No me dejaste morir — capítulo 7
La idea que tuvieron Harry y Ron unos días atrás había sido el nova más para Cheryl. Aquel mapa mostraba dónde se encontraban todos los estudiantes y profesores en cualquier momento, aparte de algunos pasillos secretos que ayudaban al portador del mapa salir a sus anchas del castillo. A Cheryl le parecía un poco peligroso cuando se lo mostraron ya que si caía en manos equivocadas podría ser una catástrofe para Hogwarts y sus alumnos, pero una vez que Harry le mostró el mecanismo supo que no habría peligro, es más, le pareció divertido. Cuando el-niño-que-vivió le explicó qué es lo que el mapa le había mostrado a Snape en su tercer año allí Cheryl no pudo contener varias carcajadas.
Varios días se escurrieron entre sus manos y Hermione parecía estar de mejor humor. Cheryl, utilizando psicología muggle, expuso a la castaña que no quiso herirla, que ella estaba allí por propia voluntad porque pidió estar con ella. Hermione era como un alma gemela para Cheryl, la quería mucho y no deseaba dejarla sola nunca. Por su cabeza rondaban pensamientos bastante reconfortantes como irse a vivir las dos juntas cuando acabara Hogwarts y apoyarse mutuamente. No se lo dijo a la castaña por miedo, pero cada día que pasaba su pensamiento se convertía en deseo.
Respecto al ojigris, seguía igual que siempre, Cheryl cada día rebajaba su nivel lingüístico a uno más vulgar para insultarlo hasta el punto de utilizar palabras mal sonantes muggles que solo Hermione y Harry entendían. Lo malo era que Malfoy era lo bastante avispado para maldecir a Hermione cuando no había profesores cerca. Pero, aun así, había algo que a Cheryl le enfadaba en demasía: después de esos insultos, el rubio buscaba a Hermione con la mirada, daba igual dónde se encontrara y cuantos ojos lo vieran. No entendía ese comportamiento. ¿Podría ser arrepentimiento? No, no podía serlo, por lo que había observado y por lo que le habían contado Harry y Ron ese chico no mostraba nada, solo orgullo, altanería y muchas veces, cobardía.
Pero lo cierto era que Malfoy sí mostraba arrepentimiento, no lograba entender por qué, solamente el hecho de hacer llorar a esos ojos color chocolate hacía que miles de agujas se clavaran en su corazón. Se odiaba por eso, porque el gran Draco Malfoy podía tener ese tipo de sentimientos hacia la sangre sucia, hacia aquella con los dientes de conejo, con el pelo estropajo, por la que siempre andaba encorvada por el peso de los libros. Debería sentir odio, pero no podía. Los insultos que le regalaba eran innatos en él, no podía controlarlos, y menos si tenía a algunos "amigos" suyos alrededor. El problema era que luego se sentía despreciable e incluso celoso de esas personas que la protegían tanto, por eso últimamente, odiaba con todas sus fuerzas al cara rajada y a la comadreja y en especial a la sanadora.
Por otra parte, Snape parecía el mismo de siempre, aun con la advertencia del director sobre sus hombros él hacía lo que venía en gana. Cheryl le lanzaba miradas de odio en cuanto adoptaba esa actitud y si las miradas mataran, Snape estaría criando malvas a estas alturas.
Ginny, Cheryl y Hermione se encontraban en la habitación habilitada para la comodidad de ésta última. Su charla era animada ya que los acontecimientos del día lo requerían. Hermione volvía a recriminarle a Cheryl sobre su sobreprotección, sobre todo ante Snape y Malfoy.
— Te he dicho que sé defender sola. La ignorancia es el mejor caso en estas situaciones.
La morena fue a replicar mientras soltaba su larga melena del moño que tenía recogido con una pluma pero Ginny fue más rápida.
— Cheryl, Hermione lleva razón. Siempre que hemos intentando algo o acabamos perdiendo puntos o castigados y, debes de reconocer, que gracias a ti Gryffindor va en cuarto lugar.
La de ojos verdes se quedó pensativa, era verdad que había hecho perder muchos puntos a los leones, así que comenzó a recapacitar. Aquello no era un juego para ellos.
