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No me dejaste morir — capítulo 9

Lavander Brown era, en ese momento, la novia relamida de Ronald Weasley. Un estorbo para Hermione, un incordio para Ron y Harry y un problema para Cheryl. Ella había tomado la misión de separar a Ron y Lavander. Su mente maquinaba las más absurdas y también macabras ideas para poder hacerlo. Aunque el destino no quiso que ella se interpusiera: Ron se había envenenado con algo en el despacho de Horace Slughorn, el profesor de pociones en ese momento. Harry estuvo presente y gracias a su pronta reacción, Ron no se había marchado al mundo de los muertos. En la enfermería Ron, inconsciente, había dicho el nombre de Hermione y… ahí acabó todo. Hermione miraba al pelirrojo con pena y alivio a la vez, ella sabía que se salvó por muy poco y eso la reconfortaba pero a la vez sentía frustración por que Ron estuviera en esa situación.

Ahora, el plan de Cheryl estaba incompleto hasta que Ron despertara y "mintiera" a la castaña.

Pasaron unos días hasta que Hermione volvió a la habitación con una sonrisa comentando que Ron estaba mucho mejor y que la rosa que le había llegado era de él.

— Ha sido un detalle muy bonito por su parte aunque él aún estaba con Lavander.

— Venga ya, Hermione — espetó Ginny— estabas deseando de que esa relación terminara. Estabas celosa.

Y la disputa comenzó. Cheryl sonreía con suficiencia, su plan había cobrado vida, no como ella esperaba pero con final feliz aunque para ella no del todo. Quería a la castaña, quería que fuera feliz aunque no fuera en sus brazos. En los de Ron estaría bien por lo menos mejor que en los de la serpiente.

Por otro lado, Draco había estado asechando a Cheryl por los pasillos, baños, comedor, para que le dijera si ella había comentado algo. El rubio pensaba y repensaba porqué esa obsesión con la sangre sucia. A su memoria llegaban los recuerdos de aquél día: débil, desamparada, sola… como él. Ahí fue cuando notó que no eran tan diferentes: a ella no le quedaba nada y a él tampoco si fallaba esa misión; desamparada en unos recuerdos que no volverían, él en la inmensidad de responsabilidades que llevaba a sus espalda; sola… no del todo, ella tenía a la comadreja, el cara rajadas y la sanadora y él… a dos gorilas como guardaespaldas y una chica obsesionada por su riqueza.

— Ella está feliz porque cree que la rosa se la envió Ron. Ahora están reconciliados y Hermione está muy alegre… cosa que dudo que consiguiera contigo siquiera.

Draco la observó ceñudo

— Seguro que te has metido en medio sanadora. ¿Cómo iba a ser tan galante esa comadreja? Lo máximo que él podría aspirar a regalar a Granger sería un cardo— se jactó por su ocurrencia mientras Cheryl lo remedaba sin que se diera cuenta—. ¿Es que acaso no te molesta?

Esa pregunta dejó en jaque a la morena. No sabía por donde iba Malfoy.

— ¿El qué?

— Que ella sea feliz en los brazos de otro — Malfoy miró hacia otro lado mientras lo decía. Parecía molestarle mucho esa situación pero más aun expresar ese sentimiento.— Que esté con la comadreja en vez de contigo.

—Malfoy, a diferencia de ti yo no soy una egoísta. Si ella es feliz yo soy feliz. Es algo muy lógico. Las serpientes solo vais a vuestro propio beneficio y beneplácito.

Cheryl se levantó del banco dónde se encontraban conversando dispuesta a irse. No comprendía como una persona podría ser tan egoísta aunque en su interior un pálpito molesto le sugería que ese chico llevaba razón.

— Para ser una exRavenclaw eres bastante idiota.

Allí terminó aquella conversación tan absurda. Los dos tomaron sus caminos respectivos bastante molestos, cada uno por su razón particular, pero con un nombre refulgente en sus corazones: Hermione Granger.

