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Historia 54310 — capítulo 9
Abrí los ojos con esfuerzo, fijando mi borrosa visión en el techo blanco sobre mí antes de limpiar las lagrimas que aun corrían por mis mejillas y alzarme de la cama quedándose sentado en el borde esta.
Con la vista clavaba en el suelo de madera.
-Maldita sea demonio, todos esto es culpa vuestra, os advertí que os alejaseis de ella ahora debería acabar contigo-
Parpadee; aquella era la voz de mi tía y sonaba furiosa como nunca antes, ¿pero con quién estaba hablando? Me pregunte poniéndome en píe trabajosamente justo en el instante en que la puerta de mi habitación se abría estrepitosamente debido al impacto del cuerpo de Estefan contra ella.
-¡Tía!- exclame furiosa sin saber exactamente el por qué haciendo que ella fijase su sorprendida mirada sobre mí.
-No te metas en esto Elis y vuelve a la cama- espeto rápidamente recuperada de la sorpresa inicial.
Yo la mire incrédula y luego mis ojos posaron sobre el brazo de Estefan que ella tenía fuertemente agarrado.
El cual empezaba de alguna forma a quemarse como si no admitiera el contacto con la piel de mi tía; y aquello colmo el vaso.
-No voy a volver a la cama y me meteré donde crea conveniente- espete sin alzar la voz consiguiendo que ella volviese a mirarme recibiendo de lleno la más letal y furiosa de mis miradas.
Y por una vez en todos los años que llevábamos viviendo juntas vi a mi tía asustada retrocediendo un par de pasos ante mí y arrastrando a Estefan con ella que en esos momentos me miraba sin poder ocultar un brillo de… ¿admiración? En sus ojos.
Pero lo ignore en esos momentos solo me importaba que lo soltara y que me dijeran que estaba pasando.
-Elis cálmate- pidió mi tía haciendo que mis labios se torcieran y apretase los puños con fuerza.
-Me calmare cuando le sueltes- conteste seca y fríamente logrando que ella soltase el brazo de Estefan de la impresión y este rápido como el rayo se apartase de ella acabando un par de pasos por detrás de mí.
-No lo entiendes Elis, el no es de fiar no sabes a los que te expones- trato de explicar mi tía logrando que mi furia creciese como una hoguera bien alimentada.
-¡entonces deja de hablar en código y explícamelo!- grite pateando furiosamente la vieja silla que había junto a la puerta de mi habitación.
Dejándola reducida a meras astillas mientras Estefan soltaba un suave silbido entre dientes.
-Pero…-
-¡pero nada! ¡el peligro está ahí fuera y que yo no sepa de su existencia no quiere decir que el no sepa de la mía! Dos tipos me atacaron ¿y sabes que paso?, ¡les evapore! Eso fue lo que hice y ahora vas a entrar aquí te vas a sentar y me lo vas a explicar todo, ¡y eso te incluye a ti Estefan!- conteste furiosa pero incapaz de alzar mi voz.
Ambos se me quedaron mirando fijamente, demasiado impresionados por mi arranque furioso como para hablar.
-¿y bien?- pregunte secamente con mis ojos fijos en mi tía que me miro con aire resignado y suspiro.
-Esto nunca debería haber pasado, nadie debería haber podido encontrarte aquí, no mientras yo estuviera alerta pero no contaba con que ellos tuvieran un demonio de su parte y mucho menos a ese demonio- dijo mirando fijamente a Estefan cargada de desprecio. Este hizo una mueca de disgusto y le echo una malhumorada mirada.
-Yo no estoy de parte de nadie- gruño irritado.
-Ya, ¿y por eso estas obedeciendo sus ordenes?- le contesto mi tía agriamente haciendo que yo pasase mi mirada alternativamente del uno al otro.
-Maldita sacerdotisa, yo no tengo la culpa de que estés lo suficientemente ciega como para no ver las ataduras que me obligan a estar con ellos- espeto aun mas irritado.
-Si no os importa, empezad desde un principio- les interrumpí atrayendo nuevamente la atención de mi tía que miro un tanto asustada.
-¿de verdad quieres saber que está pasando?- cuestiono apoyándose en el marco de la puerta como si de repente hubiese perdido toda su fuerza.
-¿Tú qué crees?- pregunte sin poder evitar que mi tono surgiera glacial de entre mis labios que provoco una mueca en el rostro de mi tía y una media sonrisa en Estefan.
-Bien, entonces siéntate esto va para rato- murmuro su tía no sin antes echarle una fulminante mirada a Estefan.
