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'Hermitage Road' — capítulo 3
Colocó la última prenda hasta que el armario estuvo lleno. La última prenda que cabía.
Se giró y contempló con impotencia la alta montaña de ropa que esperaba sobre la cama a que fuese distribuida. El problema era que el armario y los dos cajones ya no daban para más.
Hermione suspiró y, al ver que la silla del escritorio estaba ocupada por el neceser y otros utensilios para el baño, se sentó sobre la mesa. Miró a través de la única ventana que tenía la habitación y que estaba justo encima del escritorio. Un rayo de sol se colaba por el ventanal. Eran cerca de las ocho y media de la tarde y el astro estaba cercano a desaparecer tras la línea del horizonte, por lo que la luz era intensa y el rayo incidió directamente en sus ojos de forma dolorosa. Bajó unos centímetros la persiana, lo suficiente como para poder asomar la vista al exterior. Probablemente era lo que más le gustaba de su cuarto; probablemente lo único: las vistas.
Le había tocado la habitación número veintidós, que estaba situada en el ala sur de la casa. Esto suponía el mayor número de horas al sol de toda la residencia. Probablemente por la posición privilegiada, bajo su ventana habían situado el jardín de 'Hermitage Road'. Las flores empezaban a cerrarse para enfrentarse a las horas de noche, sin embargo, muchas seguían abiertas y Hermione suponía que, cuando se asomara por las mañanas, la explosión de color de aquella zona le daría un buen chute de energía.
A su derecha podía ver un pedazo del patio donde, según lo que ponía en Internet, había una mesa de ping-pong y una cancha de baloncesto combinada con unas porterías de fútbol. Sin embargo, el patio se perdía al doblar la esquina. La joven agradecía que no le hubiera tocado aquella zona deportiva porque suponía que dormir escuchando los botes del balón no era lo más adecuado para sus nervios.
Unos golpes en su puerta la asaltaron haciendo que pegara un bote.
-¿Hermione? -se oyó detrás de la puerta.
La aludida se apresuró a abrir la puerta. Al otro lado la esperaba una cara sonriente envuelta en pequitas.
-¡Ginny! -La pelirroja entró en la habitación de Hermione sin permiso-. ¿Cómo sabías cuál era mi cuarto?
-Me lo dijo Pansy, que vio cómo una maleta roja entraba en esta habitación. Una maleta que ella no conocía. -dijo Ginny quitándole importancia al asunto. Se fijó en la montaña de ropa que aplastaba el colchón-. ¡Ajá! Sabía que necesitabas mi ayuda...
Hermione miró con desesperación todas las cosas que le quedaban por ordenar y para las que no encontraba hueco libre.
-¡No me cabe nada más! -se quejó-. He llenado el armario y los cajones... ¡y todavía me queda más de la mitad de la ropa sin organizar!
-No te preocupes, Hermione. ¿Qué te crees? ¿Que eres la única a la que le ha pasado?
La chica alzó la mirada tratando de descifrar lo que Ginny insinuaba.
-Mira debajo de la cama -la invitó la pelirroja.
Obedientemente, Hermione se agachó y apartó el faldón de la colcha.
-No veo nada.
-Pues yo veo un hueco enooorme...
Hermione se levantó como impulsada por un resorte. '¿No pretenderá que guarde mis camisetas bajo la cama?'.
-Sé lo que estás pensando y no es eso -la tranquilizó Ginny-. Mira, ahí abajo caben, al menos, seis bandejas de las que utilizan los cocineros para trasladar los cubiertos y las pilas de platos. Son como cajones cutres, pero vienen de maravilla para estos casos.
Al principio, a Hermione no le hizo nada de gracia eso de tener que agacharse cada vez que quisiera coger una prenda, pero finalmente reconoció que era eso o tener la ropa esparcida por el suelo.
-¿Y cómo cojo una de esas bandejas? -preguntó-. Se supone que son para los cocineros, ¿no? No me van a dejar llevarme seis bandejas así porque sí.
-Así porque sí, no -respondió la pelirroja-. Pero si tienes contactos entre el personal del comedor o tienes una amiga que los tenga, entonces estás de suerte.