Draco quería dar el paso, romper esa pareja es lo mejor que podría hacer y que Hermione supiera de una vez que era él el de la rosa, que era él el de las cartas de ánimo pero su cobardía innata se lo impedía. Una idea mucho mejor volaba por su mente: seguir mandando cartas que sugiriera que no era Ron. Así que se puso manos a la obra, pero…¿cómo empezarla? ¿Granger? No, demasiado obvio, podría saber en un abrir y cerrar de ojos que era él. ¿Hermione? Peor decisión, entonces creería que sería la comadreja. La única solución era empezar a escribir sin más.

Te has equivocado de persona, no soy el que tú piensas. Esa rosa no es de Ron .

La indirecta a la basura. Le había costado tanto trabajo escribir el nombre del pelirrojo que había marcado demasiado la palabras, casi rompiendo el pergamino.

En sus brazos no vas a ser feliz, no digo que en los míos vayas a serlo pero te he grabado sin querer en mis ojos, mi mente, mi corazón a fuego. Por tu culpa te veo en todas partes, hago cosas que antes no hacía, te observo desde lejos…

Y ahí dejó la carta. ¿Cómo podría estar escribiendo eso? Y nadas menos que la Sangre sucia. Se sentía imbécil, pero el corazón no reconocía ese sentimiento sólo la pasión, el deseo de que estuvieran juntos. Arrugó el papel con su mano y apoyó su cara contra el escritorio. Aquello era una pérdida del tiempo, debería estar maquinando cómo matar a aquel vejestorio y no con un amorío colegial.

Sin ganas ató el pergamino arrugado en la patita de una lechuza del colegio y la envió.


La clase de pociones de aquel día iba a ser insoportable. Snape había encontrado la manera perfecta para tomar represalias contra Cheryl sin que ella pudiera decir nada. La colocación de los alumnos había cambiado, ahora, en casa mesa habría una serpiente y un león juntos. "Gran idea del profesor Snape para la relación entre casas" comentó el profesor Slughorn cuando todos tomaron asientos en sus nuevos sitios.

Evidentemente, la paciente de la sanadora tendría como compañero de mesa para el resto del curso a la mano derecha de Snape: Malfoy.

Cheryl rechinaba los dientes, Snape había ganado esa batalla y ella no podría hacer nada hasta que Malfoy diera motivos para separarlos, pero él no los iba a dar. Seguro que estaría saltando de júbilo en su interior aunque su cara demostrara autentico fastidio. No comprendía como una persona podría cambiar tanto y tener sentimientos tan contradictorios. Hermione reflejaba perfectamente lo que pensaba: una cara de total desasosiego. ¿Por qué Snape la colocó con él? Probablemente para que no aprobara ese trimestre o poder quitarle a Gryffindors más puntos de lo normal.

— Granger— susurró Malfoy con desidia fingida—. Espero que hagas las cosas bien. Tengo que aprobar este curso y no voy a aguantar tontería tuyas.

Hermione le dedicó una mirada fría y asintió. Por lo menos Malfoy tenía las mismas ganas de aprobar como ella, o eso creía. El rubio por su parte pensaba en que si ella comprobaba de que no era como en realidad mostraba podría cambiar sus pensamientos sobre él.

— Parece que la comadreja y tú os habéis reconciliado— comentó como quien no quiere la cosa con las palabras arrastradas mientras toqueteaba Huevos de Ashwinder.

— Preferiría que nos limitáramos a hablar sobre cosas de pociones solamente, no sobre mi vida privada. Y si vuelves a referirte a él, que no sea de esa manera tan despectiva.

Malfoy sintió esas palabras gélidas impactar sobre él pero no estaba dispuesto a mostrarle que le herían, sino que soltó una risita tonta que hizo que Pansy, que estaba en la mesa de al lado, se ruborizaba porque pensaba que era para ella.

— De acuerdo, ¿qué más hay que hacer?

Era la primera vez que Hermione veía como Draco no rechistaba, ni la insultaba y ¡encima le pedía que le diera instrucciones! La serpiente debía de haberse dado un golpe en la cabeza o algo.

— Ahora debes echar los huevos poco a poco, uno a uno, cada cinco segundos.

Malfoy comenzó a echarlos pero contaba demasiado rápido.

— No, no, así no.

