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'Hermitage Road' — capítulo 32
La miraba expectante sin saber si lo que oiría en los próximos minutos sería la verdad con pelos y señales o algo más parecido a una película de suspense americana. Lo que no esperaba era que su hermana la hiciera reconstruir por si misma los acontecimientos del día en que pasó de ser una chica con un futuro brillante por delante a ser una mujer sumida en una oscuridad infinita.
-¿Qué es lo que recuerdas de aquel día?
-¿Por qué no te limitas a decirme lo que tengas que decirme y te marchas? -propuso de malas maneras-. No estoy para adivinanzas ahora mismo.
-Por favor, Astoria. Esto es importante.
La invidente, que había desarrollado extraordinariamente sus sentidos, captó de inmediato la solemnidad y tristeza en la voz que delataba a su hermana. Suspiró profundamente y, haciendo de tripas corazón, luchó contra los impulsos que la llevaban a zarandear repetidamente a Daphne. Frunció el ceño para que los recuerdos acudiesen a ella con rapidez, aunque enseguida percibió que su memoria la abandonaba cuando trataba de centrarse en aquel día en concreto.
-Me levanté con Ernie, como cada día; desayunamos juntos, como siempre; él se marchó al taller, como cada viernes, y yo me quedé en casa porque ese día hacíamos huelga en el aeropuerto -recitó-. Llamé al restaurante para recordarte lo de la visita al cementerio y luego me fui a correr al parque. Al volver a casa creo que pedí una pizza por teléfono porque estaba tan cansada que no me apetecía cocinar. Cuando llegó Ernie, ya se había quedado fría. Después de comer nos preparamos y te esperamos en el portal, donde nos recogiste y nos dirigimos todos al cementerio. Por el camino me quedé dormida en el asiento de atrás... y cuando desperté me dolía todo el cuerpo. Estaba en el hospital, o eso me dijeron porque yo no podía ver nada. -Astoria empezó a divagar y a hablar para sí misma, ahogada en los recuerdos-. Lo que mejor recuerdo es el momento en el que me dijeron que me había quedado ciega; es algo que me viene a la mente cada día. En aquel momento me quería morir, aunque fue peor cuando pedí que me llevasen con Ernie y me trasladaron a la morgue. Creo que en ese momento agradecí no poder ver, porque probablemente no hubiese soportado contemplarle muerto.
Una mano acarició su rostro y ni siquiera tuvo fuerzas para apartarla, sobre todo cuando su hermana limpió las lágrimas que recorrían sus mejillas.
-También me dijeron que tú habías estado a punto de quedar tetrapléjica -continuó la invidente.
-Al final fue una falsa alarma -corroboró su hermana mayor-. Quise visitarte, pero desde el accidente has impedido que me acerque a ti, y lo entiendo. Si quieres puedes cortar los lazos conmigo como una vez hiciste con papá y mamá, pero no antes de saber lo que pasó exactamente aquel día. ¿Me dejas que te cuente lo que sé? Te aseguro que hay partes que no te van a gustar y otras que ni siquiera vas a creer.
Esta vez, la ciega no tuvo dudas.
-Cuéntamelo todo, por favor, Daphne.
Su propio nombre en boca de su hermana pequeña fue suficiente para que la mayor de las Greengrass se armase de valor y comenzase su relato.
-Aquel día teníamos una comida de empresa con más de treinta invitados y estaba saturada de trabajo. La verdad es que agradecí internamente que me recordaras la visita al cementerio porque tenía tantas cosas en la cabeza que me había olvidado incluso de que tenía que comprar flores para cambiar las que estaban marchitas en la tumba de papá. En un descanso conseguí que otra camarera me suplantara y corrí a por las flores. Al salir de la floristería vi en la acera de enfrente a Ernie.
Astoria giró la cabeza extrañada hacia su locutora.
-¿Ernie? Eso es imposible -explicó-. Ernie trabajaba en la otra punta de Bradford.
-Por eso me extrañé tanto al verle por allí. Al principio pensé que me había confundido y que no era él, pero luego no me quedó más remedio que reconocer la verdad -aseguró Daphne con tristeza.
-¿De qué verdad me hablas?
La mujer de ojos oscuros (lo que más la diferenciaba de su hermana) hizo acopio de valor y soltó sin remedio lo que llevaba mucho tiempo ocultando.
