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'Hermitage Road' — capítulo 1

El traqueteo del tren la despertó de repente cuando su cabeza golpeó violentamente contra el borde metálico de la ventana que quedaba a su derecha. Miró a través de ésta mientras frotaba la zona dolorida y vio cómo la metrópoli urbana que la había acompañado al inicio del viaje se había convertido en largos campos de briezo que dejaban entrever casas rústicas perdidas en la lejanía.

Miró el reloj y descubrió que había tenido los ojos cerrados durante cuarenta y cinco minutos.

Comprobó con satisfacción que no le habían robado nada, cosa que no la sorprendía porque el tren iba bastante vacío desde el principio del trayecto y, conforme habían pasado las horas, los pocos viajeros se habían repartido entre las cuatro primeras paradas, que se correspondían con los pueblos más poblados de la zona.

Recogió la carta que había estado leyendo por vigésima vez antes de quedarse dormida y que había ido a parar al suelo. A pesar de que su pasión era la lectura, lo que más había leído aquel caluroso verano había sido aquella escueta nota. Casi por inercia, le echó otro vistazo.

"

Miércoles, 17 de julio de 2009

Chester, Inglaterra

Estimada señorita Granger:

Me complace informarle de que su plaza en la Residencia de Estudiantes 'Hermitage Road' ha sido concedida.

Tal y como se acordó en la matrícula, su habitación estará disponible a partir del día 20 de septiembre a las 19.30h y deberá abandonarla antes del 19 de julio del 2010 a esa misma hora.

Le recuerdo que ha de abonar el resto de la matrícula en un plazo máximo de siete días y que las mensualidades las transferirá a la cuenta bancaria de la residencia en la primera semana de cada mes.

Espero que su nuevo alojamiento durante el próimo curso la haga sentirse como en casa.

Con mis mejores deseos,

Alecto Carrow,

Directora General de la Residencia de Estudiantes 'Hermitage Road'

"

Sabía que aquella carta había determinado su futuro, tanto personal como profesional.

Separarse de la protección y el cariño de sus padres le había resultado más difícil de lo que se imaginaba, pero en su interior sabía que merecía la pena. Poder entrar en la Universidad de Chester era todo un privilegio, y ella no iba a desaprovechar la beca que le habían concedido por sus elevadas calificaciones. 'Una oportunidad así sólo se presenta una vez en la vida', recordó que le había dicho su padre. Acordarse de su progenitor provocó que unas traicioneras lágrimas asomasen entre sus ojos castaños.

El tren se detuvo en la penúltima estación de su recorrido, y una pareja que se encontraba en su mismo vagón aprovechó para apearse. Vio cómo la mujer, entrada en carnes, tiraba de una enorme maleta granate que amenazaba con abrirse de un momento a otro. Cuando el hombre bajó tras la dama y se cerraron las puertas, todo quedó en silencio. En un silencio muerto.

Hermione, que así se llamaba la chica, se apartó de la cara el pelo revuelto para fijarse en el reloj digital de la estación visible a través del cristal, y comprobó que todavía tenía diez minutos hasta que el vehículo reanudara la marcha.

Sin importarle que sus pertenencias estuvieran a la vista y sin vigilancia, bajó del convoy para estirar las piernas y comprar una barrita energética de la máquina expendedora cercana a la salida de la estación.

Mientras la máquina se tragaba las pocas monedas que llevaba encima y el último hit de Jason Derülo sonaba en su Ipod, Hermione se percató, por el rabillo del ojo, de una sombra que se movía en el interior del tren. Segundos más tarde, la sombra adquirió rostro al ver que el maquinista bajaba de forma sosegada y la sonreía amablemente.

-En seguida reanudamos la marcha -le dijo el hombre, que se ocultaba tras una inmensa gorra, parte de su uniforme.

La chica no pudo más que asentir discretamente.