-Gracias, Ginny -dijo la joven al entender que la ayuda de su nueva amiga iba a resultarle esencial.
-No hay de qué. -La chica regaló una de sus sonrisas a Hermione-. ¿Nos vamos?
-¿Ya? -Acababa de llegar y ya querían echarla de la habitación.
-Es que la cena sólo se sirve hasta las nueve y media...
Tres minutos más tarde, una chica pelirroja y otra de cabellos dorados entraban al comedor, del que llegaba un peculiar olor a aceite y frutas.
Hermione comprobó que el comedor era tal y como se mostraba en la fotografías de la web. Un inmenso espacio rectangular que ocupaba casi toda la planta baja de la residencia. Las mesas redondas se distribuían por doquier acompañadas de su respectivo lote de sillas. En el lado derecho, inmediatamente traspasada la entrada, desfilaba la plataforma colocada expresamente para que los estudiantes accediesen a los alimentos. Era un mostrador muy largo tras el que Hermione acertó a ver a una señora muy bajita, casi una enana, y a un hombre muy delgado, casi esquelético, que estaban retirando la comida sobrante.
-¡Ahí está Luna! -indicó Ginny apuntando con el dedo a su amiga de pelo casi albino.
La susodicha agitó la mano para asegurarse de haber llamado la atención de las recién llegadas.
-Ya pensé que no bajarías a cenar...
-Estaba ayudando a Hermione a instalarse -dejó caer la pelirroja-. Por cierto, Luna te presento a Hermione; Hermione, Luna.
Las dos se saludaron formalmente mientras Ginny aprovechaba para coger una patata frita del plato de su amiga.
Antes de que pudiera meterla en la boca, las puertas del comedor se abrieron violentamente y una joven de pelo corto, negro azabache, apareció con expresión preocupada.
-No sabemos nada de Draco, Pansy -contestó Luna antes de que la recién llegada pudiera articular palabra-. Por cierto, ésta es 'Hermione-la-de-la-maleta-roja'. Hermione, ella es Pansy Parkinson.
Pansy no pudo saludarla, simplemente derrumbó el cuerpo mostrando lo decepcionada y compungida que estaba. Cerró los ojos escondiendo tras los párpados unas esferas acristalizadas por las lágrimas que amenazaban con desbordarse.
-¿Y si le ha pasado algo? -dijo con la voz entrecortada-. No le veo desde el viernes por la mañana cuando se fue a la uni y, desde entonces, no ha vuelto a la resi. ¡Ni siquiera para dormir! ¡Le tiene que haber pasado algo! Debería llamar a la policía...
Pansy hizo amago de marcharse, pero Ginny la agarró por el brazo obligándola a detenerse.
-¡Quieta parada! Mira quién está allí.
Las cuatro miraron a través de la ventana más cercana y vieron a un chico rubio que portaba un maletín con expresión cansada.
Pansy pegó un chillido y salió corriendo a recibirle.
-¡Pero bueno! -la señora bajita que todavía llevaba puesto el delantal, salió de detrás del mostrador con expresión escandalizada- ¡Qué es eso de ir pegando gritos en mi cocina!
-Déjalo, Winky; Pansy ya no te oye -recalcó Luna-. Tendrás que esperar hasta mañana para echarle el rapapolvos.
-Hummm... -La señora retrocedió al mostrador con expresión malhumorada.
-¡Winky! -la llamó Ginny.
La cocinera volvió sobre sus pasos.
-¿No vas a preguntar por la nueva?
-¿Quién? -Winky se hacía la desinteresada-. ¿Esa chica tan guapa?
Hermione enrojeció unos segundos. Nunca antes nadie le había dicho que era guapa, excepto su madre, y ella no contaba.
Ginny la golpeó en el hombro para que se animara a presentarse ante aquella señora de expresión seria.
-Me... me llamo Hermione Granger, señora.
-¡No me llames 'señora'! ¡Llámame Winky, como hacen todos los estudiantes!