Hermione le cogió la mano para que no arrojara más al fuego e inmediatamente la soltó. Se ruborizó en desmesura y le dijo con calma fingida:

— Échalos mientras yo cuento. Echa uno— Malfoy obedeció de inmediato— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, echa otro.

Y así siguieron hasta que depositaron en el caldero los cuatro huevos de Ashwinder que pedía el libro.

Siguieron así hasta que la poción estuvo lista. El profesor pasó por su mesa y la calificó de excelente. La sonrisa de Hermione era de suficiencia pero la de Malfoy era todo un poema.

— ¿Un excelente?

— ¿Qué te pasa Malfoy? Estás acostumbrado a esto. Snape te regalaba todas las clases la mejor nota.

— No lo entiendes, ahora he sacado un suficiente por propio mérito— una sonrisa recorrió su rostro. Hermione, que había visto como Malfoy desmejoraba por momentos volviéndose más blanco que la cal sin motivo, recuperaba un poco de color en la cara.— Y todo gracias a ti…

Había clavado su mirada gris en la de la castaña sin quererlo pero la última palabras había sido un susurró tan bajo que a Hermione le costó oírlo, pero lo oyó. ¿Podía ser que Malfoy tuviera sentimientos? ¿Había sido real que le había agradecido su ayuda?

— De nada— soltó ella con un susurro más bajo aún, recogió las cosas en silencio y se fue en busca de Harry, Ron y Cheryl.

— ¿Qué tal ha ido la clase al lado del hurón?— preguntó Ron con cara de fastidio— Tener al lado a Goyle es como tener un perro gigante estúpido.

— No ha estado mal— comentó Hermione encogiéndose de hombros— Él quiere aprobar y yo también, así que nos han puesto un excelente en esta poción.

— Qué suerte.

Harry no podría hablar porque aunque estuviera al lado de Crabbe, seguí poseyendo su querido libro de pociones avanzadas del Príncipe Mestizo, así que Slughorn le había calificado de excelente también.

Las chicos comenzaron a hablar de sus respectivos compañeros y Cheryl apartó un poco a Hermione para hablar con ella.

— Si te hace o dice cualquier cosa hiriente ¡dímelo! E inmediatamente se lo diré a Horace y te cambiará.

— Cheryl, te va a sonar extraño pero… Malfoy me ha dado las gracias.

— ¿Qué?— gritó sin poder controlarlo y parándose en seco.

Los chicos y todos los del pasillo la miraron, Hermione hizo una señal para que ellos siguieran y tomó de la mano para llevarse a la morena hacia los baños. Al llegar comenzaron de nuevo a hablar. A Cheryl se le había cambiado la cara totalmente: estaba muy mosqueada y mascullaba cosas ininteligibles para los demás pero no para ella misma.

— Al final de la clase me ha dicho que si no hubiera sido por mí no hubiera sacado esa nota. Creo que se le ha escapado o se le han cruzado los cables porque Malfoy no es así.

— ¡Claro que no es así! — Espetó Cheryl— En el tiempo que llevo aquí no he conocido a nadie más odioso, egoísta, creído, imbécil…

— Ya, ya.— cortó Hermione su perorata— Pero no dejo de pensar que a Malfoy le pasa algo. Mírale esa cara que tiene, cuando ha visto su nota, le ha dado un poco de vida.

— Hermione, no te dejes engañar por esa sabandija. Él quiere aprobar la asignatura a costa tuya y ese color de cara lo tendrá de trasnochar con alguna ligera de cascos.

— No va a aprobar a costa mía, él me ha ayudado a hacer la poción y ha hecho exactamente lo que le he dicho.

— ¡No lo defiendas! — gritó Cheryl fuera de sí. Hermione la observó acobardada, era la primera vez que Cheryl le hablaba así. — Perdón, perdón Hermione, yo no quería…

— No eres mi madre.

La castaña contestó fríamente y salió del baño sin opción a réplica por parte de la sanadora.

