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Historia 54310 — capítulo 7

Le costó mucho abrir los ojos esa mañana y se maldijo internamente por estar lo bastante cansado como para permitir que el pesado de Lein se colase en su habitación con el ceño fruncido en un ademan de preocupación por él que no pudo más que resoplar molesto.

Había que ser estúpido para andar preocupado por alguien que la noche anterior te había confesado que sentía fervientes deseos por acabar con tu vida.

Pero nada el medio ángel parecía no haberlo captado la noche anterior.

-¿Qué ocurre ahora? Medio ángel- comento desinteresadamente mientras se colocaba una camisa limpia.

-Que tenemos un problema- le contesto tratando de hacer como que no había oído lo de medio ángel pero sin poder evitar que él viese sus labios fruncidos por el disgusto.

-A ver si lo adivino- dijo él con la voz cargada de divertida malicia.

-¿puede ser acaso que cayeras en la cuenta de que no estamos en Sheanar y que aquí las personas no son simplemente sustituidas de un día para otro y que por tanto nuestra querida protegida sospechara?- cuestiono en un tono de voz tan inocente como siniestro.

Mientras observaba divertido la mueca de disgusto que surco el rostro de Lein ante su clara burla.

-Sabes Estafan yo no elegí esto, bastante tengo con tener que hacerme el ángel arrogante ante mis superiores como para que además andes restregándomelo- contesto en dolido reproche.

-Eso es lo que les ocurre a aquellos que piden ayuda a los ángeles, incluso los mágicos son una mejor opción- le contesto él cortante

-Para ti es fácil decir eso, ¿verdad Estefan?, pero yo nunca pedí ayuda a los ancianos, ni a los ángeles ni si quiera a los mágicos- espeto furiosamente tratando de ocultar su cargada de dolor y amargura mientras le daba la espalda impidiendo que viera su expresión dolida.

-¿ha no? ¿entonces acabaste entre los ángeles por arte de magia?- comento con cortante frialdad y claro sarcasmo.

Sintió el dolor y la tristeza de Lein ante esa respuesta sorprendido de que ni si quiera tratase de ocultar su debilidad le observo salir de la habitación abatido y seguido por una estela de energía cobriza rodeándolo protectoramente.

Y sin mediar palabra que era sin duda lo más extraño en él.

Frunció el ceño molesto; bien él era un demonio esa clase de comportamiento hacía los demás era parte de él y no podía cambiarlo pero…

Suspiro pasándose una mano por sus lacios cabellos.

-Lein aun no hemos solucionado nuestro problema- lo llamo suavemente consciente de que Lein podía oírlo a pesar de su bajo tono de voz.

Le escucho soltar un suave suspiro y unos minutos después volvió con el rostro demasiado inexpresivo para su gusto y con ninguna gana de dirigirle tan si quiera la palabra.

El sonrió de medio lado ante aquello; después de todo el medio ángel no le caía mal.

-¿y bien?- cuestiono Lein fijando sus cobrizos sobre él lo mas fríamente que pudo. El se encogió de hombros divertido por su intento de frialdad mientras alzaba su vista al techo.

-¿Qué quieres que te diga? En estos momento mi imaginación está seca- expreso soltando el aire de sus pulmones lentamente cerrando sus grises ojos y guiándose por su visión interna contemplando como en el acto las energías de Lein se introducían dentro de él desapareciendo de sus sentidos y haciéndolo abrir los ojos.

-Me tienes miedo- expreso fijando sus ojos grises sobre él que le mostro una tétrica sonrisa digna de un demonio.

-Lamento informarte de que no soy tan estúpido cómo crees Estefan- contesto secamente haciéndolo sonreír amplia y siniestramente.

-Muy bien Lein, ¿Qué has pensado?- pregunto observando cómo los ojos de Lein se entrecerraban calibrándole de una forma calculadora impropia de él pero que lo hizo sonreír internamente.

-Había pensado algo pero dado que nos llevamos peor que los dragones y los argosneisd seguramente no funcione- contesto al cabo de unos minutos.

-Simplemente suéltalo ya despotricare sobre tu plan más tarde ahora mismo tenemos un poco de prisa- comento mirando por la ventana donde pudo ver con total claridad a Elis descorriendo las cortinas ya vestida y lista para marcharse.

