No me dejaste morir — capítulo 8
La hora acordada para la reunión había llegado. Todos los alumnos se dirigían al comedor a almorzar mientras uno de ellos y una sanadora, tomaban camino hacia los jardines. Cheryl llegó en primer lugar y buscó la carta que Hermione había lanzado por la ventana el día anterior. Arrugada entre unas zarzas se encontraba el pergamino, cruzó los brazos, triunfante, y observó como el rubio, Malfoy, venía hacia ella con altanería. Volvió esa sonrisa maléfica que últimamente utilizaba demasiado.
— ¿Qué quieres? — espetó Malfoy de mala manera.
— No te pongas chulito, Malfoy. Te tengo en mis manos. Sé que eres tú el que envías cartas a Hermione a escondidas.
El rubio hizo una mueca con la cara que intentó disimular, pero fue demasiado tarde, Cheryl ya se había dado cuenta aunque él poseía un as en la manga para poder huir.
— Lo sabía— comentó triunfante la morena. Comenzó a acercarse a Draco amenazadoramente— Te lo advierto, no te acerques a Hermione, no le envíes cartas, déjala en paz y sobretodo — ya estaban frente a frente—, si vuelves a insultarla tendrás muchos problemas.
Aquellas palabras fueron las que cercioraron a Draco sobre sus sospechas.
— ¿Ah, sí?— preguntó un Draco con orgullo renovado. No se iba a dejar chantajear— ¿Por qué la defiendes tanto? Parece como… como si te gustara la sangre sucia…
Cheryl quedó en estado de shock, Draco sonrió, y ella comenzó a retroceder. Las tornas habían cambiado, ahora era la serpiente quien acorralaba a la leona. La morena estaba impactada, había creado un halo de protección alrededor de sus sentimientos pero aquel maldito lo había descubierto lo que con tanto ahínco y recelo había guardado. Intentó reponerse de nuevo aunque la cara de Malfoy era triunfante, no podría ocultarlo.
— ¿Qué pretendes a partir de ahora? Ya lo sabes ¿Me vas a chantajear?
— Claro que sí. He descubierto tu gran secreto y no creo que quieras que Granger se entere ¿verdad? — Cheryl no habló, su rostro quedó impasible. Se sentía como un ratón atrapado en una esquina por un gato. ¿Qué haría Malfoy con ella?— En primer lugar, no vas a decirle a nadie lo que has descubierto sanadora. Segundo, me vas a tener alerta de todos los sentimientos y recaídas de Granger ¡que no tenga que ser yo el que te avise a ti, estúpida!— Cheryl fue a replicar pero Malfoy alzó una mano autoritaria —, y tercera y última voy a escribirle tanto como se me antoje a la sangre-sucia y no abrirás la boca si la llamo así y lo que más me gusta — se frotó las manos con algo que a Cheryl no le gustaría— vas a interceder por mí.
El rubio terminó callándole la boca — por la réplica que volvería a dar la morena— con esa frase. ¿No podría defender a Hermione? ¿A su Hermione? A aquella chica por la que sentía un amor sin precedentes que nunca antes había poseído. Se había recriminado sola en sus momentos que eran pensamientos impuros, ella no podía estar enamorada de otra chica, no era lo común. Pero parecía que eso es lo que Cheryl era, una chica fuera de lo común. ¿Tendría que interceder por él?
—No entiendo eso último.
— Es simple, deberás ser como una carabina, le dirás a Granger que no soy tan malo, le darás a ver los puntos bueno que tengo, harás todo lo que te pida para ayudarme a...
Draco no terminó la frase e intentó de parecer el indiferente aunque a Cheryl no le había pasado por alto el apuro que sentía. Al final la serpiente tendría sentimientos. Pero lo que le había pedido era dejarle allanado el terreno a su enemigo. Él tendría facilidad para acceder a Hermione.
— ¿Y bien? — preguntó Malfoy para saber si le había quedado todo claro.
No me queda otra, pensó la morena.
— Está bien, Malfoy. Pero te digo una cosa: si pretendes acercarte a Hermione lo estás haciendo fatal. No seas grosero y sobre todo no la insultes.
No sabía por qué le daba esos consejos a su enemigo en el amor pero ahora se encontraban en el mismo barco y con el mismo secreto, el amor por una leona. No quería que esa sucia serpiente se acercara a ella y menos que le hiciera daño.
