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'Hermitage Road' — capítulo 2
'¿Qué estoy haciendo aquí?', no dejaba de interrogarse a sí misma. Era una pregunta que le rondaba por la mente una y otra vez sin esperar una respuesta concreta ya que era susceptible de ser contestada de múltiples formas. La única que se le ocurrió fue la que más se ajustaba a la realidad. '¡Ah, sí! Esperar al conserje.'
Hermione agitó su muñeca para que el reloj de pulsera se colocara en su posición correcta y le echó un vistazo.
Casi quince minutos esperando a aquel hombre de aspecto lúgubre y descuidado. Quince minutos sola y en silencio, resoplando de vez en cuando en la recepción de la residencia. Echó un vistazo a su alrededor, como ya había hecho el resto de minutos anteriores. Si seguía así, acabaría conociéndose la estancia de memoria.
La entrada a la residencia era una puerta enorme y pesada que daba paso a aquella segunda vivienda del conserje, el lugar en el que se encerraba prácticamente las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Eso es algo que Hermione confirmaría con el tiempo.
Justo frente a la puerta de entrada se encontraban las dobles puertas traslúcidas y automáticas que se abrían con sólo acercarse a ellas y que invitaban a pasar a la sala, el lugar más transitado y animado de la residencia. De hecho, Hermione atisbaba algunas sombras que se movían al otro lado de esas puertas correderas.
La recepción era rectangular, cuyos lados más largos se correspondían con las paredes donde se encontraban las puertas. Esto permitía disponer un juego de sillones a un lado y un mostrador para el conserje al otro lado de la estancia.
Hermione estaba tentada a sentarse en uno de los sillones, pero estos parecían ser nuevos, sin una mota de polvo y con una inmaculinidad que pedía no ser estropeada. 'Supongo que no muchos querrán sentarse frente a... ¿cómo había dicho que se llamaba el conserje?', arrugó el entrecejo tratando de hacer memoria. ¿Flich? ¿Filch? 'Sí, eso era... Argus Filch'. Un hombre desagradable como pocos había conocido en su vida.
Volvió a suspirar. Hasta el momento, de dos personas que había conocido sólo una había sido amable con ella: Rolf Scamander.
Aquel chico seguía despertándole una sensación de cierta desconfianza, derivada del misterio que parecía despedir por cada poro de su piel. De todos modos, no podía negar que el último trayecto en tren, en el que había aprovechado para conocerle mejor, le había ofrecido una idea muy positiva de Rolf. Se notaba que era alguien con los pies en el suelo, pero con ganas de dejarse llevar.
Sin embargo, pese a que habían entrado juntos a 'Hermitage Road', en seguida el conserje se lo había llevado para enseñarle la habitación. Y ella se había quedado en la recepción esperando.
Se acercó a la ventana que estaba junto a la mesa del conserje y miró a través de ella. Tal y como había notado al salir de la estación de tren, el pueblo de Hermitage Road cabía por entero en su mirada. En el extremo derecho veía una pequeña tienda de ultramarinos que en su parte trasera refugiaba una minúscula capilla (suficiente para atender las necesidades espirituales de cualquiera que acertara a pasar por allí). Junto a ese edificio se encontraba la casa más moderna del pueblo (que debía ser del siglo XVIII) y que separaba el local de comestibles de una especie de 'Todo a 100' que resultaba la salvación de los estudiantes ante bolígrafos explotados, calcetines desaparecidos o menstruaciones imprevistas. Todo lo necesario se vendía allí.
Sobre los locales se alojaban los dueños de los negocios, en la segunda planta. Obviamente, su trabajo no les reportaba grandes ingresos, pero sí lo justo para vivir en aquel recóndito lugar.
En frente de estas tres pintorescas edificaciones se encontraba la Residencia de Estudiantes 'Hermitage Road', que recibía el nombre del pueblo y que era desde donde Hermione contemplaba todo el panorama.
Seguía mirando cómo la luz del sol de septiembre se reflejaba en los tejados, cuando las puertas automáticas se abrieron provocando un ruido sordo. Hermione se giró rápidamente para hacer frente a Filch, suponiendo que volvía a por ella. Cuál fue su sorpresa al encontrar a dos chicas enfrascadas en una discusión.