-Los dos tenemos que vivir aquí y obviamente tú no puedes desaparecer de golpe tal y como amablemente has indicado, así que lo más lógico sería que fuésemos familiares cercanos, primos o hermanos- contesto al fin al cabo de unos minutos de escrutinio.

-Hermanos, si ciertamente es inteligente por tu parte, los hermanos no siempre se llevan bien y cubre cualquier sospecha que ella pueda tener sobre tu repentina aparición- comento pensativamente.

-¿Quién lo iba a decir? El gran Estefan aceptando algo que dije- comento Lein claramente de mal humor haciéndolo sonreír por dentro.

-Debería salir adelante si no nos matamos primero- dijo ignorando por completo su pulla anterior.

-Si no recuerdo mal eres tú el que se empeña en ser desagradable- contesto Lein mordazmente.

-Y si yo no recuerdo mal eres tú el que se empeña en ser agradable y se olvida de que soy un demonio pero eso no importa ahora no tenemos por qué llevarnos bien simplemente procura dejarme tranquilo como hacíamos en nuestras misiones en Sheanar y podremos entendernos- incido sonriéndole de medio lado de una forma bastante siniestra.

-Y procura no acercarte a mi susurrando algo sobre Sheanar mientras ella esté presente, no es precisamente tonta- le advirtió haciéndolo fruncir el ceño.

-No pensaba hacerlo- farfullo molesto.

-No te tomes a mal cada palabra que digo medio ángel, simplemente soy precavido porque si te acercas a mi susurrando algo con ella presente te aseguro que tendremos problemas- comento divertido mientras se pasaba una mano por encima de los ojos.

-Y ahora dado que quieres llevarte bien conmigo haz el favor de bajar tú las mochilas- comento sin poder evitar sonreír divertido ante la cara de Lein.

-No soy tu esclavo- le advirtió tomando a pesar de todo la mochila negra que había en una esquina.

-No ciertamente los esclavos procuran no ser tan pesados de todas formas, solo será por hoy- comento dedicándole una cansada sonrisa que lo haría entender sin lugar a dudas que aun no estaba recuperado.

-Eres incompresible, o se es orgullo o no se es- le dijo dedicándole una molesta mirada con sus ojos centelleando cual cobre fundido antes de salir de la habitación cargado con las mochilas y bajar al piso inferior.

Él resoplo irritado aun mirando el lugar donde había estado Lein de píe; él era orgullo cuando debía serlo punto y final pensó atándose las deportivas un calzado ciertamente cómodo que había descubierto poco después de llegar a aquel mundo lo que identifica a sus habitantes como no tan patéticos como esperaba en un principio.

También había otras cosas como el televisor que no estaban mal, si no fuesen tan frágiles y simples hasta habría creído que ellos estaban a la altura de los habitantes de Sheanar.

Suspiro y se alzo pesadamente del borde de la cama donde había permanecido sentado empezando a bajar las escaleras a desgana cuando un agudo sonido lo hizo detenerse a unos pocos escalones del primer piso claramente sorprendido.

Sabía que había un timbre y para que servía pero hasta el momento nadie había llamado si quiera a la puerta; él se había asegurado de no llamar la atención de los humanos además por alguna especie de instinto estos procuraban mantenerse lejos de él y de la casa pues sabían no eran bien recibidos.

-Ya voy yo- comento Lein saliendo de la cocina y echándole una preocupada mirada de soslayo antes de descorrer el innecesario cerrojo.

Sin embargo Lein no llego a abrir la puerta; lo que ocurrió fue que él se encontró actuando a la velocidad del rayo para que este no se estrellase contra la pared y se hiciera verdadero daño mientras sus ojos se clavaban en la mujer que acaba de entrar en la casa cerrando tras de sí la puerta y mirándolos con sus ojos azul ultra mar reluciendo con fuerza como los de un animal salvaje listo para atacar y dar muerte a su presa.

-¿estás entero?- le pregunto a Lein en un suave murmullo.

-Entero- afirmo el entrecortadamente debido al golpe recibido en pleno pecho instantes antes.

-Solo os lo diré una vez demonio, ¡marchaos de este mundo! Porque si vuelvo a encontraros cerca de Elis os matare- espeto la mujer.