— Si de verdad necesitas saber, pregúntale.
Malfoy sopesó un poco esas palabras y luego comenzó a irse hacia el Gran Comedor no sin antes levantar el pulgar para asentir que lo había captado.
— Ya puedes empezar, sanadora.
Cheryl suspiró y decidió que también era momento de comer. Aquel bastardo se la pagaría algún día aunque de momento tendría que agachar la cabeza y asentir como perro faldero.
Tardó un rato en llegar al comedor, no quería que nadie sospechara que se hubiera reunido con la serpiente y menos aún que sus sospechas tomaran el rumbo de que estuvieran juntos. Pensándolo bien, no creía que nadie aguantara a Malfoy, solo esa morenita estúpida que besaba el suelo que él pisaba.
Los chicos la llamaron con entusiasmo.
— ¿Dónde te habías metido? — preguntó Hermione llena de ansiedad. Aunque ella quería estar sola y se lo pidiera a la sanadora todos los días, el hecho de que ella desapareciera hacía que la castaña entrara en ese estado. Y a Cheryl eso la emocionaba. Ahí es cuando veía que Hermione la necesitaba a su lado y que ella no tenía intención de marcharse.
— No te vayas a enfadar de nuevo, Hermione.
La aludida cruzó los brazos esperando esa respuesta pero ya llevaba la actitud de regañina.
— He estado "hablando" con Malfoy — en ese sentido no iba a mentirle a su amiga especial— y, ¿sabéis qué? — todos esperaron esa gran respuesta. A Cheryl se le trabaron las palabras, no iba a sonar convincente, pero debía hacerlo— no es tan malo como parece.
Las mentiras iban a ser bastante difíciles ¿Quién en su sano juicio — a no ser que fuera Slytherin o Snape— pensaría que Malfoy no era tan malo?
— ¿Qué te ha pasado, Cheryl?— preguntó Ron con toda la boca llena de comida. Tragó y volvió a hablar— ¿Estás hablando de Malfoy? ¿Del hurón?
Cheryl no sabía a qué se refería con lo del hurón pero asintió.
— Tiene una charla bastante inusual.
¡Y qué razón tenía al decir eso! Era un chantajista sin igual, sus palabras picaban igual que un mordisco de serpiente.
— No puedo creérmelo — suspiró Hermione — Ese chico no puede tener una charla que no vaya más allá de las palabras "sangre-sucia" y"se lo diré a mi padre"
Todos rieron por la ocurrencia de Hermione aunque eran verdades como puños. La experiencia ya les había dado varios palos con Malfoy y sus charlas sólo las utilizaba para mofarse de ellos.
Dejaron el tema enseguida, Cheryl observó hacia la mesa de Slytherin y se topó con la mirada y sonrisa burlona de la serpiente. Lo odiaba profundamente.
La noche llegó perezosa hacia el colegio Hogwarts, el viento ululaba lentamente sobre los árboles del bosque prohibido. Era una noche bastante fría aunque no notaban humedad, era noche fría y seca. Las chicas ya habían subido a su habitación especial en la torre de Gryffindor. Ginny comenzaba a desvestirse y ponerse el pijama, Cheryl leía un gran libro de pociones y Hermione terminaba un trabajo para la asignatura de Transformaciones. Aunque aún quedaban día para entregarlo ella ya había terminado.
El ulular del viento fue roto por un golpeteo en la ventana.
— Otra vez no— exclamó Hermione. De nuevo una lechuza se encontraba en su ventana.
Abrió con bastante fuerza y casi golpea a la lechuza, ésta al estar dentro le propinó un sonoro ulular cerca de la cara a Hermione. Esos modales no le habían gustado.
Las chicas dejaron sus quehaceres y prestaron atención a lo que traía la lechuza: una rosa blanca y una carta.
Hermione rodó los ojos, qué cursi podía llegar a ser las personas. Tomó la carta y la rosa la dejó encima de la cama. Las otras dos, curiosas, se acercaron a ella y comenzaron a leer por encima de sus hombros.
Esta flor es para ti, como ves es blanca, impoluta, como lo eres tú. Por muchos insultos que recibas y el más denigrante ensuciando tu sangre, no lo creas, tu sangre está tan limpia como esta rosa.
