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Historia 54695 — capítulo 2
-Vaya, menudo auto —dijo Sohar mirando hacia la entrada del aparcamiento.
-Menudo Porsche —la corrigió Makenna.
-Mi especialidad es dibujar, no saber el nombre de cuanto auto circule en las calles.
-¿Qué te parece, Alea? ¿Crees que nuestro príncipe azul conduzca ese auto?
Alea, quien estaba distraída se volteo para mirar a su amiga.
-No lo sé-admitió Alea avergonzada por no haberles prestado atención a sus amigas.
-Creo que en verdad necesitas una buena noche de sueño ¿Qué estuviste haciendo ayer?- dijo Sohar, quien era la más observadora de las tres y también la más sincera.
-Estaba preocupada- dijo Alea mordiéndose el labio.
-¿Por qué?- preguntó Makenna preocupada- ¿Qué sucede?
-Nada, estaba pensando en estupideces solamente.
El elegante Turbo 911 negro ronroneó por el aparcamiento, buscando un espacio mientras se movía perezosamente como una pantera acechando a su presa.
Cuando el automóvil se detuvo, la puerta se abrió y tuvieron una breve visión del conductor.
-¡Oh, por Dios!- dijo Sohar
-Ya puedes repetirlo —musitó Makenna.
-Creo que tenias razón Mckey , ahí va mi príncipe azul.
Desde donde se encontraba, Alea vio que el joven tenía un cuerpo delgado de musculatura plana y su tez era pálida. Llevaba unos vaqueros descoloridos, una camiseta ajustada y una chaqueta de cuero de un corte poco común. El cabello lacio y claro enmarcaba facciones tan delicadas que podían haber sido sacadas de una antigua moneda o un medallón romanos. Tenía pómulos prominentes y una clásica nariz recta. El labio superior estaba maravillosamente esculpido, con cierta sensibilidad.
No era alto, sin embargo. Tenía una altura corriente.
Alea soltó el aliento que había contenido.
-Hummm… no esta tan mal- dijo Sohar- pero, he visto mejores.
-Seria casi perfecto si tuviese la piel morena…
-¡Bah! Tonterías, es perfecto así. Además ya todas sabemos que tu quieres a Jared- dijo Alea, quien al fin lograba distraerse un poco.
-¿Ven esa chaqueta? Es italiana, seguro- dijo Makenna intentando esquivar cualquier pregunta sobre sus sentimientos hacia Jared.
-¿Cómo puedes saberlo? ¡Jamás has ido a Italia!
-Si, por desgracia no todos tenemos la suerte de Al, quien puede irse una temporada completa a ver chicos europeos guapos.
Las risotadas de Makenna y Sohar hicieron que todos voltearan a verlas, excepto, claro, el chico misterioso.
-¡Uh, ah! Alea vuelve a tener esa mirada. Esa expresión cazadora.
-No inventes. Ya sabes que aunque este aquí solo tengo ojos para…
Alea no termino la oración por temor a que aquellos últimos días que había pasado con Anthony regresaran a su cabeza. Anthony era la única persona que jamás amaría…
-Bajo-pálido-y-apuesto, será mejor que tengas cuidado.-dijo Sohar.
-¡No es bajo; es perfecto!- dijo Alea volteando para verlo de nuevo, sorprendida por el repentino entusiasmo que sentía por conocer al chico nuevo.
El muchacho había cerrado el coche y caminaba hacia la escuela. Con indiferencia, Alea empezó a andar tras él, con las otras dos chicas justo detrás de ella en un grupo compacto.
El desconocido entro en la oficina principal, cerrándoles la puerta en la cara a Makenna y Sohar, quienes habían sido las de la idea de seguirlo.
Fue a la hora del almuerzo, en la cafetería, cuando Alea se enteró que el chico desconocido no solo la había puesto a hiperventilar a ella.
Por supuesto el chico misterioso jamás se fijaría en aquellas chicas que lo miraban descaradamente y reían tontamente.
-Es muuuy misterioso, ¿sabes? La señora Cohen, mi profesora de biología, intentó conseguir que se quitara las gafas, pero no quiso hacerlo. Padece una infección- dijo Sohar.
-¿Qué clase de infección?- preguntó Alea preocupada.
-No lo sé. A lo mejor es terminal y sus días están contados ¿Sería realmente romántico, no crees?- dijo Sohar formando círculos en el aire y secándose lagrimas imaginarias.
-Oh sí, mucho- respondió Makenna riendo.
-No sobreactúes, Sohar- dijo Alea sorprendiéndose de nuevo por el tono con el que les había hablado a sus amigas.
¿Qué me sucede? Se preguntó ¿Qué era lo que hacía que, repentinamente, se preocupara por el chico misterioso? ¿Acaso debería importarle si se estaba muriendo o no?
-…además solo lo dije bromeando Al, y tú lo sabes.
-Lo sé Sohar, lo siento. En verdad me siento bastante enojada conmigo misma por lo que hice. No tiene caso que lo defienda cuando simplemente tan solo lo he visto. No sé qué pasa conmigo, realmente me estoy volviendo loca. Quizás se deba al insomnio.- dijo Alea limpiándose las lágrimas que por suerte aun no se habían deslizado por sus mejillas.
-Tranquila, Al, tranquila- dijo Makenna mientras abrazaba a Alea.
Cuando Alea volvió en sí,se dio cuenta de que casi todos los alumnos que se encontraban en la cafetería habían formado un círculo alrededor de algo, o alguien.
Makenna y Sohar imitaron a Alea, quien inmediatamente se levanto e intento acercarse al grupo de personas para observar mejor.
En medio del grupo de personas había una chica de estatura mediana, esbelta y de tez clara.
Su cabello era largo, de color castaño rojizo y sus ojos eran color café verdoso. La chica parecía bastante asustada y estaba a punto de llorar.
Junto a ella había una chica alta, de cabello oscuro, a quien Alea identifico como Lilly, una de las chicas de último grado.
-¿Qué sucede?- le pregunto Alea a un chico de primer año que estaba junto a ella.
-Al parecer Jennifer tropezó con Lilly, ya sabes estaba de espaldas y a causa de su… ya sabes, discapacidad no la oyó venir. Entonces Lilly empezó gritar y …
-¿Qué clase de discapacidad?- preguntó Alea, pues en realidad no parecía tener ninguna.
-Ella, es sorda. No escucha, puede leer tus labios y habla por medio de señas.
-Oh, ya veo.
-…Así que si te vuelves a cruzar conmigo, bicho raro…-gritó furiosa Lilly.
-Detente. No tienes ningún derecho de hablarle así…- dijo una voz que a Alea le pareció poco familiar.
Todos voltearon a ver para encontrarse con el chico misterioso, quien estaba en una esquina del círculo mirando furioso a Lilly.
Las chicas fastidiosas de la cafetería comenzaron a gritar.
-¿Y tú quien eres para decirme como debo tratar a los demás?- preguntó Lilly.
-Es increíble que una chica como tú opaque su belleza con esos modales.
-¿Y tú que te crees, Superman?- dijo Lilly riendo.
Alea sintió unas profundas ganas de propinarle una bofetada a esa chica tan estúpida.
-Ella es mi hermana.
Inmediatamente el chico hubo pronunciado aquello todos volearon a ver a la chica que seguía aterrorizada en el suelo.