-¿de que esta usted hablando exactamente? No es que me importe que mola a golpes a mi hermano pero esto es allanamiento de morada- comento él haciéndose el sueco.

-Cierra esa pérfida boca tuya demonio y no pretendas engañarme, se bien que hacéis aquí, largaos de este mundo y volved a Sheanar junto a esos malditos ancianos, decidles que Elis jamás ira a Sheanar, no sabrá jamás si quiera de su existencia tal y como querían sus padres, ¡y ahora largaos y no volváis o acabare con vosotros!- contesto la mujer con furia mientras creaba entre sus manos una intensa llama azul eléctrico que lo hizo sentir un intenso ardor en la cabeza.

Torció el gesto disgustado tanto por hecho de que la mujer estuviera usando una llama sagrada como por el hecho de que creyese que lo iba a espantar con ella; no es como si el fuese uno de esos inferiores demonios cualquiera que tanto abundaban en Sheanar y que podían ser considerados mas como monstruos demoniacos que como verdaderos demonios.

-Por favor mujer, ¿una llama sagrada? ¿pretendes hacer reír? No es como si un dolor de cabeza me pudiera hacer huir- comento con una fría y macabra sonrisa que asustaría la más valiente de los hombres pero no a aquella mujer que un rápido y ágil movimiento desenfundo su espada.

Invisible hasta hacía unos instantes para miradas ajenas ahora resplandecía entre sus manos de un intenso color azul.

-Entonces será la muerte lo que te haga desaparecer de mi vista- contesto la mujer extendiendo la hoja de su espada tan larga como su propio brazo hacía delante dispuesta a cumplir su palabra.

-Así que me matara por protegerla, interesante pero verdaderamente estúpido- índico él con aire indiferente a pesar del dolor que le causaba el solo mirar la reluciente hoja de aquella espada sagrada.

La espada de una verdadera sacerdotisa de los ángeles portadora de un poder que difícilmente uno podía anticipar.

-Por su bien mataría a los mismísimos ancianos- contesto ella apretando con fuerza la empuñadura de su espada haciendo que los ojos cobrizos de Lein se clavasen centelleantes en la mujer y él se mordiera la lengua por primera desde hacía mucho tiempo permitiendo que fuese lo que fuese lo que medio ángel estaba planeando lo pusiera en práctica y rápido.

-no puedes obligarnos a irnos porque somos exiliados- dijo con la voz aun algo ronca después del golpe haciendo que los ojos de la mujer se clavasen sorprendidos en el que en ese momento se apretaba el pecho con una mano en el punto justo donde había recibido el golpe y aspiraba lentamente para poder volver a hablar.

-Yo soy un medio ángel y creo que usted debería saber que opinan los ancianos sobre los que son como yo y mi compañero demonio aquí presentes es uno de los pocos descendientes del sellado a los que el tirano no controla o destruido- explico seriamente.

-En definitiva señora nosotros tenemos tanto derecho a guarecernos aquí como lo tenéis vos- agrego aun tratando de normalizar su respiración.

Mientras él tenía sus ojos grises clavados en la nuca de Lein dejando escapar un esbozo de sonrisa por unos segundos; ciertamente el medio ángel era toda una caja de sorpresas aunque eso que sabía de él tendrían que discutirlo a solas muy seriamente por qué no le haría ninguna gracia tener que acabar con él en un futuro.

-Como ve no puedo hacer nada por echarnos aunque sin duda casi me quita a este estorbo medio ángel- comento ganándose una mirada asesina por parte de Lein que lo hizo reír internamente.

-Entonces os quiero a ambos lejos de Elis- espeto con fiereza haciendo que él la mirase divertido.

-Lamento decirle que eso no lo decide ni usted ni nosotros será ella quien lo decida, además nosotros no tenemos la culpa de que se sienta atraída por algo más interesante que esos humanos libres de magia- le contesto el encogiéndose de hombros desinteresadamente.

-Entonces buscad otro lugar donde esconderos, lejos de aquí- indico ella sin amabilidad alguna.

-¿alguna sugerencia entonces? Se aceptan todo tipo de lugares a parte de este protegidos contra el tirano y contra los ancianos- contesto mordazmente.

La mujer callo fijando sus ojos en ambos por unos instantes y finalmente enfundo su espada haciéndola desaparecer entre pliegues mágicos.

