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'Hermitage Road' — capítulo 12
Los dos primeros meses de curso había pasado a una velocidad vertiginosa y las cosas no podían estar más caldeadas en 'Hermitage Road'.
Draco había continuado con el tratamiento de Astoria, ayudándola en su recuperación. Pero la desesperación empezaba a acuciar en él: aunque al principio parecía que la chica invidente daba pasos agigantados y la mejoría era evidente, pronto quedó patente que había sido todo una falsa ilusión. A las tres semanas de empezar el tratamiento, Astoria dio muestras de quedarse estancada en un nivel y de no poder superarlo. Con el paso del tiempo, esto había derivado en una depresión que el psiquiátra del centro, el doctor Snape, había diagnosticado como 'trastorno depresivo con tendencias suicidas'. Por supuesto, la vigilancia sobre ella se había reforzado, pero aún así, Draco buscaba la manera de conseguir que Astoria volviera a ser ella misma, la chica alegre que era antes del trágico accidente que la había dejado ciega. Por ello, ahora que había mejorado como profesional y que empezaba a compaginar de manera efectiva todas sus actividades, se había implicado no sólo en las actividades físicas de la joven, sino también en sus necesidades psicológicas. Así, había establecido un vínculo algo más profundo con ella, aunque todavía costaba que confiara en el rubio.
Sin embargo, lo que más le preocupaba a Malfoy era que seguía sin disfrutar de aquel favor que le había pedido su gran amiga Daphne. Era cierto que él estaba estudiando la carrera de Sociología y que todo aquello estaba relacionado, pero por más que quisiera no conseguía apreciar los momentos con Astoria como algo más que una actividad para engrosar su currículum. Aquello no estaba siendo una experiencia personal; sólo profesional. Y por ello, Draco se sentía mal cada vez que miraba a su paciente ciega y no veía en ella más que un medio para adquirir conocimientos.
A Ted las cosas no le iban mejor. Había perdido toda la credibilidad; no sólo la poca que tenía para las personas que apenas trataban con él, aquellas que le conocían como 'el maricón de la resi'; sino también para aquella gente que había congeniado con él: Luna le tenía etiquetado como un vendido que seguía las órdenes de Ginny para poder desprestigiar a Neville, y Hermione tampoco le creía por falta de pruebas. Por suerte, contaba con el apoyo de la pelirroja, pero él no le daba mucho valor porque intuía que el verdadero interés de Ginny no era demostrar la verdad, sino simplemente separar a la rubia del hijo-puta de Neville; apelativo que ya había adquirido para los restos, después de lo que había visto en la discoteca.
Su único consuelo había sido el chico negro que había conocido aquella fatídica noche, Theodore Nott, que tal y como prometió, le había llamado, pero sólo una vez para decirle que se marchaba de intercambio unos meses a otra universidad porque le habían concedido una beca en Filología Hispánica y que le sería imposible quedar con él hasta que regresara.
En definitiva, Teddy se sentía más solo que nunca.
Ginny y Luna apenas se dirigían la palabra y, si por casualidad tenían que hablar, se contestaban con monosílabos. A la pelirroja le había dolido mucho la desconfianza que su amiga había demostrado con el asunto de Neville y su engaño en la FEVER. 'Una verdadera amistad se basa en la confianza', le había dicho a la rubia, 'y tú y yo no la tenemos'. Así habían cortado su lazo amistoso que había comenzado casi medio año atrás y que al principio les parecía tan férreo e irrompible.
Esto, unido a que Rolf casi ni la miraba y que Ted tampoco hablaba con ella, había hecho que Luna sólo se relacionara con Hermione en muy contadas ocasiones y con Neville. Pero el chico tampoco le daba mucha conversación.
En definitiva, Luna Lovegood se sentía más sola que nunca.
Por su parte, Ginny estaba pasando por una mala racha. No pensaba que la falta de Luna la afectaría tanto. De lo único que no se podía quejar era de las prácticas de enfermería que hacía en Liverpool, que la alegraban el día y conseguían distraerla de todo lo que la esperaba en 'Hermitage Road'.