-¡Ya te he dicho que le quiero!
-¡Joder, Luna! A ver si abres los ojos de una puta vez...
Ambas se quedaron mudas al encontrarse con chica de ondulados cabellos y mirada asustada.
La joven de pelo lacio y rubio, cuya compañera había llamado 'Luna', se fijó en la maleta que estaba de pie junto a la puerta y sacó conclusiones.
-¿Eres nueva?
Hermione asintió con la cabeza.
-Llegas un poco tarde, ¿no? -le preguntó Luna nuevamente.
-Pero, ¿qué dices? -saltó su amiga sin darle tiempo a que Hermione contestara-. Lo normal es llegar justo cuando comienza el curso, no como he hecho yo, que llevo aquí todo el verano pringando.
-Pues para ser lo normal, es la única que ha venido hoy. Te recuerdo que el resto estamos en la resi desde hace semanas...
Por la manera en que se trataban, Hermione comprendió que, o no eran tan amigas como aparentaban o había algún resquemor entre ellas.
-Bueno, ¿qué? ¿Me acompañas? -le preguntó Luna a su amiga.
-Ya te he dicho que no. Para hacerle un regalo a ese gilipollas no me voy hasta El Centro.
La rubia suspiró.
-Pues muchas gracias, ¿eh? -Luna salió por la puerta principal de la residencia arrastrando los pies y farfullando comentarios-. Ten amigas para esto...
-¿Cómo te llamas?
Hermione miró a la joven de pelo largo y rojizo, que le acababa de preguntar por su nombre. Antes de que pudiera responder, la chica se estiró por encima del mostrador de Filch y metió la mano en el único cajón que alcanzaba. Lo abrió con dificultad. Al sacar la mano, tenía un puñado de caramelos entre los dedos.
-Esto no se lo digas a nadie, ¿eh? -Hermione negó rápidamente con la cabeza-. ¿Y bien?
-¿Y bien, qué? -dijo Hermione confusa.
-Que si tienes nombre...
-¡Ah! Sí... Soy Hermione Granger.
-¿Granger? -preguntó la pequeña ladrona-. ¿De los Granger de Yale?
-No. Granger a secas.
-Yo soy Ginny. -La chica le tendió uno de los caramelos que había robado de la mesa de Argus-. ¿Quieres?
-No, gracias. -No le parecía bien lo que había hecho la pelirroja.
-No es como si le hubiera robado al carcamal, tranquila. -dijo Ginny al descifrar la cara de la nueva-. Se supone que estos caramelos tiene que ponerlos en la cestita esa que hay detrás de ti. Son para los estudiantes, pero él los esconde en el cajón. -La voz de la joven destilaba verdadero odio-.¡Será asqueroso! Seguro que se pajea pensando en las estudiantes...
-Ya me parecía que tenía cara de viejo verde...
Ginny sonrió a Hermione.
-Creo que tú y yo vamos a entendernos -dijo toda convencida.
Hermione también la sonrió. Empezaba a caerle bien aquella chica tan deshinibida y pizpireta.
-¿Qué haces aquí?
-Tengo una habitación en la residencia -explicó Hermione.
-Ya... eso me lo imagino -rectificó Ginny-. Me refiero a por qué estás en la recepción.
-Estoy esperando a Filch; digo... a Carcamal.
Ginny rió con ganas, pero su risa quedó cortada cuando las puertas automáticas se abrieron de nuevo para dar paso, esta vez sí, al conserje.
Tosió amargamente para aclararse la voz y despegar las flemas de su corroída garganta.
-Señorita Granger, acompáñeme.
Ginny alcanzó a echar dos últimos vistazos: una mirada llena de ánimo a Hermione, quien asió su maleta y siguió a Argus; y otra cargada de repugnancia y que fue a parar a la nuca de Filch.
¡Hola! :D
Lo prometido es deuda y aquí os traigo el segundo capítulo ^^
El viernes subiré el tercero... ¡y para entonces ya se habrá estrenado Eclipse! Uuuuuhhhh... XD
En los próximos capítulos iréis descubriendo a los residentes de 'Hermitage Road' ;)
¡Besitos y hasta el viernes!