← 'Hermitage Road' · de
'Hermitage Road' — capítulo 4
El conocido 'Triángulo Universitario' que rodeaba el corazón de Inglaterra estaba formado por Oxford, a la izquierda del país; Cambridge, a la derecha; y Chester, al norte, cerrando el polígono junto a la frontera con Wales. Las tres eran reconocidas como la élite del conocimiento inglés y, de hecho, las competiciones deportivas entre ellas suponían una de las mayores muestras de rivalidad de Reino Unido. Incluso los resultados gananciales de las apuestas resultaban alarmantemente elevados.
De todos modos, por muchos aspectos que los tres recintos tuvieran en común, la Universidad de Chester, físicamente hablando, era todo lo contrario a las otras dos: mientras que los muros de piedra antigua de Oxford y Cambridge transmitían la sabiduría almacenada en los campus durante siglos, la Universidad de Chester era la viva imagen de la modernidad hecha edificio.
Las paredes de acero y titanio se combinaban con otras compuestas por cristaleras oscuras de tonos azulados y grisáceos que transmitían elegancia y dinamismo.
Los tejados de doble agua que tocaban el cielo de Oxford y Cambridge no se encontraban en la universidad del norte. En Chester, los estudiantes debían conformarse con contemplar las planicies que coronaban los topes de los aularios.
Una paloma blanca posada en el tejado plano de la facultad de Psicología emitió un gutural sonido que sacó a Hermione de su ensimismamiento. Se había quedado mirando la universidad en su conjunto y había perdido la noción del tiempo y del espacio. Hasta que el ave la devolvió a la realidad.
A lo lejos vio a Luna y a Rolf conversando animadamente y perdiéndose entre la masa de estudiantes que se dirigían a las aulas.
Su primera clase era a las nueve de la mañana por lo que había llegado en el primer autobús que había partido desde Hermitage Road. Había viajado prácticamente sola, exceptuando al conductor y al chico por el que Pansy suspiraba, Draco. A pesar de haber estado solos, no habían intercambiado palabra alguna. A Hermione le habría gustado presentarse ya que ambos compartían residencia y probablemente se verían de contínuo, sin embargo, la cara del joven reflejaba que apenas había descansado y que lo último que quería era ser molestado; por eso se abstuvo de intentar un acercamiento y le dejó en paz con su letargo.
Media hora más tarde, Hermione estaba en riesgo de caer en letargo permanente. El rector de la facultad, Albus Dumbledore, era una persona muy sabia y lo demostraba con cada palabra que salía de su boca, sin embargo, nadie podía negar que su discurso era de lo más aburrido. A la chica se le estaban durmiendo las extremidades inferiores y sujetaba su cabeza con la mano. El resto de sus compañeros estaban igual, pero lo disimulaban mejor.
Una mano se agitó a centímetros de sus ojos, haciendo aspavientos para llamar su atención. La joven se asustó ligeramente y se incorporó hasta que la espalda tocó el respaldo de la silla.
-Perrrdón. No quería asustarrrrte...
Hermione permitió que su vista siguiera la ronroneante voz masculina que la hablaba y encontró en el pupitre de al lado a un chico de cabellos rapados y bigote incipiente.
-No sabía si estabas dorrrrmida o si moriste de aburrrrimiento -dijo él riéndose de su propio chiste.
-¿Eh? -Hermione trataba de despejarse, pero entre la somnolencia y la poco jocosa frasecita de su compañero, andaba un tanto despistada.
Por suerte, en aquel momento, Dumbledore terminó su charla antes de que la totalidad de los alumnos acabaran fritos.
Mientras recogía sus cosas para irse a la cafetería, Hermione se disculpaba con el muchacho por la reacción que había tenido.
-Disculpa que no te haya hecho caso, pero es que esta clase ha sido insoportable -empezó ella-. Espero que el resto del curso no sea así...
-No te preocupes, es comprrren... comprrron...
-Comprensible -facilitó Hermione. Obviamente, el chico no era inglés y todavía tenía algún problemilla con el idioma.
-¡Eso! Comprensssisleb... Bueno, que te entiendo -abrevió él.
Hermione sonrió ante los esfuerzos que hacía el chaval por superarse.
-Mi nombrrre es Viktorrrr.
-Encantada -se dieron dos besos-. Yo soy Hermione.
-¿Te marrrrchas? -preguntó el chico fijándose en que Hermione había guardado sus pertenencias.
-Sí, es que ahora tengo una hora libre... ¿tú no?
-Mmm... la verrrrdad es que no me sé el horario -confesó Viktor-. Te acompaño a donde vayas.
Y dicho y hecho, los dos desaparecieron por la puerta para aprovechar una horita de descanso.
En otra facultad, en otro curso y en otra aula, pero no lejos de allí, Luna y Rolf estaban enzarzados en una discusión. Y no llevaban ni medio día juntos.