En realidad, no tenía ninguna prisa. La carta lo dejaba muy claro: no podría acceder a su habitación hasta las siete y media de la tarde, y ella calculaba que llegaría a la residencia sobre las siete. Media hora de espera en un lugar desconocido, rodeada de gente desconocida. Estupendo. Sólo podía desear que el tren descarrilara para hacer tiempo.

-¿Nos vamos?

La voz del maquinista la sacó de su insimismamiento y, tras terminar la barrita de cereales y guardar el envoltorio en el bolsillo delantero del pantalón (no había papeleras a la vista), subió de nuevo al tren.

Tal y como era previsible, ningún espíritu o fantasma le había sustraido ninguna pertenencia; tanto su maleta como la bandolera seguían en su sitio. Probablemente era la única que se dirigía al final del trayecto. Hermitage Road era una carretera con pocas casas a los lados que, posteriormente y gracias a la fama de la Universidad de Chester, había sido elevada al rango de pueblo muy pequeño. Lo único interesante que ofrecía era la residencia de estudiantes, que las lenguas decían ser la cuna (o cama, más bien) de los grandes genios de la universidad más famosa del condado. Ése era el motivo por el que cuatro insignificantes edificios hubiesen conseguido el calificativo de 'pueblo' y un parada de tren. Por no mencionar la línea regular de autobuses que conectaba a los estudiantes con los locales de ocio de las localidades colindantes.

Hermione pensaba en todo lo que había dejado atrás y en lo que estaba por conseguir. Quería dejar la mente en blanco, pero no podía. Las praderas de hierba fresca iban desapareciendo a medida que las edificaciones ganaban terreno. Seguían siendo caserones antiguos y esparcidos, pero ya podían verse muestras de publicidad en forma de grandes carteles que trataban de distraer al viajero. 'La publicidad determina dónde comienza la civilización y dónde acaba', había dicho su madre tras un desagradable suceso en un centro comercial hacía casi un año. Esa frase fue la que determinó el sentido que Hermione quería dar a su vida. Una semana después de aquello, anunció que quería estudiar Publicidad y Relaciones Públicas.

Su mente seguía un ritmo frenético y acabó desconectándose del resto del cuerpo. Su mano se deslizó inconscientemente hasta el anillo de su mano izquierda. Empezó a toquetearlo, como siempre que los nervios se empezaban a apoderar de ella despacio, pero sin pausa. Un movimiento brusco del tren hizo que saliera ligeramente despedida hacia adelante y por delante de ella escapó el anillo. Éste voló por encima de los tres bloques de asientos frente a Hermione y cayó al pasillo, donde comenzó a rodar y a botar sin ánimo de detenerse.

La joven corrió tras él, sin embargo, el aro era más rápido. Atravesó dos vagones y un par de envoltorios de chicle olvidados en el suelo. Cuando ya empezaba a pensar que el anillo tenía vida propia, éste se detuvo ante un obstáculo infranqueable: una zapatilla deportiva grisácea, de un gris muy oscuro.

Hermione se detuvo al principio del vagón en cuanto descubrió que no estaba sola. Unos cabellos rubios despeinados sobresalían por encima del último asiento. Acto seguido, el pasajero sintió el suave golpeteo del metal chocando contra su zapatilla y se agachó para recogerlo.

-Gracias.

El joven se volvió hacia la fuente de la voz y encontró a una chica de edad parecida a la suya, cabellos color miel y tan indomables como el suyo.

-¿Es tuyo? -él le tendió el anillo sintiéndose estúpido por la pregunta; obviamente el anillo era de ella.

-Sí, se me ha escapado de los dedos por el frenazo de antes.

El chico asintió silenciosamente devolviéndole el aro a Hermione, quien se lo puso sin titubeos.

Se miraron un par de segundos hasta que el joven cortó el contacto visual y volvió a sentarse dándole la espalda a la chica. Pero Hermione no pudo refrenar su curiosidad.