Y precisamente de esas prácticas se quejaba Harry.
Él había pensado que estar con Ginny dos días a la semana sería suficiente para conocerse mejor y hacerla ver que estaban hechos el uno para el otro. Lo cierto era que sí que pasaban el tiempo juntos, pero Harry se había convertido en una especie de consejero particular de la pelirroja, quien se desahogaba con él durante los trayectos en coche. Ella le contaba sus problemas con Luna y Neville, las dificultades que encontraba en la universidad, etc., pero ¡sólo hablaba ella y de sí misma! Él nunca llegaba a cortar el monólogo porque no quería que la chica se pensara que no le interesaban sus problemas. Además, Harry tenía que reconocer que Ginny no estaba pasando el mejor momento de su vida, pero después de dos meses viajando desde Hermitage Road a Liverpool y viceversa, el chico empezaba a pensar que jamás lograría que la pelirroja se fijara en él.
Y ya no sabía qué intentar.
A pesar de lo que pueda parecer, estos estudiantes eran los que menos problemas tenían. La que más sufría de todos era Hermione. A ella le preocupaba el distanciamiento entre sus dos amigas, sobre todo, porque veía a Ginny cada vez más alicaída. El estado de la rubia no podía evaluarlo con objetividad ya que no pasaba mucho tiempo con ella y, además, Luna tenía a su novio para consolarla. En el fondo, se alegraba de que Neville estuviera a su lado; por mucho que dijeran Ted o Ginny, no podía creer la versión de que el chico había engañado a su novia. Era demasiado terrible como para pensarlo y, aunque le parecía que Neville era un poco perverso, consideraba demasiado grave acusarle de infidelidad sin pruebas.
De todos modos, ella tenía asuntos más importantes en los que pensar. Desde aquella noche en la que se había prometido olvidar a Ron, no había dejado de romper la promesa día sí y día también. Era inevitable; fuera a donde fuese, el pelirrojo se colaba en su mente mientras realizaba actos tan cotidianos como coger el autobús o estudiar. Era irónico pensar en la forma tan sutil que había tenido Ron para ir adueñándose de sus pensamientos y, tal vez, de su corazón.
Lo cierto era que las pocas veces que se veían no mantenían conversaciones largas porque el chico todavía no había pedido perdón por mentirla y dejarla plantada la noche de la FEVER. Y Hermione ya había perdido la esperanza de escuchar una palabra de arrepentimiento.
De todos modos, cuando estaban solos (lo cual no ocurría frecuentemente) él la trataba de manera distinta a cuando estaban rodeados de gente. En la intimidad, bromeaban juntos, se ayudaban con algún trabajo e incluso hablaban de cómo les iban las cosas, como si fueran confidentes. Se podría decir que Ron la trataba como si ella fuera muy valiosa para él, incluso a veces con cariño.
Esos momentos desconcertaban a Hermione porque se habían contado cosas muy íntimas, pero agradecía que se dieran. Tenía que reconocer que los mejores momentos en 'Hermitage Road' se daban cuando se quedaba a solas con Ron, normalmente en la sala. Sabía que tenía que quedarse hasta altas horas de la noche para que la sala se despejara y se quedaran ellos dos solos, pero merecía la pena.
En los últimos siete días, la rutina había cambiado y el pelirrojo había acudido a su habitación para charlar con ella harto de esperar a que el último residente abandonara la sala. Se tumbaba en la cama de Hermione, como a él le gustaba, la invitaba a que se tumbase a su lado (cosa que ella siempre rechazaba), y empezaba a hablar. Le contaba sus problemas y cómo le había ido el día. En esos momentos, las horas pasaban volando para ambos y, cada noche, Hermione tenía que lidiar contra el aroma que el chico dejaba en la colcha, que era un regalo para sus sueños. Hasta aquí el panorama con Ron pintaba bien.