Winky sonrió y, entonces, Hermione entendió por qué solía mostrar un rostro serio contínuamente. Tenía la boca más fea que había visto en su vida. Más que huecos entre los dientes, tenía socabones. Siempre y cuando hubiera dientes, claro, porque la mayor parte de la dentadura estaba ausente, y las pocas encías que le quedaban se habían enmarronado mirando cada una a diferentes hemisferios. Le dio tanta repugnancia que dirigió su mirada hacia otro lado.
No fue mucho más agradable lo que se encontró, porque una cara cual calavera, de ojos saltones y nariz afilada la sorprendió al otro lado.
-Encantado, Hermione -dijo el señor que había visto anteriormente tras el mostrador-. Yo soy Dobby.
-Ho..la. -No sabía qué era mejor si mirar a Winky o a Dobby. Optó por no mirar a ninguno de los dos y posó los iris en sus nuevas amigas.
-Oye, Winky... -Ginny trató de sacar del apuro a la chica nueva-. ¿Te quedan más de esas patatas fritas que están tan ricas?
Una vez los dos cocineros volvieron a sus puestos de trabajo, y tras haber llenado sendos platos de salchichas y patatas fritas, Ginny y Hermione volvieron a la mesa con Luna.
-¿Dan miedo, verdad? -preguntó la pelirroja a la nueva huésped.
-Mmm... -Hermione no sabía si decir la verdad acerca de sus impresiones sobre los cocineros ya que, por muy feos que pareciesen, habían sido muy amables con ella, y la comida que preparaban estaba deliciosa. No podía negar que tenían talento culinario.
-Jajaja... -se carcajeó Luna-. ¡Tendrías que ver la cara que pones!
-No te preocupes -la tranquilizó miss pecas-. Al principio parecen ogros sacados de un cuento, pero con el tiempo les cojes cariño.
Hermione esperaba que fuese así; lo que no sabía era cuánto tiempo necesitaría para dejar de verles como unas grotescas caricaturas.
-Bueno, ¿qué tal la tarde por El Centro, Luna?
-Ya sabes, Ginny; como siempre... Mucho ambiente y pocas cosas baratas. -Luna se dirigió a Hermione-. 'El Centro' es el nombre que le damos a la ciudad de Chester, que está a pocos kilómetros de aquí. Para los estudiantes de la Universidad de Chester es el ombligo del ocio y de la vida, en general; por eso le llamamos así.
Hermione asintió con la cabeza dando a entender que había comprendido.
-Me refiero a que qué le has comprado a Neville -explicó Ginny.
-¡Ah! -Luna se puso muy contenta-. Un videojuego de esos de coches, que le gustan mucho.
Ginny exhaló una expresión de asco.
-¿Te has gastado media paga del mes en un videojuego para ese cerdo?
-¡Ginny! ¡Estoy harta de que insultes a mi novio! -Luna se enfadó-. Además, no es un cerdo, es la persona que más quiero en el mundo.
-¡Anda ya! ¡Si sólo os queréis para revolcaros un par de veces a la semana! -Ginny estaba dispuesta a decirle toda la verdad sobre la relación falsificada que Luna estaba teniendo con el chico-. El resto del día sólo os veis si coincidis en la sala, e incluso en esos momentos pasa de ti.
-¡Eso es mentira, Ginny Weasley! -Luna estaba fuera de sus casillas-. Neville es un chico estupendo, sólo que un poco descentrado...
-¡Por favor, Luna! ¡Abre los ojos de una vez! -le imploraba la de pelo rojo-. Cualquier chico sería mejor que Neville; incluso aquel abandonado del fondo.
Todas miraron hacia el fondo del comedor donde, efectivamente, había un chico rubio que estaba cenando solo y en silencio. De hecho, miraba el plato ensimismado, como desconectado del mundo. Probablemente ni se había percatado de la presencia de las chicas.
-¡Le conozco! -saltó Hermione-. Es nuevo como yo; vino conmigo en el tren. Se llama Rolf Scamander.
-¡Rolf! -le llamó Ginny haciéndole aspavientos para que se sentara con ellas.
El joven alzó la cabeza cual perro acude a la llamada de su amo y, al ver las señales de la chica, se reunió con las tres.
-A sí que comienzas mañana la uni...
Rolf había tenido que contarles a Luna y a Ginny prácticamente lo mismo que le había dicho a Hermione unas horas antes, en el tren.