-¿Vas a 'Hermitage Road'? -Sabía que la pregunta era irrelevante porque la próxima y última parada del tren era ese pueblo, y no era muy probable que una persona joven viviera en un pueblo alejado de la mano de Dios, pero necesitaba que le confirmara que tenían en común algo más que un simple anillo.- Es una residencia para universitarios...

-Sí, voy a allí -el chico la cortó antes de mirarla de nuevo.

-¿Cómo es? Me refiero a... ¿las habitaciones son grandes? ¿las comidas están bien?

-¿No miraste en la página web antes de matricularte? -preguntó el rubio sorprendido.

-Bueno, sí... pero ya sabes que siempre te ponen las mejores fotos y no siempre coinciden con la realidad. -Hermione empezaba a pensar, por las escuetas respuestas de él, que el chico sólo deseaba que le dejasen tranquilo. 'Si no me sigue el rollo, le dejaré en paz, que parece que es lo que quiere'.

Para su sorpresa, vio cómo el joven le sonrió.

-Seguramente. Pero tampoco puedo asegurarte nada porque es el primer año que vengo a esta residencia.

-¡Como yo! -le dijo animada.

Él rió entre dientes.

-Aunque no te lo creas, ya lo intuía. -El joven parecía haber dejado la sonrisa en su rostro permanentemente. Esto le dio a Hermione la fuerza suficiente para sentarse frente a él.

-Supongo que vas a la Universidad de Chester, ¿no?

-Empiezo mañana -confirmó él.

-Y yo. -Hermione le miró desganada-. Espero que no nos den mucha caña en clase...

-Eso sí que te lo puedo asegurar. Chester es bastante dura, pero merece la pena porque de ahí salen los mejores. En verdad las clases magistrales son una maravilla...

-¿Ya has estado? -preguntó Hermione sobresaltada.

-El año pasado comencé la carrera de Bellas Artes allí. ¿Tú empiezas este año?

-Sí, en Publicidad y Relaciones Públicas -explicó ella-. ¿Y dónde te alojabas? -La chica presentía que se estaba perdiendo muchos detalles.

-En otra residencia, pero estaba bastante lejos y era una lata tener que levantarse pronto para coger el tren y luego dos autobuses. Además, me dejaba una pasta en transporte. Por eso, este año he cambiado.

-Ah... ya entiendo. -Era mentira. Presentía que aquel chico escondía bastantes cosas, pero por el momento estaba siendo bastante agradable con ella. Quizás incluso podrían llegar a ser amigos.

Decidió tomar la vía tradicional.

-Hermione Granger. -Le tendió la mano.

El rubio la miró sin entender la situación.

-Si vamos los dos a la misma residencia, lo más probable es que nos veamos por los pasillos y en el comedor, ¿no? -aclaró ella-. Deberíamos saber, al menos, nuestros nombres.

El joven volvió a mostrar la sonrisa que le hacía tan atractivo y estrechó la mano que Hermione le ofrecía.

-Me llamo Rolf. Rolf Scamander.


¡Hola! :D

It's me, Laura. ¡He vueltoooooooooooo! jajajaja

Y eso es una gran noticia porque significa, primero y ante todo, ¡QUE ESTOY DE VACACIONES! y segundo, que después de dos meses desde que terminé mi otro fic, 'La chica del Ministerio', voy a volver a escribir. Si combinamos ambos factores, obtenemos que tengo más tiempo libre para darle a la cabeza y al teclado y, por tanto, actualizaré cada poco tiempo, en principio, dos veces por semana (martes y viernes o miércoles y sábado; como no tengo claro cuándo actualizar, si alguien me da una razón de peso para decantarme por unos días en vez de otros, me será de mucha ayuda).

Espero que os guste esta nueva historia que, como se indica en la portada, está basada en hechos reales. Aquellos que me seguísteis en las aventuras amorosas de Percy, pronto os daréis cuenta de que no tiene nada que ver con mi otro fic.

¡See you soon! xP

¡MUCHOS BESOS!