-Le seguí por la calle, primero por curiosidad y, después, porque su forma de andar, mirando de vez en cuando por encima de su hombro, se me hizo muy sospechosa. Me ocultaba en el ramo de rosas blancas para que no me reconociera y estoy segura de que funcionó. -Astoria contenía el aliento temiendo interrumpir el relato de su hermana-. Se paró tres manzanas más lejos del restaurante y esperó unos diez minutos hasta que llegó una mujer. Ernie le entregó algo envuelto en papel de aluminio. -La cara de la invidente empezaba a quebrarse-. No te voy a mentir, al principio pensé que se trataba de un asunto relacionado con las drogas, pero luego me di cuenta de que Ernie nunca haría algo así. Mis sospechas se confirmaron cuando la chica desenvolvió el papel y sacó unos pendientes de oro blanco y perlas.
-No... -gimió Astoria. Su hermana frotó sus hombros para consolarla-. ¡Los pendientes de la abuela!
-Recordé que te lamentabas de haberlos perdido, pero ahora sabes que no fue así. Él te los robó.
-¿Por qué? -preguntó desesperada. Daphne no contestó; no encontraba la forma más delicada de explicárselo a su hermana porque, dijera lo que dijese, le rompería el corazón. De todos modos, Astoria supo responderse a sí misma-. ¿Me engañaba con otra? -El silencio de Daphne fue la afirmación más contundente de todas-. Eso no puede ser. ¡Ernie y yo nos queríamos!
-No lo pongo en duda, Astoria, pero no eras la única en su vida.
La invidente rompió a llorar intensamente sin importarle que la escucharan gritar de dolor en otras habitaciones. Daphne dejó que expulsara todo el sufrimiento que antes o después tenia que experimentar. La apretó contra su pecho, como había hecho desde que eran niñas.
Estuvieron abrazadas unos quince minutos hasta que Astoria se incorporó ligeramente y aprovechó para calmarse bebiendo un vaso de agua.
-¿Por qué no me lo contaste antes? Aquel mismo día estuvimos juntas más de tres horas...
-...en las que tu novio estaba siempre presente -interrumpió Daphne-. Necesitaba hablar antes con él y aclarar lo sucedido por si metía la pata. Además, no quería preocuparte sin motivo.
-Pero no pudieste hablar con él -resumió Astoria.
-¿Que no? Te quedaste dormida en el coche, ¿recuerdas?
-¿Qué le dijiste? ¿Qué te dijo? -Astoria rogó a su hermana porque le contase todo lo que sabía.
-Le estuve lanzando indirectas mientras conducía porque temía que no estuvieras dormida del todo y que te enterases de la infidelidad de forma fortuita. Al principio, se hacía el sueco, pero al final me pidió que parara en una gasolinera porque tenía que ir al baño -contó-. Yo ya sabía que sólo era una excusa para hablar conmigo, pero estaba deseando que me explicase todo así que detuve el coche en la primera estación de servicio que encontré.
-¿Qué más? -insistió Astoria al ver que a Daphne le costaba continuar.
-En cuanto paré el motor, se bajó del coche y me pidió que saliese yo también. Nos fuimos a la parte trasera del establecimiento, donde nadie nos molestaría y, ahí, acabó reconociendo que estaba saliendo con otra chica.
-Qué cabrón -susurró la hermana menor. De pronto parecía haber desarrollado un profundo resentimiento con Ernie, que pronto se convertiría en odio latente-. ¿Y no le diste una paliza? Es lo que hubiera hecho yo.
Daphne sonrió al ver que el tradicional carácter de Astoria no se había disuelto con la ceguera.
-Estuve tentada de cortarle la polla, pero Ernie no tenía intención de seguir engañándote.
-No sabía usarla muy bien, de todos modos. Le habrías hecho un favor. -Las dos mujeres sonrieron cómplices- ¿Entonces estaba decidido a dejar a su amante por mi?
-Todo lo contrario -confesó Daphne-. Iba a cortar contigo aquella misma noche para poder fugarse con la otra. Por eso tardó en volver a casa a la hora de comer: había almorzado primero con su amante para demostrarla que realmente lo suyo iba en serio y que tú no significabas nada para él.