Cuídala, como yo te intentaré cuidar a ti.
La leona observó con curiosidad y más detenidamente la rosa. ¿Quién era ese misterioso ser? No quería reconocerlo pero esa carta le había encantado, le decía que no era impura y la comparaba con una rosa. Ella era Hermione Granger pero primero era una mujer y a cualquier mujer le gusta esos detalles, que la traten como una princesa y esa persona lo había conseguido.
— ¡Qué bonito! — exclamó Ginny emocionada. Estaba un poco celosa, ella también quería que Harry se comportara de esa manera—, y qué romántico, Hermione. Al final es verdad que tienes un admirador secreto y debes de admitir que esto ha sido todo un gesto caballeroso.
— Lleva razón, Hermione.
Cheryl había hablado sobre amoríos, ella nunca hacia eso, pero sabía exactamente de quien procedía esa carta, del maldito de Malfoy. Debería ayudarlo a conquistarla, que repugnante le parecía. Aunque, en ese momento no estaba Malfoy allí, podría decir lo que quisiera e interferir sobre su Hermione para que nunca llegara a fijarse en esa serpiente.
— Aunque por otra parte, ¡menudo cobarde! —la castaña asintió aun mirando la rosa blanca— Como tu dijiste la otra vez, tendría que decírtelo a la cara. Tiene que haber sido Ron.
El silencio se instaló momentáneamente, Ginny miró a Cheryl con el ceño fruncido y Hermione por fin alzó la mirada para verla y prestarle atención.
— No seas tan dura con él, se ve que te quiere y que está muy incómodo con Lavander.
— Sí… es un gesto bonito por su parte— concluyó Hermione dando por zanjada la conversación y se fueron a dormir.
La morena sonreía maléficamente, no tenía por qué seguir al pie de la letra lo que la serpiente le había amenazado, simplemente no lo haría delante de él. Para poderse salirse con la suya al cien por ciento, debería hablar con Ron al día siguiente y cuando se levantó corrió dando una excusa absurda a sus compañera y se dirigió hacia el cuarto de los chicos.
Al entrar Neville se estaba poniendo los pantalones y cayó al suelo intentando taparse, Harry estaba sin camiseta y se quedó extrañado de que ella estuviera allí, Ron aún dormía. Se fue hacia él y lo zarandeó de mala manera.
— Despierta Ron. Despierta.
El pelirrojo la miró y se asustó ya que la cara de la sanadora estaba muy cerca de ella.
— ¡¿Qué?!— gritó exclamando y sin situarse aun en donde se encontraba. Estaba como aturdido.
— ¿Tú quieres a Hermione?
Todo el mundo se quedó en silencio, como si hubiera pasado un ángel por medio de la habitación. Miraban a Ron expectante para ver qué respuesta daba aunque si respuesta era un pequeño balbuceo. No sabía que decirle a Cheryl.
— ¿Quieres que Lavander te deje en paz? ¿Y quieres arreglar las cosas con Hermione? Tengo un plan perfecto.
Tomó al pelirrojo con fuerza por la muñeca y, aún en pijama, se lo llevó hacia el servicio. Los demás chicos de la habitación no sabían si reírse de la situación, pero optaron por lo más natural, no meterse en nada y seguir vistiéndose.
Mientras en el cuarto de baño de los chicos, Cheryl se había sentado en la taza del wáter y Ron frente a ella en el suelo, con los ojos como platos.
— Nada más que veas a Hermione te haces el tímido — Ron fue a replicar pero Cheryl lo cayó con un dedo alzado—. No me interrumpas. Cuando la veas te haces el tímido, y en el comedor le dices que si le gustó el regalo.
— ¿Qué regalo?
Ron estaba extrañado de esa situación, era absurda. Cheryl había venido a todo tren para despertarlo y darle la noticia de si quería arreglar las cosas con Hermione.
— Ella ha recibido una rosa blanca, se la he enviado yo — se apresuró a decir la sanadora al ver que Ron iba a rechistar para saber quién se la había regalado —, y la he convencido de que has sido tú, como una ofrenda de paz.
A Ron se le iluminó la cara, le parecía que Cheryl era la mejor persona del mundo, pero una sombra cruzó por su cara.
— ¿Y qué hago con Lavander?
Cheryl pensó.
— Déjamela a mí.