-Sí, como la mayoría, supongo.
-¿Qué estudias? -preguntó Ginny.
-Empiezo segundo de Bellas Artes.
-¡Como yo! -gritó Luna- ¿Estás en el grupo 16?
-Sí.
-¡Entonces vamos juntos a clase!
-Mira qué bien, así Luna dejará de darme a mi la tabarra cuando un boceto no le salga bien -dejó caer Ginny.
La rubia hizo oidos sordos al comentario de su amiga y se puso a hacer planes con Rolf para coger el autobús de la universidad a la mañana siguiente.
-¿Y tú que estudias, Hermione? -preguntó la pelirroja.
-Publicidad y Relaciones Públicas.
-Oh... ojalá vinieras conmigo a Enfermería. Como es mi primer año y eso... -se desilusionó Ginny-. Por lo menos no tendrás que soportar los ataques de romanticismo de Pansy.
-¿Hace también Enfermería?
-No, ella estudia segundo de Derecho -explicó-. Bueno, 'estudia' no es exáctamente la palabra más indicada. Va a clase, pero a la hora de los exámenes no parece que hinque los codos.
-...
-Le han quedado cuatro del curso pasado.
Hermione se quedó con la boca abierta. Ella sabía que la Universidad de Chester era difícil, e incluso contaba con llevarse alguna asignatura a septiembre, pero por nada del mundo permitiría llegar al récord de cuatro suspendidas.
-Probablemente sea porque está enamorada -comentó Hermione como quien no quiere la cosa; para ver si se confirmaban sus sospechas.
-¿Tú también te has dado cuenta?
Comprendió que había dado en el clavo. 'Además, un poco de cotilleo no le viene mal a nadie'.
-Es muy obvia, ¿no? Basta con ver lo preocupada que estaba por ese tal Drak.
-Draco -la corrigió Ginny-. Sí, lleva enamorada de él desde que llegó a 'Hermitage Road'. Se podría decir que, en su caso, fue amor a primera vista... pero me temo que en el caso de él no hubo flechazo.
-Pobre, Pansy.
-¡Oh! ¡Ella no quiere darse cuenta de eso! Al fin y al cabo, Draco la trata con cariño. Se podría decir que es como su hermana pequeña, pero nada más -describió Ginny-. Y, sinceramente, me alegro de que Draco no caiga en las redes de Pansy.
-¿Y eso? -A Hermione le picó la curiosidad por saber los motivos de la reticencia de Ginny ante esa relación.
-Es que a Pansy le quitas su exótica belleza y su cuerpo de mujer y se convierte en una cría de trece años con el cerebro muy pequeño y que todavía cree en príncipes azules -soltó cruelmente Ginny-. En cambio Draco es todo lo contrario: un hombre de veinticinco años, muy maduro, con la cabeza en su sitio y que no se deja intimidar por unas hormonas revueltas.
-Dicho así, yo tampoco creo que peguen mucho... -tuvo que reconocer Hermione.
-Lo mejor es no estar enamorada -empezó comentando la pelirroja. Luego se dio cuenta de lo que acaba de decir y rectificó-. Ay, perdona. A lo mejor tú tienes una relación maravillosa con alguien increíble...
-No, no -la cortó Hermione-. Las dos estamos solteras y enteras.
-¡Vamos a cerrar el comedor! -anunció Winky con su inconfundible voz de pito.
Los cuatro jóvenes se levantaron y dejaron los platos en la pila, lista para que fuera fregada.
-¿Vamos a la sala? -propuso Luna tras salir del comedor.
-Yo tengo que terminar de ordenar la habitación y, además, quiero descansar para mañana. Si me necesitáis para algo, mi habitación es la número nueve. -Rolf se marchó a su cuarto tras despedirse de todas.
-Nosotras tenemos que ir a los fogones a cojer un par de 'cajones' para Hermione. - Ginny agarró del brazo a su compañera, y desapareció por un pasillo que se estrechaba al fondo.
Luna, al verse sola, decidió ir a la sala. Con un poco de suerte, encontraría a Neville dispuesto a echar un polvo rapidito, antes de irse a dormir.