-Alejaos de ella- advirtió antes de desaparecer de allí dejando solo unas cuantas corrientes de energía azules que lo hicieron fruncir el ceño.

-Toda una demostración de poder para nosotros solitos, no se sentirme halagado u ofendido- comento Lein apartándose de él y apoyándose en la pared donde se fue dejando caer hasta quedar sentado en el suelo.

-Tómalo como un halago los que son como ella no suelen tomarse tantas molestias por nadie, y ahora veamos que ha quedado de ti tras ese golpe- contesto Estefan agachándose hasta quedar en cuclillas ante él.

-No es gracioso- comento Lein al ver la diversión reflejada en sus ojos.

-En realidad sí que lo es solo que tú no ves desde otro punto de vista- contesto divertido.

-Bueno y ahora quítate la camisa, ¿o prefieres que lo haga yo?- cuestiono en un tono de voz que no sugería nada bueno y que hizo que a Lein se le erizase el bello de los brazos y la nuca como nunca antes en su vida.

-¡Estefan maldita sea no uses ese tono!- grito entre alarmado e indignado haciéndolo estallar en unas pronunciadas carcajadas a las que terminó por unirse Lein a pesar del dolor en el pecho.

-No te preocupes medio ángel no me gustan los hombres- le dijo calmando su risa mientras Lein sacudía la cabeza.

-Eso fue demasiado perverso incluso para ti, estuve a esto de salir de aquí y esconderme tras esa loca psicópata que me aparto de la puerta- comento pasándose una mano por sus rubios cabellos antes de quitarse la camisa haciendo una leve mueca de dolor mientras lo hacía y dejando al descubierto la extensión del golpe.

El soltó un silbido entre dientes mientras observaba la zona ya amoratada que se extendía hasta poco más de las primeras costillas de Lein.

-La mujer no se anda con chiquitas, y lamentablemente para ti parecer hacer pesas- comento riendo entre dientes al ver la expresión de Lein.

-Ya vale hoy de meterse conmigo has traspasado el… au… cupo- dijo echándole una fulminante mirada por haber presionado sobre la zona afectada sin delicadeza alguna.

-Solo comprobaba que esto estuviese bien ahí dentro, pero al parecer y por suerte para ti ella no ha querido hacerte daño de verdad solo te aparto de la puerta amablemente- comento poniéndose en píe y ayudándolo a levantarse en el proceso.

-En la cocina hay unos cuantos ungüentos que te servirán úsalos que tenemos que irnos- le dijo sin si quiera mirarle.

-Qué remedio- gruño Lein por lo bajo entrando en la cocina nuevamente.

Mientras el esbozo una amplia sonrisa. Vaya con la tía Marian sin duda era mucho más de lo que aparentaba y además había sido ocultarlo a la perfección impidiendo así que los ancianos supieran de ella y los mandasen a hacerse cargo del problema.

Y por supuesto aquello iba a seguir así pues aquella información se la iban a quedar para ellos al menos por el momento.

-Bueno, supongo que no vas a explicarme porque esa mujer ``me aparto amablemente de la puerta´´- comento Lein saliendo de la cocina ya con la camisa puesta y la mochila al hombro recalcando aquellas dos últimas palabras con sorna.

-Supongo que te hablaron de esa inofensiva tía humana que se hacía cargo de ella, ¿cierto?- cuestiono él echándose su propia mochila al hombro mientras salían de la casa ambos a desgana.

-Si me dijeron algo- contesto Lein frunciendo levemente el ceño.

-Bueno pues acabamos de descubrir que es de todo menos inofensiva- contesto divertido haciendo que Lein frunciera aun más el ceño.

-Te encanta burlarte de mí- le reprocho molesto.

-Si es lo más entretenido que encontrado desde que estoy atado a vosotros así que atente a las consecuencias- le contesto con indiferencia.

-Demonio tenía que ser- se quejo Lein por lo bajo haciendo que el riese internamente.

-Y supongo que no quieres que ellos se enteren de este pequeño incidente- comento tras haber despotricado un par de bonitas palabras más acerca de los demonios y sus perversas mentes demoniacas.

-Muy bien lo has captado, así que ten cuidado porque de enterarse sabré quien ha sido y… los accidentes pueden ser de los mas inoportunos y dramáticos- contesto dejando que su voz alcanzase eso tono perverso que tanto miedo solía dar a los demás pero que solo hizo que Lein frunciese de nuevo su ceño.