Lágrimas silenciosas caían desde los ojos acaramelados de Hermione. Andaba deprisa hacia cualquier parte, algún sitio en el que refugiarse. Sin poder ver por donde iba salió al exterior y corrió hacia su árbol favorito, aquél en el que pasaba las horas muertas leyendo libros. Tiró la maleta con fuerza y se sentó con la cabeza entre las piernas. Desahogó todo lo que pudo su pena y al levantar la vista vio todos sus queridos libros desperdigados por el suelo de mala manera. Se levantó y comenzó a recogerlos con cariño, casi pidiéndole perdón por lo que había hecho.

Al recoger el libro de pociones se dio cuenta de que tenía una hoja que no era suya: eran los apuntes de Malfoy.

¿Por qué lo había defendido? Miraba el papel con intensidad como si allí pudiera hallar la respuesta. Una respuesta sí que estaba a punto de encontrar. Leyó la letra cursiva de Malfoy y le recordó una muy familiar que había leído. ¿Dónde la había visto? No en una ocasión, habían sido más…¡las cartas! No podía ser…

Algo alertó a Hermione, sacó su varita inmediatamente y apuntó con seguridad hacia los setos altos que se tambaleaban cerca del árbol.

— ¿Quién hay ahí? — gritó enjugándose las lágrimas con la mano que sostenía los apuntes.

— Tranquila, no hace falta hechizarme.

La cabellera de Draco Malfoy fue lo primero en salir del seto.

— He visto que me faltaban los apuntes de hoy y te he visto salir corriendo hasta aquí y he venido para recuperarlos y… ¿estás llorando?— preguntó confuso, no la había visto llorar mientras ella corría. Pensaba que se le había olvidado algo.

— No te importada si lloro o no— espetó Hermione de mal genio— Toma, esto es tuyo— alzó la mano para devolverle los apuntes. Draco se acercó y cuando tomó la carta Hermione no la soltó—. No te vayas, tengo otras cosas que darte.

Hermione tomó su mochila y rebuscó entre sus bolsillos. Malfoy estaba perplejo, ¿Qué iba a darle Granger? Malfoy se puso blanco en menos de un segundo. Allí en las manos de Hermione estaban todas las cartas que le había escrito. No había que ser un Ravenclaw para saber qué había pasado: ella había reconocido su letra.

— Eso no es mío— contestó secamente Malfoy.

— Sí que lo es— desafió Hermione mirando directamente a los ojos grises del rubio— Solo recuerdo una cosa de aquél día y es una cabellera rubia, como la tuya.

Hubo un silencio sepulcral solo roto por la melodía silbante del viento. La tensión podía palparse en el ambiente: Draco estaba acorralado, lo habían descubierto antes de tiempo y no sabía que hacer. Hermione lo había desenmascarado pero ¿qué haría ahora?

— Me salvaste…— susurró tenuemente y sus palabras llegaron a los oídos de Draco a través del viento.

— ¿Y qué quieres que hiciera? — Comentó explotando— ¿Qué murieras? ¿Dejarte desangrarte sin más? ¡Nadie tan estúpido quiere morir de una manera tan absurda, de una manera tan muggle y dejar la vida tan joven!

Hermione entró en estado de shock, aquel niño que tanto la había despreciado, rebajado a lo más asqueroso, insultándola de la peor manera posible… fue su salvador y le mandaba mensajes a escondidas para que se recuperara. De él eran aquellas cartas en la que tanto se apoyó en soledad para no deprimirse.

Sin pensarlo comenzó a andar titubeante y abrazó a un conmocionado Draco. Este no quería ni tocarla, ella había enterrado su rostro en su pecho y entre lágrimas se embriagaba del olor del rubio. Como un pelele sin sentimientos, dejó que ella se desahogara percibiendo a la vez el dulce aroma que desprendía una sangre sucia.

— Ahora me toca a mí darte las gracias…

Y sin pensarlo dos veces Hermione le dio un beso en la mejilla a aquel demacrado chico de pelo del color del oro.


Nota:

Hola:

Sí, mucho tiempo sin actualizar, pero espero que os haya gustado este capítulo ¡wiii!. No creeríais que iba a poner un beso en plan película ¿no? Hermione no es tan lanzada, sino me hubiera quedado muy OoC jajaja. Espero que hayáis disfrutado este porque ahora es cuando empieza el verdadero Dramione.