-O sea que me estuvo engañando y mintiendo desde antes incluso de que nos fueramos a vivir juntos.
-Probablemente.
-Te agradezco que me hayas contado esto, Daphne. Por lo menos ya no sufriré cada día pensado en el futuro perdido con Ernie. Ahora sé que no había ningún futuro y que no se merece que siga sufriendo por él.
-Es que aún hay más -dijo con delicadeza la hermana mayor-. Después de la discusión con Ernie (te aseguro que le dejé bien claro lo despreciable que era) y de que le hiciese entender que no tenía más remedio que venir con nosotras al cementerio y aparentar normalidad, estuve en la tienda mirando algunas revistas mientras él iba al servicio y daba algunas vueltas para despejarse.
-Despejarse... -insinuó Astoria con rabia-. Lo que le ocurría era que llevaba la culpabilidad pintada en el rostro.
-Sea como fuere, el caso es que cuando me dijo que estaba listo para continuar, me convenció para ponerse él al volante.
-¡¿Qué?!
-Lo sé, lo sé. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que no debí dejarle conducir, pero en ese momento le notaba raro, como si tuviera muchas cosas en la cabeza y pensé que conducir le ayudaría a relajarse un poco. A mi me resulta eficaz.
-A si que quien conducía cuando se produjo el accidente no eras tú -dedujo Astoria como si sufriese una revelación-. Era Ernie.
-Sí. -Daphne parecía apesadumbrada-. No sabes cuántas veces me he arrepentido de haberme puesto de copiloto, incluso a pesar de que intuía que él no estaba muy bien. Imagínate lo que me odié a mi misma cuando los médicos me dijeron que Ernie doblaba la tasa permitida de alcohol en sangre.
La joven invidente cerró los párpados en un acto reflejo.
-Posiblemente se puso a beber como un cosaco mientras yo estaba leyendo en la gasolinera y perdió el control de lo que hacía.
-No creo que intentase matarse, y menos con nosotras dentro del coche.
-Yo tampoco lo creo. Él realmente estaba enamorado y quería empezar una nueva vida con aquella chica -explicó Daphne-. Pero su vida terminó pocos minutos después de arrancar de nuevo el coche.
Las dos se quedaron pensativas unos minutos tratando de asimilar los sentimientos y los recuerdos que volvían a revivir de golpe. Inesperadamente, Astoria tanteó el aire hasta encontrar a su hermana y, una vez sus manos la reconocieron, la abrazó como nunca hasta entonces.
-Perdóname, Daphne -suplicó llorando. Le costaba recordar cuándo había sido la última vez que había llorado tanto-. He vivido medio año pensando que tú eras la culpable de haber destrozado mi vida y me acabo de enterar de que el verdadero responsable era la persona que más he amado en este mundo y que, además, me ha tenido engañada prácticamente desde el principio.
-No tengo nada que perdonar. En tu caso, yo hubiese hecho lo mismo -aclaró la aludida-. Lo importante es que ahora estamos juntas de nuevo.
-¿Sabes lo que más rabia me da? -preguntó Astoria sin esperar respuesta alguna-. Haberme quedado ciega por su imprudencia; aunque tengo que reconocer que él ha salido peor parado.
-Ahora eres libre para empezar de cero, sin sentirte culpable por el recuerdo de Ernie -dijo Daphne como quien no quiere la cosa.
-¡Ja! No creo que haya muchos hombres que quieran una novia que sea una carga -rió amargamente.
Unos golpes en la puerta las interrumpieron y el cabello platino de Draco se asomó por un resquicio.
-Chicas, ¿estáis bien? -preguntó él-. Lleváis más de hora y media aquí metidas.
-Bueno -insinuó Daphne con complicidad-, tal vez haya un chico por aquí que sí lo haga.
¡Hola, gentecilla! :D
Ya había avisado que este capítulo era exclusivo para desenmascarar la verdad referente al accidente de Astoria... espero no haberos decepcionado mucho U_U
A partir de ahora, la relación entre las dos hermanas mejorará sustancialmente (como es de esperar) y veré qué puedo hacer con Draquito y nuestra querida ciega ;)
¡Hasta la semana que viene!
¡Un besito! ^^
PD: ¡¡Feliz puente de la Constitución para todos los españoles que puedan disfrutarlooo!!