-y no me vas a explicar los motivos, ¿me equivoco?-

-quizá en algún momento cuando confié en ti si es que llego a hacerlo- contesto haciéndolo resoplar.

-Muy bien lo he captado- contesto Lein fijando su vista en las dos figuras que él estaba mirando desde hace rato.

-Ahí está- comento mientras ambos observaban a las dos distantes figuras.

Una que no pasaba del metros sesenta y de aspecto claramente aniñado mientras que la otra se erguía esbelta moviéndose con aquella gracia sobrenatural que la caracterizaba mientras de vez en cuando sostenía a la otra impidiendo que cayera al suelo.

-No vayas a quedarte babeando medio ángel eso la molestara y mucho- le comento divertido mientras él seguía los movimientos de ambas figuras.

-¿y la otra?- cuestiono Lein haciendo que él fijase su vista en la figura que claramente era Lucy.

-Ella es Lucy, es humano aunque juraría que debe tener algún antepasado no humano o tal vez un mágico, a Elis parece gustarle puesto que la admite cosa que no hace con los otros humanos- explico mientras apretaban el paso para alcanzarlas.

Hasta que cuando ya apenas los separaban unos diez metros Elis se detuvo y volteo a mirarlos fijando sus ojos verdes inmediatamente sobre los de Estefan haciendo que Lein y Lucy fijasen su vista en ellos sobrecogidos por lo que parecía ser una batalla por ver quien tenía la mirada más fría, indiferente, cortante, aterradora y mortalmente hiriente de ambos.

Sin embargo en apenas un minuto la vista de Elis se desvió hacía Lein curiosa mientras este le dedicaba una alegre sonrisa haciéndola fruncir el ceño y ladear levemente la cabeza.

Estefan les observo esperando que Lein aguantase el examen sin embargo y para su sorpresa no solo lo paso sino que además lo hizo con una brillante sonrisa en su rostro de niño bueno.

-Este- indico señalando desinteresa mente a Lein - es para mi desgracia mi hermanastro- término de decir ganándose una mirada molesta por parte de Lein.

-No es parecéis- comento Lucy inocentemente observándolos a ambos.

-Lucy seguramente ellos no sean hermanos de sangre, lo más probable es que sean hermanos solo porque sus padres se casaron entre sí- comento Elis.

-Entiendo- murmuro Lucy observando a Lein con claro interés.

-Bienvenido al grupo Lein- dijo entonces Lucy saliendo como un cohete de sus pensamientos y mostrando su habitual entusiasmo poso un beso en cada una de sus mejillas a modo de saludo antes de volver junto a Elis que tras inspeccionarlos unos instantes a ambos les dedico una amplia y cálida sonrisa que hizo brillar su mirada por un instante antes de tan rápido como había aparecido desaparecer.

-Vamos- comento dándoles la espalda y echando a andar.

Lein la miro desconcertado y luego fijo su mirada en él que simplemente se encogió de hombros y las siguió a ambas.

……………………………………………………………

-Tenéis mucha suerte, vosotros parecéis inmunes a las caídas yo sin embargo resbalo constantemente- comento Lucy alegremente dedicándole una amplia y alegre sonrisa a Lein que este devolvió sinceramente.

-Lucy cuidado con…- trato inútilmente de advertirla pero ella ya había pisado el charco y se precipitaba en una monumental caída hacía el suelo.

Pero por suerte aun guardaba algunos reflejos y pude colocar mi mano tras su espalda impidiendo que cayes y observando su pálido y asustado rostro.

-Gracias Elis- murmuro con apenas un hilo de voz mientras yo la enderezaba con suma suavidad y delicadeza.

-Da igual, pero ten más cuidado esta vez podrías haberte hecho daño de verdad…-

Se me atrancaron las palabras y sentí como si flotase muy lejos de allí contemplando sin verla realmente una sala llena de miles de gemas que destellaban con mil colores distintos y en el centro de la sala una figura cuya piel relucía como si estuviese echa de miles de pequeños cristales de colores.

Y de repente estaba de vuelta con Estefan y Lein sosteniéndome suavemente y Lucy aferrada fuertemente a mí al borde de las lágrimas mientras repetía una y otra vez.