Siendo sinceros, Luna era la que discutía porque Rolf, fiel a su carácter calmado, se limitaba a contestarla de forma escueta pasando de los malos rollos.
-¡Debimos haber utilizado el metalizado, ya te lo dije! Pero el señorito prefería el rojo mate... -se burlaba Luna.
La profesora Trelawney había pedido que se pusieran por parejas y que recrearan en un lienzo un tema libre transportándolo a la actualidad. Luna y Rolf se pusieron juntos automáticamente e incluso eligieron rápidamente el tema: el arte näif. El problema llegó cuando tuvieron que decidir el tamaño del lienzo, el tipo de pintura que utilizarían, los colores, etc.
-El arte näif no usa un color tan moderno -explicaba el rubio-. Es totalmente innatural.
-¡La Loca dijo que teníamos que traer la temática a la situación actual! ¡Y hoy en día, el color de moda forma parte de la gama de metálicos!
Rolf no la hizo caso y pasó la brocha entintada en rojo sangre sobre un lienzo del tamaño de un libro de bolsillo.
-¡NO!¡ROLF, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! -chillaba Luna. Por suerte, la clase era muy grande y había mucho ruido, por lo que la profesora, que estaba ayudando a otra pareja, no se enteró de los gritos de la rubia-. ¡Habíamos quedado en que utilizaríamos un lienzo de 200x100!
-Tú habías quedado. Yo no dije nada.
-¿Y por qué pintas con brocha? ¡Si estabas de acuerdo en pintar con ceras!
-He cambiado de opinión -Rolf seguía enrojeciendo el mini-lienzo sin detenerse en mirar la expresión desesperada de su compañera-. Con ceras nos costaría mucho pintar los detalles más grandes.
-¡Bueno, ya basta! -explotó Luna-. ¡Estoy harta de que tomes las decisiones sin consultarme!
-¿Para qué voy a consultarte si no te van a gustar mis ideas?
-¡¿Y cómo lo sabes?!
-Te tengo calada. -Esta vez sí que miró a la chica a los ojos-. Eres de las que piensa que el arte es un modo que tienes de expresarte, que con él descargas tus sentimientos y todas esas chorradas que pensáis la mayoría de los estudiantes -Luna se sintió ofendida, pero tenía que reconocer que había dado en el clavo con su forma de pensar. Exceptuando lo de las 'chorradas'-. Pero estáis muy equivocados. El arte es un negocio. No te vas a ganar la vida expresando tus emociones, sino transformando lo que sientes en algo que se convierta fácilmente en beneficios económicos.
-Mira, Rolf; me da igual lo que pienses que es el arte; esto es un proyecto entre los dos y sólo te pido que me consultes antes de tomar una decisión por tu cuenta -le recordó Luna-. Además, se supone que en eso consiste un equipo, ¿no? En realizar el proyecto a partir de mutuos acuerdos.
-Si tú y yo nos ponemos a hablar, se nos va la hora y no logramos sacar nada en claro.
Dicho esto, Rolf dio por terminada la conversación y se centró de nuevo en el cuadro. Entonces, Luna le arrebató la brocha al chico.
-¡Que me escuches, te digo!
Luna pensó que sin herramienta, al chico no le quedaría otra que pararse a escucharla; pero estaba muy equivocada. Rolf se dio la vuelta buscando una nueva brocha, pero vio que todas estaban siendo usadas y se echó sobre Luna para recuperar la que había estado usando hasta entonces. La muchacha trató de zafarse de él y, al agitar la mano que sostenía la brocha, algunas gotas de pintura roja salieron disparadas por el aula posándose sobre los estudiantes de alrededor.
El propio Rolf se pringó de pintura y perdió el equilibro cuando se frotó la piel para limpiarse. Cayó encima de Luna y ésta, antes de tocar el suelo, se apoyó en un estante que volcó. Media docena de botes de pintura abiertos se desparramaron sobre ellos dos.
Tras el susto inicial y después de alertar a toda la clase con el ruido, la pareja de artistas se levantó del suelo.
Entre los dos formaban un arcoiris completo. De hecho, era más fácil ver piel cubierta de pintura que superficie limpia.
Luna sólo pudo alarmarse al ver su bonito pelo chorreante de líquido verde mientras pensaba en la maldita hora en que conoció a Rolf.
¡Ya estoy aquí otra vez! ;)
Este capítulo no ha sido tan largo como el anterior, pero tiene exactamente la longitud que le corresponde a los acontecimientos que en él se narran XD
Supongo que quienes veían una relación romántica entre Luna y Rolf, se les habrá caído el mito jejeje Sólo puedo decir que tiempo al tiempo...
Bueno, y la aparición estelar de Viktor... ¡no me la esperaba ni yo! x) Pero se me presentó la ocasión de darle un papel en la historia y al final podéis imaginaros que va a ser un personaje bastante importante :)
Nos volvemos a ver el viernes con el quinto capítulo (que va a gustar a muchos/as) xP
¡Un besazo! XD