Sin embargo, todo se desmoronaba cuando estaban en la sala común rodeados de estudiantes. Esas tardes, el chico se dedicaba a ignorar por completo a Hermione, como si le diera vergüenza que les vieran llevarse bien o simplemente que se les pudiera relacionar más allá de que él era el hermano mayor de su mejor amiga. Esos instantes frustraban a la chica y la entristecían hasta tal punto que hacía poco más de un mes que no aparecía por la sala cuando estaba repleta de gente.
Pero si esos momentos la incomodaban, era peor cuando Ron se juntaba con Neville. El novio de Luna ya había demostrado ser muy dado a las bromas pesadas, el problema era que su víctima podía ser cualquiera, y Hermione ya había tenido que soportar varias de las jugarretas de él. Es cierto que Ron no colaboraba directamente en los jueguecitos de su amigo, pero consentía la broma hasta que se pasaba de la raya. Era entonces cuando Hermione se preguntaba a dónde había ido a parar el chico amable, divertido y atento que la visitaba a su habitación cada cierto tiempo. Cuando se juntaba con Neville, parecía que se olvidaba de los momentos que pasaba con ella. Por todo esto, la chica empezaba a dudar seriamente de si Ron tenía algún problema de bipolaridad. 'No es normal que a solas me trate como su mejor amiga y que cuando estamos con otras personas actúe como si no supiera ni mi nombre'. Aún así, no se atrevía a decírselo al pelirrojo directamente temiendo que dejara de hablar con ella.
Hermione era consciente de que su paciencia tenía un límite y de que algún día explotaría si las cosas seguían como hasta entonces, pero de mientras, tragaba todo cuanto le venía encima porque, por encima de todo, no podía imaginarse el día a día sin que el Ron cariñoso la sacara una sonrisa.
Esta situación con el Weasley había hecho que la joven se planteara hasta qué punto influía él en su vida, pero por más vueltas que le daba, no lograba atisbar los límites de su relación con el joven. Así, día a día se descubría pensando en el hermano de Ginny, exponiéndose a que alguien sacara conclusiones y pusiera nombre a su estado de ánimo. De hecho, alguien ya lo había hecho.
Viktor****Krum, a lo largo de los dos meses, la había visto alicaída, alegre, pensativa, risueña, triste, expectante, etc. Tal vez porque había llegado a conocerla bien, fue el primero en darse cuenta de que a su compañera le pasaba algo. Algo que rápidamente catalogó como amor. Obviamente, en seguida se emocionó pensando que el dueño de esos sentimientos era él; de hecho, nadie habría dicho lo contrario puesto que estaba más que demostrado que él y Hermione eran uña y carne. Claro, que el chico no contaba con un pelirrojo que le hacía sombra desde el silencio. Si realmente hubiera imaginado lo que una noche de fiesta podría desencadenar, jamás hubiera dejado que su chica preferida saliera por ahí.
Ajeno a todo lo que realmente se revolucionaba en el interior de Hermione, él estaba convencido de que la chica sólo necesitaba un empujoncito para declararse, cosa que estaba deseando desde hacía tiempo, probablemente desde que la conoció. Por ello, cada día le regalaba mimos y caricias, a veces demasiado atrevidas, pero que la joven no rechazaba.
Y es que a Hermione realmente le gustaba Viktor, y quería tener algo con él... en cuanto lograra sacarse de la cabeza a Ronald Weasley.
¡¡Hola, holita!! :D
Como ya avisé el viernes pasado, en este capítulo no hay diálogos, pero supongo que habéis entendido porqué; era necesario un capítulo donde se reflejase un resumen de los dos meses que ya han pasado... (Doce capítulos y sólo han pasado dos meses!!) O.o
¡Ah! Y al final no me he ido al pueblo (ni creo que me vaya hasta final de mes, como pronto), así que seguiré actualizando habitualmente.
¡Besitos! ^^