``Elis contéstame, ¿Qué te ocurre?´´

-Estoy bien Lucy- dije enderezándome y devolviéndole el abrazo en un intento por calmarla.

-Me asustaste tanto- murmuraba ella aferrada con fuerza mí.

Yo la aparte con suavidad y limpie las lágrimas que habían escapado de sus ojos suavemente mientras le sonreía tranquilizadoramente.

-No te preocupes mas Lucy, ahora mismo volveré a casa y mañana estaré bien de nuevo pero cálmate si me buena amiga Lucy muere de un ataque nervioso por mi culpa nunca me lo podría personar- le susurre en el oído haciendo que ella se apartase y mirase mi rostro escrutándome con sus ojos color miel muy abiertos.

-¿amiga?- pregunto débilmente.

-Eso he dicho- conteste haciendo que se lanzase a mis brazos y luego se apartase con una clara determinación en el rostro.

-Te acompañare a casa- dijo con firmeza.

-No es necesario Lucy además si haces eso llegaras tarde a clase- le conteste divertida ante tanta determinación.

-No me importa- contesto tozuda.

-Yo la acompañare si te encargas de cuidar de mi hermano Lucy- comento Estefan dirigiéndole una elocuente mirada a su ``hermano´´ que se la devolvió por un segundo.

-Vamos Lucy, de todas formas Estefan tiene que ir a arreglar unos papeles y solo venía a la primera clase por mi pero contigo sin duda estaré en buenas manos- dijo tomando a Lucy suavemente por el brazo la cual en esos momentos inspeccionaba a Estefan con los ojos entornados.

-Si tratas de aprovechar de mi amiga te corto las manos- le advirtió haciendo que Lein a duras penas contuviera la risa antes de que Lucy cediera a irse con él y yo sonriese por dentro mientras Estefan soltaba una carcajada nada mas desaparecieron de la vista.

-Y yo que pensaba que la pequeña se había quedado estancada en la primera infancia- comento suavemente Estefan haciendo que lo mirase y sonriese muy levemente.

-Las apariencias engañan, nosotros somos un buen ejemplo- murmure consciente de que me había oído pero ignorando su curiosa mirada sobre mi antes de echar a caminar y que él me siguiera.

-¿Estás enferma?- pregunto Estefan sacándome de mis turbios y nada claros pensamientos.

-Eso parece aunque no soy la único- conteste haciendo que el me mirase con las cejas enarcadas.

-¿y qué te hace pensar eso?- pregunto haciéndose el tonto.

Yo le mire fijamente por unos segundos antes de sin previo aviso posar mi mano en su afiebrada mejilla.

-Que normalmente habrías reaccionado antes de que te tocase, además tienes fiebre- conteste haciendo que el frunciese el ceño claramente molesto por mi forma de actuar mientras yo retiraba mi mano de su rostro y miraba al frente.

-Tu también- contesto a la defensiva arrancándome un amago de sonrisa.

-Yo no lo niego- le conteste divertida.

-¿Dónde se supone que vas?- cuestiono una voz que reconocí al instante haciendo que tanto Estefan como yo nos girásemos y contemplásemos mi tía cruzada de brazos y con el ceño fruncido en clara señal de enfado.

-A casa- le conteste esperando con aquella respuesta lo dejase estar sin embargo no lo hizo.

-Ya deberías estar en casa, te dije que no fueses al instituto- comento con sequedad mientras su mirada se desviaba hacía Estefan fulminándolo venenosamente con ella.

-Lo sé- conteste observando levemente el intercambio de miradas entre ambos.

-Pero para no varias no me has obedecido- espeto furiosa mientras sus ojos se tornaban verdaderamente peligrosos y con un extraño brillo que nada bueno podía anticipar mientras miraba a Estefan.

Sin embargo nada pude hacer poa averiguar que lo que estaba pasando justo ante mis narices pues un intenso dolor hizo que me llevase la mano al pecho; era como si me estuviese ahogando simplemente no podía respirar.

Solté un ahogado gemido de dolor atrayendo la atención de ambos justo cuando mi visión se nublaba en brumas rojas y negras dejándome ver por último el rostro de Estefan que me había atrapado antes de que cayera al suelo mientras fuese lo que fuese lo que me ocurría me catapultaba a un extraño y lejano sueño.