Hermione se vio arrastrada sin remedio por un torbellino pelirrojo que la introdujo a través de una minúscula puerta. Al contrario de lo que podía parecer en un principio, la puertecilla daba paso a una estancia amplia y bien ventilada, necesidad indispensable debido a la gran cantidad de fogones que había en ella. Aquellas eran las cocinas. Las verdaderas cocinas, donde Winky y Dobby domesticaban los olores y sabores a su antojo. No se veía por ningún lado a la pareja de chefs, sin embargo, Hermione comprobó que no estaban solas al oír el sonido de cubiertos chocando unos con otros y un silbido que imitaba sin éxito el número uno musical del país.
La fuente del sonido era un chico negro, cuyo pelo estaba cubierto por un trapo anudado a modo de gorra, que probablemente ocultaría un pelo oscuro y ensortijado. Estaba colocando ordenadamente cucharas con cucharas, tenedores con tenedores, etc.
Ginny se aproximó hasta él y, poniéndose de puntillas, cubrió los ojos del joven con sus níveas manos, que contrastaban aún más contra la piel morena de él.
-¿Quién soy?
Él se limitó a sonreír. Barajaba varias respuestas, pero como no quería cometer errores ni malentendidos, prefirió contestar con sinceridad.
-¿Gi.. Ginny?
-Jo... -la aludida se quejó-. Tienes que darle más emoción a la respuesta, sino no tiene gracia.
-Claro -respondió él dejándose llevar.
-Hermione, éste es Dean Thomas. Dean, ella es la nueva, Hermione Granger.
-¿Eres de los Granger de Yale?
Hermione suspiró. No era la primera vez que le preguntaban eso.
-No -contestó Ginny por su amiga-. Es Granger a secas.
Dean alzó los hombros como restándole importancia.
-¿Qué queréis? ¿Necesitáis algo? ¿Tienes hambre, Ginny? Te puedo preparar una de mis especialidades: zumo de calabaza.
-Sabes que prefiero la cerveza de mantequilla. De todos modos, ¿por qué tengo que venir a pedirte algo? ¿No puedo visitarte porque sí? ¿Por que me apetece?
La voz de Ginny sonaba zalamera, pero Hermione suspuso que la chica no se daba cuenta de que para los oídos de Dean, aquella era una insinuación con doble sentido.
-Es-esto... -tartamudeo él poniéndose colorado-. Claro que puedes venir a verme siempre que quieras, de hecho, algún día podríamos quedar...
Hermione sentía que sobraba. Sabía que Dean deseaba estar a solas con Ginny, no había más que ver cómo la miraba. Parecía idolatrarla. Lo que no tenía tan claro era la posición de la pelirroja.
Tan solo unos minutos atrás había dicho que enamorarse era lo peor, y ahora ella parecía estar ligando con el ayudante de cocina. De todos modos, una explicación lógica al comportamiento de Ginny era que trataba de ganarse el afecto y la confianza de la gente mostrándose interesada y servil, algo que no sería raro en ella. Por todo ello, Hermione decidió dejar que las cosas siguieran su cauce, al menos, de momento.
-¡Madre mia, qué tarde es! -La exclamación de Ginny sacó a Hermione de sus pensamientos. La chica pelirroja abandonó toda pretensión de seducir al chico y volvió a su tono frenético habitual-. Dean, en realidad sí que queríamos algo. Necesitamos de esas bandejas transparentes en donde dejas los platos y la cubertería...
-Ah... sí, ya sé a cuales te refieres.
La desilusión en la voz de Dean era más que evidente. Por una parte, no quería que Ginny se marchara, pero por encima de todo, lo que más le dolía era saber que ella no había ido a verle por él mismo, sino porque quería pedirle un favor.
Como siempre.
¡Hola, holita! :D
¡Este capítulo ha sido bastante largo! (uno de los más largos que tengo escritos hasta la fecha).
Bueno, ya se empiezan a ver bastantes personajes, ¿eh? ;) ¡Pero todavía quedan muchos por aparecer! XD
Ya sabéis, actualizaré el martes xP
¡Besicos! (como dice una amiga mía) ;D