-Pero el tendrá que irse no voy a proporcionarle información que pueda darle a ``ellos´´- gruño recalcando el ellos con la voz cargada del más puro de los desprecios.
-Si quisiera darles información ya les habría dicho que no eres tan inofensiva ni tan humana como aparentas ``sacerdotisa´´- comento él con un claro deje de burla en su voz.
Logrando que ambos empezaran un intercambio de miradas cada cual mas asesina que la anterior mientras yo los observaba con las cejas enarcadas.
Espere durante diez minutos hasta que estuve completamente segura de que ellos no iban a detenerse por sí solos y que aquel duelo de miradas seguiría a no ser claro que yo los hiciera reaccionar.
-Parad de una maldita vez- gruñí cada vez de peor humor atrayendo las miradas de ambos.
-Pero el…-
-El se queda y no se hable más, no eres la única que me debe una explicación y si lo dejo irse dudo poder atraparlo luego- conteste advirtiendo a Estefan con la mirada de cuenta le traía estar quieto.
-Además, yo confió en él me ayudo anoche y eso… eso estoy segura de que nadie se lo ordeno- agregue haciendo que el torciese los labios en una mueca mitad sorpresa mitad disgusto.
-¿En serio? ¿y que se supone que he hecho yo?- cuestiono haciéndose el tonto aunque obviamente sabía mejor que lo que había hecho.
Solté un suspiro ante aquello y sin poder evitarlo una sonrisa se dibujo en mis labios mientras me llevaba una mano al pecho justo donde había sentido aquel dolor.
-Me ayudaste no trates de negarlo, no es como si haciéndolo te fuese a creer- comente haciéndolo fruncir de nuevo los labios.
-Está bien, no lo negare, pero quiero saber ¿Cómo lo has sabido?- contesto con el ceño fruncido en un ademan que trataba de ser amenazador pero que en mi solo produjo una profunda diversión.
El estaba desconcertado y eso me hacía gracia tanta que el mal humor se me paso de golpe y a duras penas contuve la risa.
-Bueno hiciste bastante ruido al saltar por la ventana y tu forma de andar es inconfundible- conteste ante su incrédula expresión.
-Genial- mascullo el molesto desviando su vista hacía la ventana.
-¿Qué fue lo que hiciste?- pregunto mi tía con la voz cargada de veneno y mas que dispuesta a saltar sobre él pero por suerte me había colocado estratégicamente justo entre ellos.
-No tengo por qué explicarle nada a una sacerdotisa medio ángel- contesto echándole una mirada cargada de odio.
-Se acabo- espete recuperando todo el mal humor de golpe.
-tu siéntate y tu empieza de una buena vez- gruñí haciendo que Estefan se sentase de un empujón en el borde de mi cama y sentándome junto a él con la vista fija en mi estupefacta tía.
Que se dejo caer en la silla de mi escritorio mirándome tan impresionada como el mismo Estefan.
Gire mi rostro al sentir su mirada fija en mí.
Y tome su brazo herido observando aquella quemadura que ascendía por todo su ante brazo.
-No te tenses yo no quemo eso ya deberías saberlo- murmure atrayendo aun mas su brazo dejando mi mano izquierda a apenas unos milímetros por encima de la quemadura.
Ahí estaba de nuevo aquella incontenible energía pero nuevamente me encontraba con que no tenía idea de cómo hacer uso de ella.
Cerré los ojos, ¿Qué tal una ayudita? Pregunte internamente recibiendo para mi inmensa sorpresa una rápida respuesta.
``úsalo´´ me increpo suavemente guiándome una vez más hasta que pude dirigir la energía directamente sobre aquella quemadura que desapareció en apenas un parpadeo recubierta por una capa de piel nueva completamente intacta que Estefan palpo atónito mientras mi tía contenía a duras penas una exclamación de sorpresa.
-¡por todos los cielos!- exclamo suavemente mi tía.
-Otra razón para que me expliques que está pasando aquí- indique soltando el brazo de Estafan que palpo el lugar antes herido durante un instante antes de clavar su vista en mi como fascinado.
-No deberías haber podido hacer eso, eres un ángel yo soy un demonio- murmuro haciendo que yo parpadeara desconcertada por sus afirmaciones.
-Lo entenderéis… cuando escuchéis toda la historia, y ahora callad y escuchad- contesto mi tía antes de alzar la vista al techo en ademan pensativo; buscando claramente por dónde empezar.