— Lleváis razón, tengo que controlar…
Sus palabras fueron cortadas gracias a un repiqueteo en el cristal de la habitación. Una lechuza del colegio rasgaba con su patita el vidrio. Ginny la dejó entrar pensando que sería una carta de Harry, se veían en secreto sin que su hermano lo supiera. Pero para despecho de la pelirroja la lechuza fue directa hacia Hermione. Esta miró molesta a la lechuza.
— Espero que no sea de nuevo mi admirador secreto— comentó irónicamente Hermione aunque sospechando que estaba en lo cierto.
Cheryl y Ginny se acercaron a ella y comenzaron a leer.
"Perdóname por ser tan cretino, mezquino e imbécil. En el fondo deseo que estés bien. Has cambiado totalmente mi interior pero mi exterior es imposible de cambiar.
Perdóname."
Las tres chicas se miraron. Hermione estaba en un pequeño estado de shock, Cheryl intentaba pensar de quién sería el pergamino y Ginny sonreía burlonamente.
— ¿De qué te ries? — le espetó Cheryl mosqueada.
— Al final es verdad que Hermione tiene un admirador secreto. Muy sutil no es, su escritura es bastante brusca. Parece que se debatía mentalmente se escribir o no.
Hermione se quedó perpleja, Ginny había madurado muchísimo y tenía razón en lo que decía: los trazos eran irregulares y había palabras bastante marcadas como la palabra "perdóname". Arrugó el papel entre sus manos y lo tiró por la ventana.
— ¿Pero qué haces?— dijo Ginny escandalizada— Ahí están los sentimientos de alguien.
La castaña cruzó los brazos y adoptó una actitud autoritaria.
— Esa persona no debe cerme muy bien, tiene que tratarme mal, sino no me pediría perdón y no, no pienso perdonar a alguien tan cobarde que no es capaz de decírmelo a la cara.
— ¿Y si es mi hermano?
La tristeza se reflejó en cada poro de la cara de la castaña. Cheryl inmediatamente la abrazó. Comenzó a sollozar desolada. Ginny no había estado muy acertada, hacía dos semanas que Ron Weasley había comenzado una relación con Lavander Brown y eso había sido un mazazo emocional para Hermione. Ahí demostró fervientemente cuánto quería a ese chico. Desde ese momento ni Cheryl ni Hermione hablaban con Ron.
Por la cabeza de la castaña rondaba esa posibilidad: Ron era incapaz de expresarse, se le vía incómodo con Lavander, y era capaz de escribir esas palabras. Se arrepentía de a ver tirado el papel por la ventana.
La noche pasó agitada, Hermione no paraba de sollozar, Ginny le pedía perdón una y otra vez por recordárselo y Cheryl preparaba una poción tranquilizadora para que pudiera dormir.
Al día siguiente tendrían dos clases sguidas de pociones y no sería divertido ver a Snape burlarse todo el tiempo.
Cheryl aún tenía la mosca tras la oreja y decidió dejar sola a Hermione para sentarse detrás de un grupo de Slytherins en el cual se encontraba Draco Malfoy.
En el trascurso de la clase Cheryl lanzó intencionadamente su pluma hacia la mesa de las serpientes. Snape le lanzó una mirada asesina.
— Perdón— se disculpó con una sonrisa encantadora, la cual daba realmente miedo.
Al acercarse observó rápidamente los pergaminos de los chicos… y sus sospechas se habían hecho realidad. Volvió a su sitio y sin que Snape lo notara mandó un pequeño papel al hurón. Draco se asustó al principio, lo leyó y miró a Cheryl que le sonreía con malicia. Lo tenía entre sus manos.
"Reúnete conmigo a la hora del almuerzo en los jardines. Te he descubierto"
Nota: Perdón por la tardanza. ¡lo siento de verdad! El trabajo últimamente me absorbe y me gusta hacer capítulos largos y con fundamentos para esta historia. El siguiente capítulo no tardará tanto, lo tengo medio escrito.
Espero que os haya gustado el capítulo, ya hemos visto que Cheryl a decubierto a Draco, pero el siguiente capítulo vais a tener una sorpresa que lo vais a flipar en colores ^^ Es algo que he hecho para que nadie se de cuenta y que impacte aun más.
Nos vemos en el siguiente capítulo.