese lo que fuese que me había hecho. Me había ayudado.

-¿Quién soy? ¿Quién eres? ¿Qué está ocurriendo que no puedo ver?- me pregunte mientras cerraba la ventana y volvía a la cama acomodándome mientras recordaba aquella pálida mano que tan cerca había estado